Ladera Sur Bajo la lupa de la conservación: los desconocidos gigantes de los bosques nativos del centro-sur de Chile
Bajo la lupa de la conservación: los desconocidos gigantes de los bosques nativos del centro-sur de Chile

Bajo la lupa de la conservación: los desconocidos gigantes de los bosques nativos del centro-sur de Chile

Puede que no los veamos, pero son unos gigantes de los bosques nativos del centro-sur de Chile con roles relevantes para el ecosistema poco conocidos por la ciudadanía. El caracol negro (Macrocyclis peruvianus), el liguay (Americobdella valdiviana) y la lengua de vaca (Polycladus gayi) son los invertebrados terrestres más grandes de Chile y su presencia determina la calidad del hábitat en el que están, además de ser reguladores poblacionales de diferentes organismos del bosque. Sin embargo, la información disponible sobre ellos es escasa, y se encuentran fuertemente amenazados por acciones realizadas por el ser humano. Para levantar información y avanzar en su preservación, un grupo de científicos realiza un proyecto de ciencia ciudadana que busca involucrar a las personas en el conocimiento de estos invertebrados, así como recopilar más antecedentes sobre su historia natural y ecología. Aquí te contamos más detalles.

 

Pensemos en los bosques nativos de la zona centro-sur de Chile. Lugares que juntan una alta biodiversidad y que adornan el paisaje de especies características que habitan ahí, como el canelo, olivillo, o Nothofagus, entre muchos otros. Toda una gama de flora y fauna endémica -es decir, que sólo habitan en ese lugar- y nativa que cumplen roles claves en el ecosistema y que, sin embargo, se encuentran amenazados por la actividad humana: proyectos de urbanización, la agricultura intensiva o las forestales, son conocidos por sus efectos en la destrucción de estos hábitat.

Y ahí, entre especies amenazadas que podemos ver a simple vista, existen otros pequeños gigantes que pasan inadvertidos para muchos. Se trata de los tres invertebrados terrestres más grandes de nuestro país: el caracol negro (Macrocyclis peruvianus), el liguay o sanguijuela gigante valdiviana (Americobdella valdiviana), y la lengua de vaca o planaria gigante valdiviana (Polycladus gayi).

Caracol negro ©Vicente Valdés Guzmán 3
Caracol negro (Macrocyclis peruvianus) ©Vicente Valdés Guzmán 

Son tres especies con un rol fundamental en el ecosistema, pero de las que la información es escasa. Una razón que llevó a Rodrigo Barahona, Dr. en Ciencias Silvoagropecuarias y Veterinarias, a crear un proyecto de ciencia ciudadana. En él, se ha trabajado con un grupo de profesionales para recolectar, con la ayuda de los ciudadanos, antecedentes para conocer aspectos básicos de, en un principio, el caracol negro, para luego continuar con las demás especies, y así recopilar antecedentes de su historia natural ecología con el fin de preservarlos al futuro.

Unos  gigantes y su importancia para el ecosistema

Quizás el más conocido de estos grandes invertebrados es el caracol negro (Macrocyclis peruvianus), que también resulta ser el molusco terrestre más grande de Chile. Mide casi 10 centímetros de largo y, si contamos su concha, puede llegar a los 6 centímetros de alto. Características que se suman a su cuerpo de color negro y concha café, lo que les da una alta probabilidad de ser observados, aún siendo infrecuentes en la naturaleza.

Según explica Barahona, esta especie puede jugar un rol importante en la regulación poblacional de hongos y la materia orgánica muerta del bosque, como las hojas. Es una especie endémica de Chile y habita entre Maule y Chiloé, en los lugares más sombríos y húmedos de los bosques nativos. Sin embargo, sobre su estado de conservación no existe información oficial, aunque se ha propuesto como una especie amenazada en el pasado, sin usar un criterio definido y basado en su baja abundancia.

Caracol negro ©Brian Steven
Caracol negro ©Brian Steven

Y es que, sobre esta especie, así como de los otros dos macroivertebrados más grandes de Chile, existe información deficiente. Sin embargo, sobre el caracol negro hay un poco más de pistas.

Recientemente se publicó un estudio de la Región del Maule, que revisó 50 sitios y tan sólo en 13 de ellos encontraron evidencia de que el caracol negro existía. Además, tan sólo un 18% de los registros se encontraba en áreas protegidas, mientras que la gran mayoría persistía en pequeños fragmentos de privados. Esto, explica Barahona, entrega ciertas características en las cuales el caracol podría ser más avistado.

Mucho menos frecuente de ver es la lengua de vaca (Polycladus gayi). Este es un depredador de chanchitos de tierra, opiliones, arañas, insectos pequeños y otros pequeños invertebrados del suelo, como lo son otras especies con sus mismas características ecológicas en otras partes del planeta. ¿Cómo identificarla? Por su cuerpo de color negro brillante con dos bandas de color naranja vivo, una a cada lado del cuerpo.

Polycladus gayi Parque Tagua Tagua
Polycladus gayi Parque Tagua Tagua

Sin embargo, según aclara Barahona, de esta especie “no sabemos mucho y urge obtener más datos sobre ella”. Dentro de lo poco que se sabe, están los relatos antiguos sobre ella, que la consideraban como un parásito de los estómagos de vacas y caballos puesto que cuando morían, se les solían encontrar gusanos llamados Fasciola hepática, similar – pero no igual – a P. gayi.

Suele verse con mayor probabilidad de noche o días lluviosos, siempre en el bosque nativo. Su distribución histórica sólo se conocía de Valdivia y Biobío. Pero en esta última, pese al estudio en los relictos costeros, no se ha encontrado.

