No conoció la existencia del archipiélago hasta que era estudiante de Ingeniería en Recursos Naturales Renovables en la Universidad de Chile, pero una vez que lo vio quedo fascinado con su ecosistema único y sus hermosos paisajes. Hoy, y durante los últimos 13 años, Héctor Gutiérrez, gerente de proyectos y comunicaciones de ONG Oikonos, ha trabajado en Juan Fernández colaborando en el control de especies invasoras, así como en el desarrollo de programas de investigación y educación ambiental para la comunidad local basados en la preservación del entorno.

Bahía Cumberland, Isla Robinson Crusoe ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Bahía Cumberland, Isla Robinson Crusoe. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos

«Desde hace 20 años, la ONG Oikonos ha apoyado las iniciativas de conservación en el Archipiélago Juan Fernández. Hoy junto con la comunidad local, la Corporación Nacional Forestal, la ONG Island Conservation y el Municipio de Juan Fernández, estamos trabajando de manera conjunta y coordinada para fortalecer los esfuerzos de restauración ecológica no solo para los ecosistemas degradados de las islas, sino también para las comunidades que en ellas habitan. Las islas Robinson Crusoe y Alejandro Selkirk tienen comunidades empoderadas y con mucha energía de realizar cambios hacia la sostenibilidad, tanto en el ecosistema marino como el terrestre. Los esfuerzos de conservación se concentran en evitar extinciones de especies endémicas a través de disminuir sus amenazas y mejorar las condiciones de hábitat de distintas especies. También realizamos investigaciones científicas orientadas a tomas mejores medidas de conservación y aprender constantemente de la naturaleza», indica Héctor.

Bosque de altura en la Isla Alejandro Selkirk. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Bosque de altura en la Isla Alejandro Selkirk. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos

Asi mismo, Héctor añade: «Trabajamos con especies icónicas y en peligro crítico como el picaflor de Juan Fernández (Sephanoides fernandensis) o el rayadito de Más Afuera (Aphrastura masafuerae), pero también con especies menos conocidas como la fardela blanca (Ardenna creatopus) o la fardela blanca de Más a Tierra (Pterodroma defilippiana). También estamos ejecutando en Proyecto Neriifolia, el cual busca prevenir la extinción de 17 especies de árboles endémicos del archipiélago. Aquí trabajamos con especies como la Dendroseris neriifolia, que es una de las plantas más amenazadas del mundo, ya que solo queda un ejemplar en estado natural. La labor de CONAF, y en especial de su guardaparque Alfonso Andaur, ha significado que esta especie aún siga viviendo y que se siga propagando en los invernaderos del Parque Nacional Archipiélago Juan Fernández».

Cachudito de Juan Fernández. Isla Robinson Crusoe. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Cachudito de Juan Fernández. Isla Robinson Crusoe. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos

Juan Fernández, un paraíso único en medio del océano pacifico

El archipiélago de Juan Fernández es un conjunto de islas de origen volcánico ubicado en el Océano Pacifico, a 670 km de la costa chilena, a la altura del puerto de San Antonio. Se compone de las islas Robinson Crusoe, Alejandro Selkirk, el islote Santa Clara y otros islotes menores, y presenta una geografía costera formada por altos acantilados y despeñaderos que caen en forma casi vertical hacia el mar.

Es un tesoro natural de gran riqueza, con 213 especies de flora nativa, de las cuales 135 son endémicas. Posee una tasa de endemismo del 63,4%, una de las más altas en el mundo, superando a Galápagos o Hawaii.

Isla Santa Clara. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Isla Santa Clara. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos

Por esta razón, y para proteger la biodiversidad única del lugar, el Estado de Chile crea el Parque Nacional Archipiélago de Juan Fernández en 1935, el segundo más antiguo del país, compuesto por 9.571 hectáreas y tres islas: Robinson Crusoe, la única habitada durante todo el año; Alejandro Selkirk, la más joven y con las mayores alturas del archipiélago, y la pequeña isla Santa Clara.

Posteriormente,  en 1977, fue declarado Reserva de la Biósfera por la UNESCO con el fin de promover la protección a la flora y fauna endémica del lugar, amenazada por la introducción de especies exóticas desde el continente.

