Sin duda uno de los grandes hitos científicos del siglo XIX fue el descubrimiento de la luz eléctrica, y por tanto, la posibilidad de usar electricidad para iluminar nuestras vidas más allá de lo que dicta el ciclo solar. Algo así como la domesticación del fuego que durante milenios acompaño a los seres humanos, iluminando los hogares y dando calor durante las noches.

Contaminación lumínica. Foto extraída de Unsplash.
Contaminación lumínica. Foto extraída de Unsplash.

Sin embargo, esas ampolletas que iluminan nuestras calles y que prendemos a voluntad en nuestros hogares, a pesar de brindarnos una cantidad considerable de beneficios, tiene su lado oscuro: la contaminación lumínica, que no es otra cosa que la alteración de la oscuridad natural de la noche, provocada por la introducción de luz artificial, directa o reflejada, en el medio ambiente.

Vale decir que este fenómeno tiene dos aristas muy importantes; por un lado se derrocha, de forma innecesaria o inadecuada, energía generada muchas veces quemando combustibles fósiles y, por otro lado, se ilumina un cielo que naturalmente tendría que permanecer oscuro, lo cual genera impactos en la salud y en la vida de los seres vivos.

Y a su vez, en vez de disminuir, este tipo de contaminación va en aumento. Se calcula que crece un 2% anual a escala mundial y casi un 10% anual en Europa.

Contaminación lumínica. Foto extraída de Unsplash.
Contaminación lumínica. Foto extraída de Unsplash.

Impactos la de la contaminación lumínica en la vida de las personas

Los seres humanos estamos fuertemente ligados a la luz solar y a sus ciclos ya que adaptativamente somos criaturas diurnas, nos desenvolvemos durante el día mientas que la noche es reservada para el descanso. Es por ello que, para muchas personas, la oscuridad representa un territorio de misterio e inseguridad, por lo que el ser humano históricamente ha utilizado la luz artificial para compensar esta debilidad.

Durante muchos siglos fue el fuego, y más recientemente la luz eléctrica que, en multitud de variedades y formas, proliferó e invadió casas y calles. Con ello, hemos logrado combatir a la naturaleza y convertir las noches en días. No obstante, esto suele hacerse ignorando las consecuencias negativas que esto tiene para la salud de las personas y para la actividad astronómica, así como para la biodiversidad.

En diversos estudios ha quedado documentado que el exceso de iluminación afecta directamente a nuestro reloj biológico ya que conlleva desajustes en la segregación de la melatonina, la hormona del sueño, que solo se produce en condiciones de oscuridad absoluta. Esto puede acarrear problemas de estrés, insomnio, diabetes y obesidad, y asimismo, impactar fuertemente la calidad de vida de las personas.

Contaminación lumínica. Foto extraída de Unsplash.
Contaminación lumínica. Foto extraída de Unsplash.

Por otra parte, el exceso de luz en las noches afecta directamente a la calidad astronómica de los cielos de las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo, una zona que se caracteriza por tener los cielos más limpios del mundo, y donde próximamente se concentrará el 70% de la capacidad astronómica existente en el mundo.

“Una luminaria mal apuntada, que en vez de apuntar hacia abajo apunta hacia arriba, como los estadios de futbol, interviene en la observación y el estudio del cielo, que es una actividad en la cual se ha invertido mucho en la región por parte de instituciones extranjeras. Y obviamente, una luz que apunte hacia arriba no es necesaria, sino que es necesaria en la medida que apunte hacia la parte habitable por el ser humano”, señala Jorge Triviño, habitante del Valle del Elqui y experto en astroturismo de la Corporación Elqui Valle Sagrado.

La contaminación disminuye la oscuridad de los cielos y con ello dificulta la observación del cosmos. Además, muchas lámparas de exteriores emiten luz en el rango del espectro que utilizan los observatorios, por lo que interfieren en la toma de datos y en la exploración.

Contaminación lumínica. Foto extraída de Unsplash.
Contaminación lumínica. Foto extraída de Unsplash.

“Las luces de la familia de los colores azules, que son el blanco, azul, verde, celeste, violeta, morado y fucsia, encandilan mucho más a nivel nocturno que los colores de las familia de los rojizos, que son blanco amarillento, el amarillo, el naranjo, que esos, si bien iluminan, no encandilan y además tienen una burbuja de contaminación lumínica bastante pequeña, entonces si estos iluminan hacia abajo, no dañamos el cuerpo humano y tampoco la ciencia astronómica”, agrega el experto.

Impactos de la contaminación lumínica en la biodiversidad

Por otro lado, la contaminación lumínica impacta directamente en el ciclo biológico de la flora y fauna, lo que altera muchas de sus funciones biológicas y genera una serie de impactos negativos que hacen peligrar el equilibrio de los ecosistemas.

