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La yaca común, uno de los pequeños marsupiales que habitan en Chile

Naturaleza

La yaca común, uno de los pequeños marsupiales que habitan en Chile

¿Conocías o has visto alguna vez una yaca común (Thylamys elegans)? Este es un pequeño marsupial que habita en la zona central de Chile. De hábitos nocturnos y endémica, se reconoce por sus orejas bien desarrolladas, grandes ojos y cola prensil que le permiten ser un excelente trepador en busca de su alimento. Pero también, tiene otras características interesantes. Entre ellas, que entran en restringidos de sopor o que sus crías se adhieren a las mamas de las hembras hasta terminar su desarrollo. Aquí te contamos más detalles la también conocida como marmosa elegante y algunas de sus diferencias con otro conocido marsupial chileno.

Algunos confunden a la yaca (Thylamys elegans) con un roedor, pero no lo es. Se trata de uno de los marsupiales chilenos, que mide entre 18,6 y 27,7 centímetros y cuyo peso promedio en un adulto es de 30 gramos. Este pequeño es difícil de ver, pero habita en áreas de bosques y matorral esclerófilo de la zona central de Chile (en ecosistemas de tipo semiárido y mediterráneo). Es endémica de Chile, es decir, sólo habita en este país.

Yaca 7 Diego Reyes Arellano
Yaca © Diego Reyes Arellano

¿Cómo reconocerla? De acuerdo con información del Ministerio del Medio Ambiente de Chile, la yaca común tiene un pelaje largo y denso, con pigmentos grisáceos u ocres en el dorso y vientre muy claro a color blanco. Además, posee unos ojos grandes con una máscara negra a su alrededor, un hocico aguzado y unas orejas muy desarrolladas. Tampoco se puede dejar de lado en esta descripción su cola prensil y sus extremidades posteriores con pulgar oponible. Se distribuye entre la Región de Coquimbo y la Región del Biobío, y se han descrito tres subespecies de la yaca en territorio nacionalThylamys elegans elegansThylamys elegans coquimbensis, y Thylamys elegans soricina.

Pero, ¿qué más sabemos sobre ella?

Algunas características generales

Se le conoce también como marmosa elegante, llaca o comadrejita chilena común, entre otros nombres. Se alimenta principalmente de artrópodos como insectos, pero también de algunos frutos y semillas. Es una especie de hábitos nocturnos y arbóreos, teniendo un buen olfato, visión y tacto para poder desplazarse y conseguir su alimento.

Yaca Diego Reyes Arellano 2
Yaca © Diego Reyes Arellano

Sobre esto, en un capítulo de la publicación Mamíferos de Chile, de Andrés Muñoz Pedreros y José Yáñez Valenzuela, se explica que privilegian los estímulos de su sentido del olfato por poseer pelos rígidos en el hocico que sirven como un elemento sensorial, y que sus orejas grandes y plegables le otorgan una audición notable. Junto con aquello, su característica cola prensil -es decir, con habilidad para sujetar agarrar o prender- y muy musculosa, junto a sus extremidades posteriores con pulgar oponible, le ayudan a ser muy buenos trepadores. En su cola que no sobrepasa la mitad de su cuerpo, además, guarda energía para sobrevivir, de acuerdo con información del Servicio Agrícola Ganadero (SAG). Además, en la publicación antes mencionada se especifica que “para la captura de presas parecieran jugar un rol los círculos negros perioculares, que atraerían la atención de la presa descuidando la detección de la dirección de asalto”.

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Por otro lado, una característica importante de la yaca es que entra en periodos restringidos de sopor, especialmente cuando la temperatura baja en el invierno. “El sopor no es lo mismo que la hibernación. Es una detención del metabolismo que puede ocurrir todo el año, pero que dura horas y luego las yacas vuelven a salir. Es un ciclo diario, que depende mucho de las condiciones ambientales. Por ejemplo, si hay poco alimento y hace frío, entran en estado de sopor. Pero si tienen suficiente comida y buenas temperaturas, no lo van a hacer”, explica Francisco Bozinovic, biólogo y académico de la Universidad Católica de Chile.

Yaca ©Juan Luis Celis
Yaca ©Juan Luis Celis

Sobre su dinámica social no se sabe mucho. “Hasta lo que se sabe, no son organismos muy sociales o con estructuras sociales muy desarrolladas. Son más bien animales solitarios”, explica Bozinovic.

