Hasta la semana pasada, si uno bajaba por el sector conocido como Las Palmas, uno de los principales ingresos a la ciudad de Viña del Mar, se podía apreciar, en todo su esplendor, un gran número de palmas chilenas (Jubaea chilensis) erguidas de forma majestuosa en las laderas de las quebradas. Y es que este sector se caracteriza por ser uno de los últimos lugares donde se pueden encontrar bosques de palma chilena, una especie relicta que se encuentra en peligro de extinción.

Palma chilena (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana. Créditos: ©Tamara Núñez
Palma chilena (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana. Créditos: ©Tamara Núñez

No obstante, justo antes de que comenzaran las celebraciones y fiestas de fin de año, un gran incendio forestal se propagó en forma eruptiva por la quebrada Rodelillo o Quinta Vergara Alto, afectando a un gran número de palmas chilenas y dejando a más de 500 familias damnificadas en diferentes áreas de la región de Valparaíso.

En ese sentido, la zona más afectada por el siniestro fue el Parque Natural Kan-Kan, una larga zona natural que abarca los sectores de Nueva Aurora, Forestal Alto y Viña Alto y que vendría a ser parte de uno de los pocos pulmones verdes que quedan en la quinta región. Cabe destacar que Kan-kan es parte del palmar El Salto, un área declarada como Santuario de la Naturaleza en 1998 y que alberga la tercera población más numerosa de palmas chilenas.

Sobre los daños ocasionados al palmar, según el último catastro realizado por la Corporación Nacional Forestal (Conaf), un total de 1.661 ejemplares de palma chilena fueron alcanzadas por el fuego, muchas de las cuales tendrían alrededor de 500 años de antigüedad.

Parque Natural Kan-Kan antes del incendio. Créditos: © cortesía de Paso Hondo Nativo
Parque Natural Kan-Kan antes del incendio. Créditos: © cortesía de Paso Hondo Nativo

Sin duda, el daño al patrimonio natural que dejo este siniestro es irreparable, pero aún hay esperanzas para este centenario palmar. Y es que al mirar con detenimiento los ejemplares de palmas chilenas ubicadas en otros sectores de la zona centro del país, es posible ver cómo varias de ellas, con sus troncos ennegrecidos, se mantienen en pie incluso después de soportar intensos incendios forestales.

“Las palmeras han sufrido incendios forestales probablemente desde hace mucho tiempo porque en el pasado también habían incendios, aunque no tan intensos como los de ahora. Pero cuando uno va al Parque Nacional La Campana, que es el lugar donde se concentra la población más grande de palmas, si tu miras las palmeras los troncos están negros, o sea, ellos tienen huellas de incendios que lograron sobrevivir”, explica Ramiro Bustamante, doctor en Ecología y académico e investigador del Departamento de Ciencias Ecológicas de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile.

Lo cierto es que la palma chilena tiene una increíble capacidad de supervivencia frente a los incendios, pudiendo soportar temperaturas de hasta 500°C, aún cuando su corteza se inflame. No obstante, su capacidad de recuperación dependerá de varios factores, entre ellos la intensidad del incendio. Por ello es que la afectación final de la palma chilena se sabrá con el paso del tiempo, al ver cuales fueron capaces de regenerarse y cuáles no.

Palmas chilenas (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana. Créditos: ©Tamara Núñez
Palmas chilenas (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana. Créditos: ©Tamara Núñez

Más parecida a un pasto que a un árbol

La palma chilena, al igual que otras palmeras, taxonómicamente pertenece a la clase Monocotiledónea, por lo que no puede considerarse un árbol, sino más bien un “pasto gigante”. Y es que las palmeras tienen un sistema vascular completamente distinto al que tienen otras especies arbóreas y es justamente esta cualidad la que permite que esta planta tenga una increíble capacidad regenerativa.

Así lo explica Ramiro Bustamante, quien además es investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB): “Las palmeras son especies bien especiales porque son más parientes de los pastos que de los árboles, a pesar de que la palma chilena tiene forma arbórea. Cuando tú analizas los sistemas vasculares de las plantas tú encuentras que hay una diferencia muy brutal entre las monocotiledónea y las dicotiledóneas. Los árboles son dicotiledóneas, por lo que sus sistemas de transporte de agua y sabia están en la parte exterior, debajo de la corteza. En cambio las monocotiledóneas no tienen esa estructura y los vasos conductores de savia y de agua están distribuidos en toda la planta, en todo el cuerpo del tallo por así decirlo”.

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Palma chilena (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana. Créditos: ©Tamara Núñez
Palma chilena (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana. Créditos: ©Tamara Núñez

Esta cualidad tiene consecuencias muy importantes ya que le permite a la palma sobrevivir a traumas muy fuertes. Por ejemplo, si uno descascara un árbol, lo más probable es que este se muera porque al destruir su corteza, se destruyen sus sistemas vasculares. En cambio, si se llega a hacer lo mismo con la palma, lo más probable es que sobreviva. “Eso hace una diferencia muy grande cuando una palmera se encuentra afectada por un incendio. Las palmeras tienen la capacidad de regenerarse ya que cuando se les quema el tronco eso no es problema porque todavía quedan vasos para seguir absorbiendo el agua y produciendo la fotosíntesis. Entonces gracias a su estructura, la palma es capaz de sobrevivir a traumas súper fuertes”, agrega el Dr. Bustamante.

No obstante, si bien la palma chilena es resilente a los incendios forestales, su capacidad regenerativa tiene sus límites.  En primer lugar, el fuego no debe alcanzar el estípite (parte superior que sostiene las hojas), por donde el individuo sigue creciendo y generando frutos para su propagación.

