El fenómeno del desierto florido, efímero y de difícil predicción, todavía no es comprendido a cabalidad, ni por la ciudadanía que lo disfruta, ni por los equipos científicos que lo estudian. Esta misma incertidumbre se replica en numerosos territorios a lo largo de Chile, dejando una interrogante sobre qué factores, antrópicos y no antrópicos, explican los cambios que experimentan estos ecosistemas o cómo irán variando en el tiempo. 

Y es que un paisaje no es únicamente lo que se ve a simple vista, sino que aúna un sinnúmero de procesos muchas veces invisibles al ojo humano, y que la ciencia se esfuerza por estudiar: especies que aparecen y desaparecen durante el año, la polinización, las lluvias, la acumulación de agua, los cambios de temperatura o incluso aquellos fenómenos que suceden bajo tierra y permanecen invisibles durante meses.

Comprender para conservar

Pero, ¿cómo representar todos estos cambios de tal forma que el ojo humano pueda analizarlo y entenderlo? Y, sobre todo, ¿cómo esto podría contribuir a la conservación de los ecosistemas? Esas fueron las preguntas que dieron origen a la Rueda Fenológica, herramienta gráfica que busca hacer visibles y relacionar distintos fenómenos ecológicos que normalmente son estudiados de manera separada

A través de un diseño circular que representa el ciclo de los doce meses del año, y en el marco de su investigación proyectual de Magíster en Arquitectura de Paisaje (2024), Josephine Walbaum desarrolló una propuesta de Rueda Fenológica como herramienta contemporánea de levantamiento territorial. Esta herramienta, inspirada en los calendarios de antiguas civilizaciones, reúne en un solo lugar información científica, observaciones realizadas por la comunidad, conocimientos locales y expresiones artísticas para mostrar cómo varían las especies de flora y fauna en determinado ecosistema a lo largo del tiempo y qué condiciones lo permiten.

Josefina Hepp, directora de Fundación Chilco y parte del equipo de investigación de la Rueda, explica: “La Rueda Fenológica es una herramienta gráfica que hace visible esa dimensión temporal del paisaje, permitiendo superponer procesos que por lo general se leen por separado. Creemos que esto es un aporte a la conservación de especies y territorios, ya que se visibilizan patrones que están cambiando o pueden cambiar año a año en lugares específicos, y se hace un seguimiento de cómo están respondiendo por ejemplo algunas plantas a las variables climáticas. Eso nos permite inferir qué puede pasar a futuro con escenarios de cambio climático”.

El Desierto Florido como laboratorio

Fue precisamente el Desierto Florido el territorio escogido para poner a prueba la metodología, en base a una investigación territorial de los ecosistemas del desierto florido, realizada por Francisca San Martín en su tesis de Magíster (2024). 

El Parque Nacional Llanos de Challe reunía condiciones especialmente apropiadas: distintos ecosistemas dentro del parque, especies icónicas, una estación meteorológica y la presencia de guardaparques, además de un fenómeno ecológico de gran interés científico y social. Así nació la Rueda del Desierto: como producto de la implementación de la Rueda Fenológica en el Parque Nacional Llanos de Challe, mediante un trabajo colaborativo en el marco del Desierto Florido.

“Hay fenómenos complejos, como la floración del Desierto Florido, que aún no entendemos completamente cómo funcionan, porque hay muchos factores involucrados en esos procesos. Las ruedas explicitan algunos de estos factores y permiten ponerlos en un mismo marco para ver cómo se relacionan unos con otros”, sostiene Hepp.

La herramienta puede adquirir así un valor particularmente relevante frente a escenarios de cambio climático. Cambios en la periodicidad o intensidad de las precipitaciones pueden alterar los ciclos fenológicos de las especies, mientras que conocer dónde y cuándo ocurren determinados fenómenos puede entregar información para planificar el uso de los territorios y evitar actividades que representen amenazas para los ecosistemas.

“Las ruedas del desierto son un insumo muy importante para desarrollar estrategias de conservación. Por un lado, está el tema de los cambios en los patrones de precipitación asociados al cambio climático y cómo, por ejemplo, pueden estar alterando ciclos fenológicos. Y por otro lado el dónde y cuándo se produce, lo cual es clave para evitar actividades que son una gran amenaza”, explica Camilo del Río, director del Centro UC Desierto de Atacama.

