De niña, Alexandra Cousteau conoció el océano desde la maravilla. El agua era inmensa, misteriosa y llena de vida; un lugar donde cada inmersión podía revelar algo nuevo. Hoy, décadas después, vuelve a sumergirse en ese mismo mundo con otros ojos. En ellos sigue estando la fascinación de aquellas primeras experiencias, pero también la conciencia de una mujer que ha visto cuánto ha cambiado el mar y cuánto depende de nosotros lo que ocurra con él.

Quizás por eso, cuando habla del océano, no lo hace simplemente desde el encanto por la vida que habita bajo el agua. También habla de las comunidades que dependen de ella, de los ecosistemas que las sostienen y de una pregunta que se ha vuelto cada vez más urgente: cuánto de esa abundancia todavía podemos recuperar.

Alexandra pertenece a una familia para la que el océano ha sido, durante generaciones, un lugar de exploración, descubrimiento y aprendizaje. Su abuelo, Jacques-Yves Cousteau, ayudó a revelar al mundo una dimensión del planeta que para entonces permanecía fuera de la vista de la mayoría. Décadas después, su nieta continúa vinculada a ese mismo mundo, aunque desde los desafíos de un océano profundamente transformado por la actividad humana y el cambio climático.

Su manera de entender el mar también está atravesada por los vínculos. Cada ecosistema sostiene otros; cada decisión tomada en tierra puede terminar afectando lo que ocurre bajo el agua. Los alimentos, el clima, el transporte, el turismo y la vida de las comunidades costeras forman parte de una misma red. Para Alexandra, comprender esas conexiones es fundamental para pensar qué futuro queremos construir.

Alexandra Cousteau, cineasta, oradora sobre naturaleza, National Geographic Explorer y activista ambiental. Créditos: Alexandra Cousteau.
Alexandra Cousteau, cineasta, oradora sobre naturaleza, National Geographic Explorer y activista ambiental. Créditos: Alexandra Cousteau.

Una vida marcada por la exploración

Para Alexandra Cousteau, la exploración comenzó mucho antes de convertirse en una profesión. Nació el 21 de marzo de 1976 en una familia profundamente vinculada al mundo natural: es nieta de Jacques-Yves y Simone Cousteau, e hija de Philippe y Jan Cousteau. Desde pequeña estuvo rodeada de expediciones, cámaras, embarcaciones y conversaciones sobre los océanos. A los pocos meses de vida ya acompañaba a sus padres en sus viajes y, con apenas tres años, recorría África en los brazos de su padre. Aprendió a nadar antes de caminar y a los siete años comenzó a bucear junto a su abuelo a bordo del Calypso.

Del mismo modo, crecer dentro de una familia tan reconocida también significó convivir desde temprano con un legado difícil de separar de su propia identidad. Jacques-Yves Cousteau había convertido la exploración submarina en una experiencia al alcance de millones de personas a través del cine y la televisión, mientras que su padre, Philippe, desarrolló una importante labor ligada a la conservación y la educación ambiental. Alexandra creció, así, entre dos dimensiones que terminarían marcando su trayectoria: descubrir el mundo y encontrar formas de cuidarlo.

Su propio camino comenzó a tomar forma durante su adolescencia. A los 10 años participó en una campaña de su abuelo para proteger la Antártica, una de sus primeras experiencias vinculadas directamente con la conservación. Más adelante estudió Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en Georgetown College, donde se graduó en 1998. Dos años después, fundó EarthEcho International junto a su hermano, una organización dedicada a involucrar a las nuevas generaciones en la protección del planeta.

Alexandra Cousteau junto a su abuelo, Jacques-Yves Cousteau. Créditos: Alexandra Cousteau.
Alexandra Cousteau junto a su abuelo, Jacques-Yves Cousteau. Créditos: Alexandra Cousteau.

Durante los años siguientes, su trabajo la llevó por distintos territorios y hacia nuevas formas de abordar la conservación marina. Entre 2005 y 2007 se desempeñó como asesora de MarViva en Centroamérica, trabajando en temas relacionados con la protección de los océanos. En 2008 se convirtió en Exploradora Emergente de National Geographic y, posteriormente, encabezó la Blue Planet Expedition, una travesía que en 2010 recorrió Estados Unidos, Canadá y México para documentar distintas realidades ambientales.

