Miércoles 25 de enero, camino a la oficina…

Sobre el Puente Casino veo una sábana verde que flota sobre el estero Marga Marga, un cuerpo de agua algo cansado por la indiferencia de los viñamarinos. De curiosidad hago unas llamadas, consciente de que mi mirada de ingeniero no es suficiente para dibujar la compleja trama que se urde tras este episodio. Al ver una foto con un racimo de la especie colgando de mi mano, me soplan que parecen ser “lenguas de lenteja”, cuya floración se debería a un aumento en la materia orgánica, la disminución del oxígeno disuelto y a las altas temperaturas del verano. Tras esta floración súbita, hay un cuerpo de agua doliente, sucediendo a varios otros episodios que marcan tendencia. La sábana dista mucho de aquella postal donde los edificios de Avenida Marina se reflejan en el espejo de agua.

Jueves 26 de enero. La brisa marina ha desplazado la sábana verde aguas arriba del puente Ecuador, pero sigue presente…

En sus sucesivas vidas, el estero ha sido castigado por la extracción de áridos y rellenos poco felices que lo transformaron en estacionamiento para los visitantes del ahora antiguo centro de Viña del Mar. Iniciativa peregrinas han querido abrir su desembocadura para hacerlo navegable o transformarlo en un pulmón verde, mas, ninguna ha prosperado. Ese “trozo de campo que atraviesa el centro mismo” como Lukas lo llamaba en los Apuntes Viñamarinos, es hoy una franja funcional a muchas actividades que poco tienen de sustentables. Aprendo de un amigo arquitecto que, en la década de los setenta, el lecho era un barreal casi permanente, que sólo aflora hoy con las cada vez más escasas lluvias que riegan la cuenca. Los zancudos y los malos olores hacían de este un lugar indeseable, algo maquillado por el aerosol de tres fuentes flotantes que expulsaban enormes chorros al cielo.

Entre destellos de infancia, recuerdo que el estero se pobló de ferias, circos, juegos y los mentados estacionamientos. La cuenca que lo nutre se fue cubriendo gradualmente del gris que soporta la conurbación de Viña, Quilpué y Villa Alamana. Con ello se incrementaron los vertidos irregulares que fueron afortunadamente abatidos con un gran colector construido en los noventas, cuyo cometido fue descargar las aguas servidas al océano, tras el lomo de Punta Ángeles. Esa verdadera proeza de la ingeniería, que puso a Viña y Valparaíso en una pasajera vanguardia nacional, fue sin embargo insuficiente para mitigar el mal uso de la caja del estero.

Estero Marga Marga Créditos: Patricio Winckler
Estero Marga Marga Créditos: Patricio Winckler

Sábado 28 de enero. Una decena de funcionarios despliegan una barrera flotante para confinar las que ahora asumo son lenguas de lenteja (aunque pueda equivocarme rotundamente). La retroexcavadora cava una canal para descargarlas a la playa colindante, aprovechando el torrente que se forma en bajamar. Esta solución no es sino barrer la basura bajo la alfombra, pero me permite reflexionar:

Estero Marga Marga Créditos: Patricio Winckler
Estero Marga Marga Créditos: Patricio Winckler

Hoy vivimos un momento de revalorización de los pocos espacios de naturaleza que por años dimos por sentada. Y dicha revalorización debe ir de la mano de una comprensión del ritmo hidrológico y la ecología del Marga Marga. Desafortunadamente, hoy no existe instrumento alguno que mida el caudal, y menos la calidad de agua del tramo urbano del estero. Tampoco un modelo operacional que permita predecir la ocurrencia de este tipo de eventos y tomar acciones remediales con premura. Creo necesario establecer los criterios para el manejo de la barra, que hoy se abre y cierra en forma reactiva. En el Marga Marga identifico a lo menos cuatro de estos criterios: uno escénico cuyo objetivo es mantener el espejo de agua transparente, uno sanitario orientado a controlar los olores, uno ambiental cuyo propósito es preservar un cuerpo de agua en buenas condiciones y uno de riesgo, orientado a evitar inundaciones aguas arriba de su desembocadura. Afortunadamente, en lugares como Cahuíl ya se ha avanzado en protocolos de apertura mecanizada de la barra de arena. Es tiempo de hacer lo propio en nuestro querido Marga Marga.

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