El Barrio de la calle Pedro Montt en la ciudad de Castro, es testigo vivo de un vertiginoso proceso de transformación, donde rápidamente se modifica no sólo la estructura material, sino que también la materia social se adapta a las nuevas demandas globales.

©Carlos Hevia

Los palafitos de calle Pedro Montt en Castro representan el testimonio de una idea creativa, elaborada por familias marginadas y excluidas de los procesos urbanizadores del siglo XX, conforme a la necesidad impositiva de habitar los extrarradios de la ciudad.

A través de esta idea, los habitantes excluídos hicieron posible la apropiación del límite costero urbano, produciendo y reproduciendo la vida en torno a la re-definición de una cultura de base indígena. La interpretación del sentido tradicional atribuído a estas construcciones sobre pilotes en el borde costero, es producto de una sucesión de interpretaciones dadas a las relaciones hombre-mar, hombre-tierra que fundamentan la importancia universal de la expresión social chilota.

Los rasgos distintivos, que hoy son parte de los atributos de una cultura insular idealizada, han debido experimentar un largo camino en el reconocimiento y puesta en valor de esta idea por habitar el borde costero. Actualmente los palafitos forman parte irrenunciable de una imagen de ciudad en el fin del mundo, con un arraigo en tradiciones ancestrales.

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Desde su cimentación a comienzo de los años 20, las estructuras palafíticas de calle Pedro Montt han sido parte de un proceso de construcción social, inconcluso y sometido a constantes revisiones. Algunas de las cuales han determinado cambios y adaptaciones, no sólo en la manifestación material de las edificaciones, sino que también sobre el rol social y económico que estas estructuras cumplen dentro de la ciudad.

De manera paulatina estas estructuras han sido incluidas a la trama urbana de la ciudad, reconociendo así la importancia del estilo de vida particular que representan. La fachada continua y los antejardines establecen el actual límite urbano en calle Pedro Montt. La expresión material de los palafitos se consolida conforme la relación con el mar se admite como un bien potencial, lo que ha significado más ojos sobre el agua.

Emplazados en una zona de riesgo natural, el asedio diario de los rotundos cambios de marea aceleran las evidencias del paso del tiempo sobre las estructuras livianas. Esta condición de riesgo, sumado a una tipología de construcción continúa y ligera en base a madera, han sido testigos en el tiempo de incendios, terremotos y un maremoto, obligando a replantear reiteradamente los procesos sociales que han dado vida al borde costero en torno a la calle Pedro Montt.

Durante los últimos cien años no sólo los riesgos naturales han dejado en evidencia la fragilidad de la tipología palafítica. Intereses políticos, económicos y la opinión institucional en diversas escalas han sido catalizadores directos de lo que hoy existe y se presenta como un valor propio, una muestra de la arquitectura popular y un ícono de la cultura chilota.

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Hasta antes de la irrupción del turismo como actividad económica, las viviendas de calle Pedro Montt eran consideradas parte de una imagen de retraso y pobreza, contra la cual la ciudad de Castro, como muchas otras ciudades en Chile, combatían posicionando los alcances del progreso. Diversos fueron los intentos por erradicar esta tipología constructiva y con ello a sus habitantes, haciendo uso de la fuerza que el desarrollo de la ciudad ejerce contra quienes carecen de herramientas para defenderse.

En el año 2015 el proceso de construcción social está en plena vigencia, los cambios se suceden a diario, como el ir y venir de la marea bajo los pisos que literalmente flotan sobre el mar. De la mano de la irrupción de nuevos actores e intereses, se ha encaminado una vía sostenible en la puesta en valor de un modo tradicional de habitar el borde costero. Se valora así la idea que lo hizo posible, haciendo vigente la actual relación hombre-mar, hombre-tierra a escala global.

La economía de escala, el turismo cultural, los subsidios estatales, la protección legal y en concreto todo lo que conlleva la formalización del desarrollo en las ciudades intermedias en Chile y en Latinoamérica, se han olvidado de reconocer a los protagonistas de los procesos sociales. Han sido éstos quienes construyen la cultura que ha posicionado a un territorio extremo en el mapa mundial.  Como sus antecesores, los habitantes marginados de este siglo deben ser creativos en la búsqueda de habitar la nueva exclusión, ahora lejos de la costa y en las zonas altas de la ciudad de Castro. El consuelo viene de la mano de la historia, la carencia es creación de referentes culturales, tal como lo demuestran los precursores de la cultura habitacional palafítica.

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