La exploración, sin embargo, nunca quedó separada de su interés por la comunicación. Alexandra fundó Blue Legacy, desarrolló proyectos audiovisuales y fue una de las pioneras en transmitir expediciones en vivo a través de las redes sociales, buscando aprovechar nuevas herramientas para acercar los ecosistemas marinos a personas que difícilmente podrían conocerlos de otra manera. En ese recorrido también recibió un doctorado honoris causa en Humanidades por Georgetown en 2016.

De esta manera, con los años, su trabajo fue desplazándose cada vez más hacia la búsqueda de soluciones concretas para los problemas que enfrentan los océanos. Como asesora sénior de Oceana, ha participado en campañas internacionales relacionadas con la protección marina, la sobrepesca y la recuperación de la biodiversidad. Su vínculo con la organización se extiende por cerca de 15 años y la ha llevado a acompañar iniciativas en distintos países, desde expediciones en aguas profundas para generar evidencia que apoye nuevas áreas protegidas hasta alianzas que combinan conocimiento científico y saberes indígenas.

Cardumen de Pampanitos, Islas Desventuradas. Oceana-Eduardo Sorensen
Cardumen de Pampanitos, Islas Desventuradas. Oceana-Eduardo Sorensen

En 2018 comenzó a desarrollar, junto al biólogo marino Carlos Duarte, uno de los proyectos que hoy ocupa un lugar central en su trayectoria: Oceans 2050, organización de la que es cofundadora y presidenta. El proyecto nació con una mirada puesta en la recuperación de los ecosistemas marinos y costeros y en la posibilidad de generar incentivos para que las actividades humanas contribuyan a reconstruir esa abundancia. 

Uno de sus primeros grandes trabajos fue un estudio internacional sobre cultivos de algas realizado durante 15 meses en cinco continentes, con el objetivo de comprender mejor su capacidad para capturar carbono y explorar mecanismos que pudieran recompensar prácticas capaces de contribuir a la recuperación de los océanos.

Esta evolución también refleja un cambio en la manera en que Alexandra entiende su propio campo de trabajo. A la exploración y la comunicación se sumaron la ciencia, las políticas públicas, las comunidades y la búsqueda de mecanismos económicos que permitan hacer posibles los cambios. Su trayectoria terminó así conectando mundos que durante mucho tiempo se abordaron por separado.

Alexandra Cousteau, cineasta, oradora sobre naturaleza, National Geographic Explorer y activista ambiental. Créditos: Alexandra Cousteau.
Alexandra Cousteau, cineasta, oradora sobre naturaleza, National Geographic Explorer y activista ambiental. Créditos: Alexandra Cousteau.

Hoy, esa mirada atraviesa también su relación con Chile. Desde Oceana ha seguido distintos procesos de conservación marina en el país, incluyendo el trabajo en Juan Fernández, Nazca-Desventuradas y Caleta Tortel, además de iniciativas relacionadas con la reducción de plásticos de un solo uso, la protección de montes submarinos y la creación y gestión de nuevas áreas marinas protegidas. Por lo mismo, su visita tendrá lugar en un momento en que varias de estas discusiones ya forman parte del debate nacional.

En ese sentido, destaca el Acuerdo BBNJ o Tratado de Alta Mar, que establece un nuevo marco para proteger la biodiversidad marina en aguas internacionales. Una de las principales propuestas que podría avanzar bajo este acuerdo es la protección de las cordilleras submarinas de Salas y Gómez & Nazca, que podrían convertirse en la primera zona protegida bajo este nuevo marco global, marcando un precedente para el futuro de la conservación marina oceánica, y un trabajo científico de larga data.

Además, esta será su primera participación en el Festival Ladera Sur. Después de décadas recorriendo distintos lugares del planeta, Alexandra llegará a Chile para encontrarse con científicos, conservacionistas, exploradores y personas interesadas en comprender mejor el mundo natural. Antes de la visita, conversamos con ella sobre esa historia, el legado de su familia y el futuro que imagina para los océanos.

