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¡Superdepredador prehistórico en México! Encuentran en Chihuahua restos de pliosaurio con dientes de crecimiento récord
Hace unos 115 millones de años, los pliosaurios, grandes reptiles marinos, nadaban en los mares que cubrían lo que hoy es Chihuahua. Un diente de 9 centímetros y varias vértebras son ahora la primera evidencia de estos animales en el Aptiano de América del Norte.
Durante el Mesozoico, las regiones que hoy forman México atravesaron grandes transformaciones geológicas. En distintos momentos, extensas zonas quedaron cubiertas por mares someros, donde se acumularon sedimentos que millones de años después conservarían restos de la vida marina que habitaba aquellos ecosistemas.
Si imaginamos el norte de México durante el Aptiano superior, hace unos 115 millones de años, la región de la actual Chihuahua – hoy dominada por matorrales, sierras y desiertos– era muy distinta. Allí se extendían ambientes marinos someros asociados con una plataforma carbonatada.

Si bien este periodo es famoso por sus emblemáticos dinosaurios, en los mares que cubrían buena parte de lo que hoy es México también había un enorme diversidad de vida. Nadaban peces y ammonites, mientras grandes depredadores marinos recorrían, incesantes, estas aguas en busca de presas.
Algunos de aquellos animales quedaron preservados en las rocas que hoy afloran en Chihuahua. Entre ellos están los restos que protagonizan este hallazgo: un diente y una serie de vértebras desarticuladas pertenecientes a un pliosáurido.
Los pliosaurios eran reptiles marinos (no dinosaurios) pertenecientes a un grupo más grande conocido como Plesiosauria. A diferencia de los famosos plesiosaurios de cuello largo que inspiraron la leyenda de «Nessie», los pliosaurios tenían el cuello acortado y un cuerpo compacto con forma de torpedo. Se desplazaban mediante cuatro extremidades modificadas en forma de aletas.
Su cráneo poseía una maciza dentadura con piezas gruesas, cónicas y recorridas por crestas, mismas que aumentan la rugosidad de sus superficies. Esto, señalan científicos, era especialmente útil para la captura de presas de mayor tamaño (como peces grandes, calamares y hasta tiburones).


Fue un trabajo de campo que duró casi cuatro años. Los fósiles fueron encontrados en localidades chihuahuenses conocidas como Cerro Chino, cerca de Coyame del Sotol y Cuchillo Parado, en afloramientos de la Formación la Peña. Esta última fue un antiguo ambiente marino y conserva remanentes de lo que fueron las zonas someras hasta ambientes más abiertos.
En Cerro Chino, los investigadores de instituciones como la Universidad Autónoma de Chihuahua, el Pabellón Nacional de la Biodiversidad y el Instituto de Geología de la UNAM encontraron una serie de siete vértebras desarticuladas y dos fragmentos óseos. Por sus características anatómicas, todos los restos fueron asignados al grupo de Thalassophonea, un linaje de pliosáuridos. Sin embargo, el material es demasiado fragmentario –o sea, que lo hallado no representa el esqueleto o cuerpo entero del ser vivo– para determinar a qué especie perteneció.
En Cuchillo Parado y la formación encontraron un diente de unos 9 cm de altura, con una corona robusta, cónica. Esta pieza les ofreció a los científicos una oportunidad para reconstruir algunos aspectos de la biología de su antiguo portador.


Un diente de crecimiento singular
Para mirar en el interior del diente y obtener pistas sobre cómo crecía, el equipo recurrió a técnicas como la microtomografía computarizada y reconstrucción tridimensional. Tras analizar la dentina (el tejido duro y mineralizado que forma la mayor parte del volumen del diente), las imágenes revelaron líneas de crecimiento que se distribuyen siguiendo la estructura de la pieza.
En la base de la corona, estas líneas alcanzaban un ancho promedio de 164.8 micrómetros. Tras compararlas con ejemplares contemporáneos al pliosaurio (como los mosasaurios), los autores las describen como las más gruesas registradas, hasta ahora, en reptiles marinos. Estas estructuras, conocidas como líneas de Andersen, también se han reportado en mamíferos y cocodrilos actuales.
¿Qué significan esas líneas? Los autores consideran que podrían registrar cambios en la velocidad del crecimiento del diente. Una posibilidad es que estos cambios estuvieran relacionados con periodos alternados de abundancia y escasez de alimento a lo largo del año. Sin embargo, subrayan, se trata todavía de una hipótesis, pues hacen falta más ejemplares y análisis para ponerla a prueba.

Cómo los fósiles pueden decirnos tanto
Antes de este hallazgo, los registros de pliosáuridos del Cretácico en América del Norte eran más recientes (geológicamente hablando) mientras que otros fósiles del grupo se habían documentado en regiones de Sudamérica, Europa, Asia, África y Oceanía. El nuevo material de Chihuahua lleva su presencia en nuestro continente hasta el Aptiano, hace más de 110 millones de años.
Para los autores, encontrar estas muestras también subraya la necesidad de indagar cómo llegaron estos depredadores a las aguas que después formarían parte del llamado Western Interior Sea, el gran mar que dividió América del Norte durante el Cretácico.
«[Los pliosaurios] pudieron haberse desplazado desde el sur, a través de las aguas vinculadas con el Golfo de México, antes de que ambas regiones quedaran conectadas» sugieren.

Por ahora, este registro está compuesto apenas por una serie de vértebras y un diente, pero en el caso de los pliosaurios, cuyo registro sigue siendo escaso, incluso restos pequeños como los de Cerro Chino y Cuchillo Parado pueden dar datos significativos sobre los posibles hábitos de este (aún) enigmático grupo.
“Este nuevo material abre la posibilidad de nuevas interpretaciones para comprender la diversidad de este grupo durante el Cretácico”, mencionan los autores.
Aquella pequeña pieza dental, conservada durante millones de años en las rocas de la actual Chihuahua, ahora permite retroceder hasta un momento en que estos grandes depredadores todavía habitaban los mares del Cretácico temprano de América del Norte.
Pero la historia está lejos de estar completa. Nuevos fósiles podrían revelar qué tan diversos eran estos animales, cómo se distribuían por los antiguos mares y qué papel desempeñaban en aquellos ecosistemas.

Mariana Mastache