La travesía de cerro Castillo, sin temor a equivocarnos, es uno de los recorridos más espectaculares existentes en la Patagonia chilena, y de Chile en general. Aunque todavía relativamente poco conocido, presenta escenarios y características que sin pudor pueden compararse en belleza y espectacularidad a los más populares circuitos y travesías de Torres del Paine. El recorrido debe su prodigiosidad al parque que lo acuna en general y a la magnífica Cordillera del Castillo en particular, cuyo rey máximo es el torreón fastuoso y dramático de su cumbre mayor, el cerro Castillo, que con fertilidad le da nombre a todo lo que lo rodea, incluyendo este recorrido.

©Cécile Taliercio
©Cécile Taliercio

En su versión más extendida, a lo largo de más de 50km, esta excursión va recorriendo tres valles patagónicos a través de pampas, ríos, bosques, roca y nieve; avistando y contemplando, a lo largo de esta excursión, una miríada de paisajes y colores diversos, que realzan los salvajes escenarios de la Patagonia que tan incrustados están en el imaginario popular. Ventisqueros azules y blancos, lagunas esmeraldas, ríos prístinos, bosques de coigües y lengas de verdes oscuros, la roca lavada grisácea de las partes altas de las morrenas, los filos negruzcos y morados, y los cielos borrascosos y veleidosos que ciñen las altas crestas, todos embadurnan una paleta riquísima de colores y contrastes.

©Paulo Cox
©Paulo Cox

Trazando lo que desde arriba o en un plano cartesiano evoca un ancla, la travesía va cruzando “a lo largo” los valles del río Turbio, del estero El Bosque y del estero Parada, en ese orden. En cada valle se llega hasta prácticamente los lugares de nacimiento de cada uno de estos cursos de agua. Esto se realiza, en su modalidad convencional y lógica, partiendo desde el Norte, yendo en dirección suroeste en cerca de dos tercios del sendero, y luego de Norte a Sur en su parte final. Como es natural, para pasar de un valle al otro, el recorrido presenta dos pasos altos de montaña, el paso del Peñón o La Lima y el paso del Castillo, puntos claves y característicos que lo revisten de cierta dificultad y exigencia física ausente en otras travesías similares. Como consecuencia también de esta morfología del recorrido, la travesía exhibe numerosos ascensos y descensos. De forma crucial, el emplazamiento del trazado es tal que éste va rodeando gradualmente la cordillera del Castillo, hasta pasar justo en su punto más difícil y exigente, debajo de la cara más espectacular del cerro Castillo, contemplando el fabuloso glaciar de su cara este, y sus torres más feroces.

Foto Iván Ibaceta. Paulo Cox (edición y texto)
Foto Iván Ibaceta. Paulo Cox (edición y texto)

El sentido en el que se realiza esta travesía tiene numerosas variantes, pero la más lógica y convencional es aquella que comienza desde el Norte en Las Horquetas y termina en la cuenca del río Ibáñez por el Sur. Esto por tres razones fundamentales: primero, porque tanto en la medida de su exigencia física y de orientación, y de su intensidad y espectacularidad paisajística, esta versión más convencional va increscendo, yendo de menos a más, hasta alcanzar un clímax (el “crux” de la travesía) en el punto más alto y de mayor espectro para contemplar el paisaje, justo en el tramo que rodea muy de cerca el “castillo” del Castillo. Tras esta cumbre, el sendero vuelve a un cauce de menor intensidad y desciende suavemente hacia el plano culminante de egreso (exit) de la reserva, desembocando en el amplio y llano valle del río Ibáñez por el sur. Vida, desarrollo, clímax, descenso, muerte. El ciclo de la vida. En cuanto a desnivel neto, esta versión también es más suave puesto que el inicio se encuentra en un punto más elevado que el final. Hacerlo al revés, además de “comerse el postre antes del almuerzo”, implica ascender más.

©Paulo Cox
©Paulo Cox

En segundo lugar, esta alternativa de travesía conforma mejor con el ámbito administrativo de la reserva. Es por esta vía que se pasa necesariamente, al inicio, por los dos controles de acceso, fundamentales para el correcto registro y monitoreo de la actividad en esta área protegida, y por extensión, de la preservación de sus ecosistemas. El importe que exige la visita a este lugar es una base modesta pero de todas formas relevante para la financiación de las entidades encargadas de cuidar este tesoro. La vía reversa presenta, justamente por la falta de recursos, menor vigilancia y fiscalización, abriendo lamentablemente una brecha para la evasión (que es práctica de muchos visitantes, en su mayoría extranjeros).

©Sigal Stern
©Sigal Stern

En tercer lugar, y dejando de lado la dificultad física y de intensidad, desde la perspectiva boreleana, es decir sesgada, de quienes con alta probabilidad visitan el lugar viniendo desde el Norte, la variante descrita aquí se presenta como la que tiene una mejor narrativa y transición desde lo que podría llamarse el “bucólico valle central de Coyhaique” y sus lomas suaves y estancieras (que evocan las de la Patagonia argentina) hacia la Patagonia salvaje, cuyo portal o hito de cabecera es sin dudas, desde el Norte, el cerro Castillo. Tanto así, que la misma Carretera Austral reproduce, aunque con menor grado de espectáculo, un recorrido similar, constituyéndose hoy este tramo en uno de los puntos más emblemáticos e icónicos de esta carretera. El Castillo es el portal perfecto de tránsito entre estas dos zonas de la Patagonia chilena.

