Marzo trajo consigo dos alarmantes informes sobre la polución atmosférica. El primero de ellos, realizado por el sistema mundial de monitoreo AirVisual y Greenpeace y publicado a principios de mes, alertaba sobre precaria situación de la calidad del aire en Chile. Según los resultados de los monitoreos realizados a nivel mundial, de las diez urbes sudamericanas más contaminadas, nueve son chilenas. 

El informe, que toma en cuenta el material particulado conocido como PM2.5, establece además que, de las diez urbes más contaminadas del planeta, siete se ubican en la India, y que la contaminación del aire será responsable de siete millones de muertes y costos asociados que ascienden a los 225 mil millones de dólares.

Al comparar los resultados de India y Chile, si los índices en Gurugram son de 135.8 (tres veces más de lo que la agencia de protección ambiental de Estados Unidos considera saludable), en Padre Las Casas –la zona urbana chilena que encabeza el ranking sudamericano– llega a 43.3, cifra igualmente considerada no saludable.

Por si fuera poco, este miércoles se dieron a conocer los resultados de un estudio realizado en el continente europeo que pusieron en evidencia la incidencia de la contaminación del aire en la salud del ser humano. El documento, publicado en el European Heart Journal, reveló cifras inesperadas: alrededor de 800,000 personas mueren prematuramente cada año en Europa a causa de la polución ambiental y un europeo promedio pierde al menos dos años de esperanza de vida debido a la contaminación del aire. A su vez, la cifra de muertes prematuras debido a la contaminación  del aire asciende a cerca de 8.8 millones de personas a nivel mundial, un resultado que representa el doble de lo que se había estimado.  

Si tomamos en cuenta esto, podríamos decir que el aire contaminado está matando a más personas que el propio tabaquismo. Así lo aseguró el profesor Thomas Münzel del Centro Médico de la Universidad de Maguncia en Alemania y uno de los científicos que participaron en el estudio, quien además sentenció: «Fumar se puede evitar, la contaminación del aire no».

Con esto en mente, ya se habla de la contaminación del aire como uno más de los principales factores de riesgo para la salud del ser humano incluidos en una lista donde destacan condiciones como la hipertensión, diabetes o la obesidad. Y lamentablemente aún queda un largo camino por recorrer para hacer frente a este problema a nivel nacional e internacional.

Tal como destaca el profesor Jos Lelieveld del Instituto Max-Planck de Química en Maguncia, hoy más que nunca los países deberían apuntar a la descarbonización y optar por las energías renovables en un escenario, por lo demás, en el que se han vuelto más competitivas. «Dado que la mayoría de los contaminantes provienen de la quema de combustibles fósiles,  necesitamos cambiar a otras fuentes de energía con urgencia. Cuando utilizamos energía limpia y renovable, no sólo estamos cumpliendo con el acuerdo de París para mitigar los efectos del cambio climático, sino que también podríamos reducir las tasas de mortalidad relacionadas con la contaminación del aire hasta en un 55%», dijo Lelieveld al respecto. 

Si bien es sabido que en Chile uno de los principales factores que afecta -o empeora- la calidad del aire en las urbes es el uso de la calefacción a leña, no estamos al margen de la problemática mundial que representan las emisiones provenientes de la quema de combustibles fósiles. Siendo Chile un país altamente dependiente de este tipo de combustibles para la generación de energía –sustentado en un 60% por energías como gas, petróleo y carbón, y en donde un 43% de la generación bruta de electricidad proviene de termoeléctricas a carbón–, y siendo el segundo país después de Argentina con mayores emisiones de CO2 per cápita en Latinoamérica –duplicando la emisión de países como Brasil, con mayor nivel de industrialización–, es ahora , ad portas de recibir la COP25 en el país, que nos encontramos ante una oportunidad única de mejorar la legislación ambiental nacional, agilizar la transición hacia energías limpias (ERNC) y bajas en emisiones, y liderar a nivel regional en materia climática.

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