Se alimentan de krill, peces, pequeños crustáceos, calamares y moluscos, y sobre su cabeza, poseen un plumaje particular de colores amarillos y naranjos, como si fuera un peinado punk. Tienen ojos rojizos y son muy hábiles para descender por las aguas, pudiendo alcanzar los cien metros de profundidad en cosa de minutos. De hecho, a raíz de esta última característica es que a este género de aves marinas se le denomina: Eudyptes, que en griego significa “buen buceador”. 

Pingüinos crestados. ©María José Frugone
Pingüinos crestados. ©María José Frugone

Se trata de los pingüinos rockhopper, más conocidos como pingüinos de penacho amarillo, un grupo de aves que posee una amplia distribución en las regiones costeras subantárticas y templadas del hemisferio sur, incluyendo Chile. 

Pese a su particular fisonomía, que los diferencia bastante de otras tantas especies de pingüinos, su actual clasificación taxonómica ha generado un largo debate entre la comunidad científica. De hecho, en los años 90´, se había establecido que los pingüinos de penacho amarillo eran una única y sola especie, pero luego surgieron otros trabajos sugiriendo la existencia de varias especies. En un reciente estudio, publicado y destacado en la portada de la revista científica Diversity and Distributions, se entregan nuevos antecedentes a partir de datos del genoma de estos pingüinos.

Portada revista
Portada revista científica Diversity and Distributions, volumen 27.

La investigación sugiere la existencia de tres especies de pingüinos rockhopper: del norte (E. moseleyi), del sur (E. chrysocome) y del este (E. filholi), todos bastante parecidos a nivel morfológico, pero muy distintos a nivel genético. Este trabajo fue liderado por María José Frugone, investigadora postdoctoral de la Universidad Austral de Chile, y se realizó en el marco de su tesis doctoral en la Universidad de Chile y como investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad, estudio que estuvo codirigido por Elie Poulin –IEB, U de Chile- y Juliana Vianna -PUC-.  Dicho hallazgo representa un aporte fundamental para las estrategias de manejo y conservación de estas aves marinas.  

 “Un primer acercamiento al tema nació en el 2018, a partir de mi tesis de doctorado y luego seguimos profundizando en el área. Se había discutido mucho sobre la clasificación de estos pingüinos, y nosotros pudimos ampliar este análisis utilizando una técnica genómica que nos permite captar miles de sitios de ADN a lo largo del genoma, y no unos pocos, como sucede con otras técnicas. Eso nos permitió comparar estos segmentos o marcadores entre los pingüinos, y así obtener un patrón general de divergencia y luego poder estimar el número de especies en este grupo”, comenta María José Frugone. 

Pingüinos crestados en Región Subantártica. ©María José Frugone
Pingüinos crestados en Región Subantártica. ©María José Frugone

Para este estudio en particular, se recolectaron 96 muestras de sangre de individuos de un área que cubre casi toda la distribución de los pingüinos de penacho amarillo, y luego se analizaron y compararon miles de sitios dentro del genoma. Gracias a esta información, se pudo evaluar la diferenciación genética, las tasas de migración y mezclas entre colonias de estos pingüinos. A grandes rasgos, la investigación concluyó que existía un alto grado de diferenciación genética entre estos tres grupos, así como una falta de evidencia sobre posibles mezclas entre ellas mismas, razón por la cual se sugiere que son tres especies.  

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“Este trabajo, realizado además con apoyo internacional, muestra como la genómica puede ayudarnos a descubrir y definir el número de especies, tanto si existe o no variación morfológica entre los grupos a comparar. En este caso, vimos que entre los mismos pingüinos de penacho amarillo, hay muy pocas diferencias en su morfología, pero sí a nivel genómico”, asegura la investigadora del IEB.

gráfica pingüinos rockhopper ©Instituto de Ecología y Biodiversidad
©Instituto de Ecología y Biodiversidad

Reconocimiento y conservación

La disminución de poblaciones de las tres especies de pingüinos de penacho amarillo, es de gran preocupación para la conservación, según advierte la publicación. El aumento de las temperaturas oceánicas y los cambios oceanográficos asociados, la introducción de depredadores y la pesca, se encuentran entre las amenazas que podrían haber influido en estos declives demográficos.

En ese contexto, el trabajo recién publicado sostiene que el reconocimiento de esta diversidad taxonómica es crucial para la gestión y conservación de biodiversidad y, particularmente, para la de este grupo de aves marinas ampliamente distribuidas. “Cualquier falla en el reconocimiento de la diversidad de especies podría conducir a sobre estimaciones de los tamaños de población, y por lo tanto, a desinformar sobre los niveles de amenaza que estas especies tienen y asi, comprometer la priorización de los recursos de conservación”, se detalla en el documento.

María José Frugone ©Instituto de Ecología y Biodiversidad
María José Frugone ©Instituto de Ecología y Biodiversidad

Al respecto, María José Frugone explica que el pingüino rockhopper del norte está en peligro de extinción, mientras que el del este y el del sur, considerados como una única especie para su estimación del grado de amenaza por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), están en categoría vulnerable. 

“El separar como dos especies a estos últimos, podría revelar que en verdad estas poblaciones de pingüinos se encuentran mucho más amenazadas de lo que se considera actualmente. Que sean especies diferentes implica el reconocimiento de una distribución y número de poblaciones más acotadas para cada una. Por otro lado, en el caso particular del pingüino de penacho amarillo del este, también se ha visto que, a pesar de tener una distribución más extensa, sus tamaños poblacionales han disminuido notablemente, sugiriendo que esta especie en particular podría estar más amenazada. Por todo ello es que este trabajo, representa un gran aporte para conocer la estimación de riesgo de cada una de estas especies, información que se puede emplear en nuevas estrategias de manejo para apoyar la conservación”, declara la investigadora.

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