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La urgencia de salvar a la palma chilena: especie estaría “en peligro crítico” ante múltiples amenazas

Naturaleza

La urgencia de salvar a la palma chilena: especie estaría “en peligro crítico” ante múltiples amenazas

Aunque forma parte innegable de la historia natural y cultural del país, la palma chilena enfrenta un preocupante escenario que motivó, hace un tiempo, que pasara de ser clasificada como “vulnerable” a “en peligro” de extinción. Un estudio analizó la implacable mezcla de amenazas que se ciernen sobre ella, incluyendo la cosecha de sus frutos por parte del humano y el impacto de roedores exóticos en palmas de un parque nacional y santuario de la naturaleza. Todo esto impediría que sus poblaciones fragmentadas y envejecidas se regeneren con éxito. Por ello, los autores de la investigación sugieren que se catalogue a la también denominada kan kan como “en peligro crítico”, para así impulsar la recuperación de esta especie que corona las laderas y cielos de Chile central.  

Ha sido testigo de épocas como el Pleistoceno, es de las palmas más australes del mundo, ha inspirado versos de creadoras como Gabriela Mistral, y ha sido conocida como kan kan por antiguos pueblos que recurrían a ella para nutritivos fines. Nos referimos a la palma chilena (Jubaea chilensis), un emblema indiscutido de la zona central de Chile, donde vive en compañía de cactus e íconos esclerófilos, como el quillay, el litre y el espino.

Jubaea chilensis en Parque Nacional La Campana ©Sebastián Cordero Reyes
Parque Nacional La Campana ©Sebastián Cordero Reyes

Pese a su larga trayectoria en estas tierras, su situación actual está lejos de ser auspiciosa. Esta especie endémica – exclusiva – de Chile enfrenta una implacable mezcla de amenazas, como la pérdida de hábitat, la extracción desmedida de sus coquitos (frutos) y los incendios forestales, lo que motivó hace un tiempo que fuera reclasificada, pasando del estado “vulnerable” a “en peligro”.

Sin embargo, una investigación publicada recientemente en Frontiers in Ecology and Evolution constató cómo la combinación de estresores – incluyendo el impacto de roedores exóticos – ha derivado en poblaciones de palmas envejecidas y perturbadas, lo que ha puesto en jaque su regeneración. Por este motivo, los autores del trabajo – los académicos Sebastián Cordero, Francisca Gálvez y Francisco Fontúrbel – sugieren reclasificar su estado de conservación como “en peligro crítico”, con el fin de recuperar a esta especie que podría extinguirse en las próximas décadas si todo sigue igual.

“Lo que nosotros encontramos de nuevo, y que nos lleva a proponer que esta especie debería volver a subir de categoría de conservación, es el hecho de que identificamos un nuevo factor que está causando problemas, que son los roedores exóticos. Las ratas están depredando las semillas y, por ende, están evitando que haya semillas disponibles para que puedan generarse nuevas plantas, y con ello, que se regeneren las poblaciones naturales. Lo que identificamos como más problemático es precisamente eso”, advierte Sebastián Cordero, autor principal del estudio y docente de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV).

Palma chilena (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana ©Sebastián Cordero Reyes
Palma chilena en Parque Nacional La Campana ©Sebastián Cordero Reyes

Para llegar a esas conclusiones, los investigadores evaluaron el destino de las semillas de palma midiendo las tasas de depredación y dispersión en dos sitios icónicos de la Región de Valparaíso: el Palmar de Ocoa, ubicado dentro del Parque Nacional La Campana; y el Santuario de la Naturaleza Palmar El Salto. Además, recurrieron a informes previos sobre la cosecha de semillas y del consumo de las plántulas (plantas muy jóvenes) por parte de herbívoros exóticos, con el fin de describir todo el proceso que afecta a las palmas a lo largo de su vida.

De esa manera, verificaron el desolador panorama que aqueja a Jubaea chilensis. De partida, la cosecha de los frutos por parte del humano reduce la disponibilidad de semillas en al menos 23 toneladas por temporada. Aunque algunas de ellas lograron evadir este primer obstáculo, luego son depredadas por roedores nativos (originarios del ecosistema) y en gran medida por la rata negra exótica (Rattus rattus). El impacto de esta última especie foránea es tal, que el 100% de las semillas en El Salto fueron devoradas, lo que incluso truncó los análisis posteriores, ya que el equipo se quedó sin coquitos para monitorear. Pero eso no es todo, ya que las plántulas corrieron similar suerte, con el 70% de ellas consumidas por herbívoros exóticos, en especial conejos.

