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Herbario biterritorial: El proyecto entre México y Chile que busca escribir con plantas
¿Y si las plantas pudieran convertirse en letras? El herbario bi-territorial, proyecto entre México y Chile transforma hojas, saberes y paisajes en una tipografía que busca escribir sin domesticar la naturaleza.
Si algo nos ha regalado la evolución, es la inagotable diversidad de texturas, hábitos y colores en los seres vivos. Las plantas son un gran ejemplo de ello. Basta con una expedición botánica o caminata al parque para que nos demos cuenta de que cada una de ellas tiene un nombre e historia particular, aunque no siempre nos detengamos a mirarlas.
Además de sus imprescindibles roles ecológicos, está claro que este grupo de verduzcos seres vivos posee formas y apariencias que les han permitido ocupar espacios en distintos nichos además del científico. Bajo esta noción de versatilidad, no es difícil pensar que se pueda jugar con las plantas, lo mismo con sus bordes y proporciones áureas que con sus accidentados perímetros vegetales. Así, un par de compañeras latinoamericanas se propusieron llevar esta idea al campo de las letras.

¿Qué pasaría si una planta pudiera convertirse en una letra sin perder del todo su forma silvestre? Esa pregunta es la columna vertebral (¿o tallo?) que sostiene al Herbario Bi-territorial, un proyecto colaborativo impulsado por Carolina Estrada, de Escrituras Vegetales, y Josefa Cáceres, de La Gruta Estudio. “Bi-territorial” porque conecta territorios de México y Chile mediante la recolección respetuosa de plantas, la documentación de sus entornos y la experimentación tipográfica.
La iniciativa, cuenta Estrada en entrevista con Ladera Sur, busca construir un archivo abierto que reúna información botánica, sensorial y cultural para transformarla en una tipografía experimental y, más adelante, en un libro impreso.

Pero lejos de sólo reunir hojas y clasificarlas (como suele suceder con muchas iniciativas de herbario), el proyecto propone otra manera de relacionarse con las plantas y con los conocimientos que construimos a su alrededor. Es decir, cada espécimen puede convertirse en una entrada del herbario a partir de su nombre científico, sus nombres comunes y originarios, el ecosistema donde se encontró, sus usos conocidos, sus texturas y las historias asociadas.
“El herbario bi-territorial investiga esto que significa escribir con plantas: que la planta no se quede solo en la recolección, sino que pueda haber un archivo, una herramienta y una práctica viva”, explica Carolina.
En ese sentido, las fotografías y los registros de campo acompañan este proceso para conservar el vínculo entre la planta y el lugar del que procede.



Una tipografía experimental que crece entre México y Chile
La iniciativa nació del encuentro entre dos prácticas creativas que exploran las relaciones entre escritura, paisaje y formas de vida. Estrada, mexicana, trabaja desde Escrituras Vegetales, un proyecto de experimentación con el lenguaje y las perspectivas más allá de lo humano; Cáceres, la chilena, desde La Gruta Estudio, donde desarrolla exploraciones editoriales y de diseño que incluyen la traducción de paisajes sonoros a sistemas gráficos.
Su colaboración comenzó alrededor de Manifiesto Vegetal (un texto de Estrada que ambas editaron y diseñaron), y creció -cual enredadera- hasta convertirse en una investigación sobre cómo las plantas pueden intervenir en la estructura misma de la escritura.
La recolección comenzó con plantas nativas y endémicas de los territorios donde viven las creadoras, aunque el archivo también incorpora especies encontradas en entornos urbanos y otros ecosistemas. En México, las entradas documentadas abarcan ambientes tropicales, subtropicales, templados y semiáridos; en Chile, incluyen registros de bosques andinos y templados lluviosos, la Patagonia, humedales y zonas metropolitanas.


Esta diversidad permite observar semejanzas y diferencias entre los paisajes, así como los nombres, usos y formas de relacionarse con las plantas que existen en cada lugar.
Cada registro, relatan Carolina y Josefa, alimenta un proceso de experimentación gráfica. Las muestras se digitalizan y sus formas se trazan para explorar cómo podrían integrarse en una letra sin convertirse simplemente en adornos.
La propuesta consiste en “injertar” las formas vegetales en una estructura tipográfica que funcione como soporte: la planta aporta su irregularidad y su crecimiento orgánico, mientras que el glifo conserva la forma necesaria para reconocer la letra.

No obstante, las latinoamericanas reconocen que la legibilidad es uno de los desafíos centrales de este proyecto. Carolina y Josefa han probado estructuras como EB Garamond y Afacad Flux para observar cómo cambia la lectura cuando las formas vegetales se extienden más allá de las letras o atraviesan el espacio entre líneas.
También consideran la posibilidad de combinar plantas de México y Chile en una misma tipografía o intervenir solo algunos caracteres. Por ahora, estas propuestas son exploraciones en desarrollo, pues el archivo todavía necesita crecer y pasar por una etapa de selección antes de consolidar todo un sistema tipográfico.

Un herbario abierto para repensar la recolección de plantas
Además de rescatar las formas vegetales desde una perspectiva biocéntrica, cuando les preguntamos a Josefa y Carolina sobre su postura sobre la extracción que suele suceder con las colectas vegetales y de otros ejemplares, ellas puntualizan en que su método persigue la ética hacia estas especies.
Para Estrada, la recolección no debería reducir a los organismos a materiales disponibles para el diseño. Por eso, el proyecto busca evitar la extracción indiscriminada y contempla alternativas como fotografiar las plantas, de modo que las personas puedan documentarlas sin tener que recolectarlas físicamente.
La iniciativa también retoma reflexiones sobre la reciprocidad con la naturaleza, entre ellas las propuestas de la botánica estadounidense Robin Wall Kimmerer sobre la cosecha honorable -es decir, una donde tomar recursos de la naturaleza no sea entendido como un derecho automático, sino un intercambio de «vida por vida» que exige reciprocidad, gratitud y límites-.
De esta manera, el herbario busca integrar conocimientos tradicionales y experiencias locales sin privilegiar exclusivamente las formas académicas de nombrar y estudiar el mundo de las plantas.

El herbario se encuentra en una etapa de construcción y convoca a personas de México y Chile a contribuir con sus registros. La intención es ampliar la participación para que el archivo no dependa únicamente de las dos creadoras, sino que reúna observaciones de distintos territorios. A partir de esas aportaciones, el proyecto prevé avanzar hacia el diseño tipográfico y la publicación de un libro que articule el manifiesto vegetal, el abecedario experimental y la información recopilada. La propuesta también abre posibilidades para futuras exposiciones y otras formas de creación colectiva.
De esta manera y a través del carácter colaborativo que caracteriza al Herbario Bi-territorial, el archivo ya funciona como un espacio para explorar vínculos (y maneras de relacionarnos más allá de lo extractivo) entre las personas y los otros seres vivos con los que comparten el mundo.

Mariana Mastache