De colores vivos, como rosados, anaranjados, rojos y blancos, brotan desde la alta montaña, en media ladera e incluso en ecosistemas costeros, los claveles de campo o mutisias. 

Muchos los distinguen por una bella flor al final de sus ramas, que es en realidad el conjunto de varias flores, lo que le da un gran valor en su rol dentro de la polinización. Así lo explica Paulette Naulin, académica de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile: “Son múltiples flores que se organizan en esta estructura y que le permiten ser más eficientes en la polinización, pues son más atractivas para los polinizadores, quienes pueden visitar varias flores al mismo tiempo».

Mutisia subulata, clavel del campo. Cortesía: Gerald Andrés Poblete @gp.wildlife.
Mutisia subulata, clavel del campo. Cortesía: Gerald Andrés Poblete @gp.wildlife.

Por otro lado, el cómo las vemos va a depender del lugar en que estemos. Por ejemplo, en alta montaña es normal que se presenten como pequeños arbustos o rastreras. En cambio, en ambientes de media ladera o costeros, trepan como enredaderas que parecieran estar abrazando a otros matorrales. Como sea, se trata de especies llenas de curiosidades, que suelen confundirse con margaritas o simples claveles.

Flores que solo están en el cono sur

Paulette señala que el grupo en el que están insertas las Mutisias apenas se ha estudiado recientemente. Por lo tanto, no existe un verdadero consenso sobre cuántas variedades hay en Chile y la zona austral del continente. 

Hay quienes señalan que existen varias subespecies y quienes se encuentran en desacuerdo. Sin embargo, el mayor problema viene a la hora de catalogar su familia. Actualmente se reconocen pertenecientes a la familia Asteraceae, también llamada Compositae, un grupo que tenido un estudio altamente dinámico en los últimos años.

“Se han ido descubriendo nuevas variedades y han ido cambiando varios linajes que antes se creían que pertenecían a uno mayor, pero en realidad son linajes australes con altos endemismos en el cono sur”, explica la académica U. Chile. 

Entonces, es posible decir que estamos frente a un género con varios ejemplares endémicos de los territorios latinoamericanos. En consecuencia, para Paulette, hay una mayor responsabilidad en conservarlos: “Son únicos del cono sur. Si desaparecen de aquí, no están en otro lugar (…). Es importante entender que nuestra flora con alto endemismo es singular y además es valiosa para la diversidad mundial”. 

Mutisia decurrens, clavel del campo. Cortesía: Gerald Andrés Poblete @gp.wildlife.
Mutisia decurrens, clavel del campo. Cortesía: Gerald Andrés Poblete @gp.wildlife.

¿A qué peligros se enfrentan? 

De la mano de las conclusiones que siguen siendo preliminares sobre esta especie, viene la dificultad de interpretar su estado de conservación. Esto se debe a que, al no estar clara la diversidad de ejemplares, escasean los estudios sobre su linaje en específico. Sin embargo, sí se estima cierta información sobre sus amenazas.

La experta se aventura a afirmar que el cambio del uso del suelo es un problema grave al que se enfrentan las Mutisias, dado que florecen principalmente en verano y cuando no tienen flores son difíciles de distinguir: “Generalmente, las pasamos por alto. Las personas tienden a mirar y decir: aquí sólo hay arbustos así que se puede cambiar el uso del suelo”. A lo anterior, Paulette agrega que si se observa bien, es posible encontrar hojas con zarcillos que asoman inadvertidos ante la ausencia de las vistosas flores.  

Mutisia Acerosa, clavel del campo. Cortesía: Gerald Andrés Poblete @gp.wildlife.
Mutisia acerosa, clavel del campo. Cortesía: Gerald Andrés Poblete @gp.wildlife.

Reinas para la polinización

Los claveles de campo son capaces de sobrevivir en pequeños parches de territorio separados entre sí, como islas de tierra que quedaron tras la fragmentación del paisaje. Su presencia se limita a unos pocos rincones específicos, donde las condiciones todavía le permiten existir. De esta forma, se ha adaptado a sobrevivir donde puede crecer.

