Decidimos darnos un minuto de relajo diario para comenzar marzo, y queremos compartirlo con ustedes. Por eso, cada día les presentaremos una especie chilena para contemplar, de la mano de un fotógrafo nacional.

Chungungo (Lontra felina)

Es también conocido como gato de mar, siendo una de las dos nutrias que podemos ver en Chile. Su hogar es la costa del océano Pacífico, desde el norte del Perú hasta Cabo de Hornos y sus islas adyacentes. Lo vemos en costas rocosas, siendo muy tímido y curioso a la vez. Al mismo tiempo, es un animal bastante escurridizo, sobre todo cuando percibe amenazas.

Es solitario, capaz de pasar el 20% de su día en el mar. Allí, destaca por ser un excelente buceador, nadando en los oleajes más tempestuosos. Con sus patas, compuestas por fuertes garras, captura a sus presas, prefiriendo crustáceos, peces y moluscos de menor tamaño. El momento de su cena suele ser una escena enternecedora: cuando come o se moviliza con las presas, se las pone en su barriga y nada de espalda.

Sin embargo, su habilidad no está solo en el agua. La mayor parte de su día la pasa en tierra, debido a su deficiente termorregulación. Necesita capturar calor y acicalarse. Al mismo tiempo, debe beber agua dulce para sobrevivir.

Hablamos del depredador tope del ecosistema intermareal, que lamentablemente está considerado En Peligro (UICN), principalmente por la pérdida y fragmentación de hábitat y la tenencia irresponsable de mascotas.

Araña saltarina (género Salticidae)

Araña saltarina es cualquiera que pertenezca a la familia de arácnidos llamada Salticidae. Son tan pequeñas —entre 3 y 10 mm— que no notamos su tierna cara, característica por sus ocho ojos: cuatro son frontales, siendo los medios anteriores los que ocupan casi todo el espacio. También destacan sus patas robustas y cortas.

¡Es uno de los grupos más diversos, existiendo más de 6 mil especies en el mundo! Chile es hogar de 27 de ellas, donde la mayor parte se concentra en el centro y sur del país.

Son cazadoras, acechando y persiguiendo a sus presas hasta que se pueden acercar a ellas. Fueron bautizadas gracias a su característica más llamativa: su gran capacidad de saltar. De hecho, dan saltos de hasta ¡10 veces su tamaño! Lo hacen con precisión y, si es que fallan, tienen un plan de respaldo, en el que cuelgan de una línea de seguridad elaborada con su propia seda antes del salto.

Sus hábitos son diurnos y sus grandes ojos no son decoración. Gracias a ellos pueden identificar a sus presas y capturarlas, por ejemplo, insectos o pequeños artrópodos. Cazan y emboscan. Por ello, se han considerado de las arañas más evolucionadas.

Pudú (Pudu puda)

En el sur de Chile, un pequeño ciervo se ve diminuto en los bosques templados y lluviosos. Quizás, está muy concentrado alimentándose de helechos, arbustos y frutos. Una postal famosa de esto es cuando disfrutan su tan preciado maqui. Pero también, se asocia a la quila, avellanos, chilcos o lumas.

Habita desde Curicó hasta Aysén, desde la costa a los 1.700 msnm. Se ha registrado también en isla Mocha y es uno de los animales más famosos de la isla Grande de Chiloé, donde además es abundante. En Argentina, se ha registrado desde Neuquén a Santa Cruz.

Es el ciervo más pequeño de Chile, con pelaje grueso y denso de color café. Tiene la cabeza y cuello cortos, sus orejas redondeadas, y su cola y extremidades cortas. Cuando nacen, los cervatillos pueden poseer unas rayas blanquecinas en el dorso.

Suelen ser más activos de noche, donde pueden reducir el riesgo de depredación del puma. También es parte de la dieta del zorro. De hecho, mantienen túneles bajo el sotobosque para protegerse de depredadores

Sin embargo, es una especie altamente amenazada. La UICN la categoriza como Casi Amenazada y el MMA como Vulnerable. Dentro de sus principales causas de muerte están los atropellos y el ataque de perros y gatos.

Picaflor de Juan Fernández (Sephanoides fernandensis)

En 2020, fue el Embajador de la Fauna Chilena. Es además, un pequeño rey de la isla Robinson Crusoe, el único lugar donde está en el mundo. Ahí, el picaflor de Juan Fernández (Sephanoides fernandensis) nidifica en la luma de Juan Fernández (Nothomurcia fernandeziana), con pequeños nidos de musgos, restos de plantas y telas de arañas.

Posee un marcado dimorfismo sexual. Es decir, es muy fácil distinguir a las hembras de los machos. El macho tiene un plumaje rojizo, con una corona amarilla iridiscente. La hembra tiene una corona azulada y vientre blanco con manchas oscuras. Es ella quien construye los nidos.

Se alimenta de artrópodos y el néctar de plantas como la col de Juan Fernández, el juan bueno o la madera dura. Se posan mientras se alimentan con más frecuencia que otros colibríes, incluso vertical o cabeza abajo. Con su cola extendida contra ramas o follajes pueden sostener su cuerpo. Son las hembras las que dedican más tiempo a encontrar su comida.

Aquí hembras y machos defienden su territorio por separado, pero las primeras entran al territorio del macho para el cortejo. Ahí, son estos últimos los que despliegan sus alas y colas desde lo alto para la copulación. De hecho, se ha descrito la cópula entre machos.

Está considerada En Peligro Crítico (UICN), existiendo apenas entre mil y tres mil individuos. Entre sus amenazas, está la expansión de especies exóticas invasoras en la isla, su depredación y pérdida de hábitat.

Cururo (Spalacopus cyanus)

Este es un pequeño —no supera los 10 cm— que parece estar apurado todo el tiempo. El cururo (Spalacopus cyanus) es un roedor endémico de Chile central, característico por vivir en colonias bajo tierra. Allí, construye complejos sistemas de túneles interconectados, con ramificaciones y acopios de alimentos para almacenar comida. Se estima que pueden contener hasta 13 kilos de alimento, que comprende bulbos de rosáceas y liliáceas.

¡Se han estimado sistemas de túneles con de 600 metros de largo!, con profundidad de 15 cm y diámetro de 6 cm.

En una colonia puede haber incluso 26 animales, siendo sociables y territoriales. Cuando sale el sol, podemos ver sus cabezas asomarse de las tierras profundas. Tal cual como vemos en estas fotografías. Lo vemos en matorrales y praderas, preferiblemente en lugares con mucha cubierta vegetal y buen drenaje.

 Destaca por sus colores oscuros: su pelaje corto, negro azabache en algunos casos; o sus ojos negros. De hecho, su nombre proviene de Kurü, “negro” en mapudungun. Pero si hay algo que delata su presencia son sus particulares y notorios dientes incisivos. Rechina sus llamativos dientes cuando se siente amenazado y emite un chillido al sentirse amenazado. También tiene unas fuertes garras.

*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.

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