-
Conocimiento que protege ecosistemas: Lanzan guías de campo de los parques nacionales Pumalín Douglas Tompkins, Cerro Castillo y Patagonia
1 de abril, 2026 -
Líquenes del sur de Chile: Investigación explora su rol en la propagación de incendios forestales
1 de abril, 2026 -
Defendiendo a los salares como patrimonio: Lautaro Núñez y Francisco Gedda reflexionan frente a la explotación del litio
31 de marzo, 2026
Cámaras trampa: las aliadas silenciosas que debemos cuidar para proteger la fauna
Utilizadas en todo el mundo para estudiar la vida silvestre, el fotomonitoreo se ha convertido en una herramienta esencial para la conservación. En lugares como Cochamó, el monitoreo de fauna ha sido clave para movilizar los recursos e impulsar a los tomadores decisiones que permitieron avanzar en la conservación de más 144 mil hectáreas entre el Fundo Puchegüín y el Santuario de la Naturaleza Valle Cochamó, y lograr la declaratoria de Reserva de Agua en dos de sus ríos más importantes. Para que estas cámaras continúen aportando información relevante, expertos coinciden en que es fundamental comprender su rol y protegerlas.
En la comuna de Cochamó, en la Región de los Lagos, los relatos de pobladores locales hablaban de la existencia de especies como el huemul, la vizcacha de la Patagonia, entre otras. Sin embargo, la evidencia científica era escasa.
En la actualidad y después de ocho años de implementar un programa de vida silvestre que incluye el uso de cámaras trampa, la organización Puelo Patagonia ha logrado avanzar en la conservación de grandes áreas.
“El programa de monitoreo de fauna lo realizamos desde 2018 en distintos sectores de la comuna, que logró por ejemplo tener el primer registro científico del huemul en el lugar”, señaló Andrés Diez, director ejecutivo de la Puelo Patagonia.
Además, agregó que la evidencia “que hemos generado gracias al trabajo con cámaras trampa nos permite hoy hablar de iniciativas de conservación concretas, como la creación de un Santuario de la Naturaleza en el Valle Cochamó, el reconocimiento de una Reserva de Agua en el Río Puelo y la compra del Fundo Puchegüín para su conservación. Tener la información que respalda a las especies que habitan en estos lugares, ha sido fundamental para movilizar recursos e impulsar a los tomadores de decisiones a avanzar en figuras de protección”.



¿Qué son las cámaras trampa y por qué son esenciales para la conservación y el empoderamiento de comunidades locales?
Las cámaras trampa son una de las herramientas más utilizadas actualmente para monitorear fauna silvestre. Se trata de dispositivos que se instalan en puntos estratégicos en un entorno natural y se activan automáticamente mediante sensores infrarrojos cuando detectan movimiento o cambios de temperatura, capturando fotografías o videos sin necesidad de presencia humana.
Estudios internacionales han evidenciado que este método es de los más efectivos, ya que permite obtener información clave sobre las especies —como su comportamiento, distribución y uso del hábitat— con una intervención mínima, reduciendo el estrés y la alteración de la fauna.
El muestreo mediante cámaras trampa se basa precisamente en la captura automatizada de imágenes de cualquier individuo que pase frente al dispositivo. Gracias a esta tecnología, es posible monitorear animales difíciles de observar, especialmente aquellos de hábitos nocturnos, esquivos o que habitan zonas remotas.
Según otro estudio, las cámaras trampa, tal como las conocemos hoy, surgieron en Estados Unidos, donde se utilizaban principalmente para el manejo de la caza. Posteriormente, investigaciones en India las incorporaron a la biología de campo, en particular en estudios sobre tigres. A partir de allí, su uso se expandió progresivamente hacia la conservación de la vida silvestre.
De hecho, actualmente Chile se ha posicionado a nivel internacional como un referente en este tema: “El modelo chileno, utilizado en las áreas protegidas del estado, destaca por su continuidad temporal, cobertura territorial nacional y gobernanza pública: el programa de fotomonitoreo de CONAF reúne alrededor de 2000 cámaras activas en 35 áreas protegidas y una década de registros continuos, conforma la base de datos más extensa y sistemática de fauna silvestre asociada a las áreas protegidas del país”, sostuvo hace unos días Rodrigo Illesca Rojas, director ejecutivo de CONAF en un artículo dentro del sitio web de la institución.
Este trabajo ha permitido entender tendencias poblacionales, detectar amenazas, orientar medidas de protección en distintos ecosistemas del país y también empoderar a las comunidades locales en el conocimiento sobre la biodiversidad de su entorno cuando se involucran activamente en la conservación de su patrimonio natural.
Por ejemplo, en el caso del Valle Cochamó, la vizcacha de la Patagonia (Lagidium wolffsohni) era, hasta hace algunos años, casi un secreto a voces. Esta especie, desconocida y poco estudiada —catalogada como “Vulnerable (VU)” según la legislación chilena y de Datos Insuficientes (DD) por la UICN — había sido avistada por algunos escaladores y habitantes en las cumbres de las grandes paredes de granito que rodean este valle pero no había evidencia que respaldara su presencia en el lugar.
