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Hace millones de años en Atacama
de Martín Chávez Hoffmeister
Por primera vez, una región chilena logra reconstruir en detalle su prehistoriaBasado en un detallado diagnóstico de más de mil localidades fosilíferas, un nuevo libro articula el registro de vida pasada desde el Paleozoico hasta tiempos recientes en la zona. La obra enfatiza la riqueza de Chile en el mundo de la arqueología e incorpora ideas sobre el cómo esto se puede incorporar a la ciencia nacional.
Durante décadas, la paleontología chilena avanzó mediante hallazgos puntuales y estudios focalizados. Piezas excepcionales, yacimientos emblemáticos y colecciones de gran valor científico han permitido acumular conocimiento en períodos, localidades o grupos biológicos específicos. Sin embargo, esta información se encuentra dispersa en la literatura técnica, lo que dificulta tener una visión global o un adecuado punto de partida para su estudio.

En ese contexto, la Región de Atacama aparece como un caso singular. Una abundancia y diversidad de hallazgos fósiles, favorecida por la exposición de estratos que abarcan cientos de millones de años, desde la cordillera hasta el borde costero. Este registro discontinuo, pero con una buena representación de las distintas eras de la Tierra, ha permitido que, en un mismo territorio, queden registrados ambientes marinos, continentales y transicionales. Sin embargo, esa singularidad de contar con una adecuada cronología nunca había sido articulada para permitirnos narrar una historia completa.
Ese vacío es el que viene a llenar “Hace millones de años en Atacama”, una obra colectiva impulsada por la Corporación para la Investigación y Avance de la Paleontología e Historia Natural de Atacama (CIAHN), que propone algo inédito: reconstruir la prehistoria completa de una región chilena, integrando geología, paleontología y paisaje, desde el Paleozoico (que se remonta a unos 538 años antes del presente) hasta los tiempos recientes.

“Este sería el primer retrato paleontológico completo de una región de Chile”, explica Martín Chávez Hoffmeister, editor general de la publicación y director científico del CIAHN. “Hay guías y trabajos previos, pero no en esta escala. Aquí se aborda el cien por ciento del registro conocido”.
“Esta publicación viene a marcar un hito en la historia de la paleontología en Chile”, sostiene el director ejecutivo del CIAHN, Pablo Quilodrán. “Conocer en profundidad la paleontología de una región no solo es relevante desde el punto de vista científico, sino también territorial ya que es extensible a la historia biológica y geológica del norte chileno y en general del país en su conjunto. Es un tremendo avance para entender cómo se formó nuestro territorio y proyectar un conocimiento en la población, una identidad asociada a millones de años de legado natural”.

Para Quilodrán, el libro valida que la región de Atacama tiene una singularidad: su rico patrimonio paleontológico. “Esto nos permite reconocer la historia del planeta con ejemplos regionales que abarcan al menos los últimos 400 millones de años. Es una historia universal, pero que está bajada a lo que hemos encontrado en cada una de las comunas de la región”.
El director ejecutivo enfatiza que esa singularidad no se agota en el ámbito académico. “Estamos convencidos de que esta riqueza paleontológica, bien trabajada, puede transformarse en una ventaja para el desarrollo ya que, además de impactar la ciencia, a partir de ella puede fortalecer la educación, el turismo, las industrias creativas”.

Para el Gobernador Regional de Atacama, Miguel Vargas, este libro representa un aporte invaluable para la región, “porque nos permite comprender la enorme riqueza paleontológica y natural que posee nuestro territorio, conectándonos con millones de años de historia de vida en la Tierra”.
Destaca que a través de sus páginas se releva el valor científico, educativo y patrimonial de sus ecosistemas marinos y de especies tan emblemáticas como las ballenas, que forman parte de la identidad natural de Atacama. “Como Gobierno Regional, valoramos profundamente este trabajo, porque fortalece la educación ambiental, la divulgación científica y el sentido de pertenencia con nuestro territorio, proyectando a la región como un referente en patrimonio natural, investigación y conservación a nivel nacional e internacional”.

