Ladera Sur Glaciar Nieves Negras: un viaje a uno de los paraísos del Cajón del Maipo
Glaciar Nieves Negras: un viaje a uno de los paraísos del Cajón del Maipo

Glaciar Nieves Negras: un viaje a uno de los paraísos del Cajón del Maipo

Hoy les compartimos el relato de una aventura de nuestro colaborador invitado Rodrigo Díaz, quien realizó una expedición al glaciar Nieves Negras, en el Cajón del Maipo. Aquí nos cuenta su travesía por las montañas de la zona, donde además del prístino paisaje y afortunado paisaje, los acompañó un buen clima y nieve para esquiar donde no se lo esperaban. Con la experiencia de viajes como éste y sobre todo en tiempos que hay que estar confinados, nos cuenta, podemos valorar más estos momentos de libertad que entrega la naturaleza y motivarnos por cuidarla más. Aquí nos cuenta el relato de su travesía.

El glaciar nieves negras es una joya del Cajón del Maipo. Se trata de una gigante prolongación de hielo milenario de casi 2000 metros de altura que desciende por la ladera sur del volcán San José,  que felizmente se ha mantenido prístino gracias a estar rodeado por grandes montañas que lo protegen del sol y de las altas temperaturas. Además, está alejado de las contaminantes y ruidosas actividades como las de Alto Maipo, de AES Gener, que estarían afectando al entorno natural del Cajón del Maipo.

Volcan San Jose ©Rodrigo Díaz
Volcan San Jose ©Rodrigo Díaz

La gran importancia que tiene conservar estos santuarios de la naturaleza para la vida de las personas de esta zona, la inusual y gran afluencia de comunidades de esquí y snowboard que este invierno puebla Baños Morales y Lo Valdés, y a su vez, nuestras siempre vivas ansias de exploración y aventura, nos hicieron viajar a este lugar.

Pensamos pasar algunos días en Nieves Negras, para visualizar el glaciar en condiciones invernales y saber qué depara este valle para el esquí de travesía; partimos desde el cabrerio cercano al puente colina junto a Lucas Díaz, un motivado snowboarder local que se consiguió una tabla de splitboard para probarla por estos valles. Juntos salimos en la tarde con dirección a Nieves Negras. Muy pesados y, luego de una corta caminata, llegamos a Baños Colina.

Lucas Diaz ©Rodrigo Díaz
Lucas Diaz ©Rodrigo Díaz

Ahí, desde hace algunos inviernos, se trata de mantener habitado el refugio para recibir a los que se atreven a caminar desde el puente colina, durante una o dos horas, dependiendo de la cantidad de nieve o el equipo que uses para ir. Yo fui en randonné, pero también hay personas que lo hacen con raquetas, motos de nieve y en helicóptero. Así, nunca sabes con quién te vas a topar cuando estés aquí. Pasamos a ver que estuviera todo bien en el refugio del lugar y nos encontramos a los cuidadores, quienes nos recibieron muy contentos, ya que recién pasaba la tormenta y no veían a nadie en mucho tiempo. Esa tarde decidimos pasar la noche en este mágico lugar, disfrutando un relajante baño termal. El cielo estaba despejado y se veía lleno de estrellas, por lo que no pudimos evitar  quedarnos ante este regalo de la naturaleza.

Atardecer en Nieves Negras ©Rodrigo Díaz
Atardecer en Nieves Negras ©Rodrigo Díaz

Al día siguiente, muy temprano rumbo al glaciar, el trayecto transcurre por un característico paisaje andino. Existe un solo puente que está como un kilómetro más arriba de la terma y, dependiendo de los puentes de nieve que se forman sobre el río, podrás cambiarte de lado, de lo contrario deberás cruzar como puedas o meterte al agua. Lo mejor es que en este lugar aún es posible experimentar una caminata solitaria y sin aglomeraciones. Luego de cuatro horas más o menos, llegamos a la junta de los esteros Blanco y Colina, que marcan el inicio de la ruta al glaciar de Nieves Negras al este y al sur la ruta que sigue hacia el paso fronterizo portezuelo de Colina, al Cerro Castillo (5468m) o Laguna Garañino.

Al llegar a este punto el panorama era muy distinto al esperado. Bajaba un viento muy fuerte desde lado sur, lo que hacía que en esta unión de valles la nieve se fuese a guardar a otro lugar que de aquí no veíamos. Me refiero a la deseada nieve polvo, porque nieve en realidad había mucha, pero no estaba como nosotros la esperábamos. En fin, dejamos los petates tirados y fuimos atraídos instantáneamente a esquiar una ladera del Cerro Amarillo (4221m), que tiene unas agujas impresionantes y muy estéticas, destacándose un morro ancho e impresionante que corona su cumbre.

