Ladera Sur Un homenaje a las aves playeras: las épicas viajeras que sufren alarmante declive a nivel mundial
Un homenaje a las aves playeras: las épicas viajeras que sufren alarmante declive a nivel mundial

Naturaleza

Un homenaje a las aves playeras: las épicas viajeras que sufren alarmante declive a nivel mundial

Aunque son invisibles para muchos, las aves playeras sorprenden por sus singularidades. Algunas residen en Chile todo el año, como el pilpilén y el chorlo nevado, mientras otras realizan increíbles migraciones que han batido récords en el mundo animal, como el playero ártico que, con sus gramos de peso, nada tiene que envidiar a un avión. Estas especies enfrentan fuertes amenazas, como la degradación de su hábitat por la expansión inmobiliaria, la tenencia irresponsable de mascotas, el tránsito de vehículos en la costa y la crisis climática. Ante el alarmante declive mundial de sus poblaciones, se instauró el Día Mundial de las Aves Playeras. Por ello te contamos lo que debes saber sobre nuestras vecinas y sorprendentes viajeras, que conectan a nuestro país con el resto del mundo.

Algunas han batido récords en el reino animal, con impresionantes migraciones de 30.000 kilómetros entre el hemisferio norte y sur del planeta, ida y vuelta. También las puedes ver correteando juntas en la costa, en una sincronizada danza al vaivén de las olas. Qué decir del espectáculo protagonizado por bandadas compuestas por miles y miles de individuos que recurren a las bondades de sitios como los humedales. Son las aves playeras, un diverso grupo de animales conocidos como chorlos, zarapitos, pilpilenes, ostreros y vuelvepiedras, entre otros curiosos nombres. Estas especies, que pueden ser migratorias o residentes, enfrentan una creciente variedad de amenazas, que van desde la degradación de su hábitat por la expansión inmobiliaria e industrial, hasta la tenencia irresponsable de mascotas y la crisis climática.

Playero blanco ©Pablo Cáceres
Playero blanco ©Pablo Cáceres

De hecho, algunos cálculos indican que el 50% de las especies de aves playeras del mundo están en declive, y que sus hábitats se están perdiendo a un ritmo sin precedentes. Eso es lo que sucede en países como Chile, que las hospeda y forma parte de sus rutas migratorias. Ante la urgencia de generar mayor conciencia pública sobre la difícil situación de estos animales es que se conmemora el Día Mundial de las Aves Playeras este 6 de septiembre. ¿La idea? Darlas a conocer e inspirar a la sociedad a cuidarlas, promoviendo la buena coexistencia entre humanos y estos seres alados.

“Son especies que llevan millones de años en la Tierra, y en las últimas décadas sus poblaciones vienen experimentando disminuciones significativas. Los datos son bien dramáticos. Si no ponemos atención, las aves playeras están condenadas a la desaparición, y detrás de ellas van los humedales, los bordes costeros, otras especies, y más. La visibilización y socialización del conocimiento acerca de las aves playeras nos permitirá conservarlas…y conservarnos. Son un símbolo más de nosotros mismos”, subraya Carmen Espoz, decana de la Facultad de Ciencias y directora del Centro Bahía Lomas de la Universidad Santo Tomás.

Playero vuelvepiedras ©Gabriela Contreras
Playero vuelvepiedras ©Gabriela Contreras

Se estima que existen alrededor de 217 especies de aves playeras en el mundo, de las cuales 81 se encuentran en las Américas durante todo o parte de su ciclo de vida. Mientras que 52 especies se reproducen en Norteamérica, 35 especies lo hacen en Centroamérica, el Caribe y América del Sur.

Playero blanco con plumaje reproductivo ©Diego Luna Quevedo
Playero blanco con plumaje reproductivo ©Diego Luna Quevedo

Presentan una variedad de tamaños, formas de picos y longitudes de patas como adaptaciones únicas que les permiten, por ejemplo, alimentarse de moluscos, pequeños crustáceos, gusanos marinos e insectos que se encuentran en sus hábitats específicos. Precisamente, estas aves frecuentan playas arenosas, dunas, costas rocosas, marismas intermareales, humedales costeros y altoandinos, vegas y salares, así como pastizales, campos arados y tierras agrícolas inundadas.

Bandada en Bahía Lomas ©Antonio Larrea – Centro Bahía Lomas
Bandada en Bahía Lomas ©Antonio Larrea | Centro Bahía Lomas

Además, muchas de ellas son migradoras de larga distancia, por ejemplo, miles de aves playeras provenientes de países como Canadá y Estados Unidos (región neártica) visitan las costas chilenas cada año para descansar y buscar alimento en sus humedales y playas.

