Un bowl de açaí de color púrpura intenso cubierto de frutas y granola se ha convertido en una de las imágenes más repetidas en redes sociales. Pero, ¿cuántas personas saben realmente qué es el açaí? ¿De dónde proviene este fruto que hoy aparece en cafeterías y centros comerciales alrededor del mundo? Lo que durante siglos fue un alimento cotidiano en la Amazonía hoy se ha transformado en un símbolo global de vida saludable. Sin embargo, detrás de esta estética vibrante y energética existe una historia mucho más compleja que comienza en los bosques tropicales.

En los últimos años, plataformas como Instagram o TikTok han impulsado tendencias alimentarias capaces de expandirse por todo el planeta en cuestión de meses. El açaí (nombre portugués; en español huasaí o azaí) es uno de los ejemplos más claros: un fruto amazónico que pasó de ser parte esencial de la dieta local en el norte de Brasil a convertirse en un fenómeno global asociado a los llamados “superalimentos”.

Este auge ha generado nuevas oportunidades económicas para miles de productores y comunidades rurales vinculadas a su cultivo y comercialización. Sin embargo, también ha abierto un debate creciente sobre las consecuencias ambientales de estas modas alimentarias. Esto debido a que, cuando la demanda internacional aumenta rápidamente, los sistemas productivos pueden transformarse para responder al mercado. En algunos casos, cultivos tradicionales se expanden, cambian las formas de manejo del bosque o comienzan a ocupar nuevos territorios, lo que puede afectar ecosistemas y biodiversidad.

El açaí ilustra bien esta paradoja contemporánea: un alimento valorado por sus propiedades nutricionales y su origen natural que, al mismo tiempo, refleja las tensiones entre consumo global, redes sociales y conservación de la naturaleza. Y no es el único. Otros ingredientes de moda —como el pistacho, el matcha o la pitahaya— muestran cómo las tendencias alimentarias pueden influir profundamente en los paisajes donde se producen.

Açaí. Créditos (CC-BY): Alexander Ruiz vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Alexander Ruiz vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Véronique Nijs vía Canva.com.
Bowl de açaí. Créditos (CC-BY): Véronique Nijs vía Canva.com.

Açaí, el fruto amazónico que conquistó las redes

El açaí («fruta que llora» o «fruta que rezuma agua») es una pequeña baya de color púrpura oscuro que crece en racimos sobre palmeras del género Euterpe, especialmente Euterpe oleracea Mart. Estas palmeras son nativas de la Amazonía y prosperan en ecosistemas tropicales húmedos, principalmente en zonas cercanas a ríos, estuarios y áreas inundables. Su presencia es particularmente abundante en el norte de Brasil, en la región indígena de Oiapoque y en el estado de Pará, aunque también se encuentra en otros países amazónicos.

«Técnicamente, es lo que se conoce como una drupa, el fruto. Son frutos carnosos. Y este es un fruto que viene netamente de la Amazonía. Es una planta nativa y crece en lugares bien interesantes, porque crece en bosques de várzea. Allí se dan especies de llanos o lugares en donde se producen inundaciones temporales durante el invierno y después baja el agua. Entonces, son sistemas arbóreos que tienen mareas que suben y bajan», señala Rodrigo Figueroa, ingeniero agrónomo, profesor y exdecano de la facultad de Agronomía y Sistemas Naturales de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

«Si bien es originario de varios países de la región amazónica de América Central y del Sur tropical, se ha cultivado como una planta multipropósito, siendo Brasil el principal país productor y exportador de la especie a nivel mundial. Crece exclusivamente en el bioma amazónico, convirtiéndose en una de las palmas de mayor importancia socioeconómica en la cuenca amazónica. Su uso tradicional por comunidades ribereñas, respetuoso de la especie, dio paso en los últimos años a una alta demanda que pone en riesgo la especie», complementa Lucía Abello, bibliotecóloga y botánica, asociada de la Sociedad de Botánica de Chile y Chilebosque.

Açaí. Créditos (CC-BY): Moacirbmn vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Moacirbmn vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.

De esta manera, durante siglos el açaí ha sido un alimento fundamental para numerosas comunidades de la región. En muchas localidades amazónicas forma parte de la dieta diaria y se consume de manera muy distinta a como suele verse en el resto del mundo. Tradicionalmente, la pulpa del fruto se tritura hasta obtener una pasta espesa que se sirve junto a pescado, arroz o harina de mandioca. En algunas ciudades del norte de Brasil, el açaí no es considerado un postre ni una preparación dulce, sino más bien un alimento base.

