Ladera Sur México en colaboración con

La iniciativa Perpetual Planet de Rolex apoya a personas y organizaciones que desarrollan soluciones para los desafíos medioambientales actuales.

La científica Rosa Vásquez Espinoza llegó al Jardín Escénico del Bosque de Chapultepec vestida con una prenda que emulaba una gran flor. La investigadora peruana portaba una blusa (cuyos pliegues representaban a los pétalos) teñida con pigmentos vegetales anaranjados y bordada por comunidades indígenas amazónicas (como la asháninka) con las que trabaja para proteger a las abejas sin aguijón.

Era una manera de llevarlas consigo hasta México, semanas después de que su trabajo fuera reconocido con uno de los Rolex Awards 2026, mismo que les permitirá planificar a largo plazo, superando así los ciclos cortos de los fondos de investigación científica habituales.

La historia, sin embargo, comenzó mucho antes. No fue un laboratorio ni una publicación científica lo que sembró en Rosa aquel arraigo y pulsión por la naturaleza amazónica. No. De manera más sencilla (y cercana) fue su abuela quechua, a quien Rosa se refiere como la primera química en su vida.

En la pieza documental producida por Rolex aparecen ambas conversando y tomando el té; durante la premiación, Vásquez volvió a hablar de esa herencia y se valió de aquel relato para recalcar que no existe una frontera entre la ciencia académica y los conocimientos construidos por las comunidades. 

“La ciencia es magnífica”, dice en entrevista con Ladera Sur México, pero también advierte que esta suele regirse por aquello que puede medirse, cuantificarse y probarse. “Es como si nos taparan un ojo y lo viéramos solo desde esa perspectiva” comenta la también Explorer de National Geographic.

En la Amazonía peruana, Rosa Vásquez Espinoza combina investigación científica y saberes indígenas para estudiar a las abejas sin aguijón y conservar los ecosistemas donde habitan. Créditos: Rolex-Sofia Lopez Mañan
En la Amazonía peruana, Rosa Vásquez Espinoza combina investigación científica y saberes indígenas para estudiar a las abejas sin aguijón y conservar los ecosistemas donde habitan. Créditos: Rolex-Sofia Lopez Mañan

En la Amazonía, esa otra forma de mirar que menciona Vásquez tiene nombre y territorio. En 2020, Rosa comenzó a estudiar a las abejas sin aguijón (científicamente clasificadas como la tribu Meliponini), interesada inicialmente en las propiedades medicinales de su miel, la cual ha sido utilizada desde hace generaciones por comunidades indígenas. 

Pronto encontró que la miel podía ayudar como antiinflamatorio, antimicrobiano, a la cicatrización de heridas, entre otras cosas. Pero cada vez había menos abejas que la producían. Fue así como, fortuitamente, el trabajo de la bióloga química peruana terminó vinculando la deforestación con el declive de estos insectos, amenazados también por la degradación del hábitat, los pesticidas (como el glifosato) y el cambio climático. 

Abeja sin aguijón de la Amazonía peruana sobre una flor. Créditos: Rolex-Sofia Lopez Mañan
Abeja sin aguijón de la Amazonía peruana sobre una flor. Créditos: Rolex-Sofia Lopez Mañan

Abejas sin aguijón: por qué ahora tienen derechos legales y qué significa para la Amazonía

Amazon Research Internacional –una organización no gubernamental que Rosa coordina– ha recorrido 40 mil hectáreas de bosque, identificado más de 300 colmenas silvestres y 1.6 millones de abejas, y trabaja actualmente con 11 comunidades, donde más de 350 personas han recibido capacitación en apicultura sostenible, emprendimiento e investigación ecológica.

De acuerdo con Rosa, las abejas sin aguijón cumplen distintos roles en la Amazonía ya que son polinizadoras (fundamentales) para los ecosistemas de la región pero también forman parte de la alimentación, la medicina, la cultura y la economía de pueblos como los asháninka y kukama-kukamiria. 

