Si nos preguntáramos qué especie simboliza el cambio climático, es muy probable que todos pensemos en el oso polar (Ursus maritimus). Sin tenerlo en Chile, hemos crecido con este animal: es un mega-mamífero carismático que vive en condiciones extremas, símbolo del polo Norte; un carnívoro potente, astuto y sumamente entretenido de observar por la tele en sus cacerías y crianzas.

Esta especie también carga con el peso de estar viendo cómo año tras año su hábitat se va degradando por el cambio climático, razón que, junto a la cacería, lo ha llevado a alcanzar la categoría de Vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN en su sigla en inglés).

¿Tiene algo de malo que hayamos pensado en el oso polar como el emblema del cambio climático? Por supuesto que no. Al contrario, es sumamente importante contar con estas especies símbolo como objeto unificador de lucha. En cierto modo, el oso polar ha sido el motor de un proceso importantísimo de sensibilización respecto al calentamiento global. Sin embargo, hay algo que también se debe tener presente: en el mejor escenario, el oso polar habita a 8.000 kilómetros de Chile. ¿Es suficiente saber que este mamífero está sufriendo los embates de la peor crisis de estos tiempos?

A unos 400 kilómetros al sur de Santiago, en medio de los bosques, habita un animal que también está sumido en una lucha por sobrevivir. La ranita de Darwin (Rhinoderma darwinii) es una especie sumamente sorprendente, ya que además de su particular morfología, presenta un comportamiento parental único. El padre traga los huevos y los deposita en sus sacos vocales, lugar donde las larvas nacen y completan su metamorfosis. Además, esta rana vive solamente en los bosques templados de Chile y Argentina.

Con toda la distancia que la separa del Ártico, esta especie comparte algo con el oso polar: el calentamiento global podría ser una de las amenazas para su existencia, ya que las sequías parecieran estar afectando las poblaciones que viven más al norte. El panorama para este anfibio se ve un poco menos prometedor que para el oso polar. Debido al cambio climático, a la degradación de su hábitat, y al contagio de enfermedades, sus números han disminuido hasta alcanzar la categoría de En Peligro por el Reglamento de Clasificación de Especies del Ministerio del Medio Ambiente.

Ranita de Darwin ©Pablo Garrido
Ranita de Darwin ©Pablo Garrido

Si existen animales en Chile que tienen un delicado estado de conservación a raíz del cambio climático, ¿Por qué estamos mirando hacia fuera? ¿Puede ser que estemos más familiarizados con lo exótico que con lo nativo?

Un círculo vicioso

El doctor en ecología estadounidense Robert Pyle introdujo en 1993 el concepto llamado La Extinción de la Experiencia. Básicamente, plantea que a medida que crece la urbanización y su población, no sólo se degrada la biodiversidad, sino que también nos vamos aislando más y más del contacto con las especies nativas. A su vez esto disminuye el sentido de pertenencia sobre lo que es un hábitat en común, generando apatía y desconocimiento sobre nuestros ecosistemas, hasta ignorar qué es lo que hay alrededor. Como no se puede proteger lo que no se conoce, eventualmente se sigue deteriorando la biodiversidad y con eso, resulta aún más difícil familiarizarnos con nuestro entorno.

Existen diversos estudios que pueden dar fe de las consecuencias de este ciclo. Algunos, por ejemplo, concluyen acerca de las dificultades que tiene la población en la identificación de flora y fauna local, incluso evidenciando un no menor grado de desconocimiento de las especies que habitan dentro del radio urbano. Ocupando 10 láminas con distintas especies de aves residentes de los parques y plazas de Santiago (7 nativas y 3 exóticas), un estudio consultó a los transeúntes de estas áreas verdes a cuántas podían reconocer. Más del 70% de estas personas no pudo identificar más de 3. Por su parte, de las identificaciones correctas obtenidas, un 66% correspondían a aves exóticas y cosmopolitas, como el gorrión (Passer domesticus) o la paloma (Columba livia).

De uno u otro modo, lo anterior también se relaciona con que la vida moderna urbana es rápida y, como tal, provoca algunos efectos sobre su población adulta: falta de tiempo, cansancio, sedentarismo, etc. Todos, enemigos vitales a la hora de la contemplación. Sin embargo, no son sólo los adultos los que son afectados por este ritmo de vida.

¿Alguien por favor quiere pensar en los niños?

Volvamos al oso polar. ¿Recuerdan la primera vez que supieron de él? ¿Quizás fue el nombre de la mesa grupal del kinder? ¿Quizás fue Taco, el polémico oso polar del Zoológico Metropolitano? ¿Quizás fue el Profesor Rossa? ¿A través de su padre o madre con un libro de animales? Sea como sea que lo hayan conocido, es bastante probable que esto haya sido durante la infancia.

Los libros del Profesor Rossa fueron un gran medio para aprender de naturaleza para muchos niños y niñas de los años 90.
Los libros del Profesor Rossa fueron un gran medio para aprender de naturaleza para muchos niños y niñas de los años 90.