Las palmeras de açaí pueden alcanzar hasta unos 30 metros de altura y suelen crecer en grupos, formando densos bosques en terrenos húmedos. Los frutos son pequeños, demoran hasta diez años en producirse en árboles nuevos, y están compuestos en gran parte por una semilla dura rodeada de una fina capa de pulpa.

«Sus tallos tienden a ser cilíndricos, anillados y erectos; en la base de cada estípite, sus raíces rojizas y superficiales crean una red agregada de 30 a 40 cm sobre el suelo; las inflorescencias son en forma de racimo y están compuestas por flores estaminadas y pistiladas; sus bayas o frutos son esféricas y forman racimos con cientos de frutos individuales; cada baya tiene un diámetro de 1,0 a 2,0 cm.  Su fruto tiene una superficie (epicarpio) que va del color morado oscuro a negro. Se consumen tanto el epicarpio como el mesocarpio, que tienen un sabor similar al de la frambuesa», profundiza Abello.

Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.

En esta línea, la parte comestible del fruto representa solo alrededor del 15% del total, por lo que su procesamiento genera grandes volúmenes de residuos. Tras extraer la pulpa, se generan hasta 550.000 toneladas de semillas o huesos, principalmente en el estado brasileño de Pará. Una parte importante de este material termina acumulándose en vertederos de la Amazonía o siendo arrojado a ríos y arroyos, donde puede formar grandes montículos y obstruir los cursos de agua.

Este escenario ha impulsado a distintos equipos de investigación a buscar alternativas para aprovechar estos residuos. Los huesos de açaí pueden transformarse o incorporarse en diversos productos, desde bioplásticos utilizados para botellas y bolsas hasta tablas para construcción y carbón vegetal. También se han probado como alimento para animales, fertilizantes, filtros de agua e incluso como materia prima para ingredientes utilizados en las industrias farmacéutica, cosmética y alimentaria.

Al mismo tiempo, el propio fruto ha despertado un creciente interés a nivel global por su valor nutricional. Diversos estudios han destacado que el açaí es rico en antioxidantes —especialmente antocianinas, responsables de su intenso color púrpura— y que también contiene grasas saludables, fibra, vitaminas y minerales. Estas propiedades han sido ampliamente difundidas durante la última década, contribuyendo a posicionarlo como uno de los llamados “superalimentos” dentro de las tendencias contemporáneas de alimentación saludable.

Açaí. Créditos (CC-BY): Anna Carolina Negri vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Anna Carolina Negri vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Wagnerokasaki vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Wagnerokasaki vía Canva.com.

«La gracia que tiene es que tiene una gran cantidad de antioxidante y de antocianina. Siempre comparamos los antioxidantes en Chile con el vino, porque es un antioxidante de alguna manera, pero podríamos compararlo mejor con el arándano. De todas formas, el acaí tiene más antioxidantes que esos productos. Entonces, son productos que reducen el riesgo de muchas enfermedades. El acaí es parte de estos alimentos sanos que tienen antocianinas, también tienen algo que se llama polifenoles. Además, es un fruto que tiene bajo contenido de azúcar. Las tiene todas, por eso es que ha sido tan explosivo su crecimiento», comenta Figueroa.

«Al ser rico en antioxidantes, ayudan a combatir el estrés oxidativo; contienen grasas saludables similares al aceite de oliva, que puede coadyuvar al colesterol saludable; es una fuente de fibra que mejora la digestión y genera sensación de saciedad; tiene vitaminas y minerales que contribuyen al bienestar de las personas que lo consumen. La literatura señala que tiene múltiples propiedades, pero que aún no tienen una base científica sólida, por lo que se hacen ingentes esfuerzos para demostrar todas sus bondades», complementa Abello.

Açaí. Créditos (CC-BY): Saidis vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Saidis vía Canva.com.

La popularidad internacional del fruto se aceleró aún más con la aparición de los llamados açaí bowls. Estas preparaciones, populares en cafeterías y restaurantes de ciudades de todo el mundo, consisten en una base de pulpa congelada mezclada con frutas y servida en un bol, generalmente acompañada de granola, semillas, coco o miel. Su apariencia colorida y fotogénica ha contribuido enormemente a su difusión en redes sociales.