De esa manera, conectan con sus largos periplos a múltiples países.

“Las aves playeras no saben de fronteras, nos unen, conectan nuestro hemisferio y nuestro mundo, más allá de países, límites administrativos y geopolíticos. Las aves migratorias son parte de nuestro patrimonio natural compartido y dependen de una red de sitios a lo largo de sus rutas de migración para reproducirse, alimentarse, descansar e invernar. Por lo tanto, conservar a las aves playeras implica sumar e integrar acciones a través de la serie completa de entornos geográficos, ecológicos y culturales.  Se requiere articular la acción local, la nacional y la internacional”, asegura Diego Luna Quevedo, especialista en Conservación de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras, iniciativa internacional cuya misión es resguardar a esta avifauna a través de una red de sitios clave para ella en las Américas. Actualmente, abarcan 117 áreas en 17 países, totalizando más de 15 millones de hectáreas de reservas.

Playeros vuelvepiedras ©Diego Luna Quevedo
Playeros vuelvepiedras ©Diego Luna Quevedo

Pese a su denominación popular, el director ejecutivo de la Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre de Chile (ROC), Ivo Tejeda, hace el alcance de que “no todas las aves de este grupo viven en la playa, ya que algunas viven en humedales altoandinos, pero básicamente comparten algunas características y, además, todo o parte relevante de su ciclo vital ocurre en zonas de planos lodosos o con harta agua. En general, no son aves que naden, algunas lo hacen, pero en general no están nadando. Y muchas de estas aves son migradoras de grandes distancias”.

En efecto, esta angosta franja de tierra llamada Chile forma parte de la Ruta Migratoria del Pacífico Americano, la cual está conformada por una extensa red de sitios costeros a lo largo del océano Pacífico que cruza 14 países, siendo utilizada por millones de aves playeras para reproducirse y descansar durante sus extensas migraciones. Si lo llevamos al plano humano, es como cuando recorremos amplias distancias y necesitamos detenernos en las estaciones de recarga o servicentros para descansar, alimentarnos y, en definitiva, recuperar energías.

Bandada en Bahía Lomas ©Antonio Larrea – Centro Bahía Lomas 4
Bandada en Bahía Lomas ©Antonio Larrea | Centro Bahía Lomas

Luna detalla que “a lo largo de sus viajes anuales, las aves playeras migratorias utilizan en esta ruta una serie de escalas críticas en 14 países para descansar, alimentarse y realizar la transición entre la tundra ártica, los planos lodosos y estuarios de los bosques de lluvia templados, estuarios, costas, desiertos de latitudes medias y manglares. Esta ruta se extiende desde los 120 grados de latitud y abarca 16.000 kilómetros a lo largo de la costa, entre el noreste de Rusia y noroeste de Alaska, y el sur de Chile”.

Hasta el momento, en Chile se han declarado cinco sitios como “Reservas para Aves Playeras” por su importancia en esta ruta migratoria y, por ende, en la conservación de estas especies.

Se trata del humedal desembocadura del río Lluta (Región de Arica y Parinacota), estuario y desembocadura del río Maipo (Región de Valparaíso), humedales de Maullín y humedales orientales de Chiloé (Región de Los Lagos), y Bahía Lomas, en Tierra del Fuego (Región de Magallanes). “Este último configura el sitio de invernada más importante de toda Sudamérica para el playero ártico (Calidris canutus rufa), una especie en peligro. Otros sitios relevantes son el humedal de Huentelauquén, los humedales de Chamiza, la desembocadura del río Mataquito, el humedal Rocuant-Andalién y la Bahía de Caulín”.

Playero ártico en Bahía Lomas ©Antonio Larrea – Centro Bahía Lomas (2)
Playero ártico en Bahía Lomas ©Antonio Larrea | Centro Bahía Lomas 

Por otro lado, Tejeda puntualiza que “hay otra ruta migratoria de la que se habla un poco menos que es la central, y que normalmente está asociada a las aves altoandinas. Hay muchas aves playeras que, pese a llamarse así, no están en las playas, pero sí en los humedales altoandinos, como el pollito de mar tricolor, el playero de Baird y el pitotoy. Ellos siguen esa ruta”.

