Ladera Sur Columna de opinión: Las contingencias de las floraciones de algas nocivas en el sur de Chile y la urgente necesidad de tomar medidas
Columna de opinión:  Las contingencias de las floraciones de algas nocivas en el sur de Chile y la urgente necesidad de tomar medidas

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Columna de opinión: Las contingencias de las floraciones de algas nocivas en el sur de Chile y la urgente necesidad de tomar medidas

Las ONGs AIDA, Greenpeace y FIMA nos entregan su visión y antecedentes ante la urgencia de la alta mortalidad de salmones en el sur de Chile, producto del evento de floraciones algales nocivas (FAN) y la forma en que estos fenómenos, si bien son en parte producto del cambio climático, también son causa directa de la acción humana,  pudiendo ser evitados a través de medidas de prevención. 

©Greenpeace
©Greenpeace

Recientemente fuimos testigos de un desastre ambiental en el sur del país, producto de un evento de floraciones algales nocivas (FAN) que dejó altos volúmenes de mortalidades de salmón. En menos de un mes, la mortalidad acumulada superaba las 5.500 toneladas. Esa cantidad de cadáveres llenaría más de 450 camiones de basura.

Los impactos ambientales de este desastre han sido escasamente abordados. Mientras se discute sobre las causas de los fenómenos de FAN y sus responsables, poco se habla sobre la adopción de medidas para prevenir este tipo de eventos, que ya habían ocurrido antes.

Entendiendo los eventos de FAN

Las floraciones algales nocivas (FAN) son fenómenos ambientales en los que se dan multiplicaciones explosivas y en corto tiempo de organismos microscópicos de ciertas microalgas que tienen toxinas u otras características que pueden generar daños a otras especies.

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Salmones-muertos-Fiordo-Comau © Álvaro Vidal

Las FAN son especialmente letales para las especies en cautiverio que no pueden escapar. Por eso es que perecen por millones. Pero esto no significa que las especies autóctonas presentes estén eximidas. De hecho, falta mucha información científica para evaluar lo que realmente implican estos fenómenos para la salud de los ecosistemas.

Por otro lado, la cantidad de salmones muertos también implica un daño al ambiente en sí mismo, sobre todo si no es retirada a tiempo. La Superintendencia de Medio Ambiente de la región de Los Lagos lo explicó en los siguientes términos: “la mortalidad no retirada de forma temprana entra en fase de descomposición … y si el sistema de corrientes en que se encuentra el centro no es capaz de renovar la capacidad de carga de nutrientes … el sistema puede volverse anóxico…”. Este es uno de los riesgos ambientales que supone la actual situación de FAN en el país. De hecho, Sernapesca anunció que se querellaría contra la empresa Camanchaca por la contaminación de las aguas, después de que en sus intentos por retirar las mortalidades, se estaba vertiendo agua con material orgánico y contaminación de vuelta al mar.

Lo que está ocurriendo hoy día tampoco es novedad. En 2016, vivimos un evento de FAN devastador en la región de Los Lagos que provocó una mortalidad de 40 mil toneladas de salmones además de la pérdida de una gran cantidad de recursos pesqueros locales. El evento desató una grave crisis económica. Ante la incapacidad de responder a tal emergencia, se autorizó verter aproximadamente 9 mil toneladas de salmón muerto al mar. Posteriormente, un informe científico relacionó el vertido con los florecimientos algales nocivos que afectaron la zona durante ese año; y cinco años después, el hecho fue declarado ilegal por parte de la Corte Suprema.

Salmoneras © Álvaro Vidal
Salmoneras © Álvaro Vidal

Factores incidentes en el desarrollo de los eventos de FAN

Las FAN se originan por múltiples factores, tanto naturales como antropogénicos. El primer sospechoso es el cambio climático. El aumento de la temperatura del mar y la variación de precipitaciones son algunos de los factores asociados. Pero no todo es culpa del clima.

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La descarga excesiva de nutrientes en el medio marino, proceso conocido como eutrofización, también es un factor decisivo. Lo anterior puede ocurrir por causas naturales, como cuando los ríos descargan su materia orgánica al mar, o por causas antropogénicas.

Un ejemplo de eutrofización por factores antropogénicos se da con la actividad de la salmonicultura. Esto ha sido reconocido por Sernapesca: “Chile se ha visto particularmente afectado por fenómenos de FAN, desde el inicio de la actividad de la acuicultura, causando mortalidades en salmónidos, en forma masiva…”.  En el mismo sentido se ha pronunciado la ciencia: según la revista Nature, “la eutrofización proveniente de la acuicultura y las contingencias FAN concomitantes continúan siendo la principal causa de contaminación del agua para muchas aguas dulces y ecosistemas marinos costeros y son un problema de rápido crecimiento en el mundo en desarrollo”.