En plataformas como Instagram o TikTok, los açaí bowls se convirtieron en un símbolo de estilo de vida saludable, asociado al mundo del fitness, el bienestar y la alimentación natural. Influencers, atletas y marcas de alimentos han contribuido a difundir su consumo, presentándolo como una alternativa energética y nutritiva para desayunos o snacks.

Açaí con platano y granola. Créditos (CC-BY): WS Studio vía Canva.com.
Açaí con platano y granola. Créditos (CC-BY): WS Studio vía Canva.com.

«Es posible deshidratarlo, secarlo. Por eso se comercializa casi en polvo. Entonces, lo que genera es un aditivo, el que lo puedes mezclar con cualquier cosa, con yoghurt, con cereal, con barras de cereales, con helado. Ahí la industria alimentaria lo que hace es que empieza a buscar distintos formatos, y lo mezcla con lo que más atractivo parezca», explica Figueroa.

«Las redes sociales aquí han sido como especie de aceleradores del desarrollo de esta demanda. El açaí cae dentro de lo que se conoce como los superalimentos. Los superalimentos son productos que se consumen porque obviamente tienen beneficios para la salud, y eso influencia mucho. Es uno de los ejemplos de cómo ha evolucionado la industria alimentaria para buscar productos que sean sanos. El açaí es un alimento sano por naturaleza. Entonces, las redes sociales aquí son una especie de catalizadores este crecimiento, de la demanda, porque es un producto que es muy sano, y se produce en condiciones bastante naturales. El concepto de antioxidante, antienvejecimiento, es una estrategia de marketing hoy día. Las redes ayudan mucho a que esta especie de narrativa de búsqueda de salud sea muy fácil de diseminar», añade.

Açaí. Créditos (CC-BY): WS Studio vía Canva.com.
Helado de açaí. Créditos (CC-BY): WS Studio vía Canva.com.

Como resultado, la demanda internacional de açaí ha crecido de manera sostenida durante los últimos años. Este cambio ha tenido un impacto profundo en la economía de varias regiones amazónicas. Para muchas comunidades rurales, el comercio del açaí se ha convertido en una fuente importante de ingresos y en una actividad clave dentro de la economía local. Parte de ello se explica porque su recolección sigue siendo, en gran medida, un proceso manual.

Los recolectores deben trepar las palmeras —muchas veces utilizando técnicas tradicionales transmitidas por generaciones— para cortar los racimos de frutos maduros. Una vez cosechados, estos deben procesarse rápidamente, ya que se deterioran con relativa facilidad en climas cálidos. Por lo general se remojan para ablandar la pulpa y luego se trituran para separar el jugo y la parte comestible de la semilla.

Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.

«De repente algo que crecía en forma natural se transforma en algo muy valioso y, como decía antes, se empieza a manejar, y se empieza a intensificar ese manejo. Entonces, tienes que empezar a producir plantas y hay gente que probablemente se empieza a dedicar a eso. Se empiezan a desarrollar otros negocios paralelos no solo relacionados directamente con el fruto, sino que con la producción, con el manejo. Tienes que cosecharlo también. Con este aumento se empieza a ocupar mano de obra, y como hay un buen precio, empieza a trabajar todo el mundo en esto, probablemente incluso personas que antes no lo hacían», afirma Figueroa.

Así, lo que comenzó como un alimento tradicional de la Amazonía hoy forma parte de una cadena global que conecta la selva tropical con cafeterías y supermercados en distintos rincones del planeta.

Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.

Cuando la demanda global llega a la selva

Durante décadas, el consumo de açaí estuvo concentrado principalmente en la región amazónica. Sin embargo, a partir de finales del siglo XX comenzó a expandirse a otras partes de Brasil y, con el tiempo, al mercado internacional. En la última década, las exportaciones del fruto han experimentado un crecimiento notable: si hace más de diez años se enviaban al exterior poco más de 40 toneladas, en 2020 la cifra alcanzó las 5.937 toneladas. Solo entre 2019 y 2020 el sector registró un aumento del 51%, reflejando el creciente interés global por alimentos asociados a dietas naturales y funcionales. Este auge ha llevado el açaí a mercados tan diversos como Estados Unidos, Japón y Australia.

