Foto cortesía Parque Andino Juncal

En las alturas de la cordillera, cercano al límite que nos separa de Argentina, hay un gigante de hielo recostado sobre la ladera de la escarpada montaña. Se trata del glaciar Juncal Norte: un coloso helado de 7,4 km2 que descansa sobre el cerro de su mismo nombre, llegando a alturas que rozan los 6.000 msnm.

De él nacen las aguas que alimentan al Río Juncal, cuerpo de agua responsable no solo de la subsistencia de la vida altoandina que se desarrolla en la zona, sino la de toda su cuenca. Este gran glaciar es el corazón del Parque Andino Juncal, iniciativa privada única en Chile y el continente.

Foto cortesía Parque Andino Juncal
Foto cortesía Parque Andino Juncal
Foto cortesía Parque Andino Juncal

«No fue una imposición, para nada. Fue un deseo. Cuando vas te das cuenta: lo impactante que es, lo rara que es la experiencia, la posibilidad de acercarte, de adentrarte en la montaña de esa forma. Y al darte cuenta de la inmensidad, y la pequeñez nuestra, empiezas a descubrir la importancia que tiene el agua, que hay glaciares, que hay unos humedales altoandinos importantísimos y que todos esos son sitios donde se protege la fauna, la flora, Dios sabe qué. Es muy impactante», dice Catherine Kenrick, coordinadora y cabeza de la Comunidad Kenrick Lyon, organización dueña del parque. «A mi me encanta, aunque suene casi siútico, pensar que fue la misma montaña la que me dijo protégeme«, cierra entre risas.

En 2003, Catherine fue encomendada con la misión de administrar un antiguo predio en poder de su familia desde 1911. De esta forma, lleva más de 20 años trabajando por cuidar el lugar de cualquier impacto que pueda afectar la frágil vida de estos ecosistemas únicos, resguardados en las 13.796 hectáreas que tiene el parque. Según ella, han sido varios años de trabajo en los que se han seguido los pasos necesarios —desde expulsar a los arrieros que ocuparon por años ese lugar para su trabajo, hasta ingresar por primera vez en su vida una declaración de impacto ambiental— para llegar a lo que es hoy en día.

En este camino, fue el primer parque privado reconocido por el Convenio de Ramsar en todo Latinoamérica. El objetivo de los Sitios Ramsar es la conservación y el uso racional de los humedales mediante acciones cooperativas locales e internacionales, como contribución al logro de un desarrollo sostenible en todo el mundo. Este hecho elevó la relevancia internacional del lugar, llegando a estar nominados en 2024 en el top 100 de historias de sostenibilidad turística de la Fundación Green Destinations.

Foto cortesía Parque Andino Juncal
Foto cortesía Parque Andino Juncal

Características del parque y su conservación

El parque se delimita por cuatro fronteras, descritas como naturales, políticas o imaginarias. Por el norte, es una línea imaginaria que pasa por el eje de la Quebrada Barros Negros y sigue la pirca de piedra que une el Río Juncal con el Paso de Bermejo. Por el oriente, está el límite con la República Argentina. Por el sur, es marcaje lo hace otra línea imaginaria que corre por el Estero de los Monos de Agua y luego la Quebrada de los Monos de Agua, hasta que se encuentra con el límite nacional y por el poniente el río Juncal. Verticalmente, está comprendido en altitudes desde los 2.200 hasta los 5.000 msnm.

En términos geográficos y de recursos, el parque se puede desglosar de la siguiente manera: representa dos tercios de la cuenca del río Juncal, y está en el pie del Glaciar Juncal. En la propiedad hay aproximadamente 24 glaciares, a lo menos cinco humedales de importancia, y numerosas fuentes de agua prístina. De ahí se puede explicar su reconocimiento por RAMSAR.

Foto cortesía Parque Andino Juncal
Foto cortesía Parque Andino Juncal
Foto cortesía Parque Andino Juncal

Sobre los humedales, dónde se auna la biodiversidad del lugar, están: Vega la Roca, Vegas la Paz, Vegas de Nacimiento; Cajón de Mardones: Vega las Mardones y el Cajón de Navarro: Vegas las Canchitas. Todos en el Valle del Río Juncal. Estos son de vital importancia como fuente de vida para la flora y fauna.

Hay a lo menos 45 especies de aves, 68 especies de flora, 10 mamíferos (entre los que se encuentran el puma, el guanaco o la vizcacha), cinco especies de reptiles, y dos especies de sapo. Esta diversidad es aún más valiosa porque 93% de la flora y 98% de la fauna es nativa. Siete especies de flora y cinco especies de fauna son endémicas.