Siguiendo lo que dice Pyle, la urbanización nos aísla y en cierta medida, bajo esas condiciones, nuestro aprendizaje respecto a naturaleza está más bien ligado a las imágenes que vemos y a los textos que leemos, que a un aprendizaje sobre la base de la experiencia. Entonces hagámonos la siguiente pregunta: en nuestros primeros años, ¿Cuáles son las especies que predominan los medios escritos y visuales? Leones, cocodrilos, monos, tigres, víboras, etc. Animales que, dado su alto carisma relativo a otras especies más crípticas, han podido cargar con el título de especies insignes, organismos que se encuentran a la vanguardia en la cruzada de buscar la simpatía política, el altruismo y la atención, pero que también son especies que no habitan en nuestro territorio.

Tener a estos organismos tan a la mano, cubriendo la información que reina en los libros y videos, podría estar dejando rezagada en las sombras a nuestra interesante biodiversidad nacional.

Para hacer más claro esto podemos hablar de otro estudio. En el año 2012 se analizaron más de 1.200 textos infantiles comercializados en Chile cuyos contenidos incluyeran relatos basados en historia natural o bien, dibujos o fotografías de plantas y animales habitando ecosistemas naturales. Del total de libros revisados, el 89% de ellos contenían flora, fauna o ecosistemas exóticos. En ese mismo estudio, también se analizaron las apariciones de esos elementos en los ejemplos presentes en los textos obligatorios de Ciencias Naturales (los recomendados por el Ministerio de Educación) desde kinder a 4º medio. Nuevamente, los componentes exóticos fueron mayoría con una presencia del 65% en los 416 ejemplos hallados.

Casos como el anterior van desvinculando a las niñas y niños con nuestro entorno, y en ese sentido, inspirarlos a conservar un ecosistema del cual nunca han oído, ni visto, ni se han sentido parte, se transforma en un tremendo desafío que requiere no sólo la modificación de los contenidos curriculares, sino también el revivir la motivación a invitarlos a explorar. Y en esa batalla entran todos los actores: biólogos, urbanistas, médicos, profesores, comunicadores, redactores, comerciantes, padres, madres, la ciudadanía, etcétera. Este tipo de colaboraciones puede jugar un gran rol a la hora de aumentar nuestra identidad biocultural.

 Vitrina de souvenirs en San José, Costa Rica, donde se aprecian una serie de animales nativos del país.
 Vitrina de souvenirs en San José, Costa Rica, donde se aprecian una serie de animales nativos del país.

Mirándonos a nosotros mismos

Si bien, lo manifestado en los párrafos anteriores puede sonar como estar caminando una cuesta muy empinada, hay cambios y se pueden ver. Sin ir más lejos, 20 años atrás el porcentaje de especies nativas halladas en los ejemplos de los textos escolares obligatorios era menor al 20%. Hoy están cerca del 35%. Y así, como los textos escolares se están reinventando en pos de la biodiversidad nativa, también lo están haciendo otros sectores, exhibiendo más y más a nuestros rezagados coterráneos. A continuación, algunos ejemplos interesantes.

Televisión: Wild Chile es una serie-documental de naturaleza chilena que fue transmitida por TV Abierta y aún se puede encontrar tanto en la web como en el canal de Youtube de Chilevisión.

Programas Educacionales: La Academia de Formación Ambiental Adriana Hoffmann del Ministerio del Medio Ambiente ofrece cursos online gratuitos y abiertos para ciudadanía en general (incluyendo niños y niñas) respecto a temas como biodiversidad, especies exóticas, etc.

Actividades al Aire Libre: La organización Planificable, además de otras actividades, constantemente organiza salidas a avistar las aves que comparten el territorio en el radio urbano y lo hacen con un enfoque familiar y profesional.

©Planificable
©Planificable

Textos: Autores y autoras han publicado libros con historias, fotografías o ilustraciones inspiradas en nuestra biodiversidad nativa. Támaro (Antonia Lara); Fauna Chilena (Thomas Krammer); el tomo II de de 34 Especies para Conservar (Photosíntesis); Revista Trile (Catherine Dougnac, Paulo Ávalos); Animales Chilenos (Loreto Salinas); Historia Natural de los Animales del Bosque (Andrés Charrier y Javiera Constanzo); esconden entre sus páginas contenidos de naturaleza local de tremenda calidad educativa.

Artículos: Peluches, ropa, juguetes para niñas, niños y bebés, cuadernillos de notas inspirados en nuestra naturaleza se pueden fácilmente encontrar en tiendas como Wudko, Lopa, Garuga o La Pipa Flor. Incluso, en el Taller Siete Colores se puede encontrar Kürruf, un juego de mesa inspirado en el huemul.

Kürruf, Aventura en la Selva Patagónica es un juego de mesa inspirado en nuestro mamífero patrio.
Kürruf, Aventura en la Selva Patagónica es un juego de mesa inspirado en nuestro mamífero patrio.

Ejemplos como estos pueden ser puntuales, pero de algún modo van estructurando la reivindicación que estamos teniendo como pueblo al apropiarnos de nuestra identidad natural. Este es el primer paso para familiarizarnos y proteger nuestro entorno. No me cabe la menor duda que mientras más experiencias veamos como las anteriores, más podremos frenar «La Extinción de la Experiencia».

¿Y tú? ¿Qué otras iniciativas conoces o qué reflexiones crees que puedan ayudarnos a involucrarnos más con nuestra tierra?

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