Las viajeras excepcionales y las caseras

Aunque ronda los 26 centímetros de largo y los 135 gramos de peso, el playero ártico nada tiene que envidiar a máquinas de gigantesca talla como un avión comercial. “Algunas especies de aves playeras desarrollan las migraciones más grandes del mundo animal. Por ejemplo, el playero ártico vuela cada año desde sus zonas de reproducción en el Ártico canadiense hasta Bahía Lomas en Chile, en viajes de al menos 30.000 km de ida y vuelta”, cuenta Luna sobre este animal que, en nuestro país, está clasificado “en peligro de extinción”.

Playero ártico en Bahía Lomas ©Antonio Larrea | Centro Bahía Lomas
Playero ártico en Bahía Lomas ©Antonio Larrea | Centro Bahía Lomas

“En su épico viaje pasa por 14 países”, destaca Espoz, quien agrega que “para las aves playeras que llegan desde el ártico canadiense, Bahía Lomas es uno de los sitios de invernada (donde las aves pasan “su invierno”) más importantes en América del Sur. El 53% de la población de playeros árticos que llegan a América del Sur se concentra en Bahía Lomas, mientras que para el zarapito de pico recto (Limosa haemastica) es el segundo sitio en importancia en el continente. La bahía también es clave para otras aves playeras de hábitos migratorios comparativamente más restringidos como son el pilpilén austral (Haematopus leucopodus), el chorlo de doble collar (Charadrius falklandicus) o el chorlo de Magallanes (Pluvianellus socialis)”.

Pilpilenes australes en Bahía Lomas ©Antonio Larrea – Centro Bahía Lomas
Pilpilenes australes en Bahía Lomas ©Antonio Larrea | Centro Bahía Lomas

De hecho, hace un tiempo le contamos sobre un zarapito de pico recto que, en seis días, voló 9.350 kilómetros desde la Región de Los Lagos hasta Estados Unidos, sin detenerse a descansar ni a comer. Lo que constituye una proeza físicamente imposible para el Homo sapiens, es algo común en estas migradoras.

La gran interrogante es, ¿cómo logran resistir viajes tan largos con varios días sin comer ni descansar?

Zarapitos pico recto en Bahía Lomas ©Antonio Larrea | Centro Bahía Lomas
Zarapitos pico recto en Bahía Lomas ©Antonio Larrea | Centro Bahía Lomas

El especialista en Conservación de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras detalla que “para afrontar sus grandes migraciones estas aves han desarrollado complejos mecanismos fisiológicos, ajustando sus cuerpos a las exigencias de vuelos extensos. Por ejemplo, aumentan masa corporal por acumulación de sustancias de reserva y desarrollo de sus músculos pectorales, corazón y riñones y reducen órganos que le generan peso innecesario durante el vuelo, por ejemplo, aquellos asociados con la alimentación. Disminuyen también músculos de las patas usados para forrajeo y órganos como estómago, intestino e hígado, que prácticamente no usan durante los vuelos. Las aves playeras son verdaderas maravillas de la ingeniería natural”.

Así, algunas especies suelen llegar en primavera a distintos lugares de Chile, para retornar al hemisferio norte hacia el final de nuestro verano, cumpliendo así su ciclo, aunque en ciertos casos, los juveniles de las aves migratorias se quedan en suelo nacional.

Zarapito común ©Franco Villalobos
Zarapito común ©Franco Villalobos

En ese sentido, el director ejecutivo de la ROC destaca que “si bien muchas especies se reproducen en el hemisferio norte, algunas pasan más tiempo en el hemisferio sur que en los lugares de nidificación, no es que vengan aquí solo un ratito y se van. Básicamente, una parte importante de su ciclo vital lo cumplen aquí, normalmente en zonas de humedales”.

Pero así como están las viajeras, hay otras más “caseras” que realizan algunos desplazamientos, aunque permanecen en tierras chilenas. Nos referimos a especies emblemáticas de la zona costera como el pilpilén común (Haematopus palliatus) y el chorlo nevado (Charadrius nivosus), y al chorlito cordillerano (Phegornis mitchellii) que mora – como bien sugiere su nombre -en la cordillera.

Pilpilén común ©Óscar Mercado
Pilpilén común ©Óscar Mercado

“El pilpilén es un ave super vistosa, que la gente puede reconocer en las playas. Hay muchos sitios donde tienen un éxito reproductivo super bajo, por una serie de amenazas. Unido al pilpilén está el chorlo nevado, que es un ave pequeñísima, que se ve corretear por las playas. Es mucho menos vistosa, pasa más desapercibida. Tiene una población que es pequeña, está estimada de cerca de unos 2 mil individuos en Chile, y tampoco hay tantos sitios donde tenga una reproducción exitosa, entonces, si la dejamos pasar, puede que cada vez sus poblaciones vayan bajando más”.

