Ladera Sur Una conversación con Adriana Hoffmann
Una conversación con Adriana Hoffmann

Naturaleza

Una conversación con Adriana Hoffmann

Nuestra colaboradora Daniela Fabres nos comparte hoy una entrevista que realizó a Adriana Hoffmann, destacada bióloga y botánica chilena y autora de diversos libros sobre la flora de Chile, en la que nos abre las puertas a su mundo más íntimo e inspiraciones. ¡No te la pierdas aquí!

Dado mi labor como florista y por ende mi interés en la botánica, la naturaleza y sus paisajes, me acerqué a Adriana Hoffmann el verano de 2016. Para mi alegría, hemos desarrollado una linda amistad desde entonces y se nos dan bien los tecitos y conversaciones en su casa o los paseos por los alrededores.

Ella es de esas personas de estilo de vida coherente a su labor e historia. De enorme sencillez y calidez. Una mujer de mucha fuerza y sensibilidad, abocada toda una vida a sus investigaciones. Aún a su edad sigue vinculada al tema desde el quehacer pausado en casa y, a veces, a través de salidas exploratorias.

Decidí entrevistarla para revelar algo de su mundo, el que me parece de utilidad pública. ¡Sus libros deberían ser parte de la educación en el colegio!

Aquí comparto con ustedes algunas preguntas que se fueron dando sin ensayo, de manera bien íntima en agosto recién pasado.

©Daniela Fabres
©Daniela Fabres

¿Cómo recuerdas tu juventud?

Mi juventud fue absolutamente maravillosa. Me encantaba la jardinería y trabajaba con mi abuela en el jardín y, con mis padres salíamos de paseo a la cordillera a mirar las flores. La relación con ellos era fantástica y siempre en contacto con la naturaleza y con que todo lo que estuviera relacionado.

Me imagino que la botánica era algo inusual…

Sí pues, muy inusual pero mi papá, que era médico, había estudiado botánica en la universidad. Él echaba mucho de menos que la universidad no integrara otras ciencias, sabía mucho, era un hombre muy culto e interesado por todo lo relacionado con la naturaleza.

Entonces se podría decir que él te abrió ese mundo…

Bueno él y mi mamá, que venía del Báltico, de Letonia, un pequeño país donde en invierno hacía un frío terrible y llegó a Chile donde el sol era rico y calentito y cuando llovía todo brillaba y se ponía maravilloso; donde no había episodios climáticos como los de ahora que son tan tremendos y aterrantes. Ella siempre andaba buscando lugares nuevos para conocer. Mi papá la llevó a Juan Fernández, a Chiloé, a la cordillera en el verano, cuando se cubría de flores. Él le mostró Chile.

¿De dónde nace tu interés por el estudio de la flora?

Nace del ejemplo de mis padres, yo creo. Siempre estábamos haciendo ramitos de flores con mi mamá y lo pasábamos súper bien. Ahora me da un poco de vergüenza decir eso, porque si corto flores del campo, lo hago muy pocas veces y solamente cuando hay muchas.  Soy muy cuidadosa con lo que recojo y muy consciente de evitar todo tipo de depredación.

©Daniela Fabres
©Daniela Fabres

¿Qué rol cumple la observación de la naturaleza en tu labor?

Pienso que es muy importante ir a la naturaleza, observarla, entenderla. Porque saber solamente por mirar o leer los libros, no tiene gracia. Hay que ir a los lugares naturales. Ahí se produce una retroalimentación, un contacto y una comunicación  entre la persona y lo natural, que es muy mágica, muy linda. Y de esa contemplación sacas tus propias conclusiones, tal ves logras entender y aprender, además de tener  cercanía. Eso es lo más importante: la experiencia más allá de la investigación.

¿Con qué flor te identificas y por qué?

