Entre las maratónicas jornadas de debate y deliberación de la Convención Constitucional, hay temas que no alcanzan a asomarse a la opinión pública. Uno de ellos sucedió el 5 de abril, cuando el pleno aprobó una de las normas emanadas en el segundo informe de la Comisión de Sistemas de Conocimientos, Culturas, Ciencia, Tecnologías, Artes y Patrimonios.

Conocida como la “comisión del futuro”, por las temáticas que aborda, entre las pocas normas que fueron aprobadas en el pleno, está el “artículo 17: Patrimonios naturales y culturales. El Estado reconoce y protege los patrimonios naturales y culturales, materiales e inmateriales, y garantiza su conservación, revitalización, aumento, salvaguardia y transmisión a las generaciones futuras, cualquiera sea el régimen jurídico y titularidad de dichos bienes”.

En ese contexto, entender qué significan los “patrimonios naturales”, cómo clasificarlos, entenderlos y visibilizarlos, para posteriormente conservarlos, es fundamental.

La convencional y científica Cristina Dorador, plantea que, en general, el patrimonio natural “es el conjunto de distintos elementos de la naturaleza, incluyendo biodiversidad, paisaje y que es reconocido como propio del territorio. Es decir, es muy importante reconocer su carácter único que necesita ser preservado. Es la herencia natural hacia las futuras generaciones”.

Yaca ©Diego Reyes Arellano
Yaca ©Diego Reyes Arellano

Flavia Liberona, bióloga y directora ejecutiva de Fundación Terram, explica que ya existe una convención internacional de la Unesco suscrita por Chile que reconoce el patrimonio natural y cultural. Su importancia es porque ahí se amparan las reservas de la biósfera. “El patrimonio natural tiene que ver con los ecosistemas, la naturaleza y el valor que le damos en nuestra vida. Es algo que nos pertenece a todas y todos en el sentido de que es la naturaleza que está en nuestro país, antes de la instalación de nuestra cultura y tiene que ver con esos ecosistemas naturales que pueden incluir las playas, glaciares, ríos, mares o bosques”. Para Liberona, desde la mirada de la ecología, sabemos que “dependemos de la naturaleza para nuestra existencia, más allá de que queramos verlo de otra manera en estas sociedades tan tecnológicas. Todo lo que usamos y consumimos, en alguna parte de su cadena de producción viene de la naturaleza, por lo que estamos muy ligados a ella”.

A su juicio, reconocer que cada país tiene un patrimonio natural que le es propio y estaba en el territorio antes de ser intervenido, “es algo que tenemos que ir acuñando y de alguna manera esta comisión (de Sistemas de Conocimientos, Culturas, Ciencia, Tecnologías, Artes y Patrimonios) lo está poniendo y no solo relevando el patrimonio cultural, sino que también le está dando valor al patrimonio natural. Chile es suscriptor de esta convención de la Unesco, pero nunca ha declarado una zona del país como patrimonio natural. Ha usado otras normativas que están dentro de ese acuerdo para crear reservas de la biósfera, que son una suerte de categoría de protección de un área donde puede haber áreas protegidas, parques nacionales, pero también actividad económica de bajo impacto”, dice Liberona.

Respecto a cuál ser sería el organismo encargado de determinar qué es patrimonio natural y cuáles son los lugares que deberían entrar en esa categoría, Dorador apunta que esto se dejó a criterio de la Ley. “Actualmente existe la ley que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Silvestres Protegidas que incluye distintas categorías de protección homologadas a la IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) donde se incluye el patrimonio natural. Entre estos lugares debiesen estar el bosque nativo, bosque esclerófilo, zonas costeras, humedales, salares, desierto absoluto, ambientes de la criósfera, tundra magallánica, entre otros”.

Flamencos Topocalma @fariasmoreno
Flamencos Topocalma @fariasmoreno

De ecocidio y oportunidades

Juan Pablo Orrego, Premio Medioambiental Goldman (1997), activista y presidente de Ecosistemas, cree que “patrimonio viene de patria y nos pertenece a todos. Debería ser lo común. Pero Chile ha sido devastado. Solo vamos a salir de esta crisis mirando la realidad de frente, sin ideologizaciones ni negacionismo”. Orrego asegura que el patrimonio natural que hoy experimenta y ve un joven, es uno precarizado y menoscabado. “En la zona austral todavía queda pristinidad, a pesar de los incendios monstruosos. Todavía hay biodiversidad en lugares como el parque nacional Patagonia, pero en el resto del país, necesitamos tener una conciencia histórica. En las regiones de Nuble, Maule y Biobío, que tienen las plantaciones de pino y eucaliptus y ahora la plaga de la agroindustria de plantaciones de avellanos europeos o cerezos. Estamos destruyendo toda la vegetación nativa. No estamos mirando con ojos ecológicos ni ecosistémicos. Lo que vemos que en la mayor parte de nuestro territorio hay un ecocidio”.

Y aunque efectivamente la situación de nuestros ecosistemas reviste caracteres de catástrofe, seguimos siendo, según Flavia Liberona, una “isla geográfica”, separada por el desierto, la cordillera, la antártica y el mar. “Eso nos ha generado, en la historia evolutiva del territorio, una diversidad de especies y ecosistemas muy valiosos para nosotros y el planeta. Deberíamos generar un mejoramiento en los sistemas de protección que hoy tenemos para poder preservar el patrimonio dada la crisis climática”.

