Redes de pesca, envases de productos de limpieza, restos de vestimenta o encendedores son algunos de los numerosos objetos creados por los humanos que terminan en un incesante viaje por los océanos, después de haber sido arrojados o transportados por ríos y vientos.

© Martín del Río
© Martín del Río

Esta basura se fragmenta paulatinamente por los efectos de la exposición al sol o la fuerza del oleaje, mientras continúa en lo que parece un eterno vaivén por los mares del mundo. Así nacen los microplásticos, pequeños trozos de plástico que no superan los 5 milímetros, y que han llegado tan lejos que se han convertido en parte de la dieta de diversos organismos marinos, entre ellos los pinnípedos, más conocidos como lobos marinos.

Por ello un estudio, publicado recientemente en la revista Marine Pollution Bulletin, analizó la presencia de microplásticos en pinnípedos de tres especies y una subespecie que habitan en las costas de Perú y Chile: el lobo marino común (Otaria byronia, anteriormente O. flavescens), el lobo fino de Juan Fernández (Arctocephalus phillippii), el lobo fino austral (Arctocephalus australis) y la subespecie de lobo fino austral (A. australis australis).

Lobo marino común ©Paula Diaz Levi
Lobo marino común ©Paula Diaz Levi

De esa forma se constató que todas las colonias analizadas en la costa chilena y peruana estaban expuestas a la contaminación por microplásticos, siendo las microfibras de color azul las más comunes.

“El principal resultado es que los lobos marinos están muy expuestos a ingerir plástico, especialmente microplástico. Todos están contaminados. Algunos más que otros, pero no hay ninguna colonia en el estudio que no esté contaminada. Lo que más encontramos fueron microfibras plásticas”, cuenta Diego Pérez, biólogo marino que lideró el estudio, junto a un equipo de investigadores de la Universidad Andrés Bello, Universidad Peruana Cayetano Heredia, University of Cambridge, ONG Ayni, entre otras instituciones.

Para llegar a estos resultados los investigadores extrajeron muestras fecales de distintas colonias de lobos ubicadas en Punta San Juan en Perú, y en las costas chilenas del Archipiélago de Juan Fernández en la Región de Valparaíso; Islote Pupuya en O’Higgins; y Chullec, Punta Chaiguaco e isla Guafo en Los Lagos, abarcando de esa manera un rango latitudinal de 3.000 km aproximadamente.

Colonia Isla Guafo III ©Diego Pérez
Colonia de lobo fino austral en Isla Guafo III ©Diego Pérez

Luego analizaron las muestras en el laboratorio, con el fin de identificar los materiales presentes en las heces de estos mamíferos marinos.

De esa manera encontraron que el 68% de los excrementos examinados contenían fragmentos de plástico y fibras. De estos materiales, el 81,5% eran de origen humano comprobado, correspondiendo el 51,5% a algodón y el 30% restante a polímeros como PET y nylon. El porcentaje faltante fue clasificado como celulosa o material no identificado.

En cuanto a la presencia de estos residuos, las loberas presentaron distintos resultados, lo que se debería a las diferencias en la dieta que llevan en cada lugar y a las corrientes marinas a las que están expuestas.

Basura encontrada en la Lobera de Guafo verano 2013-14 II ©Diego Pérez
Basura encontrada en la Lobera de Guafo verano 2013-14 II ©Diego Pérez

Pérez detalla que “sus dietas son distintas, entonces depende del animal que están comiendo, ya que algunos están más contaminados que otros. Además, el movimiento de las corrientes estaría generando más disponibilidad de microplásticos en algunos lados, ya que estos flotan a nivel mundial en las zonas más expuestas a corrientes”.

Así quedó en evidencia con los lobos finos de Juan Fernández, los cuales presentaron las concentraciones microplásticas más altas en comparación al resto de las colonias ubicadas en Chile continental.

Esto podría explicarse por la cercanía del archipiélago al Giro Oceánico del Pacífico Sur, un gran sistema de corrientes, denominado popularmente como “sopa de plástico”, ya que en sus aguas circulantes se acumula la basura proveniente de distintos rincones del mundo.

Lobo fino de Juan Fernández©Constanza Gonzalez
Lobo fino de Juan Fernández ©Constanza Gonzalez

“En Juan Fernández, que tiene una población mucho más reducida que en Punta San Juan o en islote Pupuya, las aguas están mucho más contaminadas por microplástico, y esto puede ser por las corrientes que llevan plástico tanto del continente como de otras partes del mismo océano, encontrándose más disponible en los ambientes donde esta especie de lobo se alimenta”.

De hecho, Rapa nui es un caso emblemático al recibir constantemente los desechos impulsados por el Giro del Pacífico Sur.

© Cristóbal Correa
© Cristóbal Correa

El investigador asegura que “si los lobos marinos vivieran en Isla de Pascua, lo cual no existe, sería muy probable que tendrían mucho más plástico que en Juan Fernández, porque estarían más cerca del Giro Oceánico Pacífico Sur”.

En contraste, las colonias de lobo marino común en Punta Chaiguaco y Chullec presentaron la menor concentración de microplásticos.

Lobo común (referencial) ©Diego Pérez
Lobo marino común (referencial) ©Diego Pérez

Respecto a las presas de estos mamíferos, no se puede asociar la ingesta de determinados animales como la explicación directa de los mayores niveles de fragmentos y fibras en lobos marinos, ya que depende – más bien –  del nivel de contaminantes presente en cada lugar de alimentación.

Sin embargo, Pérez menciona un estudio donde se reportó que “los crustáceos podrían estar más expuestos a consumir microfibra por su tipo de dieta, y al comerlas, las van fragmentando. Después que la excretan o mueren, generan que la microfibra esté más biodisponible para sus depredadores o el resto del ambiente”.

