El sendero que une Anticura y Antillanca nos lleva a un recorrido por el Parque Nacional Puyehue. Por esto, antes de ingresar, se debe registrar con los guardaparques de la Conaf, ubicados en el sector Anticura. La caminata comienza en Anticura y termina al día siguiente en el centro de esquí Antillanca, por lo que se debe coordinar transporte de ida y de recogida en caso de hacerlo sin guía. La época adecuada para esta travesía es entre octubre y abril.

Se trata de un trekking de dificultad moderada en medio de la Región de Los Lagos, en que se recorren 38 kilómetros en dos días. El primero tiene un desnivel de 951 metros, mientras el segundo de 832 metros.

Al lugar se llega desde Osorno. Hay que tomar la ruta internacional CH-215 hasta el km 91, donde está señalizado el comienzo del sendero con un letrero de Sendero de Chile. Se sugiere dejar el vehículo estacionado en el Centro Turístico Anticura (servicio pagado). En transporte público hay buses con salidas diarias (de domingo a viernes a las 16:00 hrs.) que se dirigen hacia el complejo fronterizo Cardenal Samoré. Solicitar descender en el km 91.

Es importante tener en cuenta de que se trata de una travesía con pocos puntos para abastecerse de agua, por lo que hay que llevar al menos 3 litros de agua por persona. El segundo día se puede agregar el ascenso al cráter del volcán Casablanca, en ese caso considerar sumar 6 horas más al recorrido. Es recomendable terminar la caminata en las termas de Aguas Calientes.

Día 1 – Las lagunas de Pampa Frutilla

El sendero comienza en Anticura, kilómetro 91 de la Ruta Internacional 215. Allí nace un sendero de 22 km bien marcado durante toda la primera jornada de caminata. Los primeros 3 km son por bosques de selva valdiviana, típicos del Parque Nacional Puyehue, hasta el encuentro con el puente Arauco, donde se puede obtener agua. A continuación el escenario comienza a mutar, ya que podemos diferenciar los coihues magallánicos, las aromáticas tepas, las quilas y coligues, que muy enredados, apenas dejan ver unos metros más allá del límite del camino.

PAMPA FRUTILLA
Treakking las lagunas de Pampa Frutilla Créditos: Paula López Wood

En el kilómetro 8 el sendero (3 horas de caminata aprox) se abre a una pequeña vega con un río. Es el último puesto, sector donde hay un techo para protegerse de la lluvia, mesas de picnic y una anilla de fuego. Tal como su nombre lo indica, es el último punto para abastecerse con agua antes de llegar a Pampa Frutilla. Por eso, aquí abundan aves como ralladitos, pitios, chucaos, y también la ranita de Darwin,
hermoso ejemplar café con la cabeza en forma de triángulo, que sorprende al “hacerse la muerta” mientras sacamos agua del estero.

Para la explosión del cordón del Caulle en 2011 se hizo un operativo de rescate de este anfibio en el sector de Anticura-Pampa Frutilla, ya que, como otros anfibios, la ranita de Darwin también respira por la piel y el exceso de ceniza en el aire amenaza su supervivencia. Hoy, lentamente vuelven a colonizar el parque.

Después de 5 horas de caminata, el sendero se hace más empinado, aparecen los bosques de lenga centenarias y podemos ver al costado izquierdo el cordón de las Vizcachas. Hay algunas cuevas en la montaña que identificamos como nidos de cóndores. Seguimos siendo los únicos humanos en el sendero.

Después de cruzar la parte más alta de la senda, en el kilómetro 18 un cartel de madera indica la ubicación de un antiguo refugio. Hay también una bifurcación, que debemos tomar hacia la izquierda.

Luego de 4 km descendiendo llegamos al sector de las lagunas de Pampa Frutilla: objetivo del primer día. Es un valle con lagunas escondidas que en verano ofrece aguas tibias, gracias a su cercanía con zonas
volcánicas. Su nombre proviene de lo que ocurre a fines del verano, cuando la planicie se llena de flores y frutillas silvestres, listas para llevárselas a la boca como la mejor ración de marcha.

