Las malezas han sido definidas durante mucho tiempo como “plantas no deseadas”, por millones de razones, muchas de éstas relacionadas a los cultivos o procesos que tienen estrecha relación con una actividad realizada por nosotros, los humanos (obvio).

Ya sea porque interfieren en el crecimiento de otras plantas, quitándole los suministros básicos, y siendo albergue para numerosas plagas e insectos, sumándole a esto su rápido crecimiento y esparcimiento, o por ser de los seres vivos menos queridos para nosotros, los que trabajamos con la tierra. Los hay de todos los tamaños y tipos, y es desconsolador ver cómo todo lo ocupan, trepándose y liquidando sectores completos, volando a través de semillas, o a través de verdaderas redes que avanzan veloces, como si fueran el metro de Japón.

En la mayoría de los cultivos las malezas obstaculizan el crecimiento de lo que plantamos, es por esto que se sacan. A nivel industrial se usan millones de herbicidas absolutamente malignos para controlarlas y también se utiliza el método de labranza, que significa “labrar” la tierra, quitando y removiendo lo que dificulte este proceso a través del arado, animales o maquinarias, resultando muy invasivo para el medio ambiente.

Aunque existen métodos más “amigables” para lograr este objetivo, sólo por nombrar un ejemplo, en la Agricultura de Conservación, un sistema de producción agrícola sostenible, se busca causar el menor daño posible al suelo a través de diferentes técnicas como la siembra directa, labranza de conservación o labranza cero, protegiendo así su biodiversidad, aumentando la materia orgánica,  ayudando a mantener el agua y aportando nutrientes al suelo, entre miles de otros beneficios asociados a la conservación de éste (el suelo).

En el vivero (mi trabajo) lo hacemos así:  se saca lo menos posible y lo que se saca se deja, el resto de las flores perennes moribundas, el pasto, las hojas, las malezas arrancadas, todo lo que sirva de manto, se deja tal cual o muchas veces, las cantidades son tantas, que usamos la chipeadora creando una turba más ligera. Todo esto es usado para cubrir la tierra como un manto, lo que tiene millones de beneficios. Por nombrar sólo algunos: mantiene la humedad, incrementa la materia orgánica al pudrirse y a su vez impide que pasen los rayos de sol directamente.

Este manto finalmente dificulta que las malezas crezcan, y cuando empiezan a asomarse es más fácil detectarlas para arrancarlas manualmente. Son tantos que si los describiera todos tendría que escribir un artículo especial para ello, pero por ahora me quiero enfocar en las malezas, en estas llamadas muchas veces “malditas” malezas, que salen y salen ahogando las siembras y tierras, desesperanzando al agricultor. Sin embargo, como todo es correspondiente en esta vida, por algo existen las malezas. No es necesario que gobiernen todo, pero sí necesario tenerlas, por millones de razones. Yo trataré de explicar algunas, que me parecen importantes que se traspasen y conozcan. Lo importante es mantenerlas de alguna manera, aunque suene irónico a mi introducción.

Existen muchas malezas honorables, con diferentes capacidades y gracias para nosotros. Algunas son floridas, otras chatas y secanas, altas y flacas, débiles y fuertes; en el mundo existen millones de tipos que se forman como ejércitos colorinches en las laderas desérticas, bajando al lado de húmedos ríos,  trepando roqueríos, invadiendo huertos y muros, extendiéndose voraces frente a nuestros propios ojos como una fuente inagotable, una farmacia gratuita, con la cual podemos curarnos, alimentarnos y ayudarnos día a día. Como dice mi padre “hay que conservarlas, ellas estaban antes que nosotros, ¿algo tienen que tener o no?”.

Aquí, les presentaré unas cuantas, para que las conozcan y luego puedan reconocerlas, recolectarlas, admirarlas y finalmente protegerlas.

Trébol rojo (Trifolium pratense)

©Andrea Riquelme
©Andrea Riquelme

Conocida también como trébol violeta, es una planta perenne con flores que asoman como cabezuelas rojas entre las praderas. Fuente de muchos nutrientes valiosos como el calcio, cromo, magnesio, niacina, fósforo, potasio, tiamina y Vitamina C.

