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La vida que resiste después del incendio: Lago Cañicura y el proyecto que conserva sus más de dos mil hectáreas en el Biobío
A un año del incendio que arrasó más de 500 hectáreas de bosque nativo en Laguna Cañicura, en la Región del Biobío, el territorio inicia una nueva etapa marcada por la restauración ecológica, la educación ambiental y un modelo de gestión que prioriza la conservación por sobre el turismo masivo en la cordillera de Tricauco.
Hace exactamente un año, a fines de marzo del 2025, y producto de una fogata mal apagada, un incendio devastador arrasó con más de 500 hectáreas de bosque nativo en Laguna Cañicura, dentro de las más de 2.000 hectáreas que hoy conforman el Área de Conservación en la Región del Biobío.
Su magnitud, comentan Jonathan Fabián Moraga López y Sebastián Correa Rodríguez, equipo de Área de Conservación Cañicura, radica en diversos factores, entre ellos: “Condiciones climáticas extremas durante esos días (sequía prolongada, altas temperaturas y viento puelche), y la topografía accidentada de la cordillera de Tricauco, que dificultó el acceso de brigadas terrestres”. Por lo mismo, a manera de conclusión, agregan que “se requiere un modelo de gestión activa que combine regulación de visitantes, prevención de incendios y educación ambiental”, ya que una regulación pasiva no es suficiente.

El evento fue un golpe profundo para la biodiversidad, el paisaje y para quienes habitan y cuidan este territorio, donde se encuentran especies de alto valor ecológico como vizcachas, monitos del monte, zorros culpeo, pumas, cóndores, carpinteros, gruñidores del sur, guindos santos y ciprés de la cordillera, entre muchas otras.

De esta misma manera, comentan Moraga y Correa que “el ecosistema más afectado corresponde al bosque nativo laurifolio y Nothofagus, con predominio de especies como el roble, coihue, arrayán, lingue y formaciones de matorral andino con coirón y puyas”. Sin embargo, y desde la esperanza, cuentan que “hoy, el área se encuentra en un estado de restauración pasiva”.


En esta línea, la recuperación puede evidenciarse en distintos puntos, tales como el avistamiento del lagarto chileno y el gruñidor del sur, especialmente en verano. También, se han registrado monitos del monte, zorros culpeo y vizcachas, entre otros. En cuanto a la flora, Moraga y Correa hacen hincapié “rebrotes basales en algunas especies arbustivas nativas con capacidad de rebrote post-fuego, destacando las puyas, con muchos ejemplares que brotaron en primavera”. Asimismo, también ha habido una “alta presencia de flores como orquídeas, añañucas y muchos insectos”, agregan.
Así, desde esta pérdida se tomó una decisión. El 10 de enero de 2026, tras meses de trabajo, planificación y colaboración, el espacio reabrió con un nuevo propósito: transformarlo en un modelo de conservación efectiva, educación al aire libre y turismo sostenible. Desde entonces, el proyecto ha trabajado para plantear un modelo de gestión de visitación y turismo responsable basado en la conservación, priorizando el cuidado del ecosistema por sobre el turismo masivo.

Este modelo de gestión se enfoca en la reducción de amenazas en respuesta a que la Laguna Cañicura siempre fue muy visitada por su libre acceso, lo que generó problemáticas como este incendio. Así, el modelo se basa en la gestión de acceso y la educación al aire libre para los visitantes y, de esa manera, mantener el servicio ecosistémico de recreación y turismo. Para esto, se implementaron cinco medidas: la existencia de áreas de conservación donde no se permite ningún tipo de actividad humana extractiva o recreativa; la implementación de senderos autorizados con infraestructura mínima; la operación de un sistema de permisos y registro de ingreso; el despliegue de un equipo de guardaparques o monitores para fiscalización y educación en terreno; la coordinación con Carabineros en caso de emergencias, y un trabajo interdisciplinario, con el fin de generar y sistematizar información técnica sobre las especies presentes.
Además, desde la reapertura se han desarrollado charlas de ingreso obligatorias que ponen en contexto la situación del sector; se ha prohibido el uso de fuego en temporada de riesgos de incendio; se implementaron baños ecológicos en la laguna; se desarrolló un reglamento enfocado en el No Dejar Rastro, junto con charlas de NDR obligatorias para los campistas que se queden en el campamento agreste; y se redujeron los campamentos, habilitando sólo seis sitios para acampar.
Junto con lo anterior, se limitó el aforo de visitantes por día a 150 personas, en base a la capacidad de carga del lugar. El ingreso se regula a través de un sistema de reservas, implementado en la página web del lugar, y un registro obligatorio en el acceso.
Cuando se habla de turismo responsable, el equipo de Área de Conservación Cañicura comenta que éste “va mucho más allá del cumplimiento de normas: va de la mano con la educación”. Por lo mismo, el modelo de gestión y las charlas buscan que cada visitante no sólo conozca el reglamento, “sino que entienda el porqué de cada una de sus disposiciones”, agregan. En esta línea, cuentan que “las comunidades locales han tenido un rol fundamental como aliadas estratégicas en la conservación de Laguna Cañicura”. Añaden: “esperamos que el proyecto de conservación pueda promover el desarrollo del turismo de naturaleza y fortalecer la identidad del sector de Aguas Blancas, generando beneficios compartidos entre la conservación y la comunidad local”.
En este contexto, aseguran mantener una relación cercana y colaborativa con los vecinos, quienes además han ayudado en la difusión y fiscalización comunitaria, reportando situaciones como ingresos no autorizados, actividades sospechosas o focos de incendios. Además, han participado de jornadas de limpieza y educación ambiental.

«En concreto, el turismo responsable implica transitar exclusivamente por los senderos autorizados, no acampar en sectores no habilitados, no encender fogatas bajo ninguna circunstancia en áreas de alta vulnerabilidad al fuego, no extraer flora, fauna ni elementos naturales del ecosistema, respetar los horarios de ingreso y salida, reportar cualquier observación relevante a la administración, y comprender que el área de conservación no es un espacio de libre acceso, sino un territorio con normas orientadas a la protección de un ecosistema en recuperación. Laguna Cañicura, además, es un sendero de dificultad media, pero de iniciación para muchos senderistas de la región, y en esa condición vemos una oportunidad única: educar a nuestros visitantes como senderistas responsables«, agregan.
Sin embargo, han tenido ciertas limitaciones producto de la falta de recursos, la resistencia de personas a seguir la normativa y la ausencia de un marco legal claro para la fiscalización en áreas de conservación privada.
En ese sentido, para lograr su cometido a totalidad, el proyecto de conservación busca asentarse sobre la Ley 21.600 – Ley que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas y el Sistema Nacional de Áreas Protegidas –, puesto que, según comentan, “ello conllevaría obligaciones legales de gestión, planes de manejo aprobados por el Estado, y acceso potencial a fondos públicos para conservación».


