La capital de Chile no es la única que ha batido récords históricos de temperatura en los últimos días. Tal como evidenciaron recientemente en un estudio publicado en la revista Advances in Atmospheric Science, nuestros océanos también han alcanzado números récord: en los últimos cinco años se registraron los cinco promedios de temperatura más altos de la historia –siendo el 2018 el mayor alcanzado–. Tanto así que los investigadores detrás del estudio calcularon que el actual ritmo del calentamiento del océano es equivalente a que cinco bombas atómicas del tamaño de la de Hiroshima exploten cada segundo.

Por supuesto estos cambios en el ambiente no quedan exentos de consecuencias. Dentro de los principales efectos  del aumento de temperaturas sobre el océano, destaca el aumento del nivel del mar. John Abraham, especialista en ciencias termales quien se ha dedicado a monitorear e investigar el clima, explica: “El agua a mayores temperaturas se expande y esta expansión genera que aumenten los niveles del mar. Aproximadamente un tercio del aumento del nivel del océano es el resultado del calor absorbido por los océanos. Los científicos esperan un aumento de un metro para el fin de este siglo, esto sería suficiente para desplazar de sus hogares a 150 millones de personas alrededor del mundo”.

Huracán Maria ©NASA
Huracán Maria ©NASA

También está su efecto sobre las tormentas; océanos más calientes traen como consecuencia tormentas más poderosas. Así lo hemos podido comprobar con los últimos grandes huracanes que han azotado a Centro América y las costas de Estados Unidos, como el huracán María el año 2017 considerado como el peor desastre natural que ha afectado a Puerto Rico y Dominica, y el huracán más mortal de la cuenca del Atlántico desde Jeanne en 2004.

Sin embargo los humanos no somos los únicos afectados por estos cambios. Ya es conocido el caso de los corales y su alta sensibilidad a las alteraciones en la temperatura del agua. A medida que las temperaturas aumentan, cada vez se vuelven más comunes eventos como el blanqueamiento de los corales que ocasionan la pérdida de algas simbiontes en el coral y la posterior reducción de los sistemas de producción de energía de estos seres vivos. Esto genera un estrés severo en los corales y por lo general termina en su muerte o en la reducción de su reproducción y capacidad para evitar enfermedades infecciosas –cuyos brotes también han aumentado debido al calentamiento de los océanos–.

A esto se suma el efecto de la acidificación de los océanos, que ocurre cuando las altas tasas de carbón absorbidos desde la atmósfera comienzan a alterar la química del agua de mar al disminuir su ph reduciendo en consecuencia las tasas de calcificación en los organismos que forman arrecifes y en aquellos asociados a estos ecosistemas. “Si continuamos calentando el planeta, podemos esperar la pérdida de gran parte de estos arrecifes. También podemos anticipar reducciones en las poblaciones de peces y vida marina”, asegura Abraham y añade: “En palabras simples, nuestras emisiones de gases de invernadero han causado la pérdida de vida y propiedades. Somos responsables, pero las personas que han negado la ciencia y las soluciones, cargan una responsabilidad especial que la historia juzgará severamente”.

¿Lo peor de todo? Desde 1950 los científicos alrededor del mundo han registrado un aumento estable de las temperaturas de los océanos y a partir de 1990 este aumento se ha acelerado; esta tendencia pareciera no llegar a su fin. “Los científicos sonamos como un cd descompuesto. Cada año presentamos la ciencia y pedimos que se actúe. No se está haciendo lo suficiente. Aún podemos enfrentar el cambio climático, pero debemos actuar inmediatamente. Tenemos los medios para hacer una diferencia, sólo nos hace falta la voluntad”, dice Abraham, el experto en clima.

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