Así, durante la floración de 2025 se recopilaron registros de especies y observaciones de visitantes, complementándolos con información meteorológica, investigaciones científicas y observaciones en terreno. Una parte importante de esos datos provino de la ciudadanía. Para Del Río, este componente ciudadano tiene un doble valor: “La ciencia ciudadana tiene la gran virtud de motivar, de unir, de hacer partícipe a la gente de un proyecto y bien común. Y, a la vez, entrega datos claves, imposibles de monitorear con las herramientas y capacidades de un proyecto científico”.

El proceso de creación de la Rueda del Desierto fue liderado por un equipo interdisciplinario, donde participaron Francisca San Martín y Josephine Walbaum -arquitectas del paisaje a cargo de la investigación territorial de los ecosistemas del desierto y del desarrollo metodológico de la Rueda Fenológica respectivamente-; Sylvana Quest, diseñadora y arquitecta del paisaje especializada en ecología, clima y territorio; Josefina Hepp, desde Fundación Chilco, e investigadora asociada del Centro UC Desierto de Atacama; y Gabriela Anabalón, diseñadora especializada en representación cartográfica y sistemas de información geográfica. Sumado a esto, el Centro UC Desierto de Atacama y CONAF aportaron una visión territorial durante la implementación del proyecto en la zona norteña. 

Un aporte para la conservación en Chile 

Si bien la experiencia en Llanos de Challe permitió validar la herramienta en torno al Desierto Florido, el equipo ve en ella una herramienta con posibilidades mucho más amplias: la Rueda Fenológica puede construirse tanto para observar un territorio completo como para seguir el ciclo anual de una especie determinada en pro de su conservación.  

Para Hepp, uno de los principales desafíos para lograr esto consiste en “pasar del umbral de una herramienta gráfica a una herramienta que permite programar actividades en el territorio y analizarlo en profundidad, pasar de la teoría al terreno”. Para esto, afirma, se requiere mantener el registro sistemático de datos, incentivar la participación de las comunidades y generar alianzas que permitan sostener el trabajo.

A esto se suma la búsqueda de mecanismos de financiamiento que permitan continuar desarrollando la herramienta. Entre ellos se suma la creación de un espacio de donaciones a través de la plataforma Donando, con el objetivo de  construir una Rueda Fenológica para el fenómeno de 2026 del Desierto Florido, poder comparar los cambios en las temporadas y seguir estudiando los gatillantes de la floración de especies determinadas. Esta plataforma se abre bajo el alero de Fundación Chilco junto a The Edge Lab, laboratorio de representación que explora la intersección entre ciencia, arte y visualización del paisaje.

Hoy, el proyecto se prepara para una nueva etapa. El 4 de septiembre, el equipo presentó la metodología de la Rueda en el marco del Congreso Flora Nativa, instancia que permitió compartir la experiencia desarrollada en el Desierto Florido y abrir la conversación sobre sus posibles aplicaciones en otros territorios. Además, y en el marco de una colaboración entre el Centro Cultural La Moneda  y Fundación Chilco, la Rueda del Desierto se presentará en el Encuentro Nacional de Áreas Protegidas entre el 14 y 16 de octubre.

“Cuando habitamos o trabajamos en un territorio entendemos que cada uno responde de manera particular a las transformaciones del clima y a las actividades humanas, por lo que aprender a leer sus ciclos puede ser también una forma de anticiparse a esos cambios y tomar medidas para conservarlo. La Rueda Fenológica propone justamente eso: mirar el paisaje no como una fotografía estática, sino como un sistema vivo, dinámico y profundamente interconectado”, concluye Josefina Hepp.

Animación de la construcción de la Rueda Fenológica del Desierto 2025 por capas. Elaboración: Josephine Walbaum.

Pie de nota

En el caso de la experiencia desarrollada en el Parque Nacional Llanos de Challe (imagen 2), el centro de la rueda contiene el mapa del parque y variables meteorológicas como precipitaciones, temperatura, vientos y acumulación de agua de niebla.
Una segunda capa incorpora información obtenida mediante ciencia ciudadana: registros de especies, avistamientos georreferenciados y calendarizados durante la floración de 2025, además de observaciones aportadas por visitantes a través de redes sociales y posteriormente sistematizadas. A esto se suman entrevistas, observaciones en terreno, registros de actores locales y una paleta de colores asociada a la estacionalidad.
La capa exterior, en tanto, representa distintos fenómenos ecológicos asociados a la floración, desde los procesos subterráneos de las semillas en latencia hasta la aparición de flores y la polinización.
El resultado es una representación que permite observar simultáneamente variables que, de otra manera, podrían analizarse por separado.

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