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DECLARACIÓN | Encuentro en Torno al Mar en Pichilemu finaliza con declaración con diagnósticos y compromisos sobre la educación ambiental oceánica en Chile
El pasado 4 y 5 de junio se desarrolló el “Encuentro en torno al mar”, organizado por The Nature Conservancy (TNC) Chile, en alianza con la Fundación Punta de Lobos y GEF de Gobernanza Marino costera. La instancia reunió a cerca de 50 invitados de la academia, fundaciones y representantes de organizaciones de todo Chile, además del sector público, para articular una red de actores y construir en conjunto los pilares de una hoja de ruta sobre la educación marina para el mar en el futuro. En este contexto, desarrollaron una declaración en la que elaboran un diagnóstico con propuestas y compromisos sobre la educación marina. Léela a continuación.
Nos reunimos en Pichilemu, frente al océano Pacífico, más de cuarenta personas que trabajamos en conservación y educación ambiental oceánica desde distintos territorios, disciplinas y organizaciones de Chile.
Llegamos con preguntas distintas y nos fuimos con una visión compartida. Esto es lo que queremos decir.
Lo que vemos
Con más de 4.300 kilómetros de costa continental —que se transforman en 83.500 al recorrer fiordos, bahías e islas—, una zona económica exclusiva entre las más extensas del planeta y presencia antártica, Chile es uno de los territorios con mayor vocación oceánica del mundo. Su historia, prácticas culturales, economía e identidad están entrelazadas con el océano. Sin embargo, su sistema educativo muchas veces actúa como si el mar no existiera.
La educación ambiental oceánica no está suficientemente incorporada como parte del currículum nacional. Se desarrolla en gran parte gracias a docentes, organizaciones civiles, investigadoras, investigadores y personas que sostienen este trabajo con recursos escasos y con un limitado aporte institucional.
Al mismo tiempo, vemos un ecosistema de iniciativas rico y comprometido: programas con años de trayectoria, comunidades costeras que cuidan lo que conocen, docentes que enseñan fuera del aula, redes que tejen vínculos entre territorios, y jóvenes promesas muy involucradas con el cuidado del océano.
Lo que creemos
Creemos que la relación de Chile con el océano no puede seguir siendo opcional en la educación.
Creemos que aprender sobre el mar es conocer y valorar sobre el territorio que habitamos, sobre la vida que sostenemos y sobre las decisiones que nos tocan como sociedad. Destacamos que el espacio que habitamos no se limita a la tierra, sino que incluye también el mar y sus costas.
Creemos que la emoción es un objetivo fundamental del proceso educativo. Que conectarse con el océano —sentirlo, emocionarse, conocerlo, entenderlo y quererlo— es el primer paso hacia cuidarlo. Y que esa conexión no se enseña solo en una sala de clases con la ventana cerrada.
Creemos que el conocimiento de las comunidades costeras, de los pueblos originarios, de quienes trabajan el mar con las manos, tiene el mismo valor que el conocimiento científico. Y que una educación ambiental que no integra esos saberes es una educación incompleta.
Creemos que el trabajo sostenido solo por voluntarismo tiene un límite. Que las personas que hacen educación ambiental oceánica merecen condiciones dignas, reconocimiento profesional y continuidad. Y que eso requiere decisiones políticas.
Lo que proponemos
Proponemos que la educación ambiental oceánica y la cultura oceánica tengan un lugar garantizado en la educación escolar, que se fijen objetivos definidos participativamente que promuevan el cuidado del océano y el uso sustentable de sus bienes comunes y se incorporen metodologías experienciales basadas en la naturaleza que pongan a las y los estudiantes frente al mar.
Que exista financiamiento permanente para este trabajo. Fondos que permitan sostener equipos, programas y redes más allá de las voluntades particulares de los tomadores de decisión.
Que las y los docentes tengan formación en educación ambiental y cultura oceánica en la formación inicial, en la formación continua y otros programas de perfeccionamiento.
Que las áreas con fines de conservación y/o recreación, funcionen como aulas abiertas, con infraestructura educativa, implementación efectiva con programas sostenidos y con vínculos reales con las comunidades que las habitan y programas de gobernanza que incluyan la educación ambiental.