“La biodiversidad se ve afectada de diferentes formas y principalmente está relacionado con el tipo de hábitat en el que viven las especies y su comportamiento. Por ejemplo, hay especies que son más bien nocturnas y se ven más afectadas porque principalmente se alimentan y se mueven durante la noche, y por tanto, las luces pueden afectar sus trayectos y migraciones, además de dejarlos vulnerables ante los depredadores. Y por otra parte, los sonidos que emiten las fuentes lumínicas también pueden afectar a las especies” explica Milen Duarte, doctora en ecología y biología evolutiva e investigadora del Instituto de Ecología y Biodiversidad y de la Universidad de Chile.

Golondrinas de mar caídas por la contaminación lumínica. Créditos: Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre
Golondrinas de mar caídas por la contaminación lumínica. Créditos: Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre

El exceso de luz durante la noche puede provocar distintos trastornos en la rutina de los animales como alteraciones en su forma de reproducción, alimentación u orientación. Además, puede perjudicar a ciertas especies nocturnas que están adaptadas a la visión nocturna, que ven disminuida su capacidad visual con el exceso de luz, lo que facilita que sean depredadas.  Vale decir que el 30% de los mamíferos y más del 60% de los invertebrados son parcial o principalmente nocturnos, por lo que con la luz artificial estamos alterando significativamente los ciclos naturales de una gran cantidad de especies.

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Por otra parte, el exceso de luz produce diversos desplazamientos en la fauna y desajustes en la cadena trófica debido a que las especies con fototropismo negativo (que huyen de la luz) como los murciélagos, se ven forzados a cambiar de hábitats. Mientras que los insectos que tienen fototropismo positivo y que son atraídos por las luces, se desorientan y acaban quemados, agotados o depredados. Esto genera un deterioro de la biodiversidad al perderse especies, individuos y las relaciones surgidas entre los ejemplares.

“Aquí se pueden ver afectadas principalmente especies como las aves nocturnas, los murciélagos y varias especies de micro-mamíferos, además de insectos que se ven atraídos por la luz y cambian sus rutas tanto de alimentación como de traslado de una zona a otra. Y por otra parte, también se pueden ver afectados animales de tipo doméstico. Estos pueden cambiar sus conductas dependiendo de la cantidad de luz a la que se ven expuestos durante la noche”, agrega la investigadora.

Cajon con golondrinas de mar negras muertas y heridas en Mina Tenardita 2018 Créditos: Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre
Cajon con golondrinas de mar negras muertas y heridas en Mina Tenardita 2018. Créditos: Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre

Por su parte, las mortalidades masivas producto de la contaminación lumínica afectan en gran medida y particularmente a especies marinas que desarrollan parte de su ciclo vital en la costa. Como es el caso de las tortugas marinas que  durante el desove o en la eclosión de los jóvenes, en vez de dirigirse al océano, invierten su recorrido previsto y se dirigen a las ciudades atraídas por la luz.

En el caso chileno, una de las especies más afectadas en el territorio nacional son las aves marinas de hábitos nocturnos, las cuales desorientadas con las fuertes luces de las ciudades, colisionan con diferentes estructuras hechas por el hombre, pierden el rumbo o salen a procurarse alimento más tarde de lo habitual y terminan con el estómago vacío.

“En Chile este fenómeno es mucho más evidente en un conjunto de aves marinas, principalmente petreles, que se reproducen en cavidades y que se ven atraídas hacía las grandes ciudades y se desorientan, lo que las afecta fuertemente.  Y también se manifiesta con las golondrinas de mar que se reproducen en el interior del desierto Atacama, pero es un fenómeno un poquito diferente porque ahí efectivamente tienen que recorrer varios kilómetros entre los sitios de reproducción y el mar, por lo que el riesgo de reproducción de esta especie es muy alto”, explica Ivo Tejeda, director ejecutivo de la Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre de Chile (ROC).

Según datos entregados por el Ministerio de Medio Ambiente, en Chile se tienen registros de al menos 17 especies cuya principal amenaza es la contaminación lumínica entre las que se encuentran la fárdela blanca (Ardenna creatopus) y las cuatro especies de golondrinas de mar del norte, las cuales actualmente se encuentran catalogadas en peligro de extinción y son parte de planes de Recuperación, Conservación y Gestión de Especies (RECOGE).

Jote de cabeza colorada depredando volante caido por luces. Créditos: Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre
Jote de cabeza colorada depredando volante caido por luces. Créditos: Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre

Si bien, se tienen estimaciones de caídas de más de 13.000 ejemplares al año, según indica el Ministerio de Medio Ambiente, es muy difícil llevar un registro exacto de los individuos que fallecen producto de la contaminación lumínica.

Así lo advierte Ivo Tejeda: “Nos enfrentamos a un problema en el sentido de que no todas las aves que caen son reportadas. Hay algunos datos que tenemos de las aves que individualmente son reportadas ya sea por programas de rescate en ciudades, principalmente en Arica, Iquique, Alto Hospicio y Antofagasta, o también reportadas al SAG en gran medida por empresas que están obligadas a reportarlas por sus protocolos. Lo que sabemos es que al año son varias miles las aves afectadas y son pocas las que son reportadas. Pero en algunos sitios se estimaba que podían ser del orden de 10 mil a 20 mil individuos al año solamente en el sector de Salar Grande, al sur de Iquique, donde hay complejos mineros con muchas luces al lado de sitios de reproducción”.

