Un equipo de investigadores nacional e internacional propone que el famoso y controvertido sitio arqueológico de Monte Verde, en la Región de Los Lagos de Chile, podría ser al menos siete mil años más reciente de lo que se ha sostenido por décadas hasta el presente.

Su hallazgo hacia 1980 por parte de un equipo liderado por el arqueólogo estadounidense Tom Dillehay y su colega chileno Mario Pino rompió el paradigma que primaba hasta ese momento, respecto de que la tradición cultural norte americana conocida como Clovis era la más antigua del continente, lo que generó intensos debates por la anomalía que representaba, hasta que hacia fines de los años noventa un grupo de expertos que visitó el sitio Monte Verde confirmó que poseía las características requeridas para aceptar una antigüedad de 14.500 años.

No obstante, según el nuevo estudio que publica Science, la cronología atribuida tradicionalmente al yacimiento arqueológico estaría afectada por la redepositación de materiales orgánicos (especialmente madera) proveniente desde capas estratigráficas más antiguas.

Según relata uno de los autores de la publicación, el paleoecólogo Claudio Latorre, quien es investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) y de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Católica, el trabajo comenzó en 2021, durante la pandemia, tras ser contactado por Todd Surovell, de la Universidad de Wyoming, autor principal del paper. El interés inicial era estudiar un componente particular del sitio Monte Verde II: las algas asociadas al conjunto, cuyo estatus y contexto querían examinar con mayor detalle.

Vista aérea de Monte Verde
Créditos: Richard García, Sandoval & Meirovich Comunicaciones.

La primera intención, dice, fue colaborar con Dillehay y Pino, los investigadores originales del sitio, pero esa vía no prosperó. De acuerdo con Latorre, finalmente el equipo viajó al sur y recorrió el área por su cuenta. Fue allí donde, al observar el terreno, identificaron lo que los análisis posteriores confirmaron como un problema de interpretación mayor con la edad del sitio.

“Al visitar el sitio una tarde, nos pudimos dar cuenta que había un problema serio con la geología, con la interpretación geológica del sitio”, recuerda.

“No es que esté mal datado, porque las fechas están buenas. Lo que nos dimos cuenta es que dataron materiales que estaban retrabajados desde una terraza más alta a una terraza más baja”, explica Latorre.

El término “retrabajo” puede sonar técnico. Latorre lo traduce de manera simple: es su redepositación. En términos generales, se refiere a que un río o un sistema erosivo puede arrancar materiales orgánicos o sedimentos desde una unidad antigua y volver a depositarlos y cubrirlos por una capa de sedimentos más reciente. Si luego se fecha ese material orgánico, la datación puede ser correcta para el objeto, pero no necesariamente para el contexto que lo envuelve o para el evento humano que se intenta fechar.

Menciona, por ejemplo, “pelotas” o bolas de turba incorporadas dentro de gravas fluviales —material orgánico arrancado y reincorporado por acción del agua— y también abundante madera redepositada.

Mediciones de los hallazgos arqueológicos.
Créditos: Richard García, Sandoval & Meirovich Comunicaciones.

Hay tres argumentos estratigráficos y cronológicos claves que sustentan la nueva edad Holoceno Medio del sitio Monte Verde II según el estudio. Estos son el nuevo modelo de formación del sitio, las nuevas fechas absolutas y un marcador estratigráfico distintivo que corresponde a una capa de cenizas volcánicas descrita regionalmente. 

El paisaje  experimentó cambios geográficos y ecológicos profundos después del fin de la última glaciación. Latorre describe que con la deglaciación  se expandieron los  bosques húmedos y zonas de  turberas; posteriormente, tuvo lugar un proceso de incisión de la red de drenaje, con la formación de nuevas quebradas al interior de los depósitos de sedimentos más antiguos.

Los autores atribuyen ese proceso de incisión a dos factores principales: un período relativamente más cálido y seco que profundizó la napa freática y el nivel de base de ríos y, en paralelo, un ajuste isostático -o levantamiento del terreno- por la pérdida del peso que ejercía  el  glaciar como consecuencia del término de la Edad de Hielo, como señala Juan Luis García, académico del Instituto de Geografía de la Universidad Católica y coautor del estudio.

En ese marco, García sostiene que dónde se excavó Monte Verde II no calzaría con una edad de 14.500 años en términos de la geomorfología local: “donde se excavó el sitio original corresponden a gravas y arenas depositadas en una terraza fluvial del Holoceno Medio y son posteriores al contacto estratigráfico Pleistoceno-Holoceno, no puede tener 14.500 años”.

