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Pastizales: los aliados ignorados que Latinoamérica busca rescatar contra la sequía y la desertificación en la COP17
Los pastizales, ecosistemas históricamente olvidados, son uno de los principales temas en la COP17 y en la región representan el acceso al agua, alimento y la seguridad hídrica y la estabilidad climática de más de 30 millones de personas. Pese a las presiones que enfrentan estos ecosistemas por el cambio de suelo, las comunidades indígenas y locales han mantenido el equilibrio mediante técnicas pastoriles y ganaderas sostenibles. Un informe presentado durante la COP17 en Mongolia sostiene que representan también un gran potencial económico cuando se invierte de forma preventiva en su restauración. Especialistas que acuden a las negociaciones de la cumbre explican a Mongabay Latam las claves para que el financiamiento de estos ecosistemas funcione en nuestra región.
Para ser más resilientes ante la sequía y restaurar la tierra degradada, Latinoamérica y el mundo deberán apoyarse en los pastizales, ecosistemas estratégicos que permiten no solo la producción de alimento mediante prácticas agropecuarias sostenibles, sino que también son clave para la captación de carbono, el almacenamiento de agua y el sustento de millones de personas. Esta es una de las conclusiones centrales de la Convención de las Naciones Unidas sobre Desertificación (COP17).
Aunque los pastizales y sabanas de Latinoamérica regulan el agua y representan estabilidad alimentaria y climática para más de 30 millones de personas —de acuerdo con un reporte elaborado por agencias gubernamentales y organizaciones de sociedad civil— apenas el 10 % de las metas climáticas de los países los menciona, a diferencia de los bosques, presentes en el 70 % de sus objetivos y que cubren alrededor de un tercio del planeta.
Representantes de países, científicos, pueblos indígenas y comunidades pastoriles buscan que Latinoamérica cambie el abandono de estos biomas (que cubren el 18 % de la región) por metas y compromisos para su mejor aprovechamiento, como parte de los retos en la COP17.

El sustento de millones, en riesgo
El sustento que representan los pastizales en Latinoamérica va más allá del alimento. Estos ecosistemas funcionan como sumideros de carbono, almacenando cerca del 90 % del carbono que emiten, de acuerdo con un documento de incidencia elaborado por organizaciones, como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
También son centrales para la regulación de los cuerpos de agua, pues alimentan las cuencas de ecosistemas como El Cerrado, la Amazonía y la Orinoquía.
Estos biomas llegan a la COP17 con desafíos importantes al no ser contemplados en legislaciones o políticas públicas, además de enfrentar las presiones de la agroindustria, así como efectos de fenómenos climáticos como El Niño, con sequías más largas y pronunciadas.
Frente a este panorama, una de las metas para Latinoamérica en esta cumbre es que los pastizales y las sabanas de la región se mencionen explícitamente en la “Steppe Action Agenda”, una iniciativa impulsada por Mongolia, país anfitrión de la COP17, para intensificar las acciones de restauración, movilizar financiamiento y obtener resultados medibles y sostenidos en la recuperación de estos biomas.
Sin embargo, otro de los objetivos es dejar de ver a los pastizales como tierras vacías y reconocer la labor que realizan pastores y comunidades locales e indígenas para gestionar la tierra.

Pastores y animales, los actores clave
Especialistas consultados por Mongabay Latam en la COP17 sostienen que la gestión sostenible de los pastizales no se puede desconectar del pastoralismo y la ganadería regenerativa como estrategias de restauración y adaptación.
Enrique Michaud, copresidente de la Alianza Global para los Pastizales y Pastores, señala que hay un reto para que los tomadores de decisiones en la COP17 entiendan y respeten el conocimiento que comunidades desarrollaron para producir alimentos y al mismo tiempo mantener el equilibrio en los ecosistemas.
“Los pastores y comunidades, que también han sido invisibilizadas desde mucho tiempo atrás, han desarrollado formas de adaptarse a estos ecosistemas desde el conocimiento local y desde el conocimiento tradicional”, explica el ambientalista.

