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Enredados con plantas mágicas
Sitio web del eventoLa relación como forma de vida: la propuesta de Nube Lab en su exposición “Enredados con plantas mágicas”
En el panorama del arte contemporáneo y la educación, la ONG y colectivo de artistas Nube Lab lleva más de una década desarrollando una práctica sostenida orientada a activar la creatividad y la sensibilidad como capacidades fundamentales para habitar el mundo contemporáneo. Su trabajo se materializa en experiencias que trenzan arte, juego y aprendizaje, invitando a personas de todas las edades a imaginar, crear y aprender junto a otros.

La exposición “Enredados con plantas mágicas”, inaugurada el 31 de enero en la Galería EMIAN del Teatro Educativo de las Artes de Panguipulli, se inscribe en esta trayectoria con una propuesta que cruza arte, educación y naturaleza, y plantea un desplazamiento crítico: dejar de observar la naturaleza como un escenario pasivo o un objeto de estudio para reconocerla como maestra de lo relacional. Más que catalogar especies, la exposición invita a sumergirse —y a participar activamente— del “enredo” vital que sostiene al planeta.
Este giro se apoya en una historia profunda que comenzó hace 140 millones de años con la aparición de las angiospermas, aquellas plantas con flores. A diferencia de sus antecesores, estas plantas no solo innovaron estructuralmente al proteger sus semillas en flores y frutos; su verdadero hito evolutivo fue hacer de la relación su forma de vida. Al ajustar sus colores, aromas y formas a los sentidos y necesidades de insectos y aves, las plantas con flores confiaron su existencia al encuentro con otros. Bajo esta premisa, la exposición en Panguipulli funciona como un recordatorio de que la vida no se sostiene en soledad, sino como una trama de dependencias y reciprocidades entre lo humano y lo no humano.

Entrar a la Galería EMIAN es ingresar a un taller: un espacio vivo donde el visitante no es solo espectador, sino agente activo de un proceso de creación compartida que transforma el lugar día tras día. Al inicio del recorrido, un mural presenta ocho especies florales nativas y endémicas de Chile con sus respectivos nombres comunes y científicos, junto a múltiples piezas modulares de papel. Lo que a primera vista parecen formas abstractas son, en realidad, los componentes básicos de la vida vegetal —pétalos, estambres y pistilos— esperando ser articulados.
A través del acto manual de ensamblar, la abstracción cobra identidad y, entre las manos de niños y adultos, comienzan a aparecer siluetas reconocibles: la forma tubular del copihue, la arquitectura convexa de la ortiga caballuna o la apariencia danzante del chilco. Este gesto, sin embargo, nunca ocurre en soledad. Cada flor requiere atención y la lectura de un pequeño instructivo ilustrado; alguien lee, otro ensambla, otro sostiene o fija la cinta y el alambre. Acciones simples, pero que implican coordinarse, escuchar y hacer con otros. En ese hacer compartido, las formas no solo se construyen: se reconocen, se nombran y se comprenden desde el tacto, la atención y la colaboración.

Una vez creada la flor, los participantes deben buscar su lugar en las estructuras de fierro que evocan tallos, ramas y raíces aéreas desplegadas por todo el espacio. El gesto individual se disuelve entonces en una enredadera colectiva: la flor propia adquiere sentido al entrelazarse con las de los demás, poblando un jardín de gran escala que crece con el tiempo. El recorrido culmina frente a la vista del lago; tras haber habitado el enredo corporalmente, se invita al visitante a registrar y dibujar sus propios enredos florales, decantando la experiencia de saberse parte de una trama donde cada contacto físico es condición para existir.
La muestra apuesta por la potencia de la sencillez: materiales simples —papel y fierro— y una acción básica —el ensamblaje—, que buscan hacer visible la complejidad relacional de la que somos parte. Al detenerse y tocar con atención comprendemos que cada flor es el archivo vivo de sus relaciones. Sus morfologías no son arbitrarias: son el resultado de un largo proceso de encuentros, ajustes y coevoluciones entre especies que han aprendido a vivir juntas. Así, la forma tubular del copihue aparece como una estructura hecha a la medida del picaflor chico, del mismo modo en que la arquitectura convexa de la ortiga caballuna facilita el aterrizaje de su principal polinizador, la abeja caupolicana de collar rojo. Al hacer visible esta lógica desde el cuerpo y las manos, la muestra nos recuerda que vivir implica abandonar la fantasía de la autosuficiencia para confiar, depender y entrelazarse con otros.

La exposición “Enredados con plantas mágicas» permanecerá abierta durante todo el primer semestre de 2026, periodo en el que se desplegará un programa de vinculación con el medio que busca ampliar la experiencia expositiva y profundizar su dimensión relacional. Este programa contempla un trabajo conjunto con docentes para la activación de recreos escolares; talleres desarrollados en colaboración con artesanas locales en torno a la cestería y la oralidad; y acciones compartidas con la comunidad teatral, invitando a distintos públicos a volverse parte activa del enredo.

La muestra es gratuita y accesible a todo público, y puede visitarse de martes a viernes entre las 9:30 y las 19:00 horas, y los sábados de 10:00 a 14:00 y de 15:00 a 19:00 horas, en la Galería EMIAN del Teatro Educativo de las Artes de Panguipulli, ubicado en Av. Costanera Roberto Bravo 250. Los domingos el recinto permanece cerrado.
La llegada de Nube Lab a Panguipulli se realiza por invitación del Teatro Educativo de las Artes, impulsado por la Corporación de Adelanto Amigos de Panguipulli, en una colaboración que se sostiene en una visión compartida sobre el arte, la educación y su vínculo activo con el territorio.

*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.