Ladera Sur Brasil: Ilha Furtada, una isla en la que cientos de gatos han sido abandonados y que ha puesto de cabeza a autoridades y activistas
Brasil: Ilha Furtada, una isla en la que cientos de gatos han sido abandonados y que ha puesto de cabeza a autoridades y activistas

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Brasil: Ilha Furtada, una isla en la que cientos de gatos han sido abandonados y que ha puesto de cabeza a autoridades y activistas

Ilha Furtada es un islote deshabitado situado en el litoral distrito de Itacuruçá, a 8 kilómetros al oeste de la ciudad de Río de Janeiro. Conocida por muchos locales como la ‘isla de los gatos’, ha sido durante varios años lugar en el que los cariocas han abandonado cientos —o quizá miles— de gatos. Isla Furtada es, en la práctica, un repositorio de felinos cuyos dueños ya no quieren o que simplemente ya no pueden hacerse cargo de estos. Con la pandemia del Covid-19 y la consecuente muerte de propietarios de estas mascotas, muchos han ido a parar a este islote en el que no hay agua potable ni alimentos. Los gatos recorren la isla en manadas salvajes que —se afirma— atacarían a cualquiera. Las tensiones entre las autoridades, activistas y la ciudadanía han abierto una grieta: ¿Por qué los abandonan allí? ¿Conviene alimentarlos? ¿Incentiva esto el abandono de más gatos? ¿Qué pueden hacer las autoridades y organizaciones animalistas para aliviar el problema?

Ilha Furtada, conocida como la isla de los gatos. Crédito: VeterinariosNaEstrada
Ilha Furtada, conocida como la isla de los gatos. Crédito: VeterinariosNaEstrada

¿Se imagina usted una isla poblada casi enteramente de gatos abandonados por sus dueños? Lo primero que probablemente se viene a la cabeza es la aplaudida película “Isla de perros”, del director estadounidense Wes Anderson. Solo que eso era ficción, pero esto que les contaremos no lo es. Una isla llena de gatos es lo que piensan los cariocas —aquellos que viven estrictamente en el estado de Río de Janeiro, en Brasil— cuando hablan o escuchan el nombre de Ilha Furtada. Este islote, ubicado a 8 kilómetros al este de la ciudad, ha sido durante años el lugar al que han ido a parar casi un millar de gatos que han sido abandonados por sus dueños.

La isla está deshabitada y apenas es frecuentada por algunos pescadores, turistas, curiosos o activistas que se aproximan a su costa ya sea para abandonar nuevos felinos, o bien para dejar comida a las manadas de gatos, muchos de ellos salvajes, que la recorren de punta a punta.

La historia de cómo comenzó a crecer la colonia de gatos más grande del distrito de Itacuruçá, en el estado de Río de Janeiro, es controvertida, con algunas versiones que se enfrentan entre sí. Algunos pobladores narran que a mediados de los años 50, una familia que intentó poblar la isla acabó abandonándola un par de años después dejando tras de sí a varios gatos que, se cree, fueron reproduciéndose hasta hoy día, aunque varios años luego la presencia de gatos haya comenzado a crecer por causa del abandono de mascotas por parte de sus dueños que no han podido continuar cuidando de ellas.

La razón por lo que lo hacen en esta isla es desconocido. Pero lo cierto es que se ha documentado que personas pagan a pescadores para que lleven sus gatos hasta la isla. Un reporte reciente por el Washington Post da cuenta de que el abandono de gatos en la isla forma parte ya de la cultura local.

Cientos de gatos abandonados son alimentados por pescadores, turistas y curiosos que se acercan a Ilha Furtada. Crédito: © Historias Do Mar
Cientos de gatos abandonados son alimentados por pescadores, turistas y curiosos que se acercan a Ilha Furtada. Crédito: © Historias Do Mar

El área se ha convertido en un punto de disposición de animales despreciados por sus dueños, un delito ambiental que en Brasil acarrea una pena de hasta tres meses a un año de prisión, además de una multa. Por esto, la isla ha pasado a ser conocida como la Isla de los gatos.

En 2012, se estimó que la población de felinos en este islote rondaba por los 250 ejemplares. Ocho años después, la Subsecretaría de Protección y Bienestar Animal del Estado de Río de Janeiro, que realiza estos cálculos, proyectó que en el sitio habitan 750 gatos, según un reporte del medio local R7, que pudo visitar la isla en lo que ha sido la primera expedición pagada por la ciudad, que además contó con la presencia de grupos activistas y equipos de veterinarios que recorrieron en área, capturaron ejemplares, tomaron muestras y evaluaron la salud de apenas una muestra de los gatos, pues, cientos se han vuelto asilvestrados y hostiles, dado que no están habituados a la presencia de humanos.