En general, sus poblaciones están separadas por kilómetros de paisaje intervenido, por lo que la imagen de un campo poblado está lejos de ser una realidad. “Tienen amplia distribución, pero estas especies están habitando bosques que cada vez están en fragmentos, que son más pequeños y discontinuos. Eso provoca la limitación del flujo genético entre las poblaciones”. Es decir, al quedar los bosques divididos, las plantas dejan de “conocerse” entre sí. Por ello, el intercambio de polen y semillas se vuelve cada vez más difícil, y las poblaciones quedan encerradas en su propio espacio.

Lo anterior es un problema, en especial si consideramos que estas flores son verdaderas reinas de la polinización. Los hábitats fragmentados y su distribución discontinua afectan directamente a las abejas y a otros polinizadores, que no siempre logran desplazarse entre un fragmento de bosque y otro. Cuando el paisaje intermedio es más hostil —con caminos, plantaciones u otros usos de suelo—, el intercambio de polen se vuelve aún más difícil.

Esta desconexión termina afectando la viabilidad de las poblaciones: al reducirse la diversidad genética, las plantas se vuelven más vulnerables frente a los cambios del entorno. En un escenario marcado por el cambio climático y la transformación del uso de suelo, limitar esa diversidad hace que las poblaciones sean mucho más sensibles y menos capaces de adaptarse.

Mutisia linearifolia, clavel de Campo © Joey Santore
Mutisia linearifolia, clavel de Campo ©Joey Santore

Si nos adentramos al porqué son tan esenciales en el mundo de la polinización, Mutisia tiene características llamativas, como sus colores, que la vuelven particularmente atractiva para los polinizadores; ellos no solo hacen el servicio de polinizar, sino que viven de este recurso: En verano, estas plantas son una fuente importante de alimento para las criaturas que los visitan, permitiendo que se sigan desplazando por el territorio. Por lo tanto, es una relación mutuamente dependiente, en la que la supervivencia está estrechamente interconectada. 

“Muchos polinizadores van cambiando de flor según cómo estas florecen en el tiempo. Funcionan como un puente temporal entre una floración y otra”, explica la experta.

Por eso, no se trata solo de que existan flores, sino de cuáles están disponibles en un momento determinado: Cuando esas floraciones se interrumpen o desaparecen, los polinizadores pierden ese puente y el sistema completo se vuelve más frágil.

Indicadores indirectos de ecosistemas estables

Aunque no existen estudios que identifiquen a las Mutisias —o a las plantas en general— como indicadores directos del cambio climático, su presencia sí entrega señales relevantes sobre el estado de los ecosistemas donde habitan. Para Paulette, estas flores forman parte de un “segundo nivel” dentro de la estructura ecológica, es decir, son especies que dependen de otras para sobrevivir. Por ejemplo, en el caso de las Mutisias trepadoras, requieren de arbustos o árboles que les permitan sostenerse, por lo que solo pueden establecerse en ambientes que han permanecido estables durante largos períodos de tiempo.

Desde esa perspectiva, los ecosistemas que albergan este tipo de plantas suelen ser aquellos menos alterados, donde los procesos ecológicos han logrado mantenerse. La simplificación del paisaje —producto de incendios, cambio de uso de suelo u otras intervenciones— perjudica de manera especialmente severa a estas especies, y el cambio climático se suma como una amenaza adicional dentro de este escenario.

Mutisia acuminata, Clavel de campo. © charif_tala
Mutisia acuminata, Clavel de campo. © charif_tala

En ese contexto, Naulin entrega una recomendación directa a quienes se encuentran con estas flores en la naturaleza: observarlas sin intervenirlas.Como son bien llamativas, la gente tiende a sacarlas, y cuando se cortan se evita que la planta forme frutos y disperse sus semillas”, advierte. Por ello, sugiere no extraerlas y, en cambio, registrar su presencia mediante aplicaciones como iNaturalist, contribuyendo así al conocimiento y protección de estas especies sin afectar su ciclo natural.

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