El origen del libro no fue editorial. Surgió a partir de un diagnóstico paleontológico regional que partió en 2022, el que fue elaborado con el fin de identificar qué se sabía sobre los sitios fosilíferos de Atacama, dónde existía potencial científico para nuevas investigaciones y qué áreas requerían mayor atención desde el punto de vista de la conservación. Ese trabajo técnico implicó revisar literatura, registros de colecciones y antecedentes dispersos, muchos de ellos poco accesibles fuera del ámbito académico.
A lo largo de sus capítulos participan investigadores e investigadoras del CIAHN como Ana Valenzuela Toro, Joseline Manfroi y Gyslaine Mansilla, junto con académicos de la Universidad de Atacama como Ximena Robles, Phillipe Moisan y Nicoll Castillo y otros especialistas que han trabajado durante años en terreno, laboratorio y gestión patrimonial en la región.

Superposición de ambientes
“Al recabar toda esa información, nos dimos cuenta del vasto registro que tenía Atacama”, señala Chávez. “Y surgió inmediatamente la pregunta de cómo bajar ese conocimiento a una fuente legible, verificada, que permitiera visualizarlo como un conjunto y no como piezas aisladas”.
El diagnóstico que sustenta el libro se apoya en la evaluación de más de mil localidades fosilíferas distribuidas a lo largo de la Región de Atacama. Desde yacimientos costeros hasta sitios de altura en el interior de Copiapó, ese conjunto permite construir una secuencia amplia del pasado profundo.

En muchas regiones del mundo —y también de Chile— el registro fósil presenta grandes lagunas temporales. En Atacama, en cambio, la superposición de ambientes y la preservación diferencial de los sedimentos permiten seguir el rastro de la vida durante cientos de millones de años, incluso en períodos muy antiguos poco conocidos para el resto de Chile y Sudamérica.
El libro muestra, por ejemplo, que el territorio hoy dominado por paisaje principalmente desértico fue, en distintos momentos, mar interior, costa activa, bosque templado y paisaje semiárido, antes de adquirir su fisonomía actual.

Algunos de los capítulos más reveladores del libro corresponden a los períodos Devónico y Carbonífero, cuando la vida comenzaba a consolidarse en ambientes continentales. En sectores precordilleranos del interior de Copiapó y Alto del Carmen se conservan huellas fósiles que corresponden a algunos de los registros más antiguos de vertebrados terrestres conocidos en Chile y Sudamérica.
“En el Devónico estamos hablando principalmente de plantas”, explica Chávez. Corresponde a algunos de los fósiles vegetales más antiguos del país, los que se han encontrado cerca de la frontera con Argentina, al interior de Alto del Cármen. Se trata de la Formación Las Placetas que, durante el Devónico tardío (entre 382 y 359 millones de años atrás), era una zona costera de aguas calmas a la cual eran arrastrados ocasionalmente restos vegetales del interior.

Por su parte, el sitio de Quebrada Colorado, en el interior de Copiapó, es uno de los ejemplos más relevantes. Aunque de difícil acceso y sin proyección turística directa, su valor científico es considerable, al ofrecer una ventana excepcional a la colonización temprana de los continentes por vertebrados. “Durante el Carbonífero (que se extiende hasta los 299 millones de años antes del presente) aparece una comunidad muy interesante de trazas fósiles”. Se trata de huellas asignadas originalmente a anfibios, junto con rastros de invertebrados y otros vertebrados terrestres tempranos, anteriores a los dinosaurios.
Estos sitios, algunos conocidos desde hace décadas, habían sido poco estudiados en tiempos recientes. Investigaciones nuevas encabezadas por investigadores de la Universidad de Atacama, permitieron reinterpretar esas huellas y ampliar el panorama.
Mares interiores y dinosaurios
El relato continúa hacia el Mesozoico (a partir de los 251 millones de años AP), cuando la configuración del territorio cambia de manera radical. Durante el Triásico y Jurásico, la incipiente cordillera de la Costa formaba una cadena de islas volcánicas, que generaron mares interiores poco profundos en lo que hoy es tierra firme. En esos ambientes se desarrollaron comunidades de invertebrados marinos y reptiles acuáticos, además de ecosistemas costeros que hoy solo pueden reconstruirse a partir de sedimentos y fósiles.
Consultado sobre si esos mares interiores podían asemejarse a los fiordos del sur de Chile, respondió que era una geografía más parecida a la del Mar de Japón, con un cuerpo de agua entre el continente y ese arco insular, en un sistema que permitía entradas y bahías interiores de aguas relativamente protegidas.

