-
Del Valle del Aconcagua al Cordón Peñewe: cuatro áreas de conservación impulsadas por comunidades
23 de marzo, 2026 -
DÍA DE LOS GLACIARES | Vida en el hielo: Conociendo la biodiversidad que resiste en glaciares y zonas periglaciares
21 de marzo, 2026 -
Lanzan documental sobre la primera excursión que logró llegar a la cumbre de Torres del Paine en 1963
20 de marzo, 2026
Tinguiririca, un lugar unido por el río: Explorando la belleza e historia de una cuenca en la zona central de Chile
Con el fin de conmemorar la historia, la biodiversidad y los 153 años de historia de gestión del agua en la cuenca del Tinguiririca, La Junta de Vigilancia local desarrolló un libro que tiene como fin retratar la cuenca como un sistema complejo unido por el río. En él, se incluyen diversas miradas, experiencias y reflexiones de distintos ámbitos con investigadores y habitantes, incluyendo experiencias de conservación privada como Alto Huemul, el cuidado de la biodiversidad única que habita allí y el pasado histórico y paleontológico de la zona, conocido por las huellas de dinosaurios en las Termas del Flaco.
En 2025 la Junta de Vigilancia cumplía 70 años de gestión del agua de la cuenca del Tinguiririca. Mientras buscaba documentos antiguos sobre los inicios de la organización de usuarios de agua más importante de la provincia de Colchagua, Miguel Ángel Guzmán, gerente de la Junta, se encontró con una Ordenanza sobre la repartición de las aguas del río Tinguiririca.
El documento firmado el 26 de abril de 1872, que crea la figura de Juez de Aguas, es la primera regulación sobre la distribución de aguas conocida hasta ahora.
Esa conexión le sugirió la idea de crear un libro que recorriera la memoria de los 173 años, con la historia de los pioneros en la gestión del agua en la cuenca. Había que hurgar en los recuerdos de los primeros regantes, pero nutrir el libro con las miradas, experiencia o reflexión de los distintos ámbitos con sus investigadores y habitantes. Había que buscar el latido, el pulso, del momento actual de una cuenca vigorosa con grandes desafíos.
“Este libro surgió como una idea para conmemorar el aniversario de nuestra Junta de Vigilancia. Inicialmente pensamos en actualizar y reeditar el antiguo Pequeño Atlas del Río Tinguiririca, publicado en 2014. Gracias a los invaluables aportes y el esfuerzo de un gran número de colaboradores, nos dimos cuenta que estábamos co-construyendo una obra totalmente nueva: más amplia, más diversa, más rica y más completa, que ponemos a disposición de la comunidad”, explica Guzmán, jefe del proyecto.

Todos los entrevistados coinciden en que los 50’, 60’, 70’, fueron tiempos duros, rudos, en los que se hacía el reparto a ojo de buen cubero, con patas de cabra y zarzamora para llevar el agua a los canales. No existía marco legal de distribución, un vacío que propiciaba rencillas, pero el agua era abundante.
En ese entonces el río traía 80 metros cúbicos, ahora con suerte trae 40 mts. “Los momentos más complicados fueron cuando la repartición no era justa. Yo mismo tengo vergüenza de como actuamos todos en los momentos iniciales”, reflexiona Iván Donoso, el octogenario agricultor de Chimbarongo.
La vida fluye con el río
El encargo periodístico era retratar la cuenca como un sistema completo unido por el río. Había que mostrar también el trabajo de científicos que investigan en el territorio, de sus industrias, su patrimonio arqueológico y glaciar, así como la historia de sus habitantes.
En este caso, esa historia se remonta a los dinosaurios que dejaron sus huellas en Termas del Flaco, contado por la paleontóloga Karen Moreno (U. Austral), que relata la historia, la formación, las dataciones, y la identidad de las icnitas encontradas.

Producción y biodiversidad
El propósito también era mostrar algo de la inmensa biodiversidad, incluida en la lista de los 25 sitios prioritarios de la diversidad mundial, una riqueza que se preserva y se sostiene gracias a un modelo de uso del agua sustentable y armónico con el poderoso desarrollo productivo de la región.
El trabajo muestra la relación virtuosa entre la cuenca y la vida comunitaria, entre las empresas, grandes o pequeñas, agrícolas o hidroeléctricas, con los servicios ecosistémicos ofrecidos por el territorio.
Muestra tanto el modelo de producción de la vitivinicultura orgánica del valle como el modelo de convivencia conseguido con la industria hidroeléctrica de la cordillera después de las fricciones iniciales. Anduvieron a los combos al principio, hasta que consiguieron una gobernanza del río basada en la legalidad y un modelo de convivencia integrado.