Humanos: de malos a buenos vecinos

Como es la tónica, la relación del humano con el resto de la naturaleza la ha amenazado de múltiples formas, y las aves playeras no son la excepción. La degradación y fragmentación de sus sitios de alimentación, descanso y reproducción por la expansión urbana, industrial e inmobiliaria (que implica, por ejemplo, relleno de humedales), así como la contaminación, la caza, la tenencia irresponsable de perros y gatos, y el tránsito de vehículos por playas y humedales, son sus principales amenazas tanto en Chile como en el resto del mundo.

A esto se suman los impactos de la crisis climática.

Todo lo anterior no solo las priva de lugares adecuados para refugiarse, alimentarse y reproducirse, sino que también se traduce en el agotamiento, estrés y mortalidad de las aves playeras.

Chorlo nevado ©Vicente Pantoja
Chorlo nevado ©Vicente Pantoja

“En el caso de las aves que se reproducen en las playas, eso afecta sus esfuerzos de reproducción. Eso pasa con el pilpilén común y el chorlo nevado, donde sus huevos o polluelos son devorados por perros o aplastados por vehículos que ingresan a las playas. También pasa que, simplemente, hay espacios que no son ocupados para reproducirse porque hay mucha gente”, señala el director ejecutivo de la ROC.

Por ejemplo, muchas personas que acuden a la zona costera con perros y los sueltan, consideran “gracioso” ver cómo los canes corretean y espantan a las aves que descansan en su playa luego de sus extenuantes viajes. Qué decir de los lustrosos vehículos que surcan la costa, ahuyentando a las playeras, en una acción para nada elogiable que ha sido difundida, incluso, como una romántica escena en la publicidad.

Pollo pilpilen en medio huellas vehiculos – Amigos de las Aves Mejillones
Pollo pilpilén entre huellas de vehículos ©Amigos de las Aves Mejillones

“También hay aves que no se reproducen, pero necesitan estar refugiadas y alimentándose de buena forma para hacer esos viajes de regreso al hemisferio norte. Para hacer estos viajes de 10 mil km o más, tienen unas adaptaciones fisiológicas increíbles, donde básicamente consumen una energía super grande, y tienen que recuperarla, entonces, su cuerpo se adapta drásticamente para estos viajes, y tienen que volver a llenar el estanque, a recuperar energía. Obviamente, si gastan esa energía y fuerzas para escapar de los perros, vehículos o personas, puede que no tengan las mejores condiciones para hacer su viaje de vuelta”.

Dicho de otra forma, afecta notablemente sus chances de supervivencia.

Es así como el conjunto de amenazas ha detonado el declive de poblaciones de aves playeras. Un ejemplo es el caso del playero ártico, que protagoniza el impresionante periplo detallado previamente. En la década de 1980 y 1990 se registraban alrededor de 45.000 individuos en Bahía Lomas. Sin embargo, hoy los monitoreos muestran un rango de variación de la población entre los 9.000 y 15.000 individuos. Esta crítica disminución motivó que la especie esté protegida por las legislaciones en diferentes países como Estados Unidos, Brasil, Chile y Argentina.

Chorlito cordillerano ©Gabriela Contreras
Chorlito cordillerano ©Gabriela Contreras

Por supuesto, las aves que viven “al interior”, no se han salvado. “Ahí hay otro tipo de amenazas, que están relacionadas con los humedales altoandinos que se secan por el uso del agua para la minería, por ejemplo, o puede haber zonas que ahora estén más secas por los efectos del cambio climático. También está el tema de la ganadería que puede estar afectando, por ejemplo, en la reproducción del chorlito cordillerano, que pone sus huevos sobre el pastito, está super expuesto”, agrega Tejeda.

Otro caso es el crítico escenario que enfrenta la becacina pintada (Nycticryphes semicollaris), especie que se encuentra en peligro de extinción. Si bien se indica que habita entre las regiones de Coquimbo y Los Lagos, en humedales interiores y también costeros, sus registros han disminuido ostensiblemente en el último tiempo.

Así ha ocurrido también en la Región Metropolitana por el desarrollo inmobiliario, loteos irregulares en las áreas donde nidifica, la sobreexplotación hídrica sumada a la sequía, y actividades artesanales cuyo manejo podría mejorarse – según señala Tejeda – como la recolección de totora y la ganadería.