A modo de ejemplo, el científico añade que “Isla Guafo no tiene población humana, entonces esperaríamos que tuviera menos contaminación. Está bastante lejos de poblaciones grandes, pero en este y otros estudios hemos visto que los lobos también están comiendo plástico, y que ha habido enmallamientos con redes. Una razón sería la corriente. También sabemos que este lobo marino come hartos crustáceos, y ellos estarían fomentando que haya más disponibilidad de microfibra. Son posibilidades”.

Colonia Isla Guafo ©Diego Pérez
Colonia Isla Guafo ©Diego Pérez

La omnipresencia plástica

Para hacerse una idea, se calcula que cada año se vierten por lo menos ocho millones de toneladas de plástico al mar

En el caso de Chile, la industria del plástico estima que se consume aproximadamente un millón de toneladas de este material al año. Esto ha motivado una serie de propuestas o iniciativas, como la conocida prohibición de la entrega de bolsas plásticas en el gran comercio, o el proyecto de ley que busca regular los productos desechables y plásticos de un solo uso, el cual justamente fue despachado ayer por la Comisión de Medio Ambiente del Senado.

Jasmin Sessler Pixabay
©Jasmin Sessler | Pixabay

Actualmente, la basura amenaza de distintas maneras a las especies marinas y costeras, ya sea por su ingestión, el enmalle, la dispersión de especies exóticas o la degradación de hábitats.

Sin embargo, faltan estudios para dimensionar los impactos que provocan los microplásticos, los cuales pueden tener dos orígenes. Por un lado, están aquellos que son elaborados de esa manera para productos cosméticos, de higiene, entre otros, como los exfoliantes para rostro o las pastas dentales.

Cachorros Lobo fino austral Isla Guafo II ©Diego Pérez
Cachorros Lobo fino austral Isla Guafo II ©Diego Pérez

Por otro lado, están aquellos microplásticos resultantes de la fragmentación de plásticos más grandes, provocada por el deterioro del viento, oleaje, sol o la degradación bacteriana.

“En la calle o incluso en los mismos laboratorios hay microfibras volando en el aire, así que para analizar las muestras en este estudio tuvimos que seguir un estricto protocolo. Esto en general viene de la misma ropa que se va degradando, puede ser por la radiación del sol, viento o mucho uso. Así se va degradando de manera microscópica y termina flotando”, ilustra Pérez.

Colonia Isla Guafo II ©Diego Pérez
Colonia Isla Guafo II ©Diego Pérez

A nivel mundial, se han encontrado microfragmentos y microfibras en varias especies de diferentes niveles tróficos, que van desde el zooplancton, moluscos, peces hasta depredadores como aves marinas, cetáceos y pinnípedos.

En ese sentido, los lobos marinos pueden convertirse en centinelas o bioindicadores de la contaminación en los océanos. “Al ser depredadores topes, que comen distintos individuos en lugares que ya conocemos, podemos utilizarlos para saber qué tan contaminados están los ecosistemas de distintas partes”, sostiene el biólogo marino.

Sin embargo, no existe claridad sobre las consecuencias que podría provocar la ingesta de este material en los pinnípedos. Pérez indica que “no hemos podido observar ni probar ningún efecto a corto plazo de los microplásticos en los lobos, pero a largo plazo estos contaminantes sí podrían generar efectos en su salud. ¿Qué exactamente? Aún no lo sabemos”.

Redes (referencial) ©Kees Kortmulder | Pixabay
Redes (referencial) ©Kees Kortmulder | Pixabay

Por otro lado, aunque el investigador advierte sobre la falta de información para saber con exactitud de las fuentes de microfibras halladas en las loberas, “sí podemos suponer que el principal origen de la microfibra es la industria textil o el uso de materiales relacionados, como las redes de pesca que se han degradado tanto en el tiempo, que liberan esa microfibra, pero el origen exacto no lo podemos determinar”.

En esa línea, el científico detalla que “una forma indirecta en que la microfibra llega a los océanos es que puede ser por el aire o al lavarla. Como el lavado genera un estrés físico para los materiales, se termina fragmentando de manera microscópica, y eso va finalmente a la cañería, y esta termina de alguna forma en los ríos. Y a través de los ríos llegaría al mar. No existe hasta el momento un tratado de agua tan eficiente a nivel microscópico que logre evitar que la microfibra llegue a estos lugares”.

Frente a esta preocupante realidad, el investigador propone que “las personas reduzcan el uso del plástico lo más posible, y que reutilicen y reciclen. Lo más importante es reducir, así como motivar a las empresas, instituciones y gobiernos a no generar plásticos. Al no consumirlos, no tendrían por qué generarlo”.

Basura encontrada en la Lobera de Guafo ©Diego Pérez
Basura encontrada en la Lobera de Guafo ©Diego Pérez

Para Pérez, resulta fundamental la acción de las autoridades. “Las instituciones gubernamentales deberían implementar medidas para reducir la venta de productos con plástico, porque no todas las personas pueden optar a reducirlas de manera individual. Es mucho más importante que no se genere”.

Por esta razón, el biólogo recurre a la metáfora del grifo que chorrea agua.

“Algo que siempre decimos es que no importa cuánta agua saquemos. Si no cortamos la llave se va a rebalsar igual. Más que tener tecnologías para limpiar playas u océanos, lo principal es dejar de contaminar estos lugares. Si podemos exigirle al gobierno que haga políticas para reducir los plásticos que entran al sistema, y fomentar en la gente que deje de consumir productos con tanto plástico, podemos cortar de manera más efectiva esa contaminación que está llegando”.

Cachorro y madre Lobo fino austral Isla Guafo ©Diego Pérez
Cachorro y madre Lobo fino austral Isla Guafo ©Diego Pérez
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