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Conoce aquí a los ganadores de los “Premios Naturaleza Ladera Sur 2026”: personas que han dedicado sus vidas a proteger la naturaleza
Desde la investigación científica y el activismo ambiental hasta la educación agroecológica y el periodismo, sus trayectorias comparten un compromiso con la protección de la naturaleza. Este año, los Premios Naturaleza Ladera Sur reconocen a Antonio Lara, Juan Pablo Orrego y Mary Anne Müller, junto con homenajes póstumos a Juan Andrés Silva y Patricio Segura. A través de sus historias, repasamos los aportes de tres personas que han contribuido a la conservación de los ecosistemas, la defensa de los territorios y la construcción de una relación más respetuosa con el entorno.
¡Tenemos una gran noticia! En Ladera Sur entregamos una nueva edición del “Premio Naturaleza Ladera Sur”, reconocimiento anual que distingue a personas cuyas trayectorias han contribuido al cuidado, la conservación y la promoción de la naturaleza, inspirando a nuevas generaciones a involucrarse en su protección.
La primera versión de esta premiación se realizó en 2022, cuando fueron reconocidos el filósofo, musicólogo y esteta Gastón Soublette; el maestro, montañista y educador ambiental Rod Walker; y la destacada botánica Adriana Hoffmann, quien recibió un premio póstumo. En 2023, el galardón recayó en el ilustrador Andrés Jullian, la activista medioambiental Sara Larraín y el ornitólogo Jürgen Rottmann. Luego, en 2024, fueron distinguidos el investigador de mamíferos marinos Anelio Aguayo, la conservacionista Kristine Tompkins y la astrónoma María Teresa Ruiz.
En su cuarta edición, en 2025, el premio reconoció a la oceanógrafa y exploradora Sylvia Earle, la fundadora del Vivero Pumahuida Mónica Musalem y el activista ambiental Peter Kennedy. Además, se entregaron reconocimientos póstumos al herpetólogo y fotógrafo Andrés Charrier y al divulgador científico Rodrigo Moren, fundador de Libro Verde.
Este 2026, el Premio Naturaleza Ladera Sur distingue a Antonio Lara, Juan Pablo Orrego y Mary Anne Müller, cuyas trayectorias han dejado una huella en la investigación científica, el activismo ambiental, la educación y la conservación de los ecosistemas del país.
Asimismo, de manera paralela e independiente del reconocimiento anterior, se entregan también dos premios póstumos. Una distinción especial que busca honrar la memoria y el legado de integrantes de nuestra comunidad que dedicaron su vida a proteger la naturaleza, pero cuya trayectoria se vio interrumpida antes de tiempo. Este año, los homenajes son para el sociólogo y socioecólogo Juan Andrés Silva y el periodista y activista medioambiental Patricio Segura.
A continuación, te contamos más sobre sus historias y los aportes que los han convertido en referentes de la defensa de la naturaleza en Chile.




