Eran los meses culmines del 2021. Inmerso en la prístina isla Carlos III, ubicada al sector central del Estrecho de Magallanes, Sebastián Saiter tenía la inquietud personal de obtener información sobre la becacina grande (Gallinago stricklandii), una misteriosa ave endémica de la Patagonia que él mismo ha comentado previamente para una nota de Ladera Sur como una “joya ornitológica”.

Becacina grande. Foto de Sebastián Saiter.
Becacina grande. Foto de Sebastián Saiter.

Ahí estuvo tres semanas. Recorría distintos lugares de la isla durante horas, pasando por matorrales, pastizales y turbales, en especial al amanecer y atardecer, siempre condicionado por el inclemente clima de la zona. Había días que no pudo salir por fuertes temporales de viento, lluvia o agua nieve en los que se quedó refugiado en el campamento junto al cuidador del campamento tomando mate y cocinando.

Pero con paciencia y el apoyo de la empresa WhaleSound -que tiene un campamento científico y turístico en el área- logró conseguir no solo observarla un par de veces, sino que grabarla por primera vez. Estos registros ornito-acústicos, luego, servirían de base y comparación para los segundos que fueron registrados, esta vez en la Región de Aysén.   

La isla Carlos III

La isla Carlos III es una zona influenciada por el océano Pacífico en el archipiélago occidental. Tiene zonas poco exploradas, con fuertes vientos donde predomina la tundra magallánica, las características turberas de Sphagnum, juncos con vegetación baja o achaparrada. Ahí uno de los grandes protagonistas es el ñirre (Nothofagus antarctica), que crece frecuentemente al borde de las turberas.

Esta isla inhóspita está inserta en el Parque Marino Francisco Coloane en el Estrecho de Magallanes. A su alrededor, los fiordos majestuosos y los canales australes se adornan de islas cuyos suelos se inundan de turberas y pastizales húmedos, habituados a los constantes vientos y precipitaciones. Pero también el bosque siempreverde se hace presente, junto a arbustos y densos matorrales costeros que hacen sus propias fronteras naturales. El coihue de Magallanes (Nothofagus betuloides), el ciprés de las Guaitecas (Pilgerodendron uviferum), el canelo (Drimys winteri), la mata verde (Chiliotrichum diffusum) o la murtilla (Empetrum rubrum) se suman a una larga lista de especies características de este lugar.

Isla Carlos III, Región de Magallanes. Foto de Sebastián Saiter.
Isla Carlos III, Región de Magallanes. Foto de Sebastián Saiter.

Entre ese increíble paisaje, una de las especies de avifauna más desconocidas de Sudamérica es la becacina grande, que ha sido observada sobre la línea de los bosques siempreverdes costeros a lo largo de todo el año; en temporadas estivales, desde adulto con polluelos, hasta temporadas invernales (época en la que algunas aves migran) con uno o dos individuos. 

Esta es un ave desconocida de la que todavía se trabaja para levantar información básica.

La becacina grande

La becacina grande es un ave muy difícil de observar y escuchar. Más aún de fotografiar o registrar sus vocalizaciones. Es un ave acuática, más robusta y maciza que la becacina común (Gallinago magellanica). La guía de campo “Aves de Chile: sus islas oceánicas y península antártica” apunta a que esta ave es un residente anual, escaso y local desde el sur de Tierra del Fuego y Archipiélago de las Wollaston hasta el de las Guaitecas. Antiguamente hubo registros de esta ave en la Región de la Araucanía y el Biobío.

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Habita en ambientes de pastizales patagónicos con fuertes ráfagas de viento, inundados de turberas de Sphagnum, cercanos a bosques siempreverdes de coigüe de Magallanes y ciprés de las Guaitecas.

Becacina grande. Foto de Sebastián Saiter.
Becacina grande. Foto de Sebastián Saiter.