—Creciste prácticamente dentro del océano. ¿Qué recuerdos de esa infancia sientes que siguen más presentes en la Alexandra que eres hoy? ¿Qué atesoras más de esa época?

—Bueno, muchas de esas cosas ocurrieron antes de que yo recordara algo. Mis padres me llevaron a mi primera expedición cuando tenía seis meses y estaba constantemente con la tripulación, acompañándolos y viendo lo que hacían. Mi abuelo me enseñó a bucear cuando tenía siete años. Mi primer acto de conservación fue apoyar la campaña de mi abuelo en la Antártica cuando tenía unos 10 u 11 años.

Entonces, todas esas fueron experiencias increíbles y realmente moldearon mi infancia y quien llegué a ser, pero más que el océano, las expediciones o cosas así, creo que lo que más me marcó fue que realmente me dieron un sentido de propósito. La sensación de que estamos aquí para hacer algo y de que lo que hacemos realmente importa, y que hay un propósito detrás de lo que hacemos.

Y eso, para mí, creo que fue la parte más importante de mi infancia, porque realmente me convirtió en la persona que soy hoy. Continúo con ese propósito sin importar qué, y quiero hacer cosas que contribuyan y que ayuden a generar resultados que sean mejores para el océano, mejores para las personas y mejores para nuestras comunidades. Ahí es donde obtengo mucha satisfacción.

—Tu apellido está profundamente ligado a la historia de la exploración y conservación de los océanos. ¿Qué significa para ti llevar ese apellido hoy y, al mismo tiempo, construir un legado que sea propio?

—He pensado mucho en mi legado y creo que el legado es algo que comparten todas las personas que crecieron viendo las películas y que se inspiraron en ellas y se convirtieron en biólogos marinos o buzos, o que de alguna manera se preocupan, apoyan o luchan por el océano. Y ese es su legado. No pertenece solamente a la familia. He visto personas alrededor del mundo que consideraría que están continuando su legado. Ese fue su regalo al mundo.

Yo diría que estoy trabajando más bien dentro de la tradición de la familia Cousteau, porque ahora mi trabajo no consiste en hacer películas. No es exploración. No consiste en revelar los océanos. Ese era su trabajo. Creo que hoy tenemos problemas que no existían en aquel entonces. Tenemos cambio climático. Hemos perdido la mitad de la vida en el océano. Las pesquerías están colapsando. Hay tantas cosas… El Niño de este año está devastando al mundo.

En Francia, donde vivo, hizo más calor que en Arabia Saudita durante más de tres semanas. En un lugar que normalmente tiene un clima muy templado. Tuvimos incendios. Tuvimos sequía. Nuestros ríos se secaron y después tuvimos inundaciones. Fue apocalíptico, ¿no? Y estos son problemas que no existían hace 40 o 50 años. Y requieren nuevas formas de pensar, innovación, nuevas tecnologías y nuevas ideas. Y creo que requieren una respuesta diferente y un tipo diferente de activismo.

Mi abuelo se enfocó realmente en la exploración, y después de él, mi padre habló mucho sobre conservación. Yo no estoy hablando de conservación en absoluto. Estoy hablando de restauración y reconstrucción, y de utilizar esta ventana de oportunidad que tenemos para hacer las cosas que necesitamos hacer para devolver la vida a los océanos. Así que creo que esa es la evolución y la tradición dentro de la familia Cousteau, pero el legado pertenece a todos.

Alexandra Cousteau, cineasta, oradora sobre naturaleza, National Geographic Explorer y activista ambiental. Créditos: Alexandra Cousteau.
Alexandra Cousteau, cineasta, oradora sobre naturaleza, National Geographic Explorer y activista ambiental. Créditos: Alexandra Cousteau.

—Has contado que convertirte en madre cambió la forma en que miras el futuro. ¿Qué significa para ti pensar en el océano que heredarán tus hijos y, algún día, tus nietos?

—Creo que, como cualquier madre o padre, cuando tienes un hijo, el horizonte se extiende incluso más allá de lo que estaba antes, porque estás pensando no solo en términos de tu propia vida, sino también en términos de la vida de tu hijo y de tu nieto. Y es muy evidente que, a menos que las cosas cambien, mis hijos podrían estar escribiendo los obituarios de los océanos que mi abuelo mostró por primera vez al mundo, y eso sería muy triste.