El estado de Pará sigue siendo el epicentro de esta industria: concentra cerca del 95% de la producción brasileña y es también el principal consumidor y exportador de la fruta, generalmente en forma de pulpa congelada. Para responder a la creciente demanda interna y externa, la superficie cultivada —tanto en tierra firme como en zonas de llanuras aluviales manejadas— aumentó de 77.000 a 188.000 hectáreas en apenas una década.

Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.

Sin embargo, este crecimiento también ha impulsado cambios en la forma en que se manejan los bosques amazónicos. En lugar de recolectar frutos dentro de ecosistemas diversos, en algunos lugares se ha comenzado a favorecer el crecimiento de palmeras de açaí por sobre otras especies, lo que reduce la variedad de árboles presentes. Este proceso puede generar lo que algunos investigadores describen como “simplificación ecológica”: paisajes que siguen siendo forestales, pero donde la diversidad vegetal es menor porque se prioriza una sola especie de interés comercial. Donde antes habitaban más de 70 especies diferentes, comienza a expandirse una sola.

«La sobre explotación de la especie puede llevar a efectos negativos, tales como el monocultivo, que reemplaza áreas de bosque para su cultivo, lo que conlleva a una pérdida de la biodiversidad asociada al ecosistema de la cuenca amazónica en que crece naturalmente (bosques que se inundan constantemente), así como la aparición de plagas y/o enfermedades; también se eliminan otras especies de árboles y se modifican las dinámicas naturales del bosque, disminuyendo la diversidad de plantas y animales asociados; Al haber una colecta intensiva de los frutos, se deja sin alimentos a las aves y mamíferos que se alimentan de sus frutos; Además de provocar mayor presión a los bosques que aún no han sido intervenidos», ahonda Abello.

Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.

«Se empieza a simplificar la estructura y se reorganizan estos bosques. Eso obviamente que va afectando a las plantas adultas y, de alguna manera, van cambiando las densidades. Se establece una especie de cultivo donde los bosques se componen solamente por el árbol que produce la semilla», agrega Figueroa por su parte.

Esta priorización se vuelve especialmente problemática si se considera que los bosques amazónicos son conocidos por su extraordinaria biodiversidad. En una sola hectárea pueden convivir cientos de especies de plantas diferentes, muchas de las cuales cumplen roles ecológicos clave, como la provisión de alimento para fauna silvestre, la regulación del suelo o el mantenimiento de ciclos hidrológicos. Cuando la diversidad vegetal disminuye, estas interacciones ecológicas pueden alterarse.

A esto se suma el impacto asociado a la cadena global de comercialización. Una vez cosechado, el fruto debe ser procesado rápidamente para obtener su pulpa, que luego suele congelarse para facilitar su transporte a largas distancias. Este proceso implica consumo de energía, infraestructura de refrigeración y transporte internacional, lo que aumenta la huella ambiental del producto.

Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.

Por esta razón, diversos investigadores y organizaciones ambientales han comenzado a plantear la importancia de promover modelos de producción más sostenibles. Entre las estrategias propuestas se encuentran el fortalecimiento de sistemas agroforestales diversos, la conservación de bosques naturales y el desarrollo de cadenas de suministro que valoren la biodiversidad.

El desafío consiste en encontrar un equilibrio que permita mantener los beneficios económicos que el açaí ha generado para muchas comunidades amazónicas sin comprometer la riqueza biológica del bosque tropical.

Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.

«En el fondo hay que tratar de lograr una restauración de esta área, que se va intensificando. Hay que empezar a plantar mayor diversidad para tratar de que no se produzca un monocultivo. Asimismo, cuando uno ve este tipo de desarrollo tan rápido, es donde las certificaciones ayudan harto. Hay varias formas de certificación que van protegiendo. El Comercio Justo es un buen ejemplo de eso. Los Rainforest también son una forma de certificación, que van protegiendo los procesos, se evita que contraten a personas que no deberían estar trabajando y que el manejo sea lo más amigable con el medio ambiente como sea posible», complementa Figueroa.

