William Eberhardz, científico del reconocido Instituto Smithsonian, ha trabajado en el comportamiento y la historia natural de diversos organismos, y mediante su observación ha sido capaz de elaborar intrincadas preguntas que han permitido el desarrollo de sus investigaciones. En este caso, el científico junto a Marcelo Gonzaga de la Universidad Federal de Uberlândia, en Brasil, reunieron un conjunto de investigaciones acerca de un patrón observado en una avispa parasitoide que convierte a las arañas en sus sirvientas.

Las avispas parasitoides se caracterizan –en su mayoría– por poner sus huevos en otros insectos, que terminan siendo el alimento de las larvas. Sin embargo, en este escenario, los científicos pudieron observar que las avispas a menudo manipulaban la fisiología y comportamiento de sus hospedadores para promover su propia reproducción. En otras palabras, estas avispas pueden forzar a una araña a tejer una red especial para que ella pueda suspender la pupa –el último estado de la larva– justo antes de matar a su víctima.

@Marcelo O. Gonzaga
@Marcelo O. Gonzaga

La avispa hembra captura a la araña, la pica provocando una parálisis temporal y pone un huevo en su superficie exterior  –generalmente en su abdomen–. La araña se recupera en menos de una hora, y el huevo que fue inyectado comienza a desarrollarse a lo largo de unas semanas. De acuerdo al informe, la larva no tiene efecto aparente en el comportamiento de la araña, y éstas por lo general no intentan eliminar los huevos o larvas.

Los científicos reunieron evidencia de que este mecanismo llamado “zombificación” consiste en piratear los mecanismos de hilatura de la red mediante el secuestro de la hormona de muda de la araña, la ecdisoma.

Uno de los factores que observaron los investigadores fue la habilidad de la avispa para inducir una diversidad de cambios en las telarañas, como por ejemplo, la modificación de varios elementos de diseño clave diferentes, que generalmente resultan en un hogar propicio y seguro para el capullo de pupa.

El dato curioso es que el único acceso al cerebro de la araña es a través de una inyección de sustancias psicotrópicas en la hemofilina –un fluido que poseen los invertebrados, que transporta nutrientes que alimentan los tejidos de estos animales– para luego ser transportadas por medio de la circulación al sistema nervioso central. Estas inyecciones las realiza la larva mientras se mantiene adherida como parásito a la araña.

Con el estudio de las telarañas se podrán realizar investigaciones más específicas acerca del comportamiento de las arañas bajo estos efectos y obtener mayores detalles de este fenómeno de la zombificación.

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