Ladera Sur Un viaje inolvidable a la Laguna Santa Rosa
Un viaje inolvidable a la Laguna Santa Rosa

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Un viaje inolvidable a la Laguna Santa Rosa

Nuestra colaboradora invitada de la semana, Carolina Brown, nos comparte un espectacular registro fotográfico de su visita a la Laguna Santa Rosa, uno de los imperdibles dentro del Parque Nacional Nevado Tres Cruces en la región de Atacama, zona Norte de Chile.

“Esa puna es mala”, es lo primero que escuchamos al preguntar por la ruta a la Laguna Santa Rosa, en el Parque Nacional Nevado de Tres Cruces. Ubicada a más de 3.700 metros sobre el nivel del mar, en la región de Atacama, este sector debe ser uno de los lugares más escénicos de Chile. Para llegar es necesario tomar la Ruta 31 desde Paipote y luego la C-601. El viaje tiene alrededor de 140km y toma aproximadamente 4 horas por un camino no pavimentado aunque en buen estado.

©Carolina Brown
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A medida que avanzamos, el camino va internándose en las montañas de colores. El paisaje seco es interrumpido a ratos por vegas y pastizales, explosiones de verde en el medio del desierto. La C-601 termina en una cuesta empinada donde el auto se ahoga por la falta de oxígeno. Desde el portezuelo de Maricunga (4100m) hay una vista panorámica a este sector del parque, con el Nevado Tres Cruces y la Laguna Santa Rosa al fondo.

©Carolina Brown
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La laguna Santa Rosa es un lago hipersalino de montaña. Se trata de una cuenca que no tiene salida al mar, de modo que al evaporarse el agua, los minerales permanecen en la laguna. La concentración de sal en estas aguas es mayor que la del mar.

©Carolina Brown
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Santa Rosa es conocida por su población de flamencos, los que se alimentan de invertebrados que viven en estas aguas. Los Kunza llamaban al flamenco solor o tokoko.

©Carolina Brown
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La orilla de la laguna está rodeada de bofedales y plantas de baja altura, las que proporcionan alimento y cobijo a diferentes especies de aves e insectos.

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Los flamencos pasan la tarde alimentándose en la laguna, que tiene poca profundidad, apenas unos centímetros. Atrás puede verse el camino que lleva al Mirador Santa Rosa, desde donde se tiene una vista privilegiada del sector.

©Carolina Brown
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En el parque es posible ver guanacos y vicuñas. Esta manada de guanacos se alimenta de los coirones que crecen en el lugar y levantan la cabeza expectantes cuando me acerco con la cámara.

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Después de almuerzo rodeamos parte de la laguna caminando, pero a eso de las dos de la tarde se levanta un fuerte viento que amaina solo al anochecer. Nos encaminamos hacia la estructura del fondo, el Refugio Santa Rosa, perteneciente a CONAF.

©Carolina Brown
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Decidimos pasar la noche en el refugio. Se trata de una casa de madera con dos habitaciones y un espacio común donde se puede cocinar. Es un buen lugar para aclimatarse en altura y refugiarse del viento. Y donde es frecuente encontrarse con montañistas preparándose para escalar alguno de los 15 seismiles que posee la región. Por la mañana disfrutamos el amanecer desde la terraza.

©Carolina Brown
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Muchos animales tienen sus horas más activas con la salida y puesta de sol, como este zorro culpeo que rodea el refugio varias veces y espera pacientemente a que nos vayamos para revisar el lugar en busca de comida.

©Carolina Brown
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Antes de partir subimos al mirador de Santa Rosa. Hacia el lado norte, puede verse uno de los cauces que alimentan la laguna.

©Carolina Brown
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La mayor parte de la ruta se encuentra en buen estado y puede ser recorrida en un vehículo sin 4×4, aunque con precaución. Es importante considerar la autonomía de bencina ya que los tramos son largos, ir equipado para el frío y revisar siempre el pronóstico del clima. Algunas recomendaciones para quienes, como yo, sufren con la altura: tomar abundante agua, a tragos cortos y de forma frecuente; comer frugalmente, evitar las cosas muy pesadas como quesos y grasas; moverse con calma, sobre todo al llegar. Como dato, les cuento que una persona que conocí arriba me recomendó el tecito de caca de guanaco para la puna, pero confieso que me faltó el valor para probar si funcionaba.

©Carolina Brown
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