Zonas como la Quebrada de Pinte en Alto del Carmen concentran un registro abundante de invertebrados marinos asociado a estos antiguos mares interiores. “Es el sector con más menciones en la literatura científica”, señala Chávez, “pero paradójicamente es poco conocido, porque está dominado por invertebrados y no siempre se identifica su importancia fuera del mundo especializado”.
El registro más popular entre el público —el de los dinosaurios— también tiene un lugar relevante en Atacama, aunque con características distintas a las de los hallazgos realizados en la Patagonia. Se trata de sitios en los que predominan huellas fósiles y en los que de momento los restos óseos son fragmentarios, concentrados principalmente en el Cretácico temprano.

“Tenemos pterosaurios, cocodrilos y distintos tipos de dinosaurios”, explica Chávez. “El registro de momento no es tan espectacular como en el sur, pero es suficiente para reconstruir una fauna diversa y con alto potencial de investigación”.
En ese contexto se destaca el hallazgo de Arackar licanantay, el primer dinosaurio nombrado formalmente para la Región de Atacama, junto con otros sitios clásicos como Cerro La Isla que han entregado material aislado pero significativo.
Surge el mundo moderno
Uno de los aportes más potentes del libro es la reconstrucción del paisaje. Evidencias fósiles muestran que Atacama no siempre fue desierto. En la llamada Formación Bahía Inglesa, por ejemplo, se han encontrado maderas fósiles de unos 7 millones de años de antigüedad asociadas a árboles comparables al peumo, lo que sugiere la persistencia de bosques costeros hasta ese entonces.
“El paisaje habría sido más parecido al de la costa de Chile central”, explica Chávez, “posiblemente, con bosquetes esclerófilos costeros y presencia de ríos más caudalosos”. El desierto extremo sería un fenómeno relativamente reciente, intensificado en los últimos millones de años.

La presencia de gaviales marinos durante este periodo también apunta a condiciones marinas más cálidas, asociadas a mares someros y protegidos a lo largo de la costa del Pacífico sur. Así también la abundancia de ballenas y la presencia de grandes depredadores como el famoso megalodón, sugieren una costa altamente productiva asociada a las fases tempranas de la aparición de la corriente de Humboldt.
Lejos de presentar el conocimiento actual como definitivo, el libro subraya sus límites. Solo una fracción mínima de los organismos que existieron llega a fosilizarse, y una parte importante de las colecciones regionales aún no está completamente estudiada.
“El libro puede dar la impresión de que ya sabemos mucho”, advierte Chávez, “pero también deja claro todo lo que falta por descubrir y el potencial de la región”. En el Museo Paleontológico de Caldera, por ejemplo, gran parte del material aún espera ser clasificado y catalogado.

Precedente replicable
Más allá del caso Atacama, el libro plantea un punto clave para la paleontología chilena. “Este trabajo demuestra que sí es posible construir relatos paleontológicos regionales en Chile y contar la historia de la vida en el planeta a partir del registro local”, afirma Chávez. “Atacama tiene una singularidad porque presenta menos vacíos, pero otras regiones podrían avanzar en ejercicios similares a medida que se consolide su registro”.
Atacama aparece así no solo como un caso excepcional, sino como un precedente metodológico: la demostración de que el tiempo profundo puede ordenarse territorialmente y ponerse en diálogo con educación, conservación y políticas públicas.

La preservación de este patrimonio no ha sido sencilla, admite Quilodrán. En algunos casos ha requerido incluso acciones judiciales para resguardar yacimientos como Bahía Inglesa, uno de los conjuntos paleontológicos marinos más importantes del país.
La publicación apunta a la comunidad en general, pero por lenguaje y contenidos está pensado especialmente para público desde los 14 años aproximadamente. “Puede servir como consulta para profesionales y estudiantes universitarios, y también para estudiantes escolares. Tiene un componente visual fuerte: los niños pueden enganchar con imágenes y reconstrucciones, y después, al aprender más, pueden aprovechar el contenido”, dice Chavez.
La primera impresión (2.250 ejemplares) se distribuirá en la Región de Atacama a través de eventos en cada comuna, con foco en bibliotecas y escuelas. Pero también se pondrá disponible digitalmente, para acceso remoto, lo que permitirá que muchas personas puedan leerlo. Las próximas ediciones buscaran llegar a librerías.

*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.
Richard García