No está garantizado que termine así, pero es una posibilidad. Y creo que, como madre, mi trabajo se volvió aún más urgente en términos de encontrar maneras de ampliar la restauración de la abundancia de los océanos. Recuperar los ecosistemas, las especies, las comunidades costeras y su acceso a peces capturados en estado silvestre. Los ingresos del turismo, los recuerdos del océano y la posibilidad de transmitir a los hijos una comunidad saludable y próspera que esté conectada con el océano.

Las comunidades costeras son vulnerables en Chile y en todo el mundo, y es importante entender que esa vulnerabilidad proviene en parte del océano y de los cambios en el clima y de todo eso. Así que realmente tenemos que pensar en cómo diseñamos el futuro.

Algo que digo todo el tiempo es que, si queremos llegar a un lugar mejor, necesitamos una visión del futuro que pueda ayudarnos a alinearnos y llegar allí. De lo contrario, simplemente vamos a reaccionar frente al futuro. Y eso es mucho de lo que hemos hecho. Hemos reaccionado a las malas noticias. 

Hemos reaccionado a la contaminación. Hemos reaccionado a las cosas malas. Así que hemos estado a la defensiva, y creo que ahora, al ser capaces de crear una visión de hacia dónde queremos ir, podemos crear una hoja de ruta para llegar allí y trabajar juntos, alineados. Y eso es realmente importante.

Alexandra Cousteau, cineasta, oradora sobre naturaleza, National Geographic Explorer y activista ambiental. Créditos: Alexandra Cousteau.
Alexandra Cousteau, cineasta, oradora sobre naturaleza, National Geographic Explorer y activista ambiental. Créditos: Alexandra Cousteau.

—Has tenido encuentros muy cercanos con tiburones, mantarrayas, ballenas, delfines y pulpos, y has dicho que cuando un animal interactúa contigo lo sientes como un regalo. ¿Qué tiene el océano que todavía consigue sorprenderte después de tantas décadas explorándolo?

—Creo que es la diversidad de la vida. Ya sea que esté en el agua con ballenas jorobadas, tiburones tigre, delfines, o con las pequeñas criaturas que viven en el arrecife, como el pequeño calamar pigmeo, que no es más grande que la uña de tu pulgar, o los pequeños peces y los gusanos plumeros. 

Todas esas pequeñas cosas que viven allí. Simplemente existe esta increíble diversidad de vida. Y siempre es emocionante observarlos y ver cómo viven sus vidas.  En el caso de las ballenas jorobadas, estábamos ayudando, buscando casos de enmallamiento para poder rescatarlas. 

También hubo una vez en que un delfín vino y me mostró a su cría. Tenía una cría recién nacida y simplemente vino y nadó de un lado a otro frente a mí, como un nuevo padre orgulloso.

Y esta otra vez que hubo una mantarraya, una mantarraya juvenil que vino. Era dos veces más grande que yo. Vino, se dio vuelta y nadó vientre con vientre conmigo durante aproximadamente un minuto. Y fue el minuto más increíble que he vivido, porque me estaba mirando a los ojos, ¿sabes?, y había tanta inteligencia, alma y presencia en él. Fue realmente impresionante.

Así que creo que nunca sabes. Quiero decir, hay muchas inmersiones en las que vas y no ves nada, pero luego, a veces, vas y tienes este momento inolvidablemente mágico. Y eso simplemente refuerza por qué, personalmente, hago lo que hago, pero también por qué el océano es tan importante y cómo toca la vida de cada ser humano en la Tierra.

A través del clima, de los sistemas alimentarios, del transporte marítimo, del turismo, de todas estas cosas. Cada chileno se ve afectado por el océano. Y por eso importa que prestemos atención. Importa por quién votamos. Importa cómo gastamos nuestro dinero. Importa cómo apoyamos a las organizaciones sin fines de lucro y dónde compramos nuestro pescado y a los pescadores a los que les compramos el pescado. Esas cosas realmente importan, porque la calidad de nuestra vida depende, en gran medida, de lo que está ocurriendo con el océano.

