Durante décadas, las estrategias de conservación de la biodiversidad se han enfocado principalmente en las especies y ecosistemas visibles, dejando en segundo plano la enorme diversidad que existe bajo nuestros pies. Ahora, un estudio internacional advierte sobre las brechas en la protección de los microorganismos del suelo, cuyos recursos genéticos cumplen funciones fundamentales para los ecosistemas, tales como el ciclo de nutrientes, la productividad primaria y la regulación hídrica.

Para construir este primer atlas mundial, publicado en la revista Nature Sustainability, científicos analizaron 1.609 metagenomas de suelo provenientes de distintos ambientes del planeta. El estudio permitió identificar que las regiones tropicales concentran recursos genéticos microbianos ricos y singulares, mientras que las zonas áridas, como el Desierto de Atacama, emergen como hotspots cruciales para perfiles enzimáticos y se encuentran altamente expuestas.

Las áreas que combinan una alta riqueza y disimilitud genética son muy poco frecuentes y apenas cubren el 5,5% de la superficie terrestre. El problema es que menos del 25% de estos puntos críticos de recursos genéticos microbianos del suelo se encuentran dentro de áreas protegidas, alertaron los investigadores.

“Existen muchos vacíos en términos de conservación y protección del patrimonio genético asociado a los microorganismos del suelo. En Chile, por ejemplo, existen muchos grupos de organismos altamente especializados, que no se encuentran protegidos o no están dentro de parques nacionales”, explica el Dr. Fernando Alfaro, director del Centro GEMA de la Universidad Mayor y uno de los coautores del estudio.

Muestras del desierto de Atacama Créditos: Fernando Alfaro
Muestras del desierto de Atacama
Créditos: Fernando Alfaro

El trabajo también reveló que los perfiles genéticos del suelo están desacoplados de la diversidad de especies, tanto de bacterias como de hongos. Es decir, contar las especies de microorganismos no es lo mismo que medir las funciones que cumplen. Por eso, este nuevo atlas sirve como base para integrar los recursos genéticos del suelo en los objetivos globales de biodiversidad y en la planificación de futuras áreas protegidas.

“En la medida en que tengamos un inventario detallado de los organismos que están en los suelos, qué hacen y en qué ambientes tenemos mayor diversidad, nos va a permitir elaborar un mapa de riesgos y, de esta manera, prever los impactos que podrían tener distintos factores del cambio global”, explica el Dr. Alfaro.

En esta línea, el experto adelanta que uno de los objetivos del centro GEMA de aquí a 2030 es “contar con un atlas de las comunidades microbianas de los suelos de Chile, que permita cuantificar sus variaciones en espacio y tiempo”.

Muestras del desierto de Atacama Créditos: Fernando Alfaro

*Las imágenes de este artículo cumplen con la licencia correspondiente para ser difundidas en este artículo atribuyendo sus créditos.

Comenta esta nota
·
·
No te pierdas nada, síguenos en Instagram