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Líquenes del sur de Chile: Investigación explora su rol en la propagación de incendios forestales
Un estudio colaborativo internacional entre el Instituto de Ecología y Biodiversidad, la Universidad Técnica Santa María, la Universidad de Valparaíso y el INIBIOMA (CONICET-UNComahue), Argentina, analizó el papel de estos organismos frente al fuego, con hallazgos que buscan mejorar la gestión de incendios y contribuir a la conservación de bosques templados.
Los líquenes, pequeños organismos que se originan de una asociación simbiótica entre hongos y algas o cianobacterias, son conocidos por su capacidad para colonizar ambientes extremos, llenando de nuevos colores y texturas el paisaje. En los bosques templados del sur de Chile, pueden cubrir extensamente troncos y ramas, cumpliendo funciones esenciales en los ciclos de nutrientes y proporcionando hábitat para diversas especies.
Sin embargo, sus características físicas también los convierten en combustibles altamente eficientes, funcionando como verdaderas escaleras por las que trepa el fuego, de acuerdo con una reciente investigación publicada en la revista científica Fire Ecology.
Históricamente, los modelos de comportamiento del fuego se han centrado en combustibles como pastos, arbustos o madera. No obstante, este trabajo, llevado a cabo por un equipo interdisciplinar liderado por Korina Ocampo-Zuleta, investigadora postdoctoral del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), y diseñado por Natalia Quiñones, investigadora del herbario de líquenes de la Universidad de Valparaíso, y Fabián Guerrero, director del E-CIFA (Equipo de Ciencia Forestal Aplicada,
Universidad Técnica Federico Santa María), demuestra que los líquenes también pueden desempeñar un papel clave en el inicio y la propagación del fuego, especialmente durante periodos de sequía prolongada. Esto cobra especial importancia en el contexto del cambio climático y del aumento de los incendios forestales de alta severidad.

“En el sur del país, donde las sequías se han intensificado en las últimas décadas, comprender el papel de estos combustibles ‘olvidados’ es especialmente relevante para mejorar la evaluación del riesgo de incendios”, señala el equipo de investigación.
Combustibles en escalera
“Imaginemos un incendio que comienza en el suelo: hojas secas, ramas caídas, pasto. Este tipo de fuego superficial es intenso, pero relativamente manejable para los equipos de extinción. El problema ocurre cuando ese fuego sube. Los líquenes, al colonizar los troncos desde la base hasta las ramas más altas, pueden actuar como una escalera de combustible que conecta el fuego del suelo con las copas de los árboles. Cuando el incendio asciende por esa continuidad vertical, se convierte en un incendio de copa, que es exponencialmente más difícil de controlar, más destructivo y más peligroso para quienes intentan combatirlo”, describe Korina Ocampo-Zuleta.
Para profundizar en este escenario, el equipo investigador realizó un experimento analizando cuatro especies de líquenes representativos de la zona preandina de la Cordillera de los Andes, presentes en zonas cercanas al Parque Nacional Conguillío, Región de La Araucanía. Para ello, se escogieron dos especies foliosas, cuya forma es similar a hojas sobre la corteza (Pseudocyphellaria berberina y Nephroma antarcticum), y dos fruticosas, de aspecto similar a pequeños arbustos colgantes (Coelopogon epiphorellus y Protousnea magellanica), evaluando su comportamiento frente al fuego en condiciones controladas de laboratorio.


El grupo investigador estuvo integrado también por Carolina Quintero y Melisa Blackhall del INIBIOMA (CONICET-Universidad Nacional del Comahue), Argentina; Carla Hernández, Lorena Espinoza y Fabián Guerrero de la USM; así como Natalia Quiñones y Cecilia Rubio de la Universidad de Valparaíso. Junto a ellos, se midieron variables clave como el tiempo de ignición (cuánto tarda en encenderse), la duración de la llama y el tiempo total de combustión, bajo condiciones húmedas y secas.
En este contexto, el estudio mostró que los líquenes foliosos pueden retener más agua en condiciones húmedas, lo que retrasa su ignición. Por otro lado, se mostró que el comportamiento frente al fuego no depende solo del contenido de humedad: especies como N. antarcticum mantienen llamas más duraderas, posiblemente por su alto contenido de compuestos energéticos, mientras que otras con diferentes perfiles bioquímicos presentan combustiones más breves. En conjunto, los resultados revelaron que, aunque la forma del liquen influye en su hidratación, es su composición química la que define cómo y cuánto se quema.
Sin embargo, el resultado que más sorprendió a las y los investigadores fue la altísima inflamabilidad observada en todas las especies estudiadas. “Las frecuencias de ignición estuvieron cerca del 100%, lo que significa que, prácticamente en todos los ensayos, los líquenes se encendieron, no solo en condiciones de sequía, sino incluso cuando las muestras presentaban cierto contenido de humedad. Esto es relevante porque rompe con una intuición que parece razonable: que un organismo que vive en un bosque lluvioso y absorbe humedad del ambiente debería ser difícil de quemar”, señala Carolina Quintero, coautora.
Por su parte, Natalia Quiñones destacó que, en bosques como los de Conguillío -donde los líquenes epífitos pueden cubrir densamente los troncos y ramas de araucarias, lenga y coihues-, esta dinámica tiene implicancias concretas. “No estamos hablando solo de que el fuego sea ‘más grande’, sino de un cambio cualitativo en su comportamiento: de algo controlable a algo que puede escapar por completo al control. Por ello, reconocer el rol de los líquenes es clave para entender por qué algunos incendios en estos bosques húmedos han tenido una severidad inesperada”, enfatiza la coautora.
Contribuciones y desafíos en conservación
Los resultados de esta investigación permiten mirar los bosques húmedos del sur de Chile con mayor complejidad, considerando a los líquenes como actores clave en la dinámica del fuego. En ese contexto, uno de los principales aportes del estudio es entregar datos concretos sobre la inflamabilidad de algunas de estas especies en nuestro país, información clave para mejorar los modelos de predicción y avanzar hacia una gestión de incendios forestales más integral y adaptativa frente al cambio climático.

Melisa Blackhall señala que los modelos utilizados hoy para predecir el comportamiento del fuego se construyen a partir de datos históricos de combustibles como madera, hojarasca y pasto, y que, por lo general, no incorporan este tipo de organismos. “Su incorporación no constituye un ajuste menor. En bosques con alta cobertura de líquenes, ignorar esta biomasa puede llevar a subestimar significativamente la velocidad de propagación del fuego o la probabilidad de que un incendio superficial escale a uno de copa. A mediano plazo, esperamos que estos datos contribuyan a la elaboración de modelos más realistas para los ecosistemas de la Patagonia y la zona andino-patagónica”, enfatiza.


Fabián Guerrero destaca, además, que los incendios de alta severidad pueden afectar gravemente no solo a los árboles y al sotobosque, sino también a las propias comunidades de líquenes, cuya recuperación puede tardar décadas, lo que plantea un importante desafío desde la conservación.
“El desafío que tenemos por delante es construir estrategias de conservación y manejo que no traten a los líquenes como organismos secundarios, sino como parte fundamental del funcionamiento del bosque, incluyendo su relación con el fuego”, concluyen los investigadores.
*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.
Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB)