Becacina Pintada ©Matias Garrido
Becacina Pintada ©Matías Garrido

“Es una especie que en Chile en las últimas décadas solo se ha visto como en 10 sitios, y la actividad reproductiva habitual está asociada a los humedales interiores de Lampa, en sitios cercanos a la laguna de Batuco, que es Santa Inés y Puente Negro.  Son lugares que están desapareciendo. Si no hacemos algo, en los próximos 10 años ya no van a existir. De hecho, Puente Negro prácticamente ya no existe, y es un lugar donde se ha evidenciado de forma más habitual la reproducción de esa especie en Chile”, advierte el vocero de la ROC, organización que monitorea a la vapuleada becacina.

Frente a este complejo escenario, se requieren muchas más acciones para recuperar y conservar a las diversas aves playeras, como la protección oficial de sus sitios críticos a través de áreas protegidas; el manejo adecuado a escala de hábitats; el incentivo de la participación ciudadana y empoderamiento de las comunidades locales interesadas en conservación; la implementación de buenas prácticas en el desarrollo productivo y de infraestructura; el fortalecimiento y cumplimiento de leyes y regulaciones vigentes; el fomento de la investigación; y la ejecución de medidas de adaptación al cambio climático a escala de hábitats.

Pilpilén prepara el despegue ©Diego Luna Quevedo
Pilpilén prepara el despegue ©Diego Luna Quevedo

Por ello existen distintas iniciativas a lo largo del país, impulsadas por distintas agrupaciones, vecinos e instituciones.

Una de ellas es el Programa Vigilantes Ambientales, el cual convoca a adultos mayores de la Región de Valparaíso “a quienes se les entregan conocimientos científicos y herramientas para desempeñar un rol como guardianes de los humedales y las aves que allí habitan. Partimos en la mitad del estallido social, y -a pesar del Covid-19- le vamos a dar continuidad. Ya estamos trabajando en varias iniciativas para mantenerlo y extenderlo a otras regiones”, cuenta Espoz. El proyecto es desarrollado por la Universidad Santo Tomás, junto a Fundación Cosmos y el Programa de Becarios para Soluciones Costeras, del Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell, en colaboración con la Municipalidad de Santo Domingo.

A esto se suma la reciente puesta en marcha de un proceso participativo para la construcción del “Plan de Acción Nacional de Aves Playeras”, en el marco de la Estrategia Nacional de Conservación de Aves. Luna puntualiza que “este instrumento de planificación generará el marco nacional necesario para guiar esfuerzos de diversos actores y sectores; sean públicos, privados, academia y sociedad civil, para aumentar y fortalecer la capacidad de acción en conservación de las aves playeras, tanto a nivel nacional como local”.

Aves playeras en Bahía Lomas ©Antonio Larrea | Centro Bahía Lomas
©Antonio Larrea | Centro Bahía Lomas

Naturalmente, se requiere de toda la ciudadanía para avanzar hacia una buena coexistencia con las vecinas playeras.

“Se trata de tomar conciencia respecto de la existencia de las aves playeras, de los grandes viajes que realizan, las amenazas que enfrentan, y a partir de eso llevar a cabo acciones de conservación. Debemos aprender a respetar sitios clave de descanso y alimentación de aves playeras. Un par de ejemplos de acciones concretas. No transitar con vehículos o mascotas en las playas y explicar a quienes sí lo hacen el daño que pueden producir, o mantener a las mascotas (perros y gatos) amarradas o dentro de la casa. En otro nivel, sería muy interesante ver a las comunidades organizadas y protegiendo playas en los períodos críticos de la migración”, afirma Espoz.

Bandada en bahía Lomas ©Antonio Larrea | Centro Bahía Lomas
©Antonio Larrea | Centro Bahía Lomas

Tejeda coincide: “Son animales increíbles, ya sea por sus formas, colores y otras características, como aquellas que realizan viajes fabulosos de miles de kilómetros. El hecho de saber que ese pájaro que ves en la playa está ahí luego de haber hecho este tremendo viaje, y pensar en cómo llegó y eligió ese lugar, es un gran paso. Es necesario buscar formas de coexistir con estas aves, compartir la playa, la costa y los humedales. Muchas veces no es tan difícil, hay que definir sus sitios importantes e implementar medidas de manejo para que todos podamos disfrutar de estas áreas, como el slogan share the shore (“comparte la playa”) que tienen en Norteamérica. Si hay una buena labor de educación previa y un diseño conjunto de esas medidas con las comunidades, es más sencillo de lo que parece”.

Bandada en Bahía Lomas ©Antonio Larrea | Centro Bahía Lomas
Bandada en Bahía Lomas ©Antonio Larrea | Centro Bahía Lomas