PREMIO NATURALEZA LADERA SUR 2026
Antonio Lara, ingeniero forestal e investigador de los bosques nativos
Antonio Lara es ingeniero forestal, doctor en Geografía y profesor emérito de la Universidad Austral de Chile. Su interés por la naturaleza comenzó durante su infancia, cuando sus padres lo acercaron a los paisajes y ambientes naturales del país. Sin embargo, una experiencia a los 14 años marcaría su futuro: su padre le mostró documentos de la Conferencia de Estocolmo de 1972, la primera gran reunión internacional dedicada a los problemas ambientales. “Ahí supe que quería estudiar ecología”, recordó en una entrevista para Ladera Sur. Como entonces no existía esa carrera en Chile, encontró en la Ingeniería Forestal una forma de acercarse al estudio y la protección de los ecosistemas.
En 1974 ingresó a Ingeniería Forestal en la Universidad de Chile. Durante sus años universitarios, en plena dictadura militar, formó parte de un grupo de estudiantes cercanos al ecólogo y conservacionista Claudio Donoso, conocidos como los “tatines”, que promovían una visión distinta de los bosques y los recursos naturales. Aquella experiencia también fue una escuela de activismo: aprender a defender sus argumentos con conocimiento y paciencia, incluso desde una posición minoritaria, y comprender que la conservación requiere reunir voluntades para avanzar.
A fines de los años 70 participó en la oposición al proyecto Astillas de Chiloé, que buscaba reemplazar una importante superficie de bosque nativo para habilitar terrenos ganaderos. Durante la década siguiente se integró al Comité Nacional Pro Defensa de la Flora y Fauna (CODEFF), donde investigó la sustitución de bosque nativo por plantaciones de Pinus radiata entre las regiones del Maule y Biobío, en un contexto marcado por la expansión de las plantaciones forestales. Una de esas investigaciones, financiada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), documentó la destrucción del bosque nativo en el Biobío y dio origen a un reportaje publicado en 1983 bajo el título “Así se burla la ley”. El trabajo tuvo importantes repercusiones y terminó generando sanciones y despidos para algunas de las personas involucradas.

Uno de los ejes centrales de su trayectoria ha sido la protección del alerce (Fitzroya cupressoides). Tras conocer sus bosques en la costa de Osorno y recorrer sectores como Contao, donde pudo observar la intensidad de su explotación, Lara orientó parte de su trabajo a comprender y defender esta especie. En 1985, sus investigaciones junto a CODEFF contribuyeron a que Chile consiguiera prohibir su comercio internacional mediante la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).
Ese mismo año comenzó su doctorado en la Universidad de Colorado en Boulder, donde estudió la dinámica de los bosques de alerce y su relación con perturbaciones naturales como incendios y erupciones volcánicas. Posteriormente, realizó un posdoctorado en la Universidad de Arizona, especializándose en dendrocronología, disciplina que permite reconstruir la historia ambiental a partir de los anillos de crecimiento de los árboles. En 1993, junto al investigador argentino Ricardo Villalba, publicó un estudio que demostró que el alerce podía superar los 3.600 años de edad, convirtiéndose entonces en una de las especies arbóreas más longevas conocidas.



En 1992 fundó el Laboratorio de Dendrocronología y Cambio Climático de la Universidad Austral de Chile, uno de los primeros centros dedicados a esta disciplina en Latinoamérica. Desde allí, junto a estudiantes e investigadores, ha contribuido a utilizar los árboles como archivos naturales para estudiar el clima, las sequías, los incendios y otros procesos ambientales ocurridos durante miles de años. Su equipo también desarrolló métodos para fechar cortas ilegales de alerce mediante las alteraciones registradas en sus anillos de crecimiento, generando evidencia útil para denuncias y procesos de protección de la especie.
Su trabajo se ha extendido a los bosques nativos, el cambio climático y la relación entre los ecosistemas terrestres y los sistemas acuáticos. También participó en la creación de FORECOS, iniciativa dedicada a estudiar los servicios ecosistémicos de los bosques y su relación con el agua, y ha contribuido a generar evidencia para políticas públicas, entre ellas la Ley de Bosque Nativo, promulgada en 2008.
Fundador de la Corporación Alerce e integrante del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2 desde 2013, Lara continúa participando en discusiones sobre conservación y protección de la biodiversidad. Su trayectoria reúne investigación científica, defensa de los bosques nativos e incidencia en políticas públicas, demostrando cómo el conocimiento puede convertirse en una herramienta concreta para proteger el patrimonio natural.