Hoy, tres años después, gracias al uso de cámaras trampa instaladas cada invierno y verano en distintos sectores del Valle Cochamó, son los propios habitantes de la zona, junto a organizaciones que trabajan por su conservación, los que han logrado no solo confirmar científicamente su presencia, sino también obtener registros en siete zonas distintas, monitorear su estado y conocer poblaciones de esta y otras más de 40 especies.



“Las cámaras trampa han servido mucho en el valle para saber qué especies habitan acá. Por cuentos o relatos de personas antiguas que han vivido acá se sabía más o menos lo que andaba, pero faltaba algo tangible, como tener el registro en imágenes o video. Uno se va dando cuenta de toda la biodiversidad que tenemos en este lugar y que de seguro aún no conocemos toda”, comentó Patricia Almonacid, miembro de la Organización Valle Cochamó y participante del Monitoreo Participativo de Fauna que realiza su organización junto a Puelo Patagonia y el Club Andino de Cochamó.
Cuidar esta herramienta es cuidar la fauna
Hace algunos días, en el Parque Nacional Nahuel Huapi, en Argentina, se sustrajo una cámara trampa utilizada para monitorear huillines. Desde el parque señalaron que “la sustracción de este equipo no solo implica la pérdida de un instrumento de trabajo, sino también la interrupción de meses de monitoreo y recolección de información sobre una de las especies más amenazadas de nuestros ecosistemas”.
En Cochamó también han ocurrido casos aislados: del total instalado, si bien solo un bajo porcentaje ha sufrido extravíos, esto representa un riesgo para el monitoreo de la biodiversidad. “Es clave recordar que las cámaras están ahí para el cuidado y monitoreo de la fauna silvestre, permitiendo registrar especies como la güiña, el huemul o el monito del monte, sin alterar su hábitat natural”, afirmó Fernando Novoa, encargado del programa de Vida Silvestre de Puelo Patagonia.
Por eso, desde organizaciones que trabajan en conservación hacen un llamado a conocer más sobre estas herramientas y protegerlas. Cuidarlas es fundamental para seguir obteniendo información que permita resguardar la fauna nativa y los ecosistemas.
“No tocar ni manipular estas cámaras es fundamental para que cumplan su función. Acciones cotidianas, como posar frente a ellas por curiosidad o moverlas, pueden activar innecesariamente el sensor y agotar su batería, cuya autonomía ya es limitada, especialmente en climas extremos como los del sur de Chile”, comentó Novoa.
Además, agregó que su instalación y mantención implica recorrer extensos territorios y un importante esfuerzo en terreno, y que si la batería se descarga antes de tiempo o el equipo se altera, se puede perder información valiosa, incluso registros únicos que podrían convertirse en evidencia clave para proteger especies y ecosistemas.
Por eso el llamado es claro: si ves una cámara trampa, no la toques ni la muevas, evita manipularla, taparla o abrirla, y no poses frente a ella: cada activación innecesaria consume batería y puede afectar los datos
“Las cámaras trampa no tienen como objetivo ser cámaras de vigilancia. Están instaladas en zonas autorizadas y enfocadas únicamente en animales y son pequeñas aliadas silenciosas que trabajan día y noche para conocer y proteger la vida silvestre. Respetarlas es una forma concreta de contribuir a la conservación de, por ejemplo, esa Vizcacha de la Patagonia que hoy ya no es solo un secreto a voces, sino una especie registrada, monitoreada y mejor protegida gracias a esta herramienta”, concluyó Novoa.
Registros inéditos que se han logrado gracias a cámaras trampa en Chile
En la cuenca del río Puelo, en la Región de los Lagos, existían escasos registros de la presencia del huemul. Solo algunos relatos de pobladores indicaban haberlos visto en la zona. Con el fin de develar la real situación de este icónica especie en la Patagonia norte, se creó una alianza entre la Corporación Puelo Patagonia, Rewilding Chile y National Geographic Society, la cual permitió realizar un estudio de monitoreo para comprobar su existencia en el área cordillerana de la región.
En los bosques templados andinos del sur de Chile no existían registros documentados de reproducción de la güiña en cavidades de árboles en estado silvestre. En el marco del proyecto Redes de Nidos en los Bosques Templados Andinos, cámaras trampa instaladas para estudiar el uso de cavidades por distintas especies lograron capturar, por primera vez, imágenes de este pequeño felino utilizando como refugio la cavidad de un antiguo roble sobreviviente de un incendio ocurrido décadas atrás. El registro confirmó un comportamiento reproductivo inédito para la especie y destacó la importancia de los árboles remanentes y de los bosques maduros como hábitat clave para la conservación de la fauna nativa.
En la Región de Valparaíso no existían registros confirmados del gato andino, una especie en peligro de extinción que habita ambientes altoandinos y de baja densidad poblacional. Con el fin de conocer mejor la biodiversidad de la cordillera de Putaendo, se realizaron monitoreos con cámaras trampa y expediciones impulsadas por la comunidad local y organizaciones científicas. Estos esfuerzos permitieron obtener el primer registro del felino en la cuenca del río Rocín, ampliando su distribución conocida en Chile central. El hallazgo no solo aportó información clave para la conservación de la especie, sino que también evidenció el alto valor ecológico de este territorio frente a amenazas como proyectos mineros, reforzando la necesidad de proteger estos ecosistemas y su biodiversidad.
*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.
Puelo Patagonia