Aquí armamos el campamento. Es un atardecer hermoso a más de 1500 msnm. Se observan los coirones amarillos de la estepa, la planicie abierta cubierta con arbustos de calafates y frutillas rastreras, la laguna de los Monos y otra más pequeña, la laguna del Bosque, ambas muy calmas, y al fondo el espolón del Cerro Pantojo, delimitando la frontera entre Chile y Argentina. La noche sorprende con un manto estrellado.

Día 2 – El Casablanca, un volcán dormido de tierras rojizas

Al día siguiente, desarmamos campamento. Eso sí, antes cargamos agua para todo el día, puesto que no hay más puntos para abastecer en el camino (solo neveros donde hay que derretir). Dejamos atrás Pampa Frutilla para devolvernos hacia la bifurcación que nos llevará al centro de esquí Antillanca.

Tras cruzar un pequeño bosque comienza el ascenso por el filo de la montaña. Entre medio, encontramos restos de trincheras, polvorines y alambradas. Es que durante el conflicto armado con Argentina en 1979 y antes de que esta zona fuese declarada Área Silvestre Protegida, Pampa Frutilla era un área de acceso lógico de desplazamiento de tropas de infantería, lo que hizo que se construyera toda una infraestructura previniendo una posible guerra. Hoy, son solo restos fantasmas del primer vestigio humano que hemos visto en la travesía.

A continuación se transita desde bosques de altura de lengas y coihues a una extensa zona de estepa con manchones de nieve, desde donde comenzamos una larga ascensión por el cordón del Fiucha. A medida que ganamos altura, la vegetación desaparece, el sendero se pierde y nuestros puntos de referencia son las picanas, unos largos palos blancos incrustados en el suelo.

La pendiente exige mantener la vista a ras de piso, pero de vez en cuando nos detenemos, la panorámica lo amerita: los tonos de los cerros que varían de morado, amarillo, negro a rojizo y a lejos, enormes caídas de agua encajonadas en lo profundo de la selva valdiviana.

Pasados los 1900 msnm caminamos sobre neveros. El frío y el viento aumentan considerablemente. Estamos en la parte más alta del cordón del Fiucha. Frente a nosotros, la aguja del Cerro Pantojo sobresale de un mar de nubes blancas y esponjosas, arriba, el cielo despejado con un sol enorme, la nieve derritiéndose a nuestros pies.

La vista en 360 grados del complejo volcánico es simplemente espectacular. Al norte, se ven los
volcanes Puyehue, Mocho, Choshuenco, Lanín, y el Villarrica. Al sur, los volcanes Puntiagudo, Osorno, Yates y el majestuoso monte Tronador. Abajo, el lago Rupanco, y justo al frente, nuestro próximo objetivo: el Casablanca, un volcán dormido de tierras rojizas.

El ascenso al cráter nos desvía unas 3 horas del recorrido inicial, pero vale totalmente la pena. Ya en la orilla del cráter es posible asombrarse con su enorme garganta blanca, tapada por un pequeño glaciar en retroceso. Desde aquí, se debe cruzar hacia el poniente del cráter para descender hacia el cráter Raihuén, mirador del centro de esquí Antillanca.

El descenso, por un largo acarreo, debe hacerse con mucha precaución, para evitar cualquier tropiezo con las rocas sueltas.

Ya en los faldeos del Casablanca, aparece el último punto a sortear: el cráter del volcán Raihuén, también extinto, y mucho más fácil de atravesar. Después de un último acarreo de 3 km mezclado con vegetación de altura, alcanzamos la explanada del cráter, que como Pampa Frutilla, está lleno de frutos comestibles como murtillas y chauras.

Centro de esquí Antillanca Créditos: Cristian Baumeister

Finalmente se ven los andariveles de las canchas sin nieve del centro de esquí Antillanca, y con ellos, familias que han subido a hacer caminatas al cráter Raihuén. Desde aquí, se debe ser recogido en transporte privado para retornar a Anticura, en caso de haber dejado el vehículo al inicio del sendero.

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