Juan Pablo Orrego, ecólogo y activista por la defensa de los ríos y los territorios
Juan Pablo Orrego es ecólogo, músico y reconocido activista medioambiental. Su trayectoria ha estado marcada por la defensa de los ecosistemas, la justicia socioambiental y las comunidades que habitan territorios amenazados por grandes proyectos de infraestructura. Actualmente, se desempeña como presidente de la ONG Ecosistemas y ha dedicado buena parte de su vida a promover una relación más respetuosa entre las personas y la naturaleza.
Orrego cuenta con un magíster en Estudios del Medio Ambiente, con mención en ecología y antropología, de la Universidad de York, en Canadá. Fue uno de los fundadores y coordinadores del Grupo de Acción por el Biobío, organización que impulsó una campaña en defensa del río Biobío y de las comunidades pehuenches frente a los impactos ambientales y sociales asociados a proyectos hidroeléctricos como Pangue y Ralco.
Su trabajo en esta campaña le valió importantes reconocimientos internacionales: en 1997 recibió el Premio Ambiental Goldman y, en 1998, el Premio al Sustento Bien Ganado, conocido como el “Premio Nobel Alternativo”. Ambos galardones destacaron su contribución a la defensa del medioambiente y de las comunidades afectadas por proyectos de desarrollo.


A lo largo de su trayectoria también ha participado en campañas como No Alumysa, en 2003, y Patagonia Sin Represas, movimiento ciudadano que se opuso a la construcción de grandes centrales hidroeléctricas en la Patagonia chilena. Desde estos espacios ha cuestionado los impactos de las intervenciones que alteran los cursos de agua y los ecosistemas, así como la falta de participación de las comunidades en las decisiones que afectan sus territorios.
Otra de sus principales preocupaciones ha sido la cuenca del río Maipo y el proyecto hidroeléctrico Alto Maipo. Desde su experiencia como habitante del Cajón del Maipo, ha advertido sobre la degradación de los ecosistemas y la importancia de proteger las fuentes de agua que abastecen a millones de personas. Su mirada pone énfasis en comprender los ríos como parte de sistemas más amplios: las cuencas hidrográficas, cuya integridad ambiental resulta fundamental para la salud de los ecosistemas terrestres y marinos.


Para Orrego, la conservación también requiere una transformación cultural. Ha insistido en la necesidad de fortalecer la educación ambiental y comprender que la vida se sostiene en una trama de interdependencias entre las especies y su entorno. Desde esta perspectiva, la defensa de la naturaleza no se limita a detener proyectos que amenazan los ecosistemas, sino que también implica promover una comprensión más profunda de nuestro lugar en ellos.
A través de su trabajo en organizaciones ambientales, sus publicaciones y su participación en debates públicos, Juan Pablo Orrego se ha convertido en una de las voces reconocidas del activismo socioambiental en Chile, impulsando la defensa de los ríos libres, el agua y los territorios, y promoviendo una visión integral de la conservación.


Mary Anne Müller, fundadora de la Fundación Origen y pionera de la educación agroecológica
Mary Anne Müller ha dedicado más de tres décadas a impulsar iniciativas de educación agroecológica y sustentabilidad en Chile. Aunque es reconocida por haber obtenido el título de Miss Chile en 1978, su trayectoria ha estado marcada principalmente por el desarrollo de modelos educativos que integran el aprendizaje, el trabajo con la tierra y la formación personal de jóvenes.
Actualmente, Müller dirige la Fundación Origen y ejerce como jefa ejecutiva de la Escuela Agroecológica de Pirque (ambas fundadas por ella en 1991), donde cerca de 400 alumnos aprenden y trabajan la tierra. Su propuesta educativa pone énfasis en la integración social, la confianza en sí mismos y el trabajo interior, entendiendo la formación como una herramienta para ampliar las oportunidades y fortalecer la relación de las personas con la naturaleza.