Para la convencional Dorador, miembro de la comisión de donde emanó la norma, en Chile, lo que actualmente tenemos, es un sistema de áreas silvestres protegidas que reconoce áreas de protección, pero que no actúan de forma coordinada, ya que dependen de distintos organismos. En ese sentido, explica que es relevante que los lineamientos constitucionales “logren que avancemos hacia una protección del patrimonio natural y biocultural, desde donde se diseñarán estrategias e instrumentos en conjunto con lo ya existente. Creo que es muy importante tener áreas de región virgen o que no se realicen intervenciones humanas con fines industriales o comerciales, sobre todo en ambientes que son únicos del país. Para ello presentamos una norma constitucional de patrimonio biocultural que esperemos se apruebe en el pleno de la Convención”.

Tayú del norte ©ONG Puchuncaví Nativo
Tayú del norte ©ONG Puchuncaví Nativo

Liberona proyecta que, si los patrimonios naturales quedan consagrados en la nueva constitución, hay varios puntos focales donde se debería actuar con rapidez para preservar la biodiversidad. Los glaciares, por cierto, son muy relevantes. “Las turberas son otra especie patrimonial, los bosques australes, pero también los bosques mediterráneos de la zona central. Hay muchas especies relevantes en el norte de Chile, como la yareta, que crece lentísimo. La taruca que es como el huemul del norte. Tenemos muchas especies de fauna, mamíferos, reptiles, anfibios, insectos, hongos, plantas… un montón de orquídeas chilenas, que son chiquitas pero únicas. Bosques, árboles. Ni hablar del mar, donde tenemos ballenas azules circulando por nuestra costa, delfines que son propios de Chile, macroalgas. Contamos con una gran cantidad de flora y fauna que, en número, no se equipara a lo que hay en zonas tropicales, pero la característica de “isla” de Chile nos hace tener muchas especies endémicas, o sea que están solamente aquí y en ninguna otra parte del planeta”.

Para Orrego, en tanto, el problema es que no sabemos dónde está el trabajo de restauración del ecosistema. “Cuando se habla de cambio climático ¿por qué se enfatiza en mitigación y adaptación, que además se están transformando en negocios multimillonarios, y no se habla de revertirlo? Cuando se habla de mitigación, empiezan a aparecer un montón de soluciones tecnológicas: desaladoras, riego tecnificado, que son negocios. Lo único que nos queda es revertir el cambio climático. Y la única forma de hacer eso es restaurando la naturaleza, resembrando, reforestando”.

El ecólogo sostiene que tiene dudas respecto a lo que viene después de la convención. “Hay que mirar las floridas constituciones de Bolivia y Ecuador: feministas, indigenistas, ecologistas. No cambió nada en el terreno. El problema es que estas declaraciones son lindas, pero pueden ser inaplicables en el territorio, pues el problema de fondo que está liquidando nuestro país, nuestra salud y la naturaleza, es el sistema económico. Es el extractivismo neocolonial que está anclado en Chile en la propiedad privada inalienable, que nosotros llamamos concesiones: mineras, derechos de agua, pesqueras”, enfatiza.

Jergon Chico, Humedal de Batuco ©Ennio Nasi
Jergon Chico, Humedal de Batuco ©Ennio Nasi

¿Cómo avanzamos?

Si la nueva constitución es aprobada en el plebiscito de salida del 4 de septiembre, Cristina Dorador plantea que es muy importante tener altos estándares de protección del patrimonio natural, esto quiere decir que se preserve “la biodiversidad y además las relaciones ecosistémicas, para ello es crucial desarrollar investigación independiente, a largo plazo donde se puedan comprender estos alcances y poder tomar las mejores decisiones de manejo según corresponda al tipo de área protegida”. Dorador espera que, con esta norma aprobada junto con otras incluidas en comisiones de Sistemas de Conocimientos, Medio Ambiente y Forma de Estado donde se incluyen los territorios especiales, “podamos proteger una parte importante del territorio nacional como legado para las generaciones futuras, refugios climáticos, entre otros”.

“Avanzar en la protección de las reservas de la biósfera y los parques nacionales son dos caminos deben ser complementarios y no divergentes en este nuevo proceso”, apunta la bióloga Flavia Liberona. A su juicio, Chile tiene áreas protegidas terrestres muy concentradas en la Patagonia, que de todas maneras vale la pena que estén ahí, “pero nos falta proteger los ecosistemas mediterráneos, es decir entre Coquimbo y Biobío.  En esta zona central tenemos muy pocas áreas protegidas y parques y es donde se concentra la mayor cantidad de población, por lo tanto, donde hay mayor intervención de los seres humanos en los ecosistemas. Ahí es importante generar acciones de conservación”, explica, pensando que entre Coquimbo y Valdivia existen especies endémicas de flora como el “Tayú, Avellanito, Lúcumo, el Guayacán y otras plantas que están desapareciendo y hasta los mismos Litres, Boldos y Quillayes, que con la sequía están bien dañados. Tenemos la fauna asociada, como la Llaca”.

Liberona agrega que también es muy importante proteger la zona costera. “Chile ha hecho un esfuerzo en generar áreas marinas, pero las ha creado lejos de la costa: Isla de Pascua, Juan Fernández, Salas y Gómez, pero en la interfaz entre la tierra y el mar, los ecosistemas de transición, hay especies bien particulares. Además, en la primera franja de mar se produce la renovación de la fauna marina: hay peces y mariscos que pasan un ciclo de vida ahí y luego avanzan mar adentro. En esas zonas tenemos muy pocas áreas protegidas y es super importante proteger”.

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