Ubicado en la Región de Magallanes y Antártica y a 196 kilómetros de Punta Arenas, el Parque Nacional Pali Aike cuenta con 5.030 hectáreas de paisajes rocosos, volcánicos, cuevas y cráteres. El fotógrafo Andrés Puiggros visitó este lugar en abril de 2022 y lo asemeja a una “belleza áspera: lo rudo de la lava con lo delicado y bonito de las nuevas especies que están colonizando el paisaje”. 

Liquen y musgo creciendo en la pared de un cráter
Foto: Andrés Puiggros

Sus antiguos moradores, los Aónikenk, lo bautizaron como “lugar desolado donde mora el diablo”, por sus sus paisajes lunares y escoriales de lava que relatan la historia de erupciones ocurridas hace menos de 10 mil años. Además, estudios arqueológicos realizados en el parque han revelado rastros de instrumentos óseos, pinturas rupestres y sepulturas que sugieren la existencia de asentamientos humanos en la zona en el 8.000 a.C. Este hallazgo, sumado a su historia volcánica, hacen de Pali Aike un auténtico paraíso para geólogos, antropólogos, vulcanólogos e incluso fotógrafos.

Para Puiggros, lo más impactante de los paisajes que ofrece el parque son sus contrastes: “Vida y muerte. Estar ahí y ver la lava de la última erupción y como recién diez mil años la vida está empezando a abrirse paso a través de líquenes. Ese contraste me mata”.

Liquen y musgo creciendo en la pared de un cráter
Foto: Andrés Puiggros

Pali Aike ha sido escenario de tres períodos eruptivos. El primero se desarrolló entre tres millones a un millón de años atrás, mientras que el segundo ocurrió hace 170 mil años y formó el cráter de Pali Aike. El más reciente tomó lugar entre 16 mil  y 10 mil  años atrás y originó el cráter Morada del Diablo, uno de los principales atractivos del parque.

En esta línea, el fotógrafo cuenta que la singularidad del paisaje producto de las erupciones fue uno de los principales desafíos para capturar los retratos:  “Para mí el tipo de escena era nuevo, yo nunca  había estado en un lugar así. Terminé sacando mucha escena íntima que fue lo que me hizo conectar y gatillar mi deseo de captar todas esas cosas que veía”. Estas escenas íntimas, agrega, relataban “cómo los líquenes y musgos iban naciendo y saliendo de la escoria de lava y como esa rudeza se contrastaba con la delicadeza fragilidad que tienen los hongos”.

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Sumado a las conmovedoras panorámicas que ofrece el parque, este se destaca por ser un santuario para especies como el guanaco, zorro gris, chingue patagónico, puma, quirquincho y zorro colorado, además de contar con un abanico de de aves y avifauna acuática como bandurrias, flamencos y  cisnes. En esta línea, Puiggros relata que “nos tocó ver zorros, mucho guanaco, un par de ñandúes y bastantes aves. Fue netamente contemplativo, disfrutarlo y capturarlos con la cámara mientras podíamos”. 

Ñandú en Pali Aike
Foto: Andrés Puiggros
Guanacos en Pali Aike
Foto: Andrés Puiggros

Para los fotógrafos y turistas que visiten el parque durante la temporada, Puiggros recomienda “ir con nada preconcebido y bajar el ritmo mental porque Pali Aike es difícil, no hay sujetos fotográficos muy atractivos, no hay paisajes tan tradicionales”. Además, sobre su experiencia confiesa que “lo disfruté muchísimo (…). Siempre el estar con mi cámara en un paisaje así es una forma casi de meditación, porque entro en un estado donde me conecto y no hay nada más”. 

Para más información sobre el parque y las entradas puedes consultar el sitio web de CONAF.

Pampa Pali Aike
Foto: Andrés Puiggros
Alfombra de colores
Foto: Andrés Puiggros
Laguna Ana
Foto: Andrés Puiggros
Pared formada por lava
Foto: Andrés Puiggros
Guanaco en Pali Aike
Foto: Andrés Puiggros
Liquen y musgo en la pared de un crater
Foto: Andrés Puiggros
crater-morada-del-diablo-pali-aike-foto-de-Andrés-Puiggros.jpg
Crater Morada del Diablo
Foto: Andrés Puiggros
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