Ladera Sur Hablan los taxónomos: ¿Cómo trabajan, cómo es encontrar una nueva especie y cómo eligen los nombres con los que serán bautizados y conocidos por todos?
Hablan los taxónomos: ¿Cómo trabajan, cómo es encontrar una nueva especie y cómo eligen los nombres con los que serán bautizados y conocidos por todos?

Hablan los taxónomos: ¿Cómo trabajan, cómo es encontrar una nueva especie y cómo eligen los nombres con los que serán bautizados y conocidos por todos?

Atelopus fronterizo, Kataphraktosaurus ungerhamiltoni, Epidendrum acuminatisepalum. ¿Conoces estos nombres? ¿Sabes a quiénes pertenecen? Estos son apenas tres nombres de especies animales y flores recién descubiertas y descritas por científicos y biólogos que —además— practican una disciplina fascinante: la taxonomía. Esta es la ciencia que se encarga de clasificar, catalogar, describir y bautizar a las nuevas especies. En Ladera Sur queremos contarte cómo es el trabajo de los biólogos y taxónomos, bajo qué reglas y normas se rigen, cómo es el proceso casi milagroso de encontrar una nueva especie y quién y cómo se decide el nombre con el que esta será bautizada y conocida por todos.

Existen aproximadamente 8.7 millones (±1.3 millones) de especies hoy en día, de las cuales solo 1.7 a 1.9 (dependiendo de la fuente) han sido descritas hasta la fecha. Crédito: ambientum.com
Existen aproximadamente 8.7 millones (±1.3 millones) de especies hoy en día, de las cuales solo 1.7 a 1.9 (dependiendo de la fuente) han sido descritas hasta la fecha. Crédito: ambientum.com

Descubrir y describir una especie nueva no es tarea sencilla. Es, mas bien, una tarea que se asemeja a correr un maratón diario durante muchos años. Es una labor ardua, que amerita mucho estudio, persistencia y observación. Los biólogos bien saben de esto, porque además, los que se dedican al estudio de especies, pasan la mayor parte del tiempo en terreno, explorando, buscando, recolectando ejemplares para luego mirarlos en detalle, apreciar sus características y catalogarlos, clasificarlos, como quien le otorga identidad a un ser vivo que existe, pero que para la mayoría del mundo solo puede verse físicamente, puesto que, cuando el milagro sucede y se está frente a una especie no descrita, no posee nombre, no es conocido. Es como ver un alien, pero solo porque no es conocido, puesto que en la mayoría de los casos, el especímen tienen más tiempo habitando la tierra que el hombre mismo.

Pero ¿Cómo trabajan los taxónomos? ¿Qué estudian? ¿Cómo designan las especies nuevas? Para responder estas inquietudes, Ladera Sur Latam consultó a tres biólogos y especialistas, que trabajan distintas áreas de una disciplina llamada taxonomía, que consiste en clasificar, ordenar, catalogar, nombrar, designar los miembros del reino animal y vegetal, casi como quien hace un inventario de las cosas que viven y respiran en nuestro planeta. El trabajo de los taxónomos muchas veces pasa desapercibido, pero tiene una importancia vital, tangible: conocer las especies, sus hábitats, sus comportamientos, permite tener una consciencia sobre la importancia que cada una tiene en los ecosistemas, en la importancia de proteger, resguardar esos lugares y defender la vida de las especies, para así garantizar la continuidad, biodiversidad y el equilibrio de nuestro planeta y sus ecosistemas.

Categorías taxonómicas que sirven de guía a los científicos para clasficiar especies. Crédito: Wikipedia
Categorías taxonómicas que sirven de guía a los científicos para clasficiar especies. Crédito: Wikipedia

¿Cómo es encontrar una especie nueva?

Colectar una especie nueva para la ciencia es apenas el primer paso de un recorrido típicamente muy largo. De hecho, ni siempre se tiene certeza o inclusive idea, de que lo colectado pueda corresponder a una especie no descrita (frecuentemente los casos de especies morfológicamente crípticas) y pueden transcurrir muchos años hasta que se descubra que esos especímenes corresponden a una especie no descrita”, explica el biólogo venezolano Fernando Rojas-Runjaic, autor de la investigación que permitió describir una especie nueva de reptil acorazado en el Amazonas venezolano que fue bautizado Kataphraktosaurus ungerhamiltoni.