«Las certificaciones orgánicas del producto también son interesantes, porque al intensificar esta producción sea crean plantaciones, se empieza a fertilizar estos lugares. A lo mejor también se empiezan a controlar algunas plagas, enfermedades. Eso significa que se comenzarían a usar algunos agroquímicos, lo que obviamente no es lo que se busca en ambientes que ojalá uno pudiera mantener en una forma más natural. Pero cuando es muy natural, la productividad baja, y al empezar a intensificarlo, la productividad aumenta. Entonces, ahí es donde una certificación te ayuda a mantener un producto de mayor valor, pero que se sigue manejando de una manera todavía con baja cantidad de insumos», añade.

Açaí. Créditos (CC-BY): Edsongrandisoli vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edsongrandisoli vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Anna Carolina Negri vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Anna Carolina Negri vía Canva.com.

Pistacho, matcha y pitahaya

Por otra parte, el auge del açaí no es un caso aislado. En distintos rincones del mundo, varios productos agrícolas han experimentado un fenómeno similar. Uno de los ejemplos recientes es el pistacho. Este fruto seco, apreciado por su sabor y sus propiedades nutricionales, ha experimentado un crecimiento sostenido en el consumo internacional. En países como Argentina, particularmente en regiones áridas del oeste, su cultivo se ha expandido con rapidez en los últimos años, impulsado por la alta demanda y el valor comercial del producto.

El pistacho es una especie que se adapta bien a climas secos y calurosos, lo que ha favorecido su desarrollo en zonas con características similares a las de su región de origen en Asia occidental. Sin embargo, su producción no está exenta de desafíos ambientales.

A pesar de su resistencia a la sequía, los árboles requieren riego para producir frutos de manera comercial, lo que implica una presión adicional sobre los recursos hídricos en territorios donde el agua ya es escasa. En regiones agrícolas donde el acceso al agua depende de acuíferos o sistemas de riego limitados, el aumento de este tipo de cultivos puede generar tensiones entre distintos usos del recurso, desde la agricultura hasta el consumo humano.

Pistacho. Créditos (CC-BY): DigitalShop86 vía Canva.com.
Pistacho. Créditos (CC-BY): DigitalShop86 vía Canva.com.

Otro caso emblemático es el del matcha, un té verde en polvo profundamente ligado a la tradición japonesa. Durante siglos, esta bebida ha sido parte central de ceremonias culturales y prácticas espirituales vinculadas al budismo zen.

El matcha se elabora a partir de hojas conocidas como tencha, que se cultivan bajo condiciones muy específicas. Semanas antes de la cosecha, las plantaciones se cubren con estructuras que bloquean gran parte de la luz solar. Esta técnica de sombreado obliga a las plantas a producir más clorofila y ciertos aminoácidos, lo que da al té su característico color verde intenso y su sabor particular.

Una vez cosechadas, las hojas se secan y luego se muelen lentamente hasta convertirse en un polvo extremadamente fino. Este proceso tradicional requiere tiempo, conocimiento especializado y condiciones ambientales adecuadas.

Matcha. Créditos (CC-BY): Aflo Images vía Canva.com.
Matcha. Créditos (CC-BY): Aflo Images vía Canva.com.

En los últimos años, el matcha ha experimentado una explosión de popularidad fuera de Japón. Su color vibrante, su asociación con la cultura japonesa y sus supuestos beneficios para la salud lo han convertido en un ingrediente frecuente en bebidas, postres, helados y productos de repostería. En redes sociales, el llamado matcha latte o las preparaciones con este té se han vuelto altamente fotogénicas, impulsando aún más su consumo.

Pero este aumento en la demanda global coincide con un contexto climático cada vez más complejo. Las olas de calor recientes han afectado la producción en Japón, donde los veranos han alcanzado temperaturas récord. Las condiciones más cálidas dificultan el cultivo del té, alteran los ciclos de crecimiento de las plantas y reducen el rendimiento de las cosechas.

Matcha. Créditos (CC-BY): Vetrestudio vía Canva.com.
Matcha. Créditos (CC-BY): Vetrestudio vía Canva.com.

Como consecuencia, algunos agricultores han reportado caídas importantes en su producción. En ciertas zonas, la cosecha ha sido considerablemente menor que en años anteriores debido al estrés térmico que sufren las plantas. Al mismo tiempo, la demanda internacional continúa creciendo, lo que ha generado escasez en algunos mercados y un aumento significativo en los precios del producto.