Para Michaud, estos valores ambientales son, por ejemplo, la gestión del agua, la rotación de pastos y la movilidad, así como el manejo de las especies adaptadas a estos ecosistemas. Incluso, ante la variabilidad del clima, destaca el manejo que hacen comunidades locales de las regiones andinas de Latinoamérica.
“Estamos viviendo un fenómeno de deglaciación extrema, nuestros nevados vienen desapareciendo y están generando que nuevos ecosistemas aparezcan. Las poblaciones altoandinas y los criadores de camélidos en particular ya vienen generando prácticas basadas en los conocimientos tradicionales”, explica el especialista a Mongabay Latam.
Belén Valenzuela, oficial del programa de Bosques y Pastizales para UICN América del Sur, destaca también que las comunidades indígenas y locales son importantes en la región para que la productividad de las tierras pastoriles no detenga la restauración de tierras.
“Mientras se está produciendo la tierra, se está restaurando y esto se puede hacer a través de bioeconomías, por ejemplo, salvaguardas con pueblos indígenas y comunidades locales. El actor en territorio siempre es muy importante como para que se mantenga el equilibrio y llegar a las metas”, dice la experta a Mongabay Latam.

Para Valenzuela, las mismas prácticas locales también son un reflejo de por qué las metas y estrategias de los países en el tema de desertificación deben estar conectadas con las otras grandes convenciones de Naciones Unidas sobre biodiversidad y cambio climático.
“Cuando los actores en territorio están gestionando su tierra, están sembrando y cosechando no están pensando en temas aislados. Están manejando de manera integral su paisaje. No es solamente el río o el pastizal, sino que existe esta conexión”, asegura.
La especialista sostiene que estas experiencias son las que deben traducirse en política pública como el monitoreo, gestión del territorio y financiamiento.

Pastizales cuentan con respaldo científico y económico
Destinar financiamiento a las zonas de pastoreo no solo implica mitigación, adaptación y resiliencia climática, sino también beneficios económicos.
Un informe mundial presentado en esta COP17, publicado por el Instituto Internacional de Investigación Ganadera (ILRI), sostiene que los pastizales generan beneficios estimados entre 21 y 47 billones de dólares estadounidenses al año (hasta 5000 dólares por hectárea) y que la inversión en estos ecosistemas es menor económicamente cuando se restaura la tierra de forma preventiva, en lugar de actuar cuando la crisis está avanzada.
“Los costos de restauración varían ampliamente según la gravedad de la degradación, el enfoque de restauración y la duración de la implementación. Los costos reportados van desde tan solo 20 dólares por hectárea para la mejora del manejo del pastoreo y la regeneración natural asistida hasta más de 70 000 dólares por hectárea cuando se requieren intervenciones intensivas”, destaca el estudio sobre los paisajes altamente degradados.
Sin embargo, el dinero no es una solución por sí solo. La investigación advierte que sin las condiciones necesarias como derechos territoriales, instituciones comunitarias sólidas y un sistema que le dé poder de decisión a las comunidades las inversiones fracasarán.

Ante este escenario, Valenzuela advierte que el financiamiento que se llegue a aprobar en esta COP17 debe ser identificable y accesible para las comunidades en el territorio.
«Hay discusiones que dicen que ya existe el financiamiento que deberíamos tener, sin embargo está disperso, no es accesible, no está gestionado de una manera que pueda realmente llegar a los territorios”, señala la especialista y agrega: “La cuestión también es cómo armamos las capacidades para que ese financiamiento se pueda gestionar de la mejor manera”.

Michaud por otro lado menciona que hay sistemas sostenibles que han funcionado de manera ancestral, por lo que llama a escuchar ese conocimiento local junto con diferentes grupos de la sociedad civil: académicos, mujeres, jóvenes y adultos mayores que transmitan ese conocimiento.
“Tenemos que volver a lo que nos ha funcionado desde siempre y revalorar estos sistemas buscando la sostenibilidad para el futuro”, afirma.
Mongabay Latam
Gonzalo Ortuño López