Con la pasiflora. La pasiflora es una planta muy preciosa. Y hay una que es nativa chilena, la Passiflora pinnapistipula con la que he tenido varias experiencias emotivas, además de que es útil para la salud: relaja, ayuda a dormir. Aquí en mi casa tengo varias.

Y esa experiencia emotiva que has logrado con una flor ¿cómo se te ha dado? ¿como una relación?

Ponte tú cuando recién encontramos esta casa, hace más de 40 años, explorábamos los alrededores; no habían tantas casas. Un día, yendo a la quebrada de Aguas Claras, ¿la conoces verdad? Me encontré una pasiflora nativa, una planta gigantesca y la seguí visitando cada vez que veníamos a la playa y veía cómo estaba. Siempre florecía, todo el tiempo tenía alguna flor abierta. Venían mis amigos y yo los invitaba a verla.

¡Era un objeto de culto turístico!

Sí, porque además está en un sitio impresionante, lindísimo, en un bosque nativo muy precioso.

O sea tenías una relación con la planta 

Sí, me llamaba, quería que la fuera a visitar.

¿Qué dirías respecto del complemento de la ilustración botánica en tus investigaciones y/o publicaciones?

Muy importante porque la pura descripción como texto, es pobre. Las ilustraciones ayudan muchísimo al conocimiento. En las universidades había libros feos, aburridos, fotocopias sin ilustraciones. Creo que para evitar que la gente dijera que los libros eran feos, los hicimos con el mejor cariño para que resultaran lindos. Colaborábamos con fotografías, pedazos de flores, herbarios. Y yo creo que resultó, todos lo decían.

Lo importante era cuidar lo natural; además, añadíamos el estado de conservación, el uso que podría tener, y, si era una planta rara, evitábamos indicar dónde se encuentra.

Me has comentado que te encanta caminar y aventurarte en paisajes salvajes ¿qué hay de especial en salir de excursión?

Sí, me encanta. Uno ve mundos nuevos. Muchas veces, en las expediciones aparecen cosas interesantes entonces eso me fascina, me entretiene mucho y aparte uno, cuando está en lugares silvestres se siente mejor, más liviana, más feliz. Siento que necesito caminar todos los días.

©Daniela Fabres
©Daniela Fabres

¿Y tienes alguna próxima excursión planificada?

Creo que iremos al norte, cerca de Huasco, al Parque Nacional Llanos de Challe a tomar fotos. Sobre todo ahora que hay una floración muy especial, dado que llovió mucho y el clima tropical han ayudado, y seguramente habrá cosas que uno nunca ha visto antes. Otra cosa que me parece muy linda, es que estamos planeando ir con las súper mujeres de la familia: Leonora, mi hija; Elisa, mi nieta y la pequeña Dominga, mi bisnieta. Las cuatro generaciones a pasear al desierto.

Tu pasión implica un cierto estilo de vida, cuéntame ¿cómo ha sido esto?

Vivo lo más sencillo posible tratando de comer sano. Me preocupo harto de cómo estoy viviendo, de hacer las cosas que me gustan, y también viviendo lo más ecológicamente posible. Por ejemplo, procuro reciclar, evito dejar una huella de carbono alta, trato de no usar demasiada agua ni electricidad y cuido de la naturaleza lo más que se pueda.

Y ese estilo de vida es calmo, pero también bien inquieto ¿no? Tú eres bien activa…

Sí, aunque ahora estoy muy calma, pero en mis años mozos viajé mucho.  Llegaban amigos extranjeros a verme y salíamos mucho a recorrer Chile. Me llamaban y vinieron Roger Ferryman, Fred Kattermann , David Hunt (unos gringos especialistas en cactáceas, muy capos), como varios que venían, y que, al final, nos hicimos todos muy amigos. Yo estaba haciendo un libro sobre los cactus chilenos, los amigos estudiaban especialmente las cerca de  200 especies de cactáceas que hay  en Chile. Primero, yo salía a ver lo que se podía encontrar, proponía rutas y luego ellos venían. Hicimos unas expediciones maravillosas, ¡demasiado  entretenidas! Aprendí mucho.