Sus flores son abundantes en isoflavonas, antiespasmódico, purificador de la sangre, eliminador de toxinas, fitoestrogénico, anticancerígeno, limpia las vías respiratorias, cura problemas asociados a la piel e incluso son usadas para teñir lanas. Yo las recolecto en primavera-verano y las dejo secar, luego las tomo como infusiones (también se pueden tomar frescas). Es una hierba segura, combina bien con la equinácea,  el tomillo, la caléndula y la romaza.

Dosis de 5 a 15  al día, máximo 100 g a la semana, no tomar durante el embarazo o la lactancia. 


Llantén (Plantago menor)

©Andrea Riquelme
©Andrea Riquelme

Existe en dos versiones, Llantén mayor o menor (Plantago lanceolata). También conocida como la siete venas, hierba comestible y que crece con preferencia de lugares húmedos, es anticancerígena,  analgésica, antiinflamatoria, antihemorrágica, ayuda a las vías respiratorias, oídos, sinusitis, anticarratal y antiviral.

Se usa para aliviar la acidez, úlceras y diarreas, regenera en general todas las mucosas del cuerpo, también es un potente regenerador de la piel y heridas; es una planta segura. Se usa la planta entera, las hojas se pueden usar frescas y secas y en dosis de 3 a 8 g al día, máximo 50 g a la semana. Combina bien con la flor del Saúco.

Cuando chica recogía muchas de estas hojas para alimentar a los conejos, eran por lejos su hierba preferida.


Diente de león (Taraxacum officinale)

©Andrea Riquelme
©Andrea Riquelme

Esta maleza es muy versátil, se puede comer su hoja cruda como un vegetal muy nutritivo, como infusión desintoxicante para el hígado y riñones, y su raíz como gran purificador para diferentes tipos de infecciones.

Aparte de ser diurético y un laxante suave, las hojas estimulan la eliminación de líquidos y pérdida de peso y se suele tomar para disminuir la presión sanguínea gracias a su alto contenido de potasio. Dosis de 5 a 15 g al día, máximo 100 g a la semana, combina bien con la bardana (Arctium lappa).

Rhonda Janke, doctora en Agronomía de la Universidad de Kansas, Estados Unidos, investigó datos de la Secretaría de Agricultura de ese país (USDA), que revelan que el diente de león contiene más hierro que la espinaca, el doble de vitamina C que la lechuga y más calcio que la leche. 


Borraja (Borago officinalis)

©Andrea Riquelme
©Andrea Riquelme

Cultivada en todo el mundo principalmente por el uso de sus semillas, ya que contienen un aceite alto en ácidos grasos omega 6, la borraja en nuestro país crece de forma silvestre, decorando lugares ya que tiene flores comestibles azul violetas muy lindas. Posee una importante capacidad desinflamatoria de tejidos, antioxidante y emoliente. Se puede hacer una infusión con sus flores para calmar la fiebre, ansiedad o depresión.

Y tiene muchas virtudes místicas, como que aumenta el poder espiritual, el coraje y mantiene a las energías negativas alejadas. También se pueden comer sus hojas crudas, elegir las más nuevas ya que contienen menos pelos ásperos y pinchudos.

Ya que generalmente se vende en cápsulas, es conveniente tomar la dosis señalada por el fabricante.


Ortiga (Urtica dioica L.)

©Andrea Riquelme
©Andrea Riquelme

La ortiga es un clásico. Nunca olvidaré que en el matrimonio de mi hermana mayor me senté sin querer arriba de una ortiga. Cualquiera que se haya topado con una de ellas sabe del ardor y picazón extremos que produce,  lo que nos provoca una lejanía inmediata, sin embargo la ortiga tiene muchísimas propiedades: es alimento y medicina, contiene una alta concentración de clorofila y hierro, es antialérgica, antiinflamatoria, purificadora de la sangre, diurética, y sobre todo potente calmante para problemas artríticos y reumáticos.  Ayuda a prevenir la anemia, problemas a la próstata, reduce los sangramientos y el asma.

Se usan las hojas, tallos y raíces y no se puede tomar durante el embarazo. La dosis recomendada es de 5 a 15 g al día, máximo 100 g a la semana.

Combina bien con la Caléndula y Equinacea.

Bibliografía

1 Comentario

1 Comentario

  1. Cristina

    Muy buen artículo. Muchas gracias.

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