Esta visión también se ha materializado en iniciativas productivas y comunitarias que incluyen huertos, producción intensiva de alimentos, un Mercado Campesino y un hotel. En conjunto, estos proyectos buscan responder a las crisis sociales y ambientales mediante experiencias que vinculan la educación, la agricultura ecológica y la sustentabilidad.
A lo largo de su trayectoria, Müller también ha participado en la creación de organizaciones medioambientales, grupos de voluntariado en prisiones y hospitales, y centros de formación para mujeres en situación de riesgo. Su trabajo destaca el papel de la educación agroecológica como una herramienta para promover la inclusión social, fortalecer las comunidades y avanzar hacia modelos de desarrollo más sostenibles.


PREMIOS PÓSTUMOS
En esta edición, Ladera Sur también entrega dos reconocimientos póstumos (de manera independiente a los Premios Naturaleza), una distinción especial que busca honrar la memoria y el legado de personas que dedicaron su vida a la conservación y la defensa del patrimonio natural de Chile, y que fueron parte de la comunidad de Ladera Sur: Juan Andrés Silva y Patricio Segura. A través de sus respectivas trayectorias, ambos contribuyeron a visibilizar los desafíos ambientales del país e impulsar nuevas formas de relacionarnos con los territorios.
Juan Andrés Silva: una vida dedicada a comprender y proteger los ecosistemas
La conservación de la naturaleza necesita de personas capaces de conectar la investigación científica con las comunidades, las decisiones públicas y las realidades de cada territorio. Juan Andrés Silva Irarrázaval dedicó su trayectoria a trabajar precisamente en ese cruce. Sociólogo y socio director de Fundación Refugia, orientó su carrera al manejo sustentable de los ecosistemas y los recursos naturales, con especial atención a los ambientes costeros. Lamentablemente, Silva falleció en mayo de 2026, a los 38 años, dejando una trayectoria que todavía tenía mucho por aportar.
Formado como sociólogo en la Pontificia Universidad Católica de Chile, obtuvo un magíster en Ciencias Ambientales en la Universidad de California, Santa Bárbara, y realizó estudios de posgrado vinculados con la conservación. Su trabajo lo llevó a desenvolverse entre organizaciones de la sociedad civil, la academia y otros espacios relacionados con la gestión ambiental, buscando acercar el conocimiento científico a las necesidades concretas de los territorios.

Como socio director de Fundación Refugia, impulsó iniciativas de conservación y manejo sustentable, con énfasis en los sistemas costeros y los humedales. También fue parte del Coastal Solutions Fellowship de la Universidad de Cornell, de la Latin American Fisheries Fellowship Network y del Laboratorio de Conservación y Bienestar Humano del Instituto de Ecología y Biodiversidad. Su labor se caracterizó por una mirada que integraba las dimensiones sociales y ambientales de la conservación, entendiendo que la protección de los ecosistemas requiere considerar también a las personas y comunidades que se relacionan con ellos.
Uno de los territorios donde desarrolló este trabajo fue la costa de la Región del Maule. A través del proyecto «Centinelas de la Costa de Constitución», participó en iniciativas de monitoreo y conservación de la biodiversidad del Santuario de la Naturaleza Rocas de Constitución, un lugar relevante para distintas especies de aves marinas. Entre los resultados registrados durante los primeros monitoreos destacó la presencia de cientos de gaviotines monja, con cifras históricas para la región. El proyecto también buscaba identificar amenazas, promover la participación de las comunidades y desarrollar actividades de educación ambiental.

Esa investigación quedó plasmada en su última colaboración con Ladera Sur, publicada en mayo de 2026 y escrita junto a Daniel Imbernón y Magdalena Aguayo. El artículo daba cuenta de los registros de gaviotines monja y de los desafíos para proteger este sitio, incluyendo la presencia de basura y perros sin supervisión. Fue una contribución que reflejaba su trabajo: observar, investigar y compartir conocimiento para que la biodiversidad de nuestros territorios pudiera ser mejor comprendida y resguardada.
Desde Ladera Sur, Juan Andrés fue mucho más que un investigador que aportaba sus conocimientos a través de artículos. Fue un colaborador que compartía el interés por descubrir lo que ocurre en nuestros ecosistemas y por acercar esos hallazgos a más personas. Su partida, a una edad tan temprana, dejó un profundo pesar entre quienes valoran el trabajo que desarrolló y las preguntas que impulsaba. Este reconocimiento póstumo honra su aporte a la conservación y mantiene presente el compromiso con el que dedicó su vida a proteger la naturaleza.