Un especimen de Kataphraktosaurus ungerhamiltoni encontrado en Venezuela. Crédito: Fernando J.M. Rojas-Runjaic.
Un especimen de Kataphraktosaurus ungerhamiltoni encontrado en Venezuela. Crédito: Fernando J.M. Rojas-Runjaic.

La investigación que permitió este descubrimiento demoró 11 años. Rojas-Runjaic asegura que inclusive en los casos en que se sabe desde el momento de la recolección del espécimen que se ha descubierto una especie hasta entonces desconocida para la ciencia, el proceso puede llevar años. El proceso implica la compilación pormenorizada de información y revisión de literatura especializada, generación de datos (morfológicos, morfométricos, moleculares, etc.), análisis computacionales (estadísticos, filogenéticos, etc.), comparaciones, preparación de imágenes, redacción del manuscrito del estudio, su envío a una revista científica para ser revisado por pares, correcciones, modificaciones, repetición de análisis (cuando corresponde), y demás, hasta que finalmente es aceptado y publicado por una revista científica (ocasionalmente el estudio puede ser rechazado por una revista y toca reiniciar el proceso desde el envío a una nueva revista). 

Los taxónomos nos ocupamos permanentemente de establecer comparaciones entre objetos o seres vivientes, construir criterios para jerarquizar categorías o grupos (como en la teoría de conjuntos de las matemáticas elementales) y clasificar estos objetos y seres  dentro de esos conjuntos de acuerdo a sus semejanzas y diferencias. Es una tendencia natural del ser humano, clasificar. Todos clasificamos lo que percibimos del mundo real, pero el taxónomo lo hace de manera formal, justificando su clasificación con explicaciones racionales”, explica el Ángel Luis Viloria Petit, zoólogo especializado en  la taxonomía en el reino Animal, Phylum Arthropoda, Clase Insecta, Orden Lepidoptera (las mariposas).

¿Cómo se le da nombre a una especie nueva?

La taxonomía se rige por reglas y normas establecidas desde hace siglos. Los principios de esta profesión siguen siendo los mismos desde la época de Aristóteles aunque fueron tomando forma por siglos hasta que en 1758 quedaron plasmados en la obra Systema Naturae de Carl von Linné (o Linnaeus), un filósofo sueco, considerado el padre de la taxonomía biológica. Linnaeus estableció el sistema universal de nomenclatura binomial: cada especie tiene dos epítetos —como un nombre y un apellido. Uno corresponde a su género y el otro a su especie. Son dos nombres, o mejor dicho, un apellido (el género) y un nombre (la especie). Por ejemplo, el perro se llama Canis familiaris, y el lobo se llama Canis lupus.

Atelopus fronterizo. Crédito: Ministerio de Ambiente de Panamá.
Atelopus fronterizo. Crédito: Ministerio de Ambiente de Panamá.

Por ejemplo, Atelopus fronterizo fue el nombre dado a una nueva especie de rana arlequín encontrada recientemente en el Tapón de Darién, en la frontera entre Panamá y Colombia. Atelopus refiere a la especie (rana arlequín) mientras que el sufijo fronterizo fue usado por dos razones: la primera, la zona donde fue encontrada, en una frontera; la segunda, porque fue un agente fronterizo quien avistó y fotografió por primera vez el ejemplar. También Epidendrum aurimurinus es el nombre dado a una nueva especie de orquídea encontrada en Colombia. El nombre Epidendrum refiere al género de las orquídeas, mientras que aurimurinus es un nombre compuesto que refiere a una característica de la planta: auris (oreja en latín) (murimus, que refiere a la familia Muridae, de los ratones). En conclusión, la flor tiene una parte que se asemeja a las orejas de los ratones.

La epidendrum aurimurinus en floración. Llamada así porque que una parte de la flor parece a las orejas de un ratón. Crédito: Parques Nacionales de Colombia.
La epidendrum aurimurinus en floración. Llamada así porque que una parte de la flor parece a las orejas de un ratón. Crédito: Parques Nacionales de Colombia.