Picaflor de Juan Fernández. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Picaflor de Juan Fernández. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos

«Juan Fernández es un maritorio único en el que habitan especies que no encontramos en otra parte del mundo. Más de 60% de las plantas vasculares son endémicas de sus tres islas, lo que lo convierte en un jardín botánico de excelencia y abierto al mundo. Sin embargo, si no realizamos acciones urgentes para disminuir sus amenazas, Chile perderá su gran tesoro natural y biodiverso que posee en medio del Pacífico» señala Héctor Gutiérrez.

Inflorescencia Dendroseris neriifolia. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Inflorescencia Dendroseris neriifolia. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos

La historia de Juan Fernández también se ha caracterizado por diferentes hitos que fueron formando lo que es actualmente este territorio desde su descubrimiento entre 1563 y 1574 por el marino español Juan Fernández –en honor a quien lleva su nombre-. En esta tierra recóndita existen muchas leyendas, como la que inspiro la célebre novela Robison Crusoe del escritor inglés Daniel Defoe –que da nombre a una de sus islas- y muchas otras historias de piratas y corsarios que usaron el archipiélago como guarida durante los siglos XVII y XVIII. Incluso, existe un antiguo tesoro escondido que exploradores de todo el mundo aun intentan desenterrar.

Isla Alejandro Selkirk. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Isla Alejandro Selkirk. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos

En promedio, este conjunto de islas tiene entre dos y cuatro millones de años, y su formación estaría relacionada a un punto caliente ubicado bajo la litósfera, cercano a la isla Alejandro Selkirk, el cual provocó el alineamiento de estas islas de origen volcánico. Son las únicas elevaciones de una extensa cordillera submarina de unos 400 km de largo por 50 km de anchura, conocida como la dorsal de Juan Fernández.

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Esta irrupción de islas, hace millones de años, permitió que especies de flora de distintas partes del mundo se asentaran y evolucionaran ahí, las cuales llegaron producto de los vientos, de las corrientes oceánicas o gracias a las aves, y evolucionaron adaptándose al ecosistema único del archipiélago. Cabe destacar, igualmente, que el archipiélago alberga a la única especie sobreviviente de un antiguo linaje que data de hace 69 millones de años, en la Antártica, la falsa pimienta o Lactoris de Juan Fernández (Lactoris Fernandeziana), un arbusto endémico de las islas.

Playa El Arenal. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Playa El Arenal. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos

Así mismo, como hay una gran distancia con el continente, la única fauna que pudo llegar al archipiélago fueron las aves. Son 15 especies de aves nativas en total, seis especies de aves marinas y nueve especies de aves terrestres. De ellas, las más emblemáticas y carismáticas son el picaflor de Juan Fernández (Sephanoides fernandensis) y el cachudito (Anairetes fernandezianus), endémicos de Robinson Crusoe, y el Rayadito de Masafuera (Aphrastura masafuerae), endémico de la isla Alejandro Selkirk.

Esfuerzos de conservación y protección de la biodiversidad

A pesar de ser un territorio con un ecosistema único, el archipiélago de Juan Fernández está considerado dentro de las 10 ecorregiones más amenazadas a nivel mundial. Esto debido a la diversos  factores provocados por el ser humano como la tala de bosque nativo, los incendios forestales y la introducción de especies exóticas invasoras que ponen en peligro rica, pero frágil biodiversidad de las islas.

Paredes de roca en la isla Robinson Crusoe. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Paredes de roca en la isla Robinson Crusoe. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos

Actualmente, una de las principales amenazas para el territorio son las especies vegetales introducidas conocidas como las 3M: la zarzamora (Rubus ulmifolius), la murta (Ugni molinae) y el maqui (Aristotelia chilensis), las cuales se han asentado en el territorio poniendo en peligro la conservación del bosque nativo. Así mismo, estas plagas se desarrollan en complicidad con las 3M, el pájaro llamado zorzal (Turdus falklandii) que está declarado por la ley de caza como una especie dañina para los ecosistemas de Juan Fernández, ya que se alimenta y transporta de un lugar a otro las semillas de estas plantas invasoras. A esto se suman las tres especies de roedores invasores (Mus musculus, Rattus norvegicus y Rattus rattus) que  consumen más del 40 % de las  semillas en el bosque endémico.

Rayadito de Masafuera. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Rayadito de Masafuera. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos

Por otro lado, la introducción de fauna exótica como el conejo europeo (Oryctolagus coniculus), coatí (Nasua nasua) y gatos asilvestrados, destruyen el ecosistema debido a que compiten por alimento y hábitat con las especies endémicas de la zona.