Rata negra (Rattus rattus), referencial. H. Zell reframed by Michelet-密是力 / Wikimedia Commons
Rata negra (Rattus rattus), referencial. H. Zell reframed by Michelet-密是力 / Wikimedia Commons

De esa manera, lo anterior se suma a la pérdida de hábitat, los incendios forestales, la sequía y crisis climática, entre otros flagelos, como bien destaca Francisco Fontúrbel, profesor asociado de la PUCV: “Lo más novedoso que hace este trabajo es integrar muchos elementos, porque son múltiples factores que empeoran la cosas, que actúan en sinergia”.

Palmar de Ocoa ©Francisco Fontúrbel
Palmar de Ocoa ©Francisco Fontúrbel

Una cadena de infortunios

Si viajáramos al pasado, la cenicienta y coronada estampa del kan kan abundaría en Chile central. Dicen algunos que su población estuvo conformada por 5 millones de palmas en el año 1550, pero los excesos humanos habrían generado un vuelco en su historia, sobre todo por la sobreexplotación para consumir sus afamados coquitos y generosa miel; la deforestación para cultivos como el trigo a mediados del siglo XX; y la creciente expansión urbana, agrícola y forestal que continúa hasta nuestros días.

Así se ha gestado la estrepitosa caída de la palma chilena, la cual – lejos de haberse detenido- tiene hoy a esta especie con escuálidas poblaciones que, según algunas fuentes, rondarían los 120.000 ejemplares.

De hecho, algunos autores sugieren que el tamaño de la población de la palma chilena se redujo en un 50% en los últimos 300 años (correspondiente a tres generaciones), e incluso que el número de individuos ha disminuido en un 98% en 500 años. Por ello, aunque se diga que esta especie vive entre las regiones de Coquimbo y Maule, muchas poblaciones han desaparecido.

Actualmente, los relictos más significativos se encuentran en el Parque Nacional La Campana (Palmar de Ocoa), donde viven más de 70 mil individuos según un último censo; y en Cocalán, donde se emplaza el Parque Nacional Las Palmas de Cocalán, que refugia a cerca de 35.500 individuos, a lo que se suman terrenos privados de la Región de O’Higgins.

Jubaeae chilensis en Parque Nacional La Campana, Ocoa ©Sebastián Cordero Reyes
Parque Nacional La Campana, Ocoa ©Sebastián Cordero Reyes

Para entender cuáles son los factores que obstaculizan la persistencia de la palma chilena, es necesario mirar sus frutos o coquitos. Desde ahí comienzan los problemas para esta especie relicta.

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A partir de información oficial obtenida de Ocoa, de los 311.430.000 frutos que se producen al año, los humanos sacarían alrededor de 3.002.611, o sea, 23 toneladas cada año. Lo anterior podría sonar marginal, pero la extracción ilegal es una realidad que – como es de esperarse – no es reportada y afectaría incluso al Parque Nacional La Campana. Mientras tanto, no se tienen registros oficiales de otros lugares, como es el caso del palmar en El Salto.

Palma chilena (Jubaea chilensis) en Santuario de la Naturaleza Palmar El Salto ©Sebastián Cordero Reyes
Palma chilena (Jubaea chilensis) en Santuario de la Naturaleza Palmar El Salto ©Sebastián Cordero Reyes

“Antes de que las semillas logren llegar al suelo para lograr establecerse y germinar, tenemos la depredación por seres humanos. Puede no ser tan importante, según lo que indican los números en los valores oficiales que tenemos de extracción, en cuanto a volúmenes, pero en realidad ese valor está super subestimado”, detalla Cordero.

El investigador relata que cuando instalaban y chequeaban las cámaras trampa en el Santuario de la Naturaleza Palmar El Salto, veían las ramas cortadas y la ausencia de frutos, que eran arrebatados inclusive cuando estaban inmaduros. “Es un lugar donde no hay guardaparques ni ningún tipo de cuidado, ahí probablemente el porcentaje de extracción de frutos debe estar muy cercano a un 80% o 90%. Son muy pocos frutos los que quedan y, por tanto, no hay semilla para que logren germinar nuevas plantas”, agrega.

En cuanto a las semillas que llegan a los suelos, pueden demorar más de un año en germinar. Es durante ese periodo cuando son cotizados por otros comensales: los roedores exóticos como la rata negra y nativos como el degú común (Octodon degus) y el degú costino (Octodon lunatus).

