El ser humano, desde hace miles de años, mantiene con los animales y las plantas curiosas relaciones que van desde la sacralización hasta la destrucción irracional. Desde el origen de las primeras civilizaciones, la observación de su entorno y la creatividad ha llevado a las personas a generar un sinfín de mitos y leyendas asociadas a la naturaleza. Estas historias, que pueden ser positivas o negativas, son parte del folklore mágico de un pueblo y van variando de localidad en localidad, siendo una parte esencial de la cultura de un territorio. 

Diucon. Créditos a Joel Cabezas.
Diucon. Créditos a Joel Cabezas.

Y las aves no son la excepción, alrededor de todo el mundo diversas culturas han relacionado a las aves con connotaciones positivas, siendo vistas como buen presagio, una representación de la espiritualidad, guardianes del alma o dioses, siendo veneradas y protegidas con sumo cuidado. Sin embargo, muchas aves también han servido de inspiración para muchas historias rodeadas de misticismos, brujería, desgracias y mal agüero, las cuales son muy frecuentes en las comunidades latinoamericanas. 

Estas connotaciones negativas se originan por diferentes motivos, ya sea por los hábitos nocturnos del ave, sus características físicas o porque su canto es aterrador, y no necesariamente porque estas especies sean “malas”, pero lo cierto es que todas dejan entrever una parte del imaginario de un pueblo, de los miedos e inseguridades que hay detrás.

Chaure (Tyto alba hellmayri). Créditos: Michel GIRAUD-AUDINE, vía Flickr
Chaure (Tyto alba hellmayri). Créditos: Michel GIRAUD-AUDINE, vía Flickr

Hoy, como especial del día de Todos Los Santos, quisimos hacerles honor a estas aves asociadas a las desgracias y al terror, y trajimos para ti esta recopilación de aves latinoamericanas que han sido relacionadas con el mal por la creencia popular. ¡No te la puedes perder!

La pavita de la muerte – Pavita (Glaucidium brasilianum)

Pavita (glaucidium brasilianum). Créditos: Dominic Sherony, via Wikimedia Commons.
Pavita (glaucidium brasilianum). Créditos: Dominic Sherony, via Wikimedia Commons.

Cuenta la literatura que en muchos pueblos de Venezuela, así como también en buena parte del territorio colombiano, se atemorizan al escuchar cantar a la pavita de la muerte (Glaucidium brasilianum), considerada de ‘mal agüero’ ya que se decía que era una bruja que se convertía en este animal para que no la descubrieran, o bien, que cuando se oía a la pavita, era porque la muerte estaba cerca o algo malo iba a suceder. Es un sonido que no se escucha todo el tiempo y he ahí el misterio, porque muy rara vez podrás escuchar a este animal cantar.

Es muy difícil encontrarse con uno pero su sonido escalofriante lo puedes escuchar claramente a distancia, así no lo veas, ni sepas dónde está. Su parecido es semejante al del búho pero la pavita es muchísimo más pequeña. Su plumaje es marrón y negro con mechones blancos en todo el cuerpo y tiene grandes ojos amarillos.

Por otro lado, en México, donde la pavita se conoce como “tecolote”, existe el refrán «cuando el tecolote canta, el indio muere», que quiere decir que anuncia la muerte de algún familiar o persona cercana. Esta creencia tiene origen en la mitología prehispánica donde Tezcatlipoca poseía a su nahual conocido como “hacha nocturna” (Youaltepuztli), clasificado dentro de los hombres-búho o tlacatecolotl, quien gustaba embrujar, hacer el mal o traer malos presagios. 

Pavita (glaucidium brasilianum). Créditos: Zygy, via Wikimedia Commons.
Pavita (glaucidium brasilianum). Créditos: Zygy, via Wikimedia Commons.

En las descripciones y relatos históricos, como el que escribió Juan José Delgado en 1754, se menciona “de los pájaros nocturnos hay gran variedad; el que llaman bucos, porque así canta, es el mismo que llamamos mochuelo en España, y en la Nueva España tecolote; no ve de día, y así no vuela, sino que descansa en los árboles altos; tiene notable olfato, y dicen los indios de él que siente el olor malo o de corrupción, y si llega a las casas donde hay algún enfermo que esté para espirar, allí se está voceando con melancólico acento. No es de extrañar, pues, que en la Nueva España existan arraigados algunos abusos y supersticiones por causa del cantar de este pájaro”.