La miel y polen asociado a estas abejas tienen usos tradicionales, mientras que otros productos de las colmenas, como el propóleo, forman parte de prácticas comunitarias. Cuando le preguntamos sobre los estudios que ha realizado de la miel de estas abejas, Vásquez habla de la presencia de bioactividad, lo cual ha sido consistente con los conocimientos ancestrales de la zona. 

Desde la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPCH), la bióloga química Rosa Vásquez Espinoza estudia las propiedades de productos obtenidos de las abejas sin aguijón. Créditos: Rolex-Sofia Lopez Mañan
Desde la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPCH), la bióloga química Rosa Vásquez Espinoza estudia las propiedades de productos obtenidos de las abejas sin aguijón. Créditos: Rolex-Sofia Lopez Mañan

“El conocimiento tradicional no se mide según lo que puedes medir o no, sino en lo que [las comunidades] observan, viven y sienten con la naturaleza”, explica Rosa. Para la bióloga química, integrar ambas perspectivas puede ampliar las herramientas disponibles frente a problemas ambientales que ya avanzan más rápido en comparación con nuestra capacidad de encontrar soluciones.

Vásquez explica cómo su defensa de las abejas terminó llegando a un terreno que no estaba contemplado al principio: el de las leyes. A finales de 2025, ordenanzas aprobadas en Satipo y Nauta reconocieron derechos legales para las abejas sin aguijón en determinadas zonas de Perú, incluido el derecho a existir y desarrollarse en un ambiente saludable y la posibilidad de que personas actúen legalmente en su representación.

Ahora la idea es que suceda a nivel nacional. El evento de Rolex y las organizaciones involucradas presentan estos casos como los primeros de este tipo para insectos.

El trabajo de Rosa Vásquez Espinoza busca proteger a las abejas sin aguijón desde una perspectiva de socioecosistema, en la que comunidades, especies y territorio forman parte de una misma red. Créditos: Rolex-Sofia Lopez Mañan
El trabajo de Rosa Vásquez Espinoza busca proteger a las abejas sin aguijón desde una perspectiva de socioecosistema, en la que comunidades, especies y territorio forman parte de una misma red. Créditos: Rolex-Sofia Lopez Mañan

Una abeja que representa memoria y territorio

Cuando le preguntan a Rosa por qué estas abejas merecen ser reconocidas como sujetos de derecho, la científica recurre a la memoria de estos insectos. La científica explica cómo las abejas son capaces de recordar patrones, texturas, flores e incluso rostros. “Si hace un par de años decías: ‘Mi abeja me reconoce’, la gente se iba a reír pensando que estabas bromeando”, recuerda.

Hoy, esa posibilidad permite repensar nuestra relación con ellas hacia una conservación que considere, además de sus roles ecológicos, sus capacidades y la relación que han construido con las personas.

Rosa Vásquez Espinoza  toma muestras durante el trabajo de campo en la Amazonía peruana, donde su equipo ha identificado varias colmenas silvestres. Créditos: Rolex-Sofia Lopez Mañan
Rosa Vásquez Espinoza toma muestras durante el trabajo de campo en la Amazonía peruana, donde su equipo ha identificado varias colmenas silvestres. Créditos: Rolex-Sofia Lopez Mañan

Y la lucha, menciona Rosa, también es latinoamericana. La peruana encuentra un vínculo entre la experiencia de Perú y México, donde las abejas meliponas también forman parte de la historia y los sistemas de vida de comunidades (en nuestro país, principalmente de los pueblos mayas). 

Y al igual que en México –con referentes como la activista maya Leydy Pech, conocida como la «guardiana de las abejas»– en el proyecto amazónico que Rosa dirige, la defensa ambiental se refleja especialmente en las mujeres, cuya participación es notoria tanto en la conservación como en la investigación y el trabajo comunitario. Pero, cuenta la bióloga, su apuesta mira también hacia las juventudes indígenas. A formar a quienes eventualmente puedan tomar la batuta y continuar defendiendo el territorio y a sus especies.