Que la institucionalidad articule lo que ya existe con una hoja de ruta y mandatos claros. Hay normativa, hay fondos, hay organizaciones, hay personas comprometidas. Lo que falta es la decisión política de brindar un enfoque sistémico y de largo plazo.
Que la educación oceánica integre las miradas de los pueblos originarios en su relación con el mar. Las comunidades costeras han leído y cuidado el océano por generaciones, con saberes propios sobre sus ciclos y especies.
Que las experiencias al aire libre sean parte central de esta educación. Aprender del mar exige habitarlo: salir a la costa, navegar, observar las mareas y las especies, reconocer el maritorio como un espacio vivo de aprendizaje.
A lo que nos comprometemos
A mantener la conexión. Construir el mapa del campo y compartirlo como bien público. A encontrarnos de nuevo, en Punta de Lobos u otras localidades costeras del país, y continuar la conversación.
A aprender en conjunto a reflexionar y a avanzar en medir el impacto de lo que hacemos, incluyendo lo que los números no capturan: ese momento en que la niñez toca el mar por primera vez, la decisión de una comunidad de cuidar su caleta, el asombro frente a la majestuosidad del océano.
A interpelar con respeto y con evidencia a quienes toman decisiones. A llevar esta visión a los espacios donde se discute y ejecuta el currículum, se asignan los fondos y se diseña la política oceánica del país.
A situar nuestro trabajo desde las realidades del sur global, donde las costas y comunidades que dependen del océano enfrentan desafíos comunes: desigualdad, crisis climática y concentración de las decisiones sobre los bienes comunes marinos.
A construir alianzas y una red de colaboración que visibilice los conocimientos y soluciones nacidas desde los maritorios.
A no trabajar de manera aislada cuando podemos trabajar colaborativamente.
El océano no espera. Los ecosistemas marinos están bajo amenazas crecientes y las comunidades costeras enfrentan transformaciones que exigen una ciudadanía informada y comprometida. Lo que hagamos hoy lo heredarán quienes vienen: niñas, niños y adolescentes que merecen crecer sabiendo que el mar es parte de quiénes son, y mayores cuyos saberes sobre la costa no pueden perderse en el camino. Cuidar el océano es una tarea que une a las generaciones.
Tenemos el conocimiento. Tenemos las metodologías. Tenemos las organizaciones. Lo que pedimos es una política pública urgente y con financiamiento que entregue escala y continuidad.
Esto es lo que el campo de la educación ambiental oceánica de Chile dice desde Pichilemu, en junio de 2026.
FIRMAN
The Nature Conservancy (TNC) Chile
Rodrigo Farias – Parley Chile
Nelson Vásquez Farreaut – Científicos de la Basura
Bryan Bronislaw Bularz
Karina Villarroel Jofré – Escuela del Océano Pichilemu
Javiera Espinoza-Jara – Aula de Mar
Rodrigo Sánchez Grez – Fundación Capital Azul
Mayra Figueroa Sanhueza / Red de Educación Latinoamericana para el Océano – RELATO
Paúl Gómez-Canchong – COPAS Coastal
Carolina Zagal Roberts – Oceanósfera
Valeria Hidalgo-Ruz – Universidad Santo Tomás
Carolina Momberg Vidal – Somos Tribu Fundación
Ximena Rosales – Agrupación de Promotores de desarrollo social y ambiental
Moisés Gallo Ávalos – Escuelas Azules Chile
Fernando Mejías Baeza – Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS)
Mariela Sovino Vergara
Celeste Kroeger – Núcleo Milenio NUTME
Sebastián Yancovic Pakarati – Koro Nui o te Vaikava
Ghislaine Barría González – Instituto de Fomento Pesquero
Cynthia Paola Jara – Fundación Corallina
Cata Frazier Aguilar – Escuelas Deportivas Monkey Rockers
Patricio Mekis Parque Punta de Lobos
Kelly Valdebenito Parque Punta de Lobos
Francisca Lira – Ladera Sur
Pablo Cea – Glocalminds
Pablo Malhue Campusano – Fundación Yecos Chile
Beatriz Salgado Murillo – Núcleo Milenio NUTME
Liliana Plaza – Ojos de mar
Manuela Erazo – FAO
Francisca Arroyo – Fundación Somos Tribu
Equipo LS