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«La principal amenaza que enfrentan las especies y los ecosistemas de Juan Fernández son las especies exóticas invasoras, ya sean plantas, animales u otros organismos menos investigados como hongos o insectos. Las especies exóticas invasoras corresponden a especies que no son propias del lugar y que la expansión de su área de distribución o el aumento de su población, amenaza e impacta significativamente a especies nativas o sus ecosistemas. Las especies exóticas invasoras más representativas del Archipiélago Juan Fernández son el maqui, la mora, la murtilla, conejos europeos, ratas, gatos e incluso coatíes», añade Héctor Gutiérrez.

Fardela blanca. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Fardela blanca. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos

Es por ello que desde hace años, científicos, guardaparques, ONG’s  y miembros de la comunidad local, han trabajado en la erradicación de estas especies para la restauración ecológica del bosque nativo y la protección de las especies endémicas de las islas, implementando una serie de medidas en pos de restaurar los ecosistemas degradados.

Gracias a ello, se han logrado distintos hitos y logros que han permitido la reducción de la degradación del ecosistema y la conservación de distintas especies amenazadas, siendo un ejemplo mágico de cómo la vida logra restablecer sus atributos y niveles de biodiversidad en los sitios más degradados por el desarrollo humano.

Construcción de un cerco de exclusión de mamíferos invasores para proteger una colonia reproductiva. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Construcción de un cerco de exclusión de mamíferos invasores para proteger una colonia reproductiva. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos

Un ejemplo de ello es el caso de la Fardela Blanca (Ardenna creatopus), una de las especies más afectadas por las especies exóticas invasoras, declarada en peligro de extinción por el Gobierno de Chile en 2008. La fardela blanca es un ave marina que pasa la mayor parte de su vida en el mar, en las costas de Baja California, y que anida únicamente en tres islas de Chile: Robinson Crusoe, Santa Clara e isla Mocha.

Debido a que son muy reducidas, esta ave se ve fuertemente amenazada por la degradación y destrucción de sus zonas de nidificación. Es por ello, que en 2002 se implementó un control de la población de conejos, quienes usurpan las madrigueras de las fardelas para criar a sus propias crías, utilizando métodos como la cacería masiva y el uso de productos químicos —permitidos por el Estado-. Gracias a ello, se pudo aumentar sus parejas reproductoras en casi un 40 % en tres años.

Monitoreo reproductivo de fardela blanca por Oikonos. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Monitoreo reproductivo de fardela blanca por Oikonos. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos

Asi mismo, como indica Héctor Gutiérrez, uno de los logros más significativos en materia de conservacion de la biodiversidad del Parque Nacional Archipiélago Juan Fernández, es «tener una de las tres islas (Santa Clara) libre de mamíferos invasores, lo que ha significado una recuperación de las poblaciones de aves marinas y de plantas endémicas como la Col de Juan Fernández (Dendroseris litoralis)».

Por otro lado, añade: «Otro gran logro ha sido la colaboración público – privada que se ha materializado en un trabajo coordinado entre los actores locales y las organizaciones de la sociedad civil como lo son las ONGs. Sin duda, fortalecer la confianza y realizar las acciones de conservación de manera coordinada y eficiente, ha generado mejores resultados».

Polluelo de fardela blanca al interior de su madriguera. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Polluelo de fardela blanca al interior de su madriguera. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos

Todavía falta camino para erradicar definitivamente las amenazas que ponen en peligro la rica biodiversidad, tanto marina como terrestre, que posee este territorio.  No obstante, gracias al esfuerzo mancomunado, este objetivo parece estar cada día más cercano.

Colores del atardecer en el cerro El Yunque, el más alto de la isla Robinson Crusoe. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Colores del atardecer en el cerro El Yunque, el más alto de la isla Robinson Crusoe. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Isla-Robinson-Crusoe-desde-la-isla-Santa-Clara
Isla Robinson Crusoe desde la isla Santa Clara. Crédito: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Petrel gigante antártico y lobo fino de Juan Fernández en la isla Santa Clara. Créditos: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
Petrel gigante antártico y lobo fino de Juan Fernández en la isla Santa Clara. Créditos: ©Héctor Gutiérrez Guzmán | Oikonos
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