Durante nuestra charla, hay una frase indígena que Rosa repite para explicar esa interdependencia: “Si la selva está saludable, yo lo estoy”. Desde ahí, la conservación se convierte en una forma de cuidar las condiciones que permiten vivir a todo un sistema, más allá de sólo salvar a una especie (y tener la idea de que está aislada). 

Las abejas sin aguijón producen miel y propóleo utilizados tradicionalmente por comunidades indígenas de la Amazonía peruana como alimento y parte de prácticas medicinales. Créditos: Rolex-Sofia Lopez Mañan
Las abejas sin aguijón producen miel y propóleo utilizados tradicionalmente por comunidades indígenas de la Amazonía peruana como alimento y parte de prácticas medicinales. Créditos: Rolex-Sofia Lopez Mañan

La conservación de polinizadores también puede ocurrir en las ciudades

A pesar de la buena noticia y el reconocimiento legal de estos insectos, Rosa enfatiza en la necesidad de evitar las llamadas “leyes fantasma”, es decir, normas que existen en el papel pero que no necesariamente se cumplen en el territorio. El reconocimiento jurídico, insiste Vásquez, necesita presión social, implementación y vigilancia para convertirse en protección efectiva.

En ese sentido y en la búsqueda de medidas más tangibles, el Rolex Award 2026 permitirá a Amazon Research Internacional ampliar su trabajo durante un periodo más largo que el habitual ciclo anual de financiamiento científico. El proyecto contempla establecer 10 santuarios indígenas para abejas sin aguijón en zonas de alta biodiversidad y cartografiar 200 mil hectáreas de hábitat con la meta de construir un corredor transfronterizo de conservación hacia Bolivia y las fronteras de Perú, Colombia y Brasil. 

Para Rosa, contar con mayor continuidad financiera significa poder pensar en equipos, conocimiento y conservación a una escala temporal más cercana a la que necesitan los ecosistemas.

Rosa Vásquez Espinoza trabaja junto a comunidades indígenas de la Amazonía peruana para proteger a las abejas sin aguijón y fortalecer el conocimiento comunitario sobre estos polinizadores. Créditos: Rolex-Sofia Lopez Mañan
Rosa Vásquez Espinoza trabaja junto a comunidades indígenas de la Amazonía peruana para proteger a las abejas sin aguijón y fortalecer el conocimiento comunitario sobre estos polinizadores. Créditos: Rolex-Sofia Lopez Mañan

Y las personas de grandes ciudades no estamos fuera de esa ecuación. Cuando le preguntamos qué se puede hacer una ciudad como Ciudad de México para contribuir a la conservación de los polinizadores, su respuesta no exige abandonar la ciudad ni viajar hasta el bosque. Medidas como sembrar flores nativas, ofrecer agua a los polinizadores y crear espacios donde puedan alimentarse, dice la bióloga, alimenta la idea de que, incluso aparentemente rodeados de concreto, seguimos formando parte de un ecosistema.

Sin desligarse (ni a su investigación) de sus orígenes y del arraigo con su familia, Rosa llevaba consigo a las comunidades amazónicas que hicieron posible su vestido, a las mujeres que participan en la conservación, a las juventudes que quiere formar y a una manera de entender la naturaleza en la que una abeja no está separada del bosque ni el bosque de quienes lo transitan a diario o de vez en vez.

“Invitando a ambos saberes es que logramos acelerar para estar a la misma velocidad de los retos y poder proteger nuestros ecosistemas”, dice. En esa apuesta que nos enseña la científica peruana, la ciencia no pierde rigor al abrirse a otras voces; encuentra, más bien, una forma mucho más fresca para resolver problemas multidimensionales.

Rosa Vásquez Espinoza rodeada de abejas sin aguijón durante su trabajo de campo en la Amazonía. Para la investigadora, conocer sus capacidades y comportamiento también puede transformar la manera de conservarlas. Créditos: Rolex-Sofia Lopez Mañan
Rosa Vásquez Espinoza rodeada de abejas sin aguijón durante su trabajo de campo en la Amazonía. Para la investigadora, conocer sus capacidades y comportamiento también puede transformar la manera de conservarlas. Créditos: Rolex-Sofia Lopez Mañan
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