«Lo que, de alguna manera pasa con esos productos, es que claro, crece muy fuerte la demanda. No son grandes superficies productivas, por así decirlo, no es que existan muchos países que los produzcan, sino que son más bien productos de localidades bastante específicas. Eso hace que, como en cualquier sistema productivo, si en esa zona o esa región ocurre algo relacionado, por ejemplo, con condiciones ambientales, de que haga mucho calor o lo que sea, eso hace que la oferta se vea bastante afectada. Con el matcha pasó eso. Se produjeron olas de calor hace un par de años atrás y eso hizo que la producción bajara mucho», señala Figueroa.

«Cuando son productos que se conocen en más lugares del mundo, como es el caso de la cereza, por ejemplo, que se produce en Chile, pero también en otras partes, no existe esta presión, porque no depende de una sola localidad. Por otra parte, cuando es un producto que viene de una única zona, y esta además es reducida, se genera esta vulnerabilidad. Esto hace que el impacto de estos desarrollos se vean con un cierto riesgo», añade.

Pitahaya. Créditos (CC-BY): Jeffry S. S. vía Canva.com.
Pitahaya. Créditos (CC-BY): Jeffry S. S. vía Canva.com.

Un tercer ejemplo de este fenómeno es la pitahaya, también conocida como fruta del dragón. Este fruto tropical, que destaca por su apariencia llamativa y su pulpa de colores intensos, ha ganado popularidad en los mercados internacionales en los últimos años. En países de América Latina, como Ecuador, el cultivo de pitahaya ha experimentado una expansión considerable para abastecer la demanda internacional. En ciertas regiones productoras, esta actividad se ha convertido en un motor económico importante para comunidades rurales.

Sin embargo, el rápido crecimiento de la producción también ha generado preocupación por sus posibles impactos ambientales. En algunas zonas, la expansión de los cultivos ha estado asociada a la transformación de paisajes naturales y a la apertura de nuevas áreas agrícolas. Este proceso puede implicar la pérdida de cobertura vegetal y la modificación de hábitats que antes albergaban distintas especies de flora y fauna. Además, el manejo intensivo de plantaciones comerciales puede requerir el uso de fertilizantes y pesticidas para mantener altos niveles de productividad, lo que introduce nuevos factores de presión sobre los ecosistemas locales.

En conjunto, los casos del açaí, el pistacho, el matcha y la pitahaya muestran cómo un alimento puede pasar de ser un producto regional a convertirse en una tendencia global en relativamente poco tiempo. Cuando esto ocurre, las dinámicas de producción cambian rápidamente y los territorios donde se cultivan estos ingredientes deben adaptarse a nuevas demandas del mercado internacional.

Pitahaya. Créditos (CC-BY): Rebeca Nicte Ha vía Canva.com.
Pitahaya. Créditos (CC-BY): Rebeca Nicte Ha vía Canva.com.
Pitahaya. Créditos (CC-BY):CnvStudio's Images vía Canva.com.
Pitahaya. Créditos (CC-BY):CnvStudio’s Images vía Canva.com.

Las redes sociales, el marketing y las tendencias de bienestar han amplificado este proceso. Pero detrás de cada fotografía de un smoothie colorido o un latte verde brillante existe una cadena de producción que comienza en campos agrícolas, bosques tropicales o plantaciones especializadas. Por lo mismo, comprender esa conexión se vuelve cada vez más importante en un contexto de crisis climática y pérdida de biodiversidad.

«Es importante que los consumidores se informen y que exijan las certificaciones de estos productos. Tratar de buscar proveedores que tengan certificaciones, que tengan programas de producción. La Rainforest Alliance es un ejemplo, el Trade X, y hay varios otros más, como el Comercio Justo, porque es la manera en que uno puede proteger estos sistemas. Un buen ejemplo es la fruta chilena, porque algunos consumidores más exigentes, de los países europeos, piden a las empresas chilenas que les muestren cuál es la trazabilidad, cuál es el impacto ambiental que tiene esta producción. Entonces, de nuevo, esas certificaciones protegen. Por lo mismo, uno como consumidor deberíamos preferir proveedores que tengan certificaciones o que tengan trazabilidad de lo que están ofreciendo», sentencia Figueroa.

Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.
Açaí. Créditos (CC-BY): Edu Schäfer vía Canva.com.

*Las imágenes de este artículo cumplen con la licencia correspondiente para ser difundidas en este artículo atribuyendo sus créditos.

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