Y es que las descargas de materia orgánica y nutrientes, provenientes del alimento no consumido y de las fecas de los peces, se va acumulando en el medio marino alimentando la proliferación de algas nocivas. Cuando estas densas floraciones de algas finalmente mueren, su descomposición agota gravemente el oxígeno disuelto, generando anaerobismo y dando lugar a zonas hipóxicas o anóxicas, que carecen de oxígeno suficiente para mantener a la mayoría de los organismos.

En las concesiones del sur de Chile se da mucho anaerobismo. Entre el 2013 y el 2015, 53% de  los centros de salmonicultura que operaban en la región de Magallanes se encontraban anaeróbicos. Entre abril de 2010 y diciembre de 2020, 48% de los centros de cultivo en la región registraron condiciones anaeróbicas. Estos centros no presentaban esas condiciones cuando se aprobó su instalación, ya que para aprobarse un proyecto de salmonicultura, su titular debe demostrar que el medio está aeróbico. El desequilibrio generalizado que implica la cantidad de anaerobismo que se está dando en el sur de Chile es también caldo de cultivo para las FAN.

Un tercer elemento influyente es el espacio geográfico donde ocurren estos eventos. La costa de la Patagonia chilena se caracteriza por sus canales, islas y fiordos, que dan lugar a espacios semicerrados, donde hay estancamiento parcial o total de cuerpos de agua. La falta de recambio de las aguas también incide en la eutrofización y en la generación de eventos de FAN.

©Paula Díaz Levi
©Paula Díaz Levi

La necesidad de actuar ya

Si hay una cosa clara es que la salmonicultura opera en zonas altamente vulnerables a la generación de eventos de FAN. Hablar de responsabilidades es ciertamente importante, pero aún antes de eso deberíamos preguntarnos si, con o sin culpa, ¿es razonable que se autorice el desarrollo de la salmonicultura en zonas tan sensibles?

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Todo cuerpo de agua tiene una capacidad de carga, que se refiere a su capacidad de descomponer, reciclar, absorber o dispersar los desechos orgánicos y químicos recibidos. Hoy en día demasiadas concesiones de salmonicultura están generando condiciones anaeróbicas, lo que denota que se están superando dichas capacidades e invitando a los eventos de FAN.

Ya en el año 2010, el Estado había establecido una moratoria a la aprobación de nuevas concesiones de salmonicultura en las Regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes, reconociendo la superación de las capacidades de carga de los espacios marinos. No obstante, entre 2011 y 2020, la producción de salmones aumentó en las tres regiones (en Los Lagos,  casi en 100 mil toneladas; Ayén pasó de 269.789 a 481.590 toneladas; y en Magallanes la producción total se incrementó en más de 10 veces, pasando de 9.828 toneladas en 2011 a 166.366 toneladas al 2020). El colapso era inminente.

Un centro que genera condiciones anaeróbicas está dando una señal. Si no hubo sobreproducción u otro mal manejo relacionado con la descarga de materia orgánica al mar, entonces el permiso ambiental debiera ser revisado, pues lo autorizado no es seguro. En un contexto de cambio climático, autorizar actividades industriales, que además de incorporar nutrientes dañan los equilibrios del ecosistema marino es una invitación directa a la ocurrencia de FAN. Más aún si es en zonas sensibles a estos eventos.

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Salmones-muertos-Fiordo-Comau © Álvaro Vidal

La Contraloría General lo tiene claro. En un Dictamen de octubre de 2020, ordenó a los organismos intervinientes en la evaluación ambiental de proyectos “la adopción de medidas que incluyan mecanismos preventivos de planificación y regulación en el establecimiento de los límites de la biomasa, capaces de establecer producciones acuícolas máximas acorde a las capacidades de carga que determinado sector del ecosistema marino pueda soportar, evitando así la generación de condiciones anaeróbicas”. Basó lo dicho en el principio precautorio, establecido en el artículo primero de la Ley General de Pesca y Acuicultura.

El Tribunal Ambiental también está de acuerdo. En la causa rol R-19-2020, se pronunció respecto a los factores que provocan anaerobismo en los centros acuícolas, estableciendo que si existen situaciones de anaerobismo habiéndose cumplido con todas las exigencias establecidas en las RCAs, es porque la capacidad de autorecuperación del sistema es menor a la estimada. Se trata, por tanto, de un caso de un impacto imprevisto pero que el conocimiento científico permitía preverlo; sin embargo, por alguna razón, no se hizo correctamente”.

La generación de desechos orgánicos, tan propio de la salmonicultura, es un ingrediente más dentro de una receta para el desastre. Pero se trata del único ingrediente sobre el que tenemos control. No podemos controlar el clima, no podemos cambiar la geografía. Sí podemos controlar la contaminación de las industrias.