Foto cortesía Parque Andino Juncal
Foto cortesía Parque Andino Juncal
Foto cortesía Parque Andino Juncal

Sobre lo turístico, cuenta con cuatro senderos y sectores sectores de alojamiento. El sendero principal es hacia el Mirador del Glaciar Juncal, de nueve km solo de ida (18 km en total), con una duración estimada de tres a cuatro horas por tramo —entre seis y ocho horas ida y vuelta—. Su dificultad es media y presenta un desnivel cercano a los 500 metros. Los otros tres recorridos son más cercanos a la administración, de entre uno y dos km de longitud. Estos son Sendero Pastizal, Vega de la Roca y Mirador del Valle. Los alojamientos se dividen en dos grupos. El primero son los vecinos a la administración: el sitio de camping Los Hornitos/ Hotel Mil Estrellas y el Refugio del Arriero. Ya iniciado el camino al Mirador, a falta de dos km por llegar, está el sector Las Morrenas.

Foto cortesía Parque Andino Juncal
Foto cortesía Parque Andino Juncal
Foto cortesía Parque Andino Juncal

Problema en el paraíso

Desde la administración del parque, declaran una misión muy clara: proteger este lugar de actividades humanas que lo perjudiquen y a la biodiversidad que acoge. Sin esta área protegida privada, todo lo que habita allí estaría expuesto. Contundentemente, Catherine asevera: «La amenaza más grave que se cierne no solo sobre nosotros, sino que sobre la cordillera, es el hecho de que no tenemos en Chile una ley que proteja los glaciares. Su mayor peligro que es, sin duda, la minería».

A 28 km de la entrada del parque —o como dicen los locales, al otro lado del cerro—se encuentra la faena de la División Andina de CODELCO. Cientos de camiones circulan por sus caminos retirando el mineral en bruto cada semana, con todo lo que eso implica para el medioambiente. Relaves, ruido y material particulado son algunas de las amenazas que viven casi colindantes al parque. Desde la admistración reconocen una buena relación con la minera, respaldado principalmente por acciones de mitigación por parte de la empresa, aunque agregan: «Hemos tenido con conflictos bastante complicados con proyectos mineros que han querido hacer exploraciones en el parque, y la verdad es que el hecho de que sea un sitio Ramsar, que sea una propiedad privada no tiene ninguna validez para ellos».

División Andina Codelco, por Google Earth

Como es sabido, Chile concentra un tercio de todo el cobre mundial. Gran parte de esa cifra se extrae en la alta montaña. Tomás Dinges, administrador del parque, lo tiene muy claro: «Nosotros estamos emplazados a unos 22 km de una veta de cobre subterráneo de mucha productividad, que genera un mundo de especulación que está atraído a la zona buscando jugar su suerte en el lotería que es encontrar una veta de cobre».

Cuenta que hace unos cinco o seis años están en la mira de la mineras por esto. Da el caso de la minera extranjera Nutrex, que en ese período empezó a comprar concesiones de explotación y exploración en el territorio de al lado del parque, buscando cobre. Se apostaron justamente en el tercio vecino del valle del Juncal que no correspondía al parque. Hicieron perforaciones de 800 metros buscando el mineral. Explosiones, polvo y ruido invadieron el lugar. Probablemente desde arriba del glaciar se podría ver la faena, pues estaba a 7 km de distancia.

No lograron encontrar cobre. Pero eso no les quitó las ganas de vender sus derechos a otro proyecto más grande en un futuro, ejerciendo sus derechos comerciales en territorio del parque. «Fue y sigue siendo una amenaza existencial», aclara Dinges.

La acción ciudadana fue más. Se levantó una fuerza local a lo largo de todo el Valle del Aconcagua que frenó estos intentos, alcanzando incluso repercusión nacional. «Nosotros estamos cobijando decenas de especies emblemáticas o en peligro de extinción como el gato andino, el cóndor o el guanaco en un lugar donde no hay parques nacionales», cierra al sintetizar lo que significa su esfuerzo. Lograron que la minera se fuera. Pero poco sabían que al tiempo llegaría otra minera estableciendo 13.500 hectáreas de exploración, englobándolos casi en su totalidad.

Esta tensión ya es constante. Y se suma a la dificultad de preservar un territorio lejano a centros humanos, en territorios históricamente mineros. A su favor, tienen totalmente clara su principal arma en esta lucha: «Lo más fundamental es lo que se levantó en el parque; un conocimiento transversal en todo el Valle Aconcagua. Estos lugares en las cabeceras de los ríos, las cuencas altas de la cordillera de los Andes, son los lugares que proveen el agua para el consumo humano, para la agricultura, para las chakras, para las comunidades locales. Lo que se dieron cuenta miles de personas es que al proteger estos lugares por un lado es bonito, tiene un valor para la naturaleza, pero también tiene un valor para el día a día, para la calidad de agua que se consume río abajo«.


*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.

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