Reproducción de la yaca

Tal como explicamos hace un tiempo en el artículo “Marsupiales chilenos: conoce a estos pequeños, primitivos y excepcionales mamíferos”, los marsupiales reciben su nombre por la bolsa o marsupio que tienen las hembras en la zona de su vientre, que consiste en un pliegue de piel que recubre las mamas y sirve para el cuidado de las crías. En esa misma ocasión, explicamos que el desarrollo intrauterino de estos animales es incompleto, es decir, que nacen en un estado embrionario poco avanzado por lo que continúan su gestación externamente en el marsupio. Sin embargo, la existencia de la bolsa no es excluyente.

En el caso de las yacas, según explica Bozinovic, las hembras “tienen una bolsa marsupial bien vestigial, no es real como la de los canguros. Entonces, salen las crías que parecen larvas y se pegan a los pezones de la hembra hasta que terminan su desarrollo”.

Yaca ©Paula Diaz Levi
Yaca ©Paula Diaz Levi

En adición a esto, de acuerdo con la publicación antes mencionada de mamíferos de Chile, “la madurez sexual se alcanza probablemente durante el primer año de vida” y pueden “parir dos veces en el periodo reproductivo que se extiende entre diciembre y marzo”. Además, de acuerdo a información del SAG, su periodo de gestación dura entre 12 y 13 días. “Para el cuidado de la prole, la madre elabora un nido de pelos y finos vegetales bajo rocas, nidos abandonados de aves, o entre ramas. El nido es esférico con una entrada pequeña”, dice la publicación de mamíferos de Chile.

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Las diferencias con el monito del monte

¿Cómo diferenciar a la yaca común del monito del monte (Dromiciops gliroides)? Físicamente, la respuesta nos lleva a diferencias fáciles de reconocer. Bozinovic explica que el monito del monte tiene un color más amarillento, siendo la yaca más gris. Además, esta última tiene orejas más grandes, que pueden medir entre 21 y 59 milímetros. Las del monito, en cambio, miden entre 22 y 27 milímetros.

Monito del monte Dieyo Reyes Arellano
Monito del monte ©Diego Reyes Arellano

Por otro lado, el monito es considerado un verdadero “fósil viviente” que, tal como comentamos en el antes mencionado artículo sobre marsupiales, es el único representante vivo de los microbioterios u orden Microbiotheria, un grupo ancestral que dio origen a los marsupiales australianos, lo que lo emparenta más a canguros o koalas que a otros marsupiales americanos (como la yaca). En cambio, la yaca pertenece a los mamíferos americanos, siendo didélfido.

Yaca Diego Reyes Arellano 2
Yaca ©Diego Reyes Arellano.

El monito del monte habita entre la Región del Maule y la de Aysén. Además, habita en bosques templados del sur.  Mientras tanto, la yaca se distribuye entre la de Coquimbo y del Biobío, en ecosistemas semiáridos y mediterráneos.

Finalmente, el monito del monte pasa todo el invierno hibernando a diferencia de la yaca, que pasa por periodos cortos de sopor, como comentamos más arriba.

Conservación

Tanto la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como el Sistema de Clasificación de Especies del Ministerio del Medio Ambiente, catalogan a esta especie como “Preocupación Menor” al no cumplir criterios para ser considerada dentro de las categorías de amenaza y que su “amplia distribución indica que no está próxima a satisfacer los criterios”.

Pero, como otras especies de flora y fauna, según Bozinovic, son vulnerables al cambio global: “esto incluye el cambio de hábitat, enfermedades emergentes, contaminación ambiental y cambio climático. Como todas las especies endémicas efectivamente están sujetas a muchas perturbaciones que modifiquen su hábitat, a las mega sequías y eso afecta a todos, no solo a las yacas, sino a todos los pequeños mamíferos que habitan en ambientes áridos y semiáridos de Chile”.

Así, cuando caminamos por los bosques de la zona central en horarios más nocturnos, si tenemos suerte, es probable escuchar a alguna de estas pequeñas buscando su alimento. Ahí puede que estén, atentas con sus grandes orejas, observando con sus enormes ojos y todos sus sentidos.

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