La rata negra, degu costino y degu común, las tres especies de roedores retratadas por las cámaras que consumen semillas de palma chilena ©Sebastián Cordero
La rata negra, degu costino y degu común, tres especies de roedores que consumen semillas de palma chilena ©Sebastián Cordero

Por un lado, tanto la exótica rata negra como los degús se comportan como depredadores de semillas. La única diferencia la marca el degú común, quien cumple una doble función, pues también actúa como dispersor de la palma. Al tomar sus semillas, las guarda en sus madrigueras para alimentarse de ellas posteriormente. Sin embargo, en ocasiones los coquitos son abandonados u olvidados por estos pequeños mamíferos, pudiendo germinar después si existen las condiciones idóneas en su entorno.

Degú costino (Octodon lunatus) ©Paula Díaz Levi
El degú costino (nativo) se alimenta de semillas de palma ©Paula Díaz Levi

Cordero precisa que “sabíamos que esas semillas se estaban utilizando como alimento y se iban a depredar. Lo que nos sorprendió es que el degú depreda significativamente más semillas de las que realmente dispersa, o sea, es más depredador que dispersor. Sin embargo, sigue siendo el único dispersor”.

En otras palabras, este roedor endémico no sería un propagador tan eficaz de la palma. Por ello se cree que eran las bestias de la megafauna extinta las que cumplían esa encomiable labor. En ese sentido, el estudio de los académicos de la PUCV mostró que solo el 8,7% de las semillas habrían sido propagadas por este micromamífero.

Degú común (Octodon degus). Markus / Wikimedia Commons
Degú común (Octodon degus), depredador y dispersor de semillas. Markus / Wikimedia Commons

Fontúrbel agrega que “el problema que tiene la palma es que habría perdido a su dispersor original, que no sabemos a ciencia cierta qué era. Entonces, el degú es un dispersor secundario. Ellos no van a esparcir la semilla, van a consumirla y hacen este scatter hording, guardan y después se olvidan de las semillas. Hay muchos pequeños mamíferos que hacen lo mismo, como las ardillas. Por eso el porcentaje de dispersión efectiva es tan bajo, porque en realidad lo que germina es lo que se olvida. Y por eso mismo la distancia de dispersión es menor”.

Por lo mismo, se especula que podrían existir altos niveles de endogamia en las poblaciones de palma chilena.

Pero ¿qué pasa si la semilla logra sortear la depredación humana y roedora, transformándose en una flamante plántula?

Ahí entran en escena herbívoros exóticos como los conejos y el ganado que consumen con celeridad los brotes de esta especie longeva y de lento crecimiento. Recordemos que, según estimaciones, la plántula de Jubaea chilensis tarda entre 3 y 5 años en pasar a estado infantil, el cual puede durar hasta los 30 años, cuando la palma se convierte en juvenil. Distintos autores señalan que las palmas chilenas recién empiezan a ser reproductivas cuando tienen 35 años, mientras otros señalan que sería entre los 50 y 75 años.

Independiente de la cifra exacta, lo que ocurra durante ese periodo es crítico para forjar el destino de esta especie.

Palmar de Ocoa ©Francisco Fontúrbel
©Francisco Fontúrbel

Como bien detalla el estudio que motiva esta nota, el 70% de las plántulas se perdió al ser consumidas por herbívoros exóticos, en especial conejos, lo que deriva en una tasa de éxito de un 1,81%. No se pudo realizar un análisis similar para el Palmar El Salto, ya que no encontraron regeneración en el sitio estudiado. Las ratas exóticas engulleron todas las semillas con anterioridad.

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“Al final, si tenemos por ejemplo 100 semillas disponibles, un porcentaje muy pequeño va a lograr convertirse en una plántula, y de eso un porcentaje mucho menor va a llegar a convertirse en un ejemplar adulto. Ese es el gran problema en el fondo, por el cual no vemos regeneración de palma chilena. Básicamente, hay muchos estresores que lo impiden”, alerta Cordero.

Palmas chilenas en La Campana, Ocoa ©Sebastián Cordero Reyes
Palmas chilenas en La Campana, Ocoa ©Sebastián Cordero Reyes

Esfuerzos titánicos para una apremiante recuperación

Todo indicaría que las poblaciones de palma chilena no se están regenerando, lo que trunca severamente sus chances de sobrevivir en el largo plazo. Tal como lo confirma este estudio, esta especie ni siquiera estaría a salvo en áreas protegidas como parques nacionales y santuarios de la naturaleza.