Patricio Segura: el periodismo como herramienta para defender la Patagonia
Para Patricio Segura Ortiz, contar las historias de un territorio también era una forma de defenderlo. Periodista, investigador y activista ambiental, dedicó gran parte de su vida a visibilizar los conflictos socioambientales de Aysén y a cuestionar los modelos de desarrollo que amenazaban la Patagonia. Desde Coyhaique, convirtió el periodismo en una herramienta para informar, investigar y abrir conversaciones sobre el futuro de una región cuya riqueza natural convive con importantes presiones productivas.
A lo largo de su trayectoria abordó temas de ciencia, turismo, corrupción, medioambiente y conflictos socioambientales, con especial atención a las decisiones que afectaban a las comunidades y los ecosistemas del sur de Chile. Sus publicaciones aparecieron en diversos medios nacionales e internacionales, entre ellos Science y Nature. Su trabajo no se limitaba a describir los problemas: también buscaba indagar en sus causas, revisar las decisiones públicas y poner en discusión quiénes participaban —y quiénes quedaban fuera— de las decisiones que transformaban los territorios.
Una de las causas que marcó su trayectoria fue la defensa de la Patagonia frente a grandes proyectos energéticos. Participó activamente en iniciativas como Aysén Reserva de Vida y Patagonia Sin Represas, y fue parte de la Corporación Privada para el Desarrollo de Aysén (CODESA), desde donde contribuyó a impulsar discusiones sobre el desarrollo regional y la participación ciudadana. También dirigió Fundación Aysenda, organización vinculada a la defensa del medioambiente y a una mirada crítica de las industrias extractivas.

Su compromiso con el territorio trascendió el trabajo periodístico. En 2021 fue candidato a la Convención Constitucional por el distrito 27, con una propuesta que buscaba incorporar una perspectiva ecológica y fortalecer la participación de las comunidades. Para Patricio, la protección del medioambiente estaba estrechamente relacionada con la democracia, la descentralización y el derecho de las personas a incidir en el futuro de los lugares donde viven.
Esa convicción también se reflejaba en su manera de entender los conflictos ambientales: no como asuntos aislados o exclusivamente técnicos, sino como discusiones que involucraban a comunidades, autoridades, empresas y ecosistemas. Su mirada ayudó a poner en el centro preguntas fundamentales sobre qué entendemos por desarrollo, cómo se distribuyen sus beneficios y costos, y qué lugar ocupa la naturaleza en esas decisiones.

En Ladera Sur tuvimos la oportunidad de compartir ese compromiso con Patricio. Fue colaborador del medio y participó en el Festival Ladera Sur 2025, en el panel «Relaves en Chile: ¿Cómo abordan las comunidades y la ciencia estos activos-agresores ambientales?», junto a Claudia Ortiz, Erwin Sandoval y Juan Pablo Orrego. Allí contribuyó a una conversación sobre los impactos de los relaves y la necesidad de abordar sus consecuencias desde la experiencia de las comunidades y el conocimiento científico.
La partida de Patricio, el 21 de agosto de 2026, a los 54 años, significó la pérdida de un periodista comprometido con la investigación y de una voz profundamente ligada a la defensa de Aysén. Su legado permanece en las historias que contó, las discusiones que ayudó a abrir y el trabajo de quienes siguen defendiendo una Patagonia viva, sustentable y participativa. Con este reconocimiento póstumo, Ladera Sur honra su trayectoria y recuerda con cariño a un colaborador que hizo de la defensa del territorio una causa de vida.
*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.
Equipo LS