Cerro Amarillo ©Rodrigo Díaz
Cerro Amarillo ©Rodrigo Díaz

Esquiamos desde el pie del morro  de esta colorida montaña, para pasar junto a las atractivas agujas de tono rosado que acentúan su elegancia con la luz que caracteriza los atardeceres cajoneros. Estábamos listos. Obscureciendo, llegamos hasta nuestros petates directo a armar campamento, por que la temperatura desciende rápidamente junto al viento argentino que comienza a ser muy frío al caer el sol (viento argentino es una manera de decir por la orientación del viento, siempre pensé que vendría del valle del Cajón y seguiría subiendo, pero no)

Hielo milenario ©Rodrigo Díaz
Hielo milenario ©Rodrigo Díaz

 Al otro día, desde muy temprano caminamos sin objetivo claro, solo atraídos por los hielos milenarios que coronan el valle, protegido a un lado por el Cerro Manutara  (4529m), el Cerro Panamericano (4500m) y el Cerro Amarillo, los que cierran y contienen estas gigantescas masas de hielo hacia el este formando una frontera natural con Argentina.

Avanzamos por el valle discutiendo hacia dónde iríamos hasta que llegamos a toparnos con el primer glaciar de la ruta; el primer escudo azul que da la bienvenida a una serie de bloques gigantescos que caen en una eterna procesión hacia las tierras bajas. Este lento y milenario proceso ha hecho que se produzcan unos canales profundos y muy marcados que caen hacia la junta.

Cerro Manutara y Cerro Panamericano ©Rodrigo Díaz
Cerro Manutara y Cerro Panamericano ©Rodrigo Díaz

Nos quedamos un momento bajo el hielo y decidimos avanzar sobre el glaciar tomando altura para dirigirnos al portezuelo entre el volcán y el cerro Manutara, a visualizar la gran masa de hielo que cae hacia el lado Argentino, que es impresionante. Al subir por el glaciar, vimos por el lado izquierdo un gigantesco coliseo blanco y con muchos azules. Quedamos pegados, inmóviles mirando un rato: ahí estaba al fin, toda la nieve del valle concentrada en un codo que no se deja ver hasta que estas metido hasta el fondo. Nos llenamos de motivación y nuestro rumbo cambió 180 grados para caminar a lo que sería la conexión con el valle de La Engorda junto a la cumbre del Cerro Andrade (4062 msnm), y más al este el brazo mismo del volcán San José.

Cumbre Cerro Andrade ©Rodrigo Díaz
Cumbre Cerro Andrade ©Rodrigo Díaz

Era como estar en el Olimpo y que éste nos diera pase libre,  ya que apareció un grupo de personas en motos de nieve, que pese a sus esfuerzos no pudieron conectar con estas laderas de los sueños. A lo lejos veíamos cómo las motos subían el Cerro Amarillo como si nada, pero les era imposible pasar a donde nos dirigíamos.

Ese día, el pequeño valle se reservaba solo para caminantes, esto recargaba de energía las piernas y caminamos hasta el mismo vértice que divide ambos valles. A las 5 pm estábamos en este lugar viendo como el sol se perdía en el horizonte. Estos momentos son lo máximo en la vida de quienes amamos la naturaleza salvaje de las montañas y la libertad que ésta nos entrega. Además son coronados con esquiadas increíbles con nieve de calidad mundial.

Lomajes de los sueños ©Rodrigo Díaz
Lomajes de los sueños ©Rodrigo Díaz

El día miércoles volvimos por la misma sesión, solo que esta vez esquiamos desde el vértice oeste bajo la cumbre del Cerro Andrade. Nuevamente era un día soleado y la calidad de nieve espectacular. Ese día se terminaba celebrando si o sí, así que esquiamos hasta la carpa agotados y felices por las buenas condiciones del glaciar y de todo su entorno. “Volveremos”, pensé, porque ya sabía que esto se terminaba: estaba pronosticado que el jueves entraba una tormenta.

Amaneció nublado y frío. Bien desquiciados con tanta caminata, levantamos campamento y nos retiramos. Dando las gracias por nuestra experiencia, pasamos por un termazo express y, como habíamos acordado, en la cabrería estaba nuestro transportador listo para la extracción a las 5 pm.

Vertiente inmóvil ©Rodrigo-Díaz
Vertiente inmóvil ©Rodrigo-Díaz

Fue un mini viaje increíble, de mucho aprendizaje. En invierno, nuestra Cordillera de Los Andes se vuelve un real templo para los amantes de la nieve y el hielo, sobre todo con un nivel de caída y mantención que hace años no se daba, convirtiéndose en una plataforma deportiva con inagotables vías y rutas por explorar.

No todos lo entienden. tampoco se pretende que así sea, pero ser un afortunado de tener estas visiones me hace solo agradecer todos los pasajes de la vida que busqué vivir, paradisiacos y difíciles; con alegrías y tristezas.

En estos momentos de distanciamiento social, barreras sanitarias y confinamiento, se agradece y disfruta mucho más de los momentos simples de la vida, de alegrías y todo lo demás. Las distracciones y restricciones globales pasarán, y más que nunca debemos recordar que solo la naturaleza nos puede dar esa libertad que hoy es tan valorada. Por lo mismo, actuar y pensar más en cómo cuidaremos y cuidarás ese lugar que extrañas y que tanto quieres disfrutar se vuelve elemental. Es por el agua, las montañas, los ríos, lagos y playas libres de todos lados.

Campamento Base ©Rodrigo Díaz
Campamento Base ©Rodrigo Díaz

Para más información del proyecto Alto Maipo, ingresa aquí.

Para más información de las termas y el acceso al valle de Nieves Negras, ingresa a www.termasvalledecolina.com

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