Alexandra Cousteau, observando las barracudas (Sphyraena sp.). Cala Galiota, Parque Nacional de Cabrera, islas Baleares, España. Actos para apoyar la ampliación del Parque de Cabrera. Octubre 2013.
Alexandra Cousteau, observando las barracudas (Sphyraena sp.). Cala Galiota, Parque Nacional de Cabrera, islas Baleares, España. Actos para apoyar la ampliación del Parque de Cabrera. Octubre 2013.

—Tu abuelo utilizó las historias y el cine para mostrarle al mundo un océano que la mayoría de las personas nunca había visto. Tú has continuado ese camino, pero también has buscado nuevas formas de comunicar y movilizar a las personas. ¿Qué has aprendido sobre la manera de transformar la fascinación por la naturaleza en acciones concretas para protegerla?

—Creo que uno de los grandes errores que cometemos en los océanos como comunidad de conservación marina es que constantemente les decimos a las personas que deberían estar preocupadas por el futuro, tener miedo del cambio climático, de la sobrepesca… Hay mucho miedo y vergüenza incorporados en las comunicaciones tradicionales. 

Y esto se remonta a décadas atrás. Comenzó en los años 60 y 70, cuando las personas pasaron de no saber nada sobre el océano a aprender de repente sobre él y luego decir que había contaminación, declive, caza de ballenas y todo eso.

Entonces, esa urgencia y ese tono que se utilizó fueron realmente exitosos porque las personas no sabían y luego descubrieron lo que estaba pasando y se sintieron motivadas a hacer algo. Y por eso el movimiento Save the Whales fue uno de los movimientos más exitosos en la historia de la conservación. Salvar la Antártica, que mi abuelo estaba impulsando, también fue muy exitoso.

Si no fuera por eso, hoy tendríamos petróleo, gas y minería de metales preciosos en la Antártica, lo cual es inimaginable para cualquiera, creo. Esta idea de los pingüinos sobre hielo prístino. Pero hemos mantenido el mismo enfoque durante décadas, y creo que ahora hay mucho cansancio.

Las personas están cansadas de que les digan que estamos sobreexplotando los recursos, que estamos contaminando, y lo que ven es que la vida simplemente continúa con normalidad. Y, entonces, aunque todo lo que estamos diciendo sea cierto, creo que las personas ahora están desencantadas. Están un poco aburridas de eso. Ya no se siente tan atractivo. No hay nada nuevo en ello.

Alexandra Cousteau, buceando en Cala Galiota, Parque Nacional de Cabrera, islas Baleares, España. Actos para apoyar la ampliación del Parque de Cabrera. Octubre 2013.
Alexandra Cousteau, buceando en Cala Galiota, Parque Nacional de Cabrera, islas Baleares, España. Actos para apoyar la ampliación del Parque de Cabrera. Octubre 2013.

Es contraproducente ser tan negativos sobre este tema. El océano es increíble. Su capacidad para ser abundante y volver a la abundancia es increíble. Y Oceana tiene muchas historias de pesquerías que volvieron a ser abundantes cuando se tomaron ciertas medidas. Y las áreas marinas protegidas pueden recrear la abundancia muy rápidamente. Entonces, creo que la manera en que hablamos ahora sobre los océanos realmente debe tratar sobre una visión del futuro y sobre lo que podemos hacer, celebrar las victorias y verlo como algo positivo.

El océano es increíble y podemos hacer cosas increíbles. Así que hagámoslas y después celebremos lo que hicimos. Y eso es mucho más honesto, creo. Y, no quiero bromear ni engañarnos a nosotros mismos: esa ventana no permanecerá abierta para siempre. Habrá un momento en que ya no podremos decir eso, pero podemos decirlo ahora. Y eso es lo que creo que me da la capacidad de seguir adelante, porque hay momentos que son realmente difíciles.

Cuando ves que un arrecife de barrera completo, como en Florida, es literalmente hervido durante un verano y pierde el 98% de sus corales, duele, ¿verdad? Cuando ves el aleteo de tiburones, duele. Cuando ves pesca de arrastre de fondo en áreas marinas protegidas, realmente duele.