Avances en la normativa vigente y medidas necesarias para hacerle frente a la contaminación lumínica

Desde 1998, a través del decreto N° 43, que Chile cuenta con una Norma de Emisión para la Regulación de la Contaminación Lumínica, que aplica a las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo, y que tiene como objetivo evitar la emisión de luz hacia el cielo y promover la utilización de tecnologías que no emitan en el espectro no útil para el ojo humano y que obstaculiza la observación astronómica.

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“Ese decreto fija algunas condiciones bajo las cuales se debe iluminar y algo relevante también es que  fija restricciones en cuanto a la radiancia espectral. De lo que se conoce, tanto para los observatorios astronómicos como para este tipo de aves, es que las luces con un componente más azul son las más nocivas” agrega Ivo Tejeda.

golondrinas de mar caidas por luces. Créditos: Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre
golondrinas de mar caidas por luces. Créditos: Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre

Esta norma restringe la emisión de flujo radiante hacia el hemisferio superior, además de restringir ciertas emisiones espectrales de las lámparas que son más dañinas para la salud humana, en las zonas geográficas del país donde más se ha visto el impacto de la contaminación lumínica. No obstante, esta ley deja desprotegidas a la biodiversidad, ya que solo contempla los riesgos asociados a la salud humana y a la actividad astronómica, pero no considera al resto de los seres vivos que se ven afectados por este fenómeno. Así mismo, no contempla el resto de las regiones que igualmente, aunque en menor medida, sufren un prejuicio producto del exceso de luz en las ciudades.

Es por ello que en abril del 2019 se inició por parte del Ministerio de Medio Ambiente una revisión de la norma lumínica, con el fin de que esta incluya tanto la salud de las personas como la de la biodiversidad y objetivos de protección adicionales a la calidad astronómica de los cielos, ampliando su alcance a todo el territorio nacional.

En ese sentido, las principales modificaciones a la norma vigente son: la incorporación de la biodiversidad y la salud humana, como un objeto de protección adicional a la calidad astronómica del cielo nocturno; la extensión del alcance territorial a todo el país;  reducir la emisión de luz azul desde un 15% a un 7% en todo el territorio y a un 1% en zonas relacionadas, tanto con la astronomía como la biodiversidad; y, además, mejorar el control preventivo de la norma, mediante controles en comercialización y etapa de proyecto.

“En ese sentido, la nueva norma de emisión incorporará dentro de sus objetivos no solamente la protección de los cielos para la astronomía, sino que también la salud humana y la biodiversidad. Y de alguna forma eso se manifiesta en que la norma de emisión va a aplicar para todo el territorio nacional y también que impone restricciones mayores para un conjunto de áreas silvestres protegidas y para los sitios de reproducción de aves amenazadas. Ahora bien, en general se desconoce y es menos investigado lo que pasa con otros seres vivos, de qué forma impacta en ellos la contaminación lumínica, por ello la única norma específica, la única mención especial que hay, es para las aves marinas  que son más afectadas. Básicamente se establecen restricciones específicas para los sitios de reproducción y las comunas en las cuales ocurren más muertes de aves marinas. Aves marinas que se encuentran amenazadas, que cuentan con un plan RECOGE y que la iluminación artificial es una de sus amenazas”.

golondrinas de mar caidas por luces. Créditos: Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre
golondrinas de mar caidas por luces. Créditos: Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre

Esta norma actualmente se encuentra en revisión por parte de la Contraloría General de la Republica, que de ser aprobada, será publicada en el Diario Oficial y entrada en vigencia.

Paralelo a esto, durante los próximos días será presentada la “Guía para una iluminación amigable con aves marinas en Chile”, un documento elaborado por la ROC, la ONG Oikonos y la OPCC, con el patrocinio del Ministerio de Medio Ambiente, que esta dirigido a desarrolladores de proyectos, tanto públicos como privados, que contemplan iluminación exterior en alguna de sus etapas o instalaciones. Esto con el fin de orientar a quienes, en sus diversos roles públicos y privados, son participes en la elaboración de proyectos que impactan la biodiversidad para que estos se realicen con la menor cantidad de impacto posible.

“Ese proceso de implementación de la norma va a tomar su tiempo. Va a ser difícil en la medida que incorpore el cambio de luminarias y de mentalidad, particularmente en regiones en las cuales no ha habido una real conciencia sobre el problema de la contaminación lumínica porque no han tenido la aplicación de una norma de emisión anterior. Por ello es necesario que al cumplimiento de la norma se le sume una gestión a escala de proyecto de sitio. Se debe tener a disposición para distintos actores un conjunto de herramientas y de pasos para aplicar una gestión de la iluminación que se preocupe de no afectar a las aves marinas ni a la biodiversidad. Para ello es que trabajamos en la elaboración esta guía que sale en los próximos días”, finaliza Ivo Tejeda.

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