Cabe destacar que la pavita habita desde Arizona en Estados Unidos, pasando por México y Centroamérica hasta Argentina en Suramérica, y es una de las lechuzas más pequeñas del mundo. A diferencia de las lechuzas y los búhos, las pavitas son de hábitos más bien diurnos, pero, sus enormes pupilas les permiten de ver claramente en la oscuridad de la noche.

Chaure (Tyto alba hellmayri)

Chaure (Tyto alba hellmayri). Créditos: Michel GIRAUD-AUDINE, vía Flickr
Chaure (Tyto alba hellmayri). Créditos: Michel GIRAUD-AUDINE, vía Flickr

El chaure (Tyto alba hellmayri) es un ave mediana de plumaje blanco y que habita en la región nororiental de Venezuela, específicamente en el área costera de los estados Anzoátegui, Sucre y toda Nueva Esparta.  Es una lechuza con hábitos nocturnos, de plumaje blanco y alas grandes. 

Los relatos y anécdotas sobre este pájaro nocturno entre los pobladores de esta región de Venezuela señalan que es un “ave de mal agüero”, que siempre trae consigo pesar o advertencias. El cronista margariteño José Joaquín Salazar Franco “Cheguaco”, en su libro “Por los senderos de Margarita”,  relata una anécdota en la cual esta ave es la encarnación misma del demonio, que roba animales de granja y asusta a las familias con su vuelo sigiloso y su atemorizante canto. 

Artículo relacionado
¡Revive el video! “Agricultura del Futuro: el cultivo sostenible”, el quinto conversatorio del ciclo webinar “¿Y después qué? construyendo un planeta resiliente”

Asimismo, en muchos de estos poblados el chaure puede presagiar tanto la vida como la muerte dependiendo de la circunstancia en la que se vea o escuche.  Si vuela cerca de alguna casa y canta tres veces seguidas sobre ella, indica la muerte de algún miembro de esa familia; sin embargo, si se oye su canto en horas de la madrugada, significa que alguna muchacha del hogar está embarazada.

Ave bruja o pájaro fantasma – Urutaú (Nyctibius griseus)

Urutaú (Nyctibius griseus). Créditos: Sebastián Lescano
Urutaú (Nyctibius griseus). Créditos: Sebastián Lescano

El urutaú, también conocido como “ayaymama”, “serenera”, “guajojó”, “kakuy”, “potoo”, “vieja del monte”, entre otros, es una especie de ave caprimulgiforme de la familia Nyctibiidae que se encuentra en Centroamérica y Sudamérica, desde la región sureste de México al norte y noreste de Argentina y al sur de Paraguay.

Es informalmente conocida en varios países de la región como «el ave fantasma» porque esconde grandes y diversas historias detrás.

En Perú cuenta la leyenda que una terrible epidemia estaba acabando con la gente de una comunidad nativa. La madre de dos niños, sintiéndose con los primeros síntomas de la enfermedad, quiso salvar del mal a sus hijos y entonces los llevó a un monte lejano y los dejó en ese lugar. Cerca había una linda quebrada, abundante en peces y árboles frutales. Con gran pena los dejó, sabiendo que no los volvería a ver más. Ellos jugaron, comieron frutos y se bañaron en la quebradita, pero ya en la noche sintieron la falta de su madre y partieron en su búsqueda, sin embargo se perdieron en el monte.

Asustados, llorando de pena decían cómo no ser aves para poder volar donde mamá. Entonces el espíritu de la selva tuvo pena y los convirtió en aves y ellos volaron, pero cuando llegaron a su pueblo vieron que ya nadie vivía; todos habían muerto. Desde entonces la leyenda dice que no dejan de volar y volar, y cuando se posan en lo alto de un árbol, cansados de buscar a su madre, hacen oír su canto lastimero: “ayaymamá… ayaymamá…”

Urutaú (Nyctibius griseus). Créditos: Ísis Medri
Urutaú (Nyctibius griseus). Créditos: Ísis Medri

Por otra parte, en Argentina se cuenta la leyenda de que una niña que esperó durante días que su hermano regresara a buscarla, reencarnó en esta ave al morir aguardando por él. El Urutaú tiene un cántico melancólico y permanente que es muy parecido al llanto humano. Por lo tanto, se cree que representa la tristeza de aquella dama.