Pero esa no es la única verdad. También existe la otra verdad. Y, entonces, si te enfocas en la otra verdad, creo que es más empoderador, es más esperanzador. Es una mejor historia para conseguir que las personas participen, que decirles que los océanos se están muriendo y que eso simplemente se siente mal. No se siente muy atractivo. Y ni siquiera es necesariamente cierto. El futuro todavía está disponible para nosotros. Todavía podemos influir en el futuro. Todavía podemos hacer cosas que nos den un mejor resultado. Eso vale la pena defender.

Alexandra Cousteau, cineasta, oradora sobre naturaleza, National Geographic Explorer y activista ambiental. Créditos: Alexandra Cousteau.
Alexandra Cousteau, cineasta, oradora sobre naturaleza, National Geographic Explorer y activista ambiental. Créditos: Alexandra Cousteau.

—¿Qué significa para ti “reconstruir” los océanos y qué tendría que cambiar para que esa idea deje de ser una aspiración y se convierta en una realidad? ¿Qué rol cumple Oceans 2050 en esto? 

—Creo que cuando estás enfocado en conservar lo que queda, se trata de gestionar el declive y prevenir la pérdida. Y, a veces, ese es el enfoque correcto. Por supuesto que a veces simplemente necesitas evitar que no corten los bosques o necesitas detener a una flota pesquera para que no destruya un área marina protegida. 

Pero creo que hay otro enfoque, que es un camino completamente diferente, en el que buscas construir resultados netos positivos. ¿Cómo creamos un resultado neto positivo en lugar de prevenir una pérdida neta? Y eso requiere diferentes herramientas y diferentes enfoques, una ciencia diferente. Una ciencia que analice, bueno, cómo reconstruimos, en lugar de simplemente catalogar lo que estamos perdiendo.

Y las personas ahora se están moviendo en esa dirección. Ha habido varios artículos científicos revisados por pares que han analizado esto. Artículos como Rebuilding Marine Life, que fue uno de los principales artículos sobre cambio climático el año en que fue publicado, en 2019. Tuvo un enorme impacto en el mundo de las organizaciones sin fines de lucro y en el mundo de los océanos, porque presentó una hoja de ruta científica para reconstruir la abundancia.

Así que creo que queremos hablar, queremos descubrir cómo avanzar, no solamente cómo prevenir pérdidas. Y eso es lo que, en todas las cosas que hago, con Oceana, con Oceans 2050 o con Blue Cities Alliance, realmente estamos buscando: cómo hacemos que eso ocurra en diferentes campos y con diferentes comunidades.

Alexandra Cousteau en Sussex Bay. Créditos: Alexandra Cousteau.
Alexandra Cousteau en Sussex Bay. Créditos: Alexandra Cousteau.

—Desde tu trabajo como asesora sénior de Oceana has participado en campañas para combatir la sobrepesca y promover políticas que permitan recuperar la abundancia de los océanos. ¿Qué has aprendido trabajando en la intersección entre conservación, políticas públicas y comunidades? 

—He aprendido mucho con Oceana. Creo que uno de los ejemplos de liderazgo más inspiradores que aprendí de Oceana es este enfoque incansable en los resultados, en lugar de los programas. 

Hay muchas organizaciones que simplemente financian programas. Mientras los programas estén financiados y las personas estén ocupadas, todo está bien. Y creo que el enfoque de Oceana, casi como un láser, en cuál es el resultado que queremos, cuál es el cambio que queremos, es increíblemente efectivo. Y muy poderoso.

Oceana ha tenido victorias alrededor del mundo porque tiene un excelente equipo de personas que tienen una estrategia y un enfoque muy bien pensados. Luego los ejecutan de una manera realmente buena, y por eso consiguen esas grandes victorias. Y he aprendido mucho de eso y me he sentido muy inspirada por eso.

Y también, al estar en terreno, viendo que podemos hacer todo bien y aún así no lograr el objetivo. Por ejemplo, en el Parque Cabrera, en España, esta área marina protegida. Hicimos campaña desde 2013 para que fuera ampliada. Ganamos esa campaña. Decidieron ampliarla. Eso fue realmente genial. Y después nadie la implementó. Entonces, no ha pasado nada.