Los autores incorporan en su análisis un elemento estratigráfico clave para este estudio: una capa de ceniza volcánica (tefra), que se depositó  en el límite Pleistoceno-Holoceno en toda la región hace aproximadamente 11.000 años atrás, y que correspondería a un marcador extendido. Latorre señala que, en la terraza superior, durante la formación de un antiguo bosque pantanoso, se depositó esa ceniza y el equipo habría confirmado su identificación mediante análisis geoquímico realizado por uno de los coautores del Servicio Geológico de Estados Unidos. Si existiera un componente humano tan antiguo como 14.500 años en Monte Verde, debería ubicarse estratigráficamente por debajo de esta tefra, lo que no es tal. Sin embargo, el estudio plantea que en el sector del sitio de Monte Verde II, ese contacto no estaría preservado precisamente porque se trata de una unidad más joven que erosionó la superficie original

El paper suma además dataciones de luminiscencia óptica, que permiten fechar directamente sedimentos como arenas y gravas, y que fueron llevadas a cabo por otro de los coautores del estudio en la Universidad de Recursos naturales y Ciencias de la Vida de Viena, Austria. Latorre afirma que con esa técnica midieron edades por encima y por debajo del contacto estratigráfico y observaron una separación temporal relevante: “abajo tiene 18.000 años y arriba tiene 8.000”. Entonces observamos un vacío temporal en el contacto Pleistoceno-Holoceno en la estratigrafía en respuesta a la erosión que ocurrió en el sector de MV luego de la glaciación. 

Esa brecha, según su interpretación, implicaría que en ese sector se perdió una parte importante del registro por la erosión ya mencionada y, por lo tanto, el contexto no sería compatible con una ocupación de 14.500 años.

Investigadores a cargo del descubrimiento
Créditos: Richard García, Sandoval & Meirovich Comunicaciones.

La capa arqueológica

El arqueólogo César Méndez, coautor de la publicación e investigador de la unidad de Estudios Aplicados de la Escuela de Antropología de la Universidad Católica, sostiene que muchos materiales de Monte Verde fueron interpretados históricamente en comparaciones de gran escala —por ejemplo, con un sitio semejante en Venezuela—, pese a que existen paralelos más cercanos en el sur de Chile.

Da un ejemplo concreto: puntas lanceoladas comparadas con Taima-Taima, pese a “los miles de kilómetros de distancia”, sin evidencias intermedias. En cambio, dice, piezas similares aparecen en conchales del seno del Reloncaví, Chiloé y sectores más australes, con cronologías entre 6.000–5.000 años.

Méndez menciona también otros elementos comparables en sitios regionales: pequeñas bolas pulidas, varillas de esquisto (tipo de roca que generalmente se fragmenta en láminas) y otros componentes que, interpretados como Holoceno Medio, “hacen mucho más sentido” que en el esquema original donde Monte Verde II aparecía como “anomalía”.

Monte verde
Créditos: Martín del Río.

También señala anomalías internas del conjunto que no hacían mucho sentido: se registró abundante madera e incluso estructuras que mostraban construcciones propuestas, pero un volumen recuperado de material lítico que —según su lectura— no se condice con un uso intensivo de la madera. “Para trabajar la madera se gasta mucho material lítico, los filos de las herramientas se agotan rápidamente y deben ser reactivados o reemplazados y lo propuesto en Monte Verde es muy anómalo porque la cantidad del material lítico es muy poca”.

Respecto de los elementos paleoambientales, Méndez sostiene que, para la época propuesta originalmente para Monte Verde, la zona habría estado en un proceso de desglaciación y con condiciones poco amables para la ocupación humana, asociadas a ambientes posglaciales con alta carga de sedimentos. Aclara, sin embargo, que la presencia de madera fechada hace 14.500 años es real; el punto es el lugar dónde se excavó originalmente.

“Nosotros fechamos madera (…) Tom Dillehay fechó madera y eso es incuestionable. Lo que nosotros estamos diciendo es que esa madera fue retrabajada (redepositada) desde otro estrato”, resume.

Monte verde
Créditos: Miquel Moya.

Por qué no se revisó antes

Ambos entrevistados coinciden en que un factor crítico para no haber obtenido esta información antes es la validación independiente. Méndez sostiene que por años no se pudo acceder a información y colecciones originales, y que las interpretaciones que surgían a raíz del sitio el trabajo se basaron en lo publicado. “De hecho todavía no hemos podido acceder a las colecciones originales”, dice.