El biólogo brasileño Rodrigo de Oliveira Araujo explica el por qué se emplea el latín como lengua para designar las especies: “Tenemos un código internacional que debemos seguir, es un Código Internacional de Nomenclatura Zoologíca, la lengua que se emplea es el latin, que es una lengua muerta, por tanto ya no se hace más revisiones gramaticales. Entonces los nombres son estáticos, no tendrán cambios”: Los sufijos pueden no solo responder a características, sino también al lugar en el que fue encontrado, su distribución (“africanus, “africano”; americanus, “americano”; alpinus, “alpino”; arabicus, “arábigo”; ibericus, “ibérico”; etc.), pero también puede responder a un homenaje al descubridor, explorador o persona que estudió el especímen hasta concluir que pertenece a una especie nueva.

“Hay algunos fundamentos para elegir si vamos a nombrar la especie en honor a una persona, hay que poner sufijos distintos, pero no hay una instruccuón de cómo debemos nombrar, lo más común es poner referencia a una característica morfológica. Ese es el estándar, porque permite a quien lo lee tener una imagen en la mente de alguna característica singular del especímen”, refiere de Oliveira. 

Casos como estos hay muchos. Un artículo publicado en Ecolatino, escrito por la doctora Angy Mendoza, de la Universidad Autónoma de México, da cuenta de algunos nombres fuera de lo común:

Hay muchísimos ejemplos como Scaptia beyonceae [en honor a Beyoncé] (un tábano australiano), Agra schwarzeneggeri [Arnold Schwarzenegger] (un escarabajo), Aleiodes shakirae [Shakira] (una avispa), Cirolana mercuryi (un crustáceo), Baicalellia daftpunka (un platelminto) o la hormiga Sericomyrmex radioheadi. Esta última recientemente nombrada por Ana Ješovnik y Ted R. Schultz como la reconocida banda Radio Head como un ‘reconocimiento a sus esfuerzos constantes en el activismo ambiental, especialmente en la concientización sobre el cambio climático, y en honor a su música, que es un excelente compañero durante largas horas en el microscopio mientras se realizan revisiones taxonómicas de las hormigas’”.

Nombres excéntricos, artículos científicos, apoyos a la ciencia

Los biólogos, zoólogos y taxónomos no solo deben elegir nombres, esta es —si se quiere— la parte conclusiva de su trabajo. Antes que eso, existen incontables estudios, análisis, comparaciones, pero también la escritura metódica de artículos en los que se describen las especies y se justifica basándose en datos y evidencia científica el porqué se está ante una especie nueva, no descrita. Este paso también está relacionado con la etimología, la disciplina o ciencia que estudia el origen de las palabras. Los científicos deben justificar el porqué han elegido un nombre particular para esa especie y sobre qué argumentos se sustentan. 

“Hay especialistas que nombran a especies por científicos o investigadores muy reconocidos, ahora hay toda una nueva generación de científicos e investigadores más jóvenes, que usan nombres para designar especies nuevas vinculados a dibujos animados, de un actor. Por ejemplo hay una especie de insecto, una abeja, que fue designada con el nombre de un Pokemon, se trata de Chilicola charizard. A algunos revisores que no les gusta eso y hay todo un choque generacional con respecto a esto, explica de Oliveira.

Chilicola Charizard, nombrada por un personaje de la serie animada Pokemon. Crédito: Spencer K. Monckton
Chilicola Charizard, nombrada por un personaje de la serie animada Pokemon. Crédito: Spencer K. Monckton

Cada vez es menos frecuente descubrir especies nuevas, pero sobre todo aparecen, se descubren cuando se exploran territorios de difícil acceso, no colonizados o mal explorados previamente. Aún se descubren nuevos mamíferos cada año, en general de pequeño tamaño, nocturnos, escurridizos, pero por ejemplo, entre los insectos todavía se describen miles de especies nuevas cada año, particularmente de las zonas tropicales que contienen mayor diversidad biológica, indica Viloria Petit. De allí que sea vital la inversión en nuevas expediciones, el respaldo económico a los científicos e investigadores que les permitan explorar nuevas áreas difícil acceso y conocer —con fortuna— nuevas especies.

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