Y eso se debe a razones políticas o a la falta de voluntad política para simplemente implementar las decisiones que ya se habían tomado. Así, durante todos estos años, los beneficios de tener un parque nacional, un Parque Nacional Marino —el aumento de los peces, el aumento de los pastos marinos, el aumento de la biodiversidad que podría haber beneficiado al turismo y a los pescadores y a todas estas otras cosas— simplemente no se han materializado porque los políticos no lo hicieron. 

Y eso puede ser realmente frustrante. Hicimos todo bien, conseguimos la victoria y después simplemente se quedaron de brazos cruzados.

Alexandra Cousteau, asesora internacional de Oceana buceando sobre la pradera de posidonia (Posidonia oceanica). Actos para apoyar la ampliación del Parque de Cabrera. Malgrats, Mallorca, Islas Baleares, España. Marzo 2013.
Alexandra Cousteau, asesora internacional de Oceana buceando sobre la pradera de posidonia (Posidonia oceanica). Actos para apoyar la ampliación del Parque de Cabrera. Malgrats, Mallorca, Islas Baleares, España. Marzo 2013.

Pero después hay otras campañas, como en Belice, con la moratoria sobre el petróleo y el gas en su sitio declarado Patrimonio de la Humanidad. Fue una campaña increíble de la que formar parte y ver cómo Oceana y Belice, con media docena de personas, fueron capaces de movilizar a todo el país y lograr que políticos, que querían vender licencias para la exploración de petróleo y gas, pasaran de eso a aprobar una moratoria sobre la exploración de petróleo y gas en su zona económica exclusiva y mantener su condición de Patrimonio de la Humanidad.

Y eso fue simplemente increíble. Todo el país se unió en torno a esto y las personas fueron escuchadas y hablaron, y todo eso fue Oceana. Si no fuera por Oceana, estoy segura de que hoy habría perforaciones de petróleo y gas en Belice. Y esa es una victoria increíble y la voz de las personas fue escuchada.

No fue solo Oceana. Ellos catalizaron esta cosa increíble. Y he aprendido mucho de eso. He aprendido mucho al participar en estas expediciones a las profundidades del océano, con los vehículos submarinos que descienden y exploran estas cosas, y sobre cómo tomamos esas imágenes y esas historias y las llevamos a los políticos y ministros, y les mostramos lo que hay allí y conseguimos que se entusiasmen con la creación de áreas marinas protegidas en esos lugares tan abundantes de las profundidades del océano.

O cómo nos hemos asociado con grupos indígenas en Canadá para hacer ciencia con ellos. Es increíble tener ciencia occidental y ciencia indígena juntas, y Oceana nuevamente hizo que eso ocurriera. Así que me he sentido muy inspirada durante el curso de los casi 15 años que he estado involucrada.

Y yo solo soy una asesora. No soy una empleada. Soy realmente una persona que apoya a Oceana y viajo por todo el mundo. Apoyo a las oficinas cuando puedo y de la manera que puedo. Y ha sido una parte increíble de mi vida poder hacerlo. Así que por eso estoy súper feliz de volver a Chile y apoyar a Oceana en el hermoso Chile.

—Hablando de Chile. Desde tu perspectiva, ¿cómo ves actualmente la conservación marina en el país? ¿Hay algo que crees que Chile esté haciendo de manera particularmente interesante o que pueda servir como ejemplo para otros países?

—Oceana ha sido un actor muy relevante en la creación de áreas marinas protegidas en Chile. El país actualmente tiene un 44% de su zona económica exclusiva bajo algún grado de protección. El desafío ahora es la implementación de esos parques marinos o de esas áreas marinas protegidas.

Para ello, Oceana ha apoyado con información científica para que se lleven adelante las implementaciones de los planes de manejo del Parque Marino de Juan Fernández, el Parque Marino de Nazca-Desventuradas y, actualmente, se está desarrollando lo mismo por el plan de manejo del área marina protegida de Caleta Tortel, gracias a la información científica que pudo rescatarse de la serie de expediciones que se realizaron en la Patagonia del país, entre sus fiordos y canales.