También atribuye la demora a un tema de “madurez” y masa crítica: Chile tuvo menos arqueólogos trabajando el tema del poblamiento temprano y, en vez de reevaluar sitios ajenos, la tendencia era abrir nuevas zonas y producir datos originales. Con el tiempo, afirma, creció la capacidad crítica y la disposición a discutir interpretaciones previas.

En ese contexto, Méndez relata que su trabajo requirió respaldo legal y tramitación formal ante el Consejo de Monumentos Nacionales, para tomar muestras sin excavación arqueológica: “Fuimos respaldados por la legalidad en Chile”.

Vista aérea de Monte Verde.
Consejo de monumentos nacionales.

Clovis y pre-Clovis

En arqueología americana, Clovis designa una tradición cultural identificada por sus características puntas líticas acanaladas, con una cronología aproximada cercana a los 13.400 a 12.800 años antes del presente (BP). Durante gran parte del siglo XX, el paradigma dominante fue el llamado “Clovis-first”: la idea de que Clovis representaba a los primeros pobladores del continente, tras ingresar desde Asia por Beringia y expandirse hacia el sur.

El término pre-Clovis agrupa, en cambio, la evidencia que sugiere ocupaciones anteriores a esa cronología. La aceptación de sitios pre-Clovis es muy polémica: muchos yacimientos propuestos son frecuentemente cuestionados por problemas de asociación entre los hallazgos y fechas, ausencia de contexto estratigráfico robusto o falta de replicación independiente.

Monte Verde II, originalmente fechado alrededor de 14.500 BP, se convirtió en el caso sudamericano más influyente dentro de ese debate. Su relevancia no fue solo local: funcionó como “ancla” cronológica para sostener que el poblamiento en el extremo sur de Sudamérica era anterior a Clovis. En ese marco, el nuevo estudio tiene implicancias directas sobre el peso que Monte Verde ha tenido en la discusión continental.

Monte Verde
Créditos: Richard García, Sandoval & Meirovich Comunicaciones.

El debate que viene

Méndez describe el proceso como tenso y prolongado: “han sido cuatro años bastante difíciles para nosotros”. Señala además que el trámite de permisos fue revisado en varias instancias y discutido en el pleno del Consejo de Monumentos Nacionales.

Latorre, en tanto, enfatiza que el foco del paper es el modelo estratigráfico de formación del sitio y la evidencia de redepositación, con el objetivo de corregir un error que, a su juicio, ha persistido en la literatura científica por décadas.

Ambos anticipan que habrá debate posterior a la publicación y que el caso vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de replicabilidad de los análisis en arqueología. Méndez incluso señala que trabajan en un texto adicional sobre reproducibilidad y buenas prácticas en la disciplina arqueológica y ciencias de la tierra en general.

Monte verde
Créditos: Miquel Moya.

Latorre destaca que el artículo fue aceptado en la revista Science tras un proceso de revisión riguroso con varias rondas. Señala además que el paper principal es breve, pero está acompañado de un material suplementario extenso, donde se detalla la evidencia y los análisis.

Según Latorre el objetivo no es negar la existencia del sitio, sino precisar el alcance de la evidencia: “Nosotros no estamos diciendo que no hay un sitio arqueológico, sí hay un sitio arqueológico, pero los restos arqueológicos no tienen la edad que originalmente le fue atribuida a ellos”.

El arqueólogo César Méndez, coincide en ese punto: “El sitio es un sitio arqueológico y no hemos puesto en duda nada de lo que se registró en el sitio. Lo que nosotros hemos criticado e interpretado diferente es la cronología del sitio”.

Cómo quedaría la cronología

Los autores plantean que Monte Verde II no sería el sitio que ancla el poblamiento sudamericano en torno a 14.500 años, sino un sitio que se ubica en el Holoceno Medio, probablemente entre 6.000 y 8.000 años. Ese cambio implica que, en Chile, los sitios más antiguos confirmados quedarían concentrados en el norte y centro-norte, con cronologías cercanas a 13.000 años.

Méndez menciona, por ejemplo, Quebrada Santa Julia (12.900 años), varios sitios en la antigua laguna de Tagua Tagua (12.700–12.600 años) y otros sitios en el Desierto de Atacama con rangos similares. Sobre el patrón general, plantea un ingreso al cono sur en torno a 13.000 años y, a escala continental, menciona que análisis genéticos y datos de Beringia ubican divergencias relevantes en torno a 15.000–16.000 años atrás.

Vista aérea de Monte Verde
Créditos: Richard García, Sandoval & Meirovich Comunicaciones.

*Las imágenes de este artículo cuentan con autorización para la difusión de la noticia bajo los créditos correspondientes en los canales de Ladera Sur.

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