©Ernesto Ortiz
©Ernesto Ortiz

La historia registrada de este recorrido como tal es reciente. Como la mayoría de las travesías en los Andes, su existencia e historia se deben a la incursión y exploración de montañistas, que a su vez se deben a las actividades anteriores de arrieros (o ganaderos en este caso), cuya historia a veces se pierde en la memoria.

Uno de los tramos más conocidos de la travesía aquí descrita, esto es entre Villa Cerro Castillo y el Campamento Neozelandés, tiene como principal antecedente la visita de ilustres montañistas chilenos motivados por el primer ascenso del Castillo. Se trata de la expedición de Gastón Oyarzún, Osvaldo Latorre, Antonio Marcel y Raúl Aguilera, durante el verano de 1966. Desde Villa Cerro Castillo y provistos de porteadores (de ahí deriva el nombre de uno de los campamentos del recorrido), se internaron al valle del Parada, consiguiendo la primera ascensión del Castillo por lo que hoy se conoce como su ruta normal, por su ladera oeste.

©Paulo Cox
©Paulo Cox

Diez años más tarde, en febrero de 1976, una expedición británica y neozelandesa se internaría por el mismo valle, aprovechando de bautizar algunos puntos hoy bastante conocidos (campamento Neozelandés y laguna Duff) con toponimia anglosajona. Como anécdota, el neozelandés Duff, que no coronó la cumbre del Castillo como sí lo hicieron sus demás compañeros, dejó inscrito su nombre en la posteridad en la forma de la laguna ubicada al final del valle del Parada. Esto por un acto de compañerismo o ironía de sus compañeros o por efecto de la excesiva egolatría o mordacidad del mismo Duff (no lo sabemos). Para mal de los chilenos, la excursión de Oyarzún y equipo no tuvo al parecer la curiosidad de los ingleses y neozelandeses de incursionar más arriba por el Parada, ni de bautizar lugares con sus nombres.

La versión larga del recorrido toma forma y sustrato recién a mediados de la década del 2000, cuando diversos organismos del Estado de Chile (Conaf, Corfo, la entonces Corporación Nacional de Medio Ambiente, Conama, entre otros) destinaron esfuerzos para dotar la ruta (que ya existía) de una infraestructura y señalética mínima, mucha de la cual aún se encuentra en la reserva.

Época adecuada

©Paulo Cox
©Paulo Cox

Entre fines de primavera y comienzos de otoño. Si bien la época ideal es entre diciembre y marzo, en plena época estival, a fines de primavera y comienzos de otoño el tiempo es relativamente más estable.

En verano las temperaturas son más cálidas y los días más largos (en estas latitudes en verano incluso pasadas las 21:00 h hay bastante luz). Al escoger entre los meses de verano, considerar que durante enero hay profileración de coliguachos (Scaptia lata) y tábanos durante las primeras semanas de enero. Se recomienda no subestimar la presencia de estos insectos la que puede hacer bastante fastidioso el recorrido del sendero. Otra razón para evitar las primeras semanas de enero es el florecimiento de las cadillas o achupallas (Eryngium paniculatum), una hierba común en estas latitudes, cuyos capítulos (cabezuelas) durante la inflorescencia se pegan e incrustan firmemente entre las tramas más finas de la ropa (especialmente calcetines), produciendo picazón e incomodidad general.

No obstante todo lo anterior, considerar que en estas regiones australes más próximas al Pacífico las condiciones del tiempo son marcadamente variables e impredecibles durante el día y a lo largo de una misma semana.

La excursión se puede realizar a lo largo del año, fuera de la temporada estival, pero en ese caso deberá comenzar más temprano y realizarse de forma más rápida de lo habitual, aprovechando así la poca luz de jornadas notoriamente más cortas.

¿Cómo llegar?

Desde Coyhaique tomar la Carretera Austral (ruta 7) hacia el Sureste, en dirección hacia Balmaceda (a 55km de Coyhaique). Poco antes de Balmaceda, a aprox. 39km desde Coyhaique y a aprox. 16km de Balmaceda, girar hacia la derecha, engarzando así la continuación de la Carretera Austral (ruta 7) hacia el sur (bifurcación ubicada a pocos kilómetros pasados del pueblo El Blanco).

A 60km desde Coyhaique (1h aprox.; camino pavimentado), se llega al control y guardería de Conaf de laguna Chiguay, que cuenta con zona camping ubicado a un costado de la laguna del mismo nombre. En este punto se deberá realizar el registro de los expedicionarios que ingresen a la reserva. En cuanto al pago por el derecho de acceso a la reserva, este debe ser realizado en el campamento de Río Turbio, ubicado al final del tramo que se recorre durante la primera jornada.

Permisos / Precios

  • Todo excursionista y/o visitante de la Reserva Nacional Cerro Castillo debe informar de su visita y registrarse en la guardería Laguna Chiguay de Conaf.
  • Para completar el recorrido se debe pagar el derecho de ingreso de $5.000 p/p en la guardería de Conaf de Río Turbio, al final de la primera jornada. Este pago da derecho de ingresar a la reserva y hacer el recorrido por el tiempo que demore éste.

Recomendaciones

  • Durante el verano (temporada alta) reservar alojamiento y servicios de transporte con suficiente anticipación (se sugiere al menos un mes de anticipación).
  • Está prohibido llevar balones de gas y otros combustibles semejantes para anafes en la cabina de vuelos comerciales. Considerar aprovisionarse de estos en Coyhaique.
  • Hay agua disponible a lo largo de prácticamente toda la ruta.

Para más información sobre esta ruta, aquí te dejamos nuestra fuente donde encontrarás todo lo que necesitas saber: AndesHandbook – Cerro Castillo

Comenta esta nota

Comenta esta nota

Responder...