Entonces, el tema no es solamente la creación de los parques, sino que también es la implementación, y eso creo que ha sido un avance importante.

Otra cosa que podríamos destacar de lo que ha hecho el país, es la creación y la promoción de la ley de plásticos de un solo uso, que, como sabemos, la contaminación por plásticos es una de las más dañinas para los océanos. Y Oceana, junto con otras organizaciones, ha logrado impulsar una ley que prohíbe algunos ítems de plásticos de un solo uso, especialmente los que se utilizan en los locales de expendio de alimentos, como restaurantes. Y eso porque se descubrió que son los que más contaminan las playas y océanos de Chile, y eran los más fáciles de reemplazar. 

Un coral Chrysogorgia y una langosta enana fueron ductados durante la inmersión 672 a lo largo de un transecto en el flanco norte de Motu Motiro Hiva, una isla deshabitada en la Cordillera de Salas y Gómez. Crédito (CC-BY): ROV SuBastian / Instituto Oceanográfico Schmidt.
Un coral Chrysogorgia y una langosta enana fueron ductados durante la inmersión 672 a lo largo de un transecto en el flanco norte de Motu Motiro Hiva, una isla deshabitada en la Cordillera de Salas y Gómez. Crédito (CC-BY): ROV SuBastian / Instituto Oceanográfico Schmidt.

Entonces, es muy grato para Oceana, para nosotros, ver que, por ejemplo, ahora si uno va a un restaurante, no existe el plástico desechable, no existen ítems de plástico de un solo uso. Aunque aún faltan esfuerzos para mejorar la fiscalización, que es importantísima en el tema de la contaminación por plásticos.

Y lo último, creo que el tema de la prohibición de la pesca de arrastre en los montes submarinos también fue algo muy relevante para Chile, porque, en el fondo, se protegieron montes submarinos que son, como sabemos y como la ciencia sí lo dice, ecosistemas frágiles y que tienen una biodiversidad única y muy abundante.

También, Oceana ha estado trabajando últimamente en la creación de nuevas áreas marinas protegidas, más cercanas a la costa. Haciendo exploraciones en la Región del Biobío, por ejemplo. Pero también más allá, en aguas internacionales, donde el Acuerdo BBNJ o Tratado de Alta Mar abre una nueva vía para avanzar en la protección de la biodiversidad marina. Se está yendo, también, un poco más allá en la campaña del plástico. Se está intentando impulsar la reutilización de envases de plástico para distintos tipos de ítems, como detergentes y jabones. Que esto no quede solamente en pequeños emprendimientos, sino que, por ejemplo, esté disponible en supermercados y en grandes tiendas. Que sea algo masivo.

Matías Portflitt Toro, biólogo marino y coordinador de divulgación del Centro para la Ecología y la Gestión Sostenible de las Islas Oceánicas (ESMOI), examina una muestra de crustáceo en el Laboratorio Principal del Buque de Investigación Falkor. Crédito (CC-BY): Misha Vallejo Prut / Instituto Oceánico Schmidt.
Matías Portflitt Toro, biólogo marino y coordinador de divulgación del Centro para la Ecología y la Gestión Sostenible de las Islas Oceánicas (ESMOI), examina una muestra de crustáceo en el Laboratorio Principal del Buque de Investigación Falkor. Crédito (CC-BY): Misha Vallejo Prut / Instituto Oceánico Schmidt.

—Esta será tu primera participación en el Festival Ladera Sur. ¿Qué esperas de tu visita a Chile y de este encuentro con personas que comparten un interés por la naturaleza, la conservación y la exploración?

—Estoy emocionada de ver toda la energía y a las personas. De escuchar sobre lo que están hablando, y entender mejor cuál es la perspectiva chilena, cuáles son sus preocupaciones, sus esperanzas y sus ideas. Es un privilegio poder entender eso mejor y encontrar maneras en las que pueda apoyar a Oceana y a las comunidades chilenas para hacer que eso ocurra.

*Las imágenes de este artículo cumplen con la licencia correspondiente para ser difundidas en este artículo atribuyendo sus créditos.

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