También relata experiencias de recuperación de riberas del río con forestación para establecer masas boscosas —que ya han probado su efectividad para contener las grandes crecidas de 2023 y 2025—, realizadas en Llallagua.
La cuenca invita
“En esta cuenca todos somos actores válidos”, dice Hernán Martino, presidente de la Junta de Vigilancia del río Tinguiririca, anfitrión en la presentación del libro, convertido en un recorrido histórico, ambiental, cultural y científico sobre una de las cuencas más relevantes de la zona central chilena.
En rigor, se trata de una subcuenca que, junto a la subcuenca del Cachapoal, forman la gran cuenca de Rapel, pero para los habitantes se sigue tratando de una cuenca completa.
El territorio cuenta con la más importante reserva de agua dulce fuera de los Campos de Hielo Norte y sur. Tiene un patrimonio glaciar relevante que está siendo investigado por Hans Fernández, glaciólogo, (UOH), dedicado con su equipo a registrar el estado y los inquietantes movimientos del glaciar Resurrección, también llamado Universidad, y su lengua de hielo de 10 kilómetros.

El geólogo y volcanólogo Jorge Romero cuenta en su artículo La gran avalancha que cambió el valle hace 20.000 años: “Como profesor de Ingeniería Civil Geológica, ha sido una gran experiencia que parte de los conocimientos que generamos con perspectiva regional en la universidad puedan ser abordados en el libro. También representa un profundo crecimiento académico para entender cómo es la cuenca del río Tinguiririca”.
El capítulo de Biodiversidad tiene cuidadas secciones de flora, fauna y fungi, a cargo de la botánica Lucía Abello (Sociedad de Botánica de Chile y Chilebosque), y María José Dibán (U. de Chile). Diego Ramírez, asesor editorial de Biodiversidad, escribe sobre el estado de la fauna “que fluye con el río”.
En esta cuenca hay experiencias privadas de conservación que han conseguido proteger miles de hectáreas de territorio, en su momento amenazadas de tala indiscriminada y otros desastres, como Alto Huemul y Bosques de Tinguiririca, un predio familiar dedicado a la conservación de la biodiversidad, que se encamina a la “protección perpetua”.
Los bosques de Adriana Hoffman
Raúl Demangel, ingeniero industrial, ex presidente de la sociedad chilena de ornitólogos, es uno de los propietarios del santuario de Alto Huemul: “Es un bello libro, que incluye resumidamente, pero en forma correcta y cuidada, los diferentes aspectos que confluyen en la cuenca. Las iniciativas privadas de conservación de patrimonio natural como Alto Huemul, contribuimos y con mucho gusto participamos en difundir conocimiento y cuidado de la cuenca y la naturaleza”.
La belleza del territorio, la fauna y los bosques, ahora sanos y a salvo, que rescató Adriana Hoffman, está presente con el generoso trabajo de fotografía de Cristian Tranamil, José Luis Alvarado, Nicolás Cuevas, Raúl Demangel, Fernando Soto y Anna Astorga, autora de la foto de portada.

En la montaña está el origen de la abundancia del valle. Su formación y experiencia en la montaña (“Mi hogar”) es descrita por Rodney González, un referente del montañismo chileno, y por el relato de Rayén Kuyen de la excursión al volcán, La montaña de fuego.
Soledad Díaz Meneses, montañista sanfernandina, autora de un libro con 350 fotos de la cuenca, y de un imperdible relato sobre la excursión al cerro Los Gendarmes donde se estrelló el avión uruguayo en 1972, colabora con algunas de sus mejores fotos de glaciar y los volcanes.
La educación
Vanessa Mancisidor, periodista especializada en temas de agua, coautora de la investigación, producción y edición del libro con Juan Sharpe, apunta a la educación infantil: Es importante que los niños conozcan desde muy pequeños como es el agua del territorio, qué pasa con esa agua que escurre, dónde va, como se relaciona con la vida alrededor. Cuando conocemos el territorio en el que vivimos, aprendemos a ser parte de él y a habitar de forma más armoniosa. Ése también es un fundamento de este libro”.

Para Jorge Romero, “este libro pasa ser material de consulta y referencia obligatoria para los habitantes de nuestra región. Aporta un montón al entendimiento de estos procesos y de estos recursos”.
El proyecto La cuenca del río Tinguiririca. Historia, biodiversidad y 153 años de gestión del agua, fue dirigido por Miguel Ángel Guzmán. Vanessa Mancisidor fue coordinadora y compartió la producción periodística con Juan Sharpe, editor del libro. Alfonso Gálvez es el autor del aplaudido diseño gráfico, ilustraciones y mapa.
El libro está disponible en formato pdf en www.tinguiririca.com, y se puede obtener un ejemplar impreso en la Junta de Vigilancia del Río Tinguiririca, Chacabuco 716, San Fernando. La distribución es gratuita.
Equipo LS