Como indica el ecólogo: “Ante un incendio las palmas más chiquititas definitivamente mueren porque no tienen la capacidad de escapar al fuego, el fuego pasa por encima de ellas. Pero en cambio las más altas, que llegan a tener hasta 30 o 40 metros de altura, tienen sus hojas nuevas escondidas en una estructura en la parte alta, entonces si no se muere esa parte, la palma chilena tiene la capacidad de volver a producir hoja, aunque se le hayan quemado todas las hojas que tenía”.

Palma chilena (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana. Créditos: ©Tamara Núñez
Palma chilena (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana. Créditos: ©Tamara Núñez

Por ello, cuando se ven enfrentadas a un incendio, las palmas chilenas son capaces de regenerarse, siempre y cuando el siniestro no sea demasiado devastador. “Tiene un límite”, agrega el Dr. Bustamante, “En el fondo si hay un incendio muy devastador se va a morir todo. Pero la palmera tiene mecanismos propios como para poder resistir cierta intensidad de fuego”.

Por eso es que, para saber la real afectación de la población de palma chilena que fue alcanzada por el siniestro del pasado 22 de diciembre, debemos tener paciencia y esperar a ver cuáles individuos fueron capaces de sobrevivir, y cuáles no. “El próximo año, si es que no vuelven a ocurrir más incendios en el mismo sector, probablemente podríamos ver que algunas palmas lograron sobrevivir, si es que no se quemó este tejido meristemático que produce las hojas nuevas”, añade Ramiro Bustamante.

Palmas chilenas (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana. Créditos: ©Tamara Núñez
Palmas chilenas (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana. Créditos: ©Tamara Núñez

Una de las grandes amenazas de la palma chilena: Los incendios forestales

Los incendios forestales y sus devastadoras consecuencias son una de principales amenazas que enfrenta la biodiversidad de Chile, y la palma chilena, a pesar de su increíble capacidad de supervivencia frente al fuego, no escapa del daño que ocasionan. Y es que, si bien muchas veces logran sobrevivir a un incendio logrando una lenta regeneración, esto no siempre ocurre.

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Cabe destacar que la palma chilena es una especie que se puede encontrar de forma natural y discontinua en los valles de la cordillera de la costa entre la región de Coquimbo y la región del Maule. Sin embargo, dos de los tres relictos más significativos de la especie se sitúan en la región de Valparaíso, donde se concentra cerca del 18% de los incendios forestales que se producen anualmente –la gran mayoría de ellos ligados a la acción humana–. Además, esta región presenta las más altas tasas de concentración de incendios por unidad de superficie superando otras regiones en donde se registran mayor cantidad de focos, pero distribuidos en áreas rurales más extensas.

De esta forma, los reiterados incendios que ocurren en la región causan importantes daños a la corteza de la palma chilena, que no logra recuperarse totalmente antes de la ocurrencia de un nuevo siniestro.

Palmas chilenas (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana. Créditos: ©Tamara Núñez
Palmas chilenas (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana. Créditos: ©Tamara Núñez

Por otra parte, los incendios generan la erosión y desestabilización del suelo, por lo que la palma no tiene grandes posibilidades de generar poblaciones juveniles en tales condiciones. Situación que se agrava su le sumamos la constante extracción que hace el ser humano de sus semillas comestibles, también conocidas como “coquitos” para ser comercializadas.

No obstante, estas no son las únicas razones que han llevado a la disminución de esta especie, no solo en la región de Valparaíso, sino que en todo Chile. Además de los incendios y la extracción de sus frutos, la palma chilena se encuentra amenazada por la explotación desmedida y destructiva de sus poblaciones para la producción de miel de palma –para extraer su salvia se debe cortar la palma-, la degradación de su hábitat, la sequía, la deforestación y la existencia de especies invasoras.

Por estos factores es que la palma chilena es considerada una especie en peligro (EN) que ha visto a su población disminuir drásticamente (98%) en los últimos 500 años. De hecho, las estimaciones más actuales indican que el tamaño poblacional actual a nivel nacional asciende a 121.284 individuos, considerando únicamente sus poblaciones naturales.

Palmas chilenas (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana. Créditos: ©Tamara Núñez
Palmas chilenas (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana. Créditos: ©Tamara Núñez

Una especie relicta y única en el mundo

La palma chilena es una especie monotípica, única especie viviente del género Jubaea, que se incluye dentro de la familia Palmaceae.

En términos generales, es una especie única y muy rara que puede alcanzar una altura de 30 a 40 metros y una edad superior a los 1.000 años. Dentro de sus características más llamativas, está su lento crecimiento y el hecho de que alcanza su estado de madurez a los 60 años.

Una de las características más fascinantes que tiene esta especie es su historia evolutiva y su valor ancestral ya que las poblaciones de esta especie son consideradas un relicto biogeográfico, que sobrevivieron a un clima que no es suyo y evolucionaron en nuestro territorio hace millones de años.

Palmas chilenas (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana. Créditos: ©Tamara Núñez
Bosque de palmas chilenas (Jubaea chilensis) en Parque Nacional La Campana. Créditos: ©Tamara Núñez

Así lo explica el profesor Bustamante: “Las palmeras son especies de ambientes tropicales, y efectivamente Chile tuvo un clima tropical hace millones de años, pero cuando se produjo el alzamiento de la cordillera de los Andes, hace aproximadamente 30 millones de años, el clima cambio, entonces los ancestros tropicales de la palma chilena tuvieron que adaptarse a vivir a estas condiciones ambientales que son completamente diferentes a las que estaban acostumbradas”.

Por ello es que las poblaciones de esta especie se constituyen como los bosques de palmas más australes del mundo.

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