En eBird se registran apariciones más comunes en la Región de Magallanes, con una presencia en Aysén que ha sido un misterio, pero que sí se ha comprobado recientemente. De todas formas, en la guía antes mencionada, se menciona que los antecedentes sobre sus migraciones son desconocidos -aunque una revisión bibliográfica publicada en 2010 apunta a que esta especie sí migraría– y que tampoco se conoce mucho de su biología. En los últimos años se han registrado con mayor frecuencia individuos de paso por la ciudad de Punta Arenas y alrededores en el período no reproductivo (otoño e invierno). Si es que ves alguna, te invitamos a leer el cuarto de los 100 desafíos ROC

En ese sentido, las expediciones realizadas para conocer más sobre estas aves son claves. La de Sebastián se originó bajo su propio interés en las aves endémicas de la zona austral, con el apoyo de WhaleSound, que le ayudó con logística para llegar a la isla y permanecer en su campamento en medio del Estrecho, apoyo familiar y amigos vinculados a las aves de Magallanes.. Previamente, en 2018, Luis Vargas, de esa empresa, le compartió un audio de un ave desconocida sobrevolando el lugar. “Con esta expedición y exploración más detallada pude dilucidar ese mismo sonido (vocal y no vocal), además de encontrar el sitio en donde una becacina grande comenzaba su despliegue aéreo crepuscular (que se prolonga por más de una hora) y poder grabarla por primera vez para la ornitología”, explica.

La becacina grande está catalogada como “Casi Amenazada” según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Los registros ornito-acústicos

Grabadora. Isla Carlos III, Región de Magallanes. Foto de Sebastián Saiter.
Grabadora. Isla Carlos III, Región de Magallanes. Foto de Sebastián Saiter.

En ventanas de buen tiempo, la tranquilidad y paz del lugar donde se encontraba Sebastián le entregaban un momento ideal para grabar y esperar a la becacina grande emitir sus vocalizaciones. Emplazó una grabadora digital en un trípode. Mientras, con sus binoculares observaba su alrededor y, con su cámara, los increíbles paisajes y la avifauna del lugar. Era un momento de descanso y apreciación, en medio de un terreno y una vegetación que muchas veces hacían de su búsqueda, una caminata exigente (con botas), difícil y cansadora. En eso, pudo realizar sus registros ornito-acústicos.

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Cristián Pinto,  ornitólogo, grabador de campo enfocado en paisaje sonoro y registros ornitoacústicos y miembro de la Red de Observadores de Aves (ROC), explica que la ornitoacústica es una categorización dentro del registro de campo, de los paisajes sonoros. “ Su importancia es por la información que revela (…). Muestra qué está relacionado a esa grabación (…). Si estamos registrando una becacina grande en la isla Carlos III, es interesante información como la fecha, el horario, cómo eran las condiciones ambientales o condiciones meteorológicas, pero también los otros componentes del paisaje sonoro, como pueden ser otras aves que estén vocalizando”. 

Al respecto, Sebastián comenta que “de esta especie no teníamos audios de sus vocalizaciones en la era digital de la ornitología. Los registros visuales que existen son más bien esporádicos, en distintos sitios de la Patagonia, especialmente los canales australes, precisamente en el sector archipielágico del sur del continente, en lugares de muy difícil acceso y clima lluvioso y cambiante como para poder permanecer por muchos días en ciertos sectores y menos para esperar el crepúsculo matutino o vespertino sin los fuertes vientos y con los equipos tecnológicos a la mano”.

Sobre la importancia de este registro, Sebastián apunta a que “es el punto de partida para seguir investigando y generando más campañas en la zona Sur-Austral del país enfocadas en poder descifrar estas vocalizaciones, exhibiciones o despliegues aéreos, conocer sobre historia natural y aspectos biológicos de estas aves que se encuentran en categoría de conservación como “Casi amenazado” y en ciertas sitios e islas ya tienen al Visón como un nuevo y letal depredador”.

Por su lado, Cristián comenta que al ser un ave que históricamente ha levantado incógnitas sobre su historia natural, a habitar lugares inhóspitos y desconocer sus movimientos migratorios, registros como el de Sebastián revelan sonidos nunca antes escuchados: Al tener un registro ornitoacústico se pueden hacer estudios de ecoacústica o la ciencia del paisaje sonoro, buscando estas llamadas de los primeros registros para identificar su existencia (…). Así, explica, se dan más luces sobre esta especie y, actualmente, planifica próximas visitas a la Región de Magallanes para realizar más registros que permitan una caracterización del repertorio vocal de la especie para conocer más de ella, ayudar en su conservación y evaluar la restauración de hábitats que podrían estar en riesgo. 


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*Todos los audios de esta nota fueron grabados por Sebastián Saiter.

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