Por otro lado, en Bolivia se cuenta como leyenda que el guajojó era una joven hija de un brujo, el cual, al saber que ella estaba enamorada, mató a su amado. La hija, al darse cuenta del fallecimiento de su amado a manos de su padre, increpa a su padre, y sollozando amenaza con dar la noticia por toda su aldea. Para evitar que la noticia saliera a la luz, el brujo convierte a su hija​ en esta ave y sus sollozos pasan a ser un lastimero canto que, según cuenta la leyenda, anticipa la hora de tu muerte y trae mal augurio a todo aquel que lo oiga.

Urutaú (Nyctibius griseus). Créditos: Jorge La Grotteria
Urutaú (Nyctibius griseus). Créditos: Jorge La Grotteria

Mientras que en Paraguay se cuenta que Urutaú era la hija del gran jefe de una comunidad guaraní, quien se enamoró de un apuesto joven que misteriosamente apareció en su aldea y se casó con él. 

La pareja era muy feliz, sin embargo a la joven mujer le llamaba la atención que su esposo iba rumbo a su trabajo y regresaba recién después de la puesta del sol, así que interrogó a su marido y el hombre le contestó que le iba a contar un secreto, pero le advirtió que si lo contaba lo iba a perder para siempre. Así el esposo le explicó que él era el sol, convertido en ser humano.

La joven se alivió con la respuesta, sin embargo, no pudo evitar contar el secreto, por lo que su marido nunca más volvió, y la mujer salió corriendo rumbo al bosque llorando y sin consuelo, buscando esconder su dolor, hasta el día que fue la madre de un hermoso niño rubio. 

La mujer estaba muy deseosa de comunicarse con el sol para contarle la buena nueva y pedirle perdón, así que subió un árbol, y se convirtió en un pájaro, pero no pudo volar lo suficientemente alto para alcanzar al sol. Así que en este árbol, la joven convertida en ave se quedó llorando eternamente, y la leyenda cuenta que al anochecer, en los bosques paraguayos se escucha el lamento del urutaú, al que durante el día se le ve posado en la copa de un árbol.

Cuclillo crespín (Tapera naevia)

Cuclillo crespín (Tapera naevia). Créditos: Alejandro Bayer Tamayo, via Wikimedia Commons
Cuclillo crespín (Tapera naevia). Créditos: Alejandro Bayer Tamayo, via Wikimedia Commons

El cuclillo crespín (Tapera naevia),​ también conocido como crespín, cuco rayado, cuco sin-fin, cuclillo listado, saci, saucé o chochi, es una especie de ave cuculiforme perteneciente a la familia de los cucúlidos y único miembro del género Tapera. Es propia de Centro y Sudamérica y habita desde el sudeste de México hasta Argentina y Brasil.

Artículo relacionado
Estudio científico: las áreas marinas protegidas por sí solas no bastan para salvar a los tiburones amenazados de extinción

En el ámbito rural de Argentina y otras zonas de Latinoamérica ha estado muy difundida la leyenda del Crespín, pero  es una historia que es narrada y relatada sobretodo en la provincia de Chaco. Se trata de una de las leyendas más apasionantes de esa provincia, y además ha servido de fuente de inspiración a muchos artistas locales que han producido canciones en honor a este pájaro y a la leyenda urbana. 

La leyenda cuenta que Crespín era un hombre bueno y trabajador. Su vida era tranquila, pero tenía una esposa llamada Durmisa que le gustaba mucho las fiestas, la música y sobre todo el baile. Cada vez que se enteraba de alguna fiesta, asistía, y bailaba hasta el amanecer.

Cuclillo crespín (Tapera naevia). Créditos: Dario Sanches, via Wikimedia Commons
Cuclillo crespín (Tapera naevia). Créditos: Dario Sanches, via Wikimedia Commons

Un año de abundante cosecha, Crespín tuvo que trabajar de sol a sol para poder terminar la siega y la trilla. Los días parecían eternos para él pero debía terminar de trabajar lo más pronto posible. Una tarde llegó a su rancho muy cansado y enfermo debido al esfuerzo que demandaba su tarea laboral, y Durmisa no le prestó atención ya que se encontraba bailando una danza. 

Crespín seguía convaleciente y le pidió a su esposa que vaya al pueblo en busca de medicinas para que se pueda sentir mejor y así terminar de trabajar al día siguiente en la cosecha. Durmisa fue, pero en el camino vio que en un lugar estaban de fiesta y no pudo contenerse y se quedó a bailar entre la multitud en el momento que escuchó que sonaba una zamba. 

