Ladera Sur La afectación del océano por desalinizadoras: los impactos de la necesidad hídrica
La afectación del océano por desalinizadoras: los impactos de la necesidad hídrica

Medio Ambiente

La afectación del océano por desalinizadoras: los impactos de la necesidad hídrica

La actual crisis sanitaria por el coronavirus nos recuerda la crítica relevancia del agua para nuestra salud. Sin embargo, no todos pueden acceder a ella. Se estima que al menos un 25% de la población mundial vivirá en un país afectado por escasez hídrica crónica y reiterada para el año 2050. Una de las propuestas que han surgido frente a este escenario es la desalación o extracción de agua de mar para potabilizarla y cubrir el consumo humano o industrial. En su columna, la bióloga marina de Fundación Terram, Elizabeth Soto, nos cuenta sobre los efectos que estas plantas pueden producir al ecosistema marino, y hace un llamado a mitigar al máximo su impacto, ocupándose de que los desechos de salmuera y otros elementos nocivos no sean depositados en el océano.

El 22 de marzo de 2020 se conmemoró el Día Mundial del Agua en medio de una crisis sanitaria global, donde el agua y el acceso a ella han tomado un protagonismo especial, pues son un elemento esencial para ayudar a detener la expansión del COVID-19. En un mundo donde 2.200 millones de personas viven sin acceso al agua potable (1), esta crisis revela la necesidad urgente que tenemos como humanidad de mejorar el acceso a agua apta para el consumo, al saneamiento, y a una gestión racional de los ecosistemas de agua dulce (2).

La conmemoración de este día pone el acento en el intrincado vínculo entre agua y cambio climático, entendiendo que el uso adecuado del recurso puede reducir el riesgo de inundaciones, sequías, escasez y contaminación, y que los gobiernos deben tomar medidas que nos permitan adaptarnos a los efectos del cambio climático, incorporando de forma urgente acciones relacionadas con las condiciones de acceso y gestión de recursos hídricos. Todo esto, en un contexto donde se estima que, para el año 2050, al menos un 25% de la población mundial vivirá en un país afectado por escasez crónica y reiterada de agua dulce (3), entre los que se encuentra Chile.

Sequía (referencial) ©Peter H | Pixabay
Sequía (referencial) ©Peter H | Pixabay

Actualmente, nuestro país se enfrenta a una megasequía prolongada, pues desde el año 2010 existe una disminución permanente de precipitaciones entre las regiones de Coquimbo a La Araucanía. Sumado a esto, la última década ha sido la más cálida en 100 años (4). En la búsqueda de soluciones que puedan hacer frente a la sequía que enfrenta el país, la instalación de plantas desalinizadoras asoma como una alternativa razonable para afrontar la crisis hídrica, pero debemos saber que esta opción no es inocua.

Las plantas desalinizadoras o desaladoras consisten esencialmente en la extracción de agua de mar, para transformarla en agua potable para la población, o no potable, pero funcional para la minería u otros procesos productivos. Pero los procesos de desalación no están exentos de problemas, ya que esta actividad genera gran impacto, por una parte, existe un gran requerimiento de energía eléctrica para el funcionamiento de estas plantas y, desde el punto de vista ambiental, por la salmuera (agua con gran concentración de sal) que deriva de este proceso, la cual es devuelta al mar provocando la afectación directa al ecosistema marino.

En un estudio reciente, se reveló que en las actuales 16.000 plantas de desalinización que existen a nivel mundial por cada litro de agua potable se producen 1,5 litros de salmuera, al día 142 millones de metros cúbicos de este desecho en el mundo, un 50 % más de lo que se tenía estimado previo al estudio. La salmuera originada en el proceso industrial de desalación es vertida en el medio marino, el cual es muy sensible a los cambios de las concentraciones de salinidad presentes en el agua, lo cual afecta las condiciones de vida y desarrollo de las especies que viven en él. Adicionalmente, el proceso industrial de producción de agua potable a partir de agua de mar elimina otros residuos como biocidas, detergentes, antiincrustantes y antiespumantes, los que también generan impactos a la vida marina.

Mar – ©Diego Bravo
Referencial ©Diego Bravo

Además de lo señalado anteriormente, existe otro impacto derivado del proceso de extracción de agua marina para el funcionamiento de estas plantas, dado que en el proceso de absorción pueden ser capturadas muchas plantas y animales marinos, especialmente los que forman parte del plancton (5), conjunto de organismos generalmente de tamaño microscópico que incluyen a infinidad de especies de peces y moluscos de interés comercial cuyas etapas tempranas de desarrollo ocurren en el plancton.

Se estima que diariamente en Chile se desalinizan 500 mil toneladas de agua, lo que sitúa al país como “líder” en Latinoamérica. Y no es sólo desde la minería que se está impulsando la desalinización de agua de mar, sino que existe una fuerte promoción de esta tecnología para que sea utilizada tanto por municipalidades como pequeñas comunidades (6). En esa línea, las proyecciones indican que la Región de Antofagasta se abastecerá en un 100% de agua dulce a través de desaladoras para el 2022, y que este tipo de iniciativas seguirán avanzando entre las regiones de Arica a Valparaíso, con 12 proyectos en tramitación ambiental actualmente (7).

Mar ©Diego Bravo
Referencial ©Diego Bravo

Por ello es de vital importancia que la evaluación ambiental de este tipo de proyectos considere los impactos que estas plantas pueden producir al ecosistema marino y que minimicen al máximo su afectación, ocupándose de que los desechos de salmuera y otros elementos nocivos no sean depositados en el mar, y que la extracción hídrica considere análisis periódicos de la columna de agua, de manera de reducir el impacto sobre el plancton marino. Además, es urgente que las autoridades hagan una evaluación real e independiente de los impactos que generan estas plantas y limiten el número de estas que se pueden instalar en un determinado espacio, pues de no hacerlo en poco tiempo puede que seamos testigos de los severos impactos que este proceso industrial ocasiona.

Es necesario, entonces, que las autoridades entiendan que el océano no es una fuente infinita de agua para nuestro uso, ni un repositorio de nuestros desechos, sino un ecosistema complejo sumamente sensible a las alteraciones antrópicas, del cual dependemos para el desarrollo de nuestra propia vida. Es decir, debemos estar atentos y vigilantes para que de esta forma no cometamos los mismos errores del pasado.

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