¿En qué etapa de tu vida estás actualmente y qué aspectos te interesan ahora?

Mis principales inquietudes por ahora son mi salud, el cuidado personal y mi familia y amigos.

Y desde el punto de vista profesional ¿estás trabajando en algún proyecto?

Muy lentamente estoy retomando el libro del desierto florido. Consiste en un segundo tomo, el primero, que ya está publicado, es de las monocotiledóneas. Ahora estamos trabajando en el de las dicotiledóneas del desierto. Es mucho, mucho trabajo, pero será una guía perfecta para explorar en terreno. También tengo en carpeta un tercer tomo, que contendrá una serie de textos que tenemos preparados para complementar el material de ilustraciones, mapas y fotografías que -espero- será muy novedoso.

©Daniela Fabres
©Daniela Fabres

¿Cuál dirías que es el hito de tu carrera? o ¿Cuál sientes que ha sido tu mayor aporte?

¡He hecho tantas cosas! De las cosas que más me han gustado ha sido nuestro trabajo y compromiso con la educación ambiental. Respecto a los libros,  a mí el que más me gusta es el libro del año 2000, la Enciclopedia del Bosque Chileno. Hicimos ese libro con mucha inspiración, resultó muy bien y tuvo harto éxito. La edición se acabó totalmente. Lo hicimos en forma muy artesanal, en nuestra oficina, a pulso.

¿Ese es tu libro más satisfactorio entonces? ¿El que te da calorcito al alma?

Sí, creo que sí.  Tiene mucho material inédito acerca de los bosques nativos. También el segundo volumen de la Colección Fundación Claudio Gay, que trata de los Bosques del Sur de Chile, de la zona Araucana. Ganó varios premios y fue muy aplaudido, lleva como ocho ediciones. Pero, si me preguntas cuál me agrada más a mí, te cuento que todos mis libros me gustan, son como los hijos.

¿Qué le dirías a las nuevas generaciones?

Nunca está de más decirles que respeten la naturaleza, que traten de aprender lo más posible acerca de ella, porque la persona que sabe, que es más educada, la cuida mejor. Hay una frase del poeta alemán Goethe que condensa ese concepto de interrelación del ser humano con las flores: “Es preciso conocer el nombre de las plantas para que podamos saludarlas y que ellas nos saluden a nosotros”.

¿Y tienes contacto con gente joven hoy en día en labores parecidas a las tuyas?

Mira, a veces me invitan a eventos, seminarios, u otra actividad, y me parece que soy importante para ellos/as. “¡Idola, ídola!”, me dicen. Me parece muy gracioso.

Adriana, yo encuentro que tu aporte ha sido inédito… en una época en que costaba investigar, que no había internet, que habían solo voluntades humanas y que implicaba un costo alto, había que autogestionarse. 

Habían grupos interesantes con los que uno se podía relacionar y los proyectos salían más o menos a pulso con muy poco financiamiento. Pero eso no nos importaba. Nunca me preocupó mucho la falta de plata. Ahora, que estoy vieja, el no contar con los recursos, me deprime.

Y después fuiste ganando más reputación y las cosas empezaron a fluir. Me imagino debe haber sido duro al principio. 

Sí, bien duro porque además soy poco sociable, entonces tuve que volcarme a eso para aprender, preguntar cómo se hacía.

Es que claro, hay habilidades que uno empieza a forzar de uno mismo en función de un objetivo y a veces eso cuesta y nos cansamos.

Sí, estoy muy cansada, descansemos un rato.

Muchas gracias Adriana, ha sido maravilloso conocerte un poco más y que me dieras esta oportunidad. ¡Hasta la próxima!

Daniela Fabres junto a Adriana Hoffman. ©Daniela Fabres
Daniela Fabres junto a Adriana Hoffman. ©Daniela Fabres

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