Cuclillo crespín (Tapera naevia). Créditos: Sylvain Uriot
Cuclillo crespín (Tapera naevia). Créditos: Sylvain Uriot / ebird.org

Entre bailes y más bailes, Durmisa se olvidó de su esposo enfermo. Cuando terminó la gran fiesta, ya al amanecer, Durmisa regresó a su hogar y no encontró a Crespín, lo buscó desesperada gritando ¡Crespín…Crespín!, y su esposo no respondía, no estaba allí. No se conformó en buscarlo en su hogar así que partió hacia los trigales, invadida por el remordimiento, y ya con poco aliento seguía llamándolo a su esposo, en un momento ya se sentía sin voz, y le suplicó a Dios que le diera alas para facilitar su búsqueda, sin saber que Crespín ya había muerto y unos vecinos solidarios lo habían velado y enterrado. Es por ello que la leyenda chaqueña cuenta que a Durmisa le crecieron alas y se convirtió en un solitario pájaro que sigue buscando a su pareja, y en su canto exclama: ¡Cres…pín…Cres…pín!

Por otra parte, en Colombia, en las zonas rurales a muchas personas ven el canto de esta ave como augurio de muerte y desgracia, asociando el canto con la muerte de alguien cercano o tragedia. Al ser un animal tan tímido, muchas veces pasa inadvertido y el canto toma un tinte más misterioso por ello mismo.

El ave de los ojos de fuego – Diucón (Xolmis pyrope)

Diucón (Xolmis pyrope). Créditos: Lalo Pangue, via Flickr
Diucón (Xolmis pyrope). Créditos: Lalo Pangue, via Flickr

El diucón, también conocido como “mandao”, “Urco”, “Huilco”, “Hashpúl”, “Püdko” y “Wüdko”, es un ave del orden de las paseriformes, que habita en Chile y el sudoeste de Argentina. 

Al diucón se le conoce como “el ave de los ojos de fuego”, por el tinte rojizo de sus ojos. Dentro de la mitología chilote, como señala la literatura, se dice que el diucón es un enviado de los brujos, pues se le puede ver a menudo cerca de las ventanas de los hogares, como si estuviese espiando a sus moradores. De hecho su nombre mítico es “el Mandao”, que hace referencia a que sigue las órdenes de los hechiceros. 

La leyenda cuenta que hace ya mucho tiempo una joven, su hija y su esposo, vivían muy felices, cuando en una ocasión este pájaro de ojos rojos les empezó a picotear la ventana de su casa, día tras día.  La familia comenzó a atormentarse pues el pájaro parecía no querer irse del lugar. De pronto el esposo de la joven empezó a sentirse mal, enfermo y muy cansado, sin saber lo que lo sucedía.  Vieron muchos doctores, pero ninguno le dio una mejoría al estado del joven esposo.

Diucón (Xolmis pyrope). Créditos: Eduardo Bertran, via Flickr
Diucón (Xolmis pyrope). Créditos: Eduardo Bertran, via Flickr

El pájaro rondaba día y noche hasta que en un momento simplemente no le fue a tocar más la ventana y desapareció del lugar;  la joven sintió mucho alivio, pero esta ausencia  no duró mucho tiempo, ya que una tarde el pájaro apareció nuevamente y comenzó a picotear la ventana; ella asustada llamó a su  esposo pero él no le contestaba, ella se preocupó mucho, pero para su sorpresa lo encontró tirado en el suelo y sin vida.

Desde aquel día todos le temen a aquel pájaro de ojos rojos, pues dicen que este pájaro trae muchas desgracias y tragedias.

Por otra parte, para los yaganes, el diucón es un chamán que debe ser tratado con respeto, ya que de ser atacado puede usar su gran poder para hacer que sobrevengan grandes tormentas.

2 Comentarios

2 Comentarios

  1. Alejandra Suarez

    Nunca he sido supersticiosa, tampoco soy religiosa. Pero fuimos visitados por el diucon, mientras estábamos en planes de construir un hogar junto a mi pareja en la costa, a los pocos días todo empezó a ir mal, entre nosotros desde discusiones, hasta una estafa sufrimos… Y nuestra relación y nuestros proyectos se fueron a pique. Y esto pasó recientemente. Me llamó mucho la atención esta ave, la trate de buscar en libros etc. Y casualmente al ver el artículo di con ella, no se si será casualidad…

Responder...