 

Con la pandemia del Covid-19, la situación en Ilha Furtado ha empeorado: las colonias han crecido de manera sustancial, y cada vez hay menos comida. Ante las restricciones por medidas sanitarias, son pocos los que han podido desplazarse para dejar comida a los animales. Además, Brasil es un país que ha sido duramente golpeado por la pandemia, que ha causado la muerte a más de 465.000 personas, lo que ha provocado una crisis sin precedentes de hambruna, pobreza y abandono.

Esto ha provocado también que la capacidad de los refugios para animales esté sobrepasada, casi o tanto más como los centros de salud están llenos de pacientes. Andrea Rizzi Cafasso, directora de uno de los principales refugios o albergues para animales domésticos, contó a medios locales que no pocas veces debió declinar la recepción de gatos porque sencillamente no tenían espacio donde alojarlos. La respuesta que ha recibido ha servido para documentar el fenómeno: “Si no los recibe, irán a la Isla de los gatos”.

En octubre del año pasado, Ilha Furtado acaparó titulares en medios en todo el mundo cuando se documentó que la pandemia estaba causando estragos en la población de gatos en la isla. Ante la ausencia de fuentes de agua potable y alimentos, los gatos estaban padeciendo hambruna y trastornos renales, según reportaron organizaciones defensoras de animales. Los reportes marcaron un punto de inflexión y las autoridades, que se habían mantenido al margen de la diatriba sobre qué hacer con los gatos en la isla, debieron involucrarse. Aunque esto no signifique que haya acuerdos o consenso en las soluciones. Al contrario, las propuestas han dividido a los locales: la postura de las autoridades ha sido intentar evitar que más personas alimenten a los gatos porque, alegan, esto incentiva el abandono por parte de sus dueños.

Equipos de médicos, como Veterinarios Na Estrada, han visitado Ilha Furtada para evaluar a la población de gatos abandonados. Crédito: © VeterinariosNaEstrada
Equipos de médicos, como Veterinarios Na Estrada, han visitado Ilha Furtada para evaluar a la población de gatos abandonados. Crédito: © VeterinariosNaEstrada

Para los grupos de activistas y organizaciones no gubernamentales, la propuesta del gobierno es vista como cruel y ha sido catalogada incluso como “barbárica”. Sin la comida llevada por pescadores, amantes de los animales y organizaciones, los gatos sencillamente morirían. Otra propuesta de la ciudad ha sido la instalación de cámaras de vigilancia, que permitan identificar a quienes abandonan los animales, implementando también la imposición de multas y sanciones a quienes incurran en este delito.

De momento, organizaciones como VeterinariosNaEstrada, junto con otros cuatro colectivos de médicos veterinarios, han estado visitando la isla con frecuencia, intentando hacer un censo de la población de gatos, haciendo un inventario de los daños en el ecosistema local y verificando posibles brotes de enfermedades. Lo que han encontrado, no los ha sorprendido. En un post en la página de este grupo, los veterinarios comentan, evidenciando el problema del impacto de una especie invasora en poblaciones fuera de control: “Estos animales, liberados, representan una gran amenaza, ya que se alimentan de huevos y crías de aves silvestres e incluso migratorias, pequeños reptiles y pequeños mamíferos, además de competir directamente con depredadores naturales, sin mencionar que propagan varios patógenos, fatales. a la fauna local. Otra situación es que los cachorros e incluso algunos adultos sufren ataques de animales salvajes“.

Autoridades en Río de Janeiro piden a locales no alimentar a los gatos de Ilha Furtada. Crédito: © VeterinariosNaEstrada
Autoridades en Río de Janeiro piden a locales no alimentar a los gatos de Ilha Furtada. Crédito: © VeterinariosNaEstrada

Los capibaras, agutíes, pacas, lagartijas y aves migratorias comparten el mismo hábitat y la presencia de gatos provoca un desequilibrio en este ecosistema y —especialmente— en la cadena alimentaria. Los gatos se alimentan de los huevos de aves; los lagartos, por otro lado, se alimentan de los propios felinos. “Esta cadena alimentaria no es común ni en la naturaleza ni para el ecosistema de la isla, ya que los gatos no deberían estar aquí”, explica Rose Viviane Costa, la veterinaria de la Subsecretaria de Protección y Bienestar Animal.

No obstante, las organizaciones han ido dando pasos, sin estigmatizar a los felinos, para aliviar también la situación: Poco a poco fueron transportando materiales de construcción, y equipos reciclados, para improvisar refugios que sirvan a los gatos. Además han instalado dispositivos que permitan colectar el agua de lluvia y bebederos para que puedan abastecerse de agua potable. También han puesto lonas, para protegerlos de los elementos. En el debate entre qué hacer con los gatos, y los ataques —algunos viralizados en redes sociales— hay un elemento esencial que subyace y que muchos pierden de vista: La presencia de los gatos en la isla fue causada por el hombre. Los gatos no pidieron estar allí. Todo lo que pueda suceder con ellos, debe ser responsabilidad de las acciones y decisiones de los involucrados: Gobierno, ONG, pescadores y, finalmente, de todos visitantes de Ilha Furtada.

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