Por ello es fundamental abordar las diversas presiones y amenazas para impulsar su recuperación. Al respecto, Cordero se sincera: “Yo lo veo muy complejo, muy muy complejo, pero no es imposible. Se podría revertir la situación, pero requeriría muchos esfuerzos y recursos”.

Palmar de Ocoa ©Francisco Fontúrbel
Palmar de Ocoa ©Francisco Fontúrbel

Los investigadores proponen una serie de medidas iniciales, partiendo por una mayor protección de su hábitat. Para ello es crucial restaurar no solo los palmares per se, sino también al bosque y matorral esclerófilo, ya que esta vegetación es clave al resguardar a la palma chilena en sus primeros años de vida.

Esto cobra especial relevancia si consideramos que la expansión de asentamientos humanos no solo implica la pérdida y fragmentación de hábitats, sino también una mayor presencia de animales domésticos y exóticos, como el ganado y las ratas. Estas últimas se han adaptado con éxito a ambientes perturbados y antrópicos, lo que explica por qué en el palmar de El Salto – cercano a población humana – solo se registraron ratas negras, a diferencia de Ocoa – al interior del parque nacional – donde se encontraron ratas y a las dos especies de degús antes mencionadas.

Además, la perturbación humana también afecta la disponibilidad de bienes comunes como el agua, e implica un mayor riesgo de incendios forestales. Fontúrbel puntualiza que la ola de siniestros que ha azotado a la Región de Valparaíso “responde mucho a una presión inmobiliaria. Se quema bosque nativo o plantaciones de pino y eucalipto, con el fin de habilitar esos terrenos para construir, entonces, muchas veces la quema se les sale de control y se agarran palmares. Adiós a todas esas plántulas chiquitas, que uno las ve pequeñas, pero que representan 5 o 6 años de esfuerzo. Eso con el fuego se destruye en minutos. Incluso las palmas adultas sufren con el fuego, porque no están adaptadas”.

Incendio Palmar El Salto 2012 ©Patricio Novoa
Incendio Palmar El Salto 2012 ©Patricio Novoa

Por ello, Fontúrbel añade que “subir la categoría de conservación ayudaría, ya que con eso tú puedes impulsar un mejor control, penalizar la extracción de frutos y la quema de palmares”.

Por otro lado, si de evitar el consumo de las plántulas se trata, existen alternativas como las mallas de exclusión para impedir la acción de herbívoros exóticos como conejos y vacas.

Paralelo a ello, los investigadores apuntan a más planes de reforestación que incluyan un seguimiento constante y que utilicen, por ejemplo, palmas que tengan por lo menos 4 años de vida, para que sean menos susceptibles a la herbivoría.

Y en cuanto a la extracción de los coquitos, los investigadores apuestan por regular esta actividad y fomentar medidas como la certificación, que indique no solo la legalidad de la producción y venta, sino también la existencia de un plan de manejo (como se estaría realizando en lugares de Cocalán), cuotas y otras prácticas que incluyan, por ejemplo, replantar individuos.

El problema estaría, entonces, en el comercio informal y de origen desconocido.

©Mar del Sur/Wikimedia
©Mar del Sur/Wikimedia

Cordero reconoce que, “al ser una especie nativa que tiene usos alimentarios que datan de periodos prehispánicos, uno no puede esperar que la gente no haga uso de un recurso alimentario que existe, sobre todo si hay una tradición tan arraigada. El tema es cómo se hace. Por eso es distinto poner una palma en tu patio y que tus nietos puedan comer de esos frutitos que caen de la palma después de 60 o 70 años, que ir a los palmares dentro de áreas protegidas, depredar todo lo que se pueda y venderlo en la calle. Es muy diferente”.

En definitiva, Cordero concluye que “las acciones como sociedad civil consisten, primero, en no comprar los coquitos en los mercados locales y, segundo, en propagar la palma chilena”.

Palmar de Ocoa ©Francisco Fontúrbel
Palmar de Ocoa ©Francisco Fontúrbel

“Es una tarea super sencilla. Quizás se demoren un tiempo en ver los resultados, pero es super gratificante plantar palmas chilenas, ya sea en la entrada de nuestras casas, en plazas o en parques públicos, para que en el día de mañana alimenten a las futuras generaciones”, sentencia.