Y por último, está el linguay (Americobdella valdiviana). Esta es una sanguijuela carnívora de hasta 30 cm que es menos frecuente de observar que otras dos especies, y que sólo está restringida a los bosques costeros del Biobío a Los Lagos, incluyendo Ancud. Es un regulador de lombrices nativas (que no se relacionan con las lombrices californianas del compost) y varía en sus colores, pasando desde el color gris hasta el amarillo.

Liguay ©E. Flores San Juan
Liguay ©E. Flores San Juan

Según explica Barahona, estas últimas dos especies actualmente cuentan con trabajos científicos independientes en revisión que actualizarían su distribución: “En el caso de liguay incluso, se cuenta con ecología más sólida y sabemos que es una especie que está asociada a bosques viejos de gran cobertura vegetal, por lo que podríamos ya considerarla un bioindicador del estado del bosque”.

Ahora, si juntamos estas tres especies de invertebrados hablando se sus beneficios ecosistémicos, Barahona explica que “suelen ser indicadores de calidad de hábitat, es decir su presencia determinará cuan perturbado suele ser ese bosque. Por ejemplo, es más común verlos en bosques menos perturbados por el ser humano. Por otro lado, en aquellos afectados por la extracción de madera, ganado, invasiones biológicas o pérdida de hábitat, estos animales desaparecerán a la larga sin ser capaces de recolonizar nuevos parches de bosque”.

Acciones antrópicas: las principales amenazas

Entrando un poco más en la explicación de sus amenazas, Barahona explica que para los tres el factor común amenaza es la pérdida de hábitat causada por las forestales, la agricultura y la urbanización.

Si entramos en ejemplos, dice, se han vuelto preocupación los casos del Santuario de la Naturaleza Península de Hualpén, los sectores húmedos de Valdivia y Ancud en Chiloé.

Caracol negro ©Vicente Valdés Guzmán 1
Caracol negro ©Vicente Valdés Guzmán 

“En el santuario de la naturaleza están construyendo ilegalmente sobre pequeños relictos de bosque nativo -remanentes de antiguos bosques- que aparecen como plantaciones en los mapas y eso no sólo estaría borrando la existencia potencial del caracol negro, el liguay o de la lengua de vaca, sino que de muchas otras especies de invertebrados que ya se encuentran amenazados como los microcaracoles Pichikadi hualpensis y Chellius piramidalis, o la araña Acantogonathus hualpen”, dice Barahona.

A esto se suman, agrega el profesional, el impacto de los rellenos de humedales y desmonte de bosque en Valdivia. Algo que podría afectar las poblaciones actuales de estos invertebrados. En otro lado está Ancud, donde, explica, la destrucción de sitios prioritarios para la construcción de casas de veraneo es dantesco.

Polycladus gayi ©Raissa Busche
Polycladus gayi ©Raissa Busche

Sobre el impacto de las forestales, Barahona comenta que “el método de la tala raza deja en evidencia un hábitat inadecuado tanto ecológica como fisiológicamente, donde lamentablemente he encontrado muertos muchas veces caracoles negros”. A esto suma a la agricultura:  “no solo es el reemplazo del hábitat natural sino que el uso de los pesticidas cerca de los bordes de los bosques nativos que también tienen consecuencia para organismos que nunca se han expuesto a ellos” 

La necesidad de involucrar a la ciudadanía

Pese a los importantes roles en el ecosistema que cumplen estos invertebrados, son animales que resultan ser poco carismáticos y de los cuales la gente está poco informada. Por esta razón, nacen proyectos de ciencia ciudadana para que científicos, naturalistas o quien quiera aportar, envíe fotografías e información de estas especies a través de redes sociales. Es que, dice Barahona, si el ciudadano conoce el rol de estos invertebrados, podría tomar conciencia en que es necesario protegerlos.

“La protección de estas especies de invertebrados es necesaria. Para ello la comunidad debe tomar un rol activo ya sea compartiendo sus registros o denunciando aquellas intervenciones al patrimonio natural que afecte sitios reales o potenciales de la ocurrencia de estas especies en el país”, dice Barahona.

Liguay ©Ramos
Liguay ©Ramos

Se trata de una fórmula para levantar información que ya ha sido probada para dar a conocer e investigar el rol de las moscas florícolas de Chile, y que siguió con la creación del proyecto “Caracol negro (Macrocyclis peruviana) en Chile”. En este último, actualmente trabaja Rodrigo Barahona y Juan Francisco Araya, taxónomo de invertebrados terrestres, en el que también han colaborado y ayudado los científicos. Alberto Alaniz, Cecilia Smith, Felipe Rabanal, Carola Venegas y Pablo Vergara.

“La ciencia ciudadana por redes sociales ha tomado un rol relevante para la conservación de las especies chilenas. Las redes sociales ofrecen una rápida identidad del animal y genera una retroalimentación con una comunidad naturalista que está pendiente de los registros. Gracias a ello no sólo estos tres gigantes están siendo estudiados, sino que están apareciendo registros de especies que solo podías ver en libros o museos. Es por ello a que insto a la gente a seguir publicando en la redes primero ya que es fácil, rápido y con mayores probabilidades de obtener una buena identificación”, explica Barahona.

Los grandes avances y dificultades

Barahona explica que trabajar estrechamente con la ciudadanía, y hacerlo por redes sociales, también involucra dificultades y desafíos: “Me ha tocado perseguir personas por información, donde muchas veces no te creen o me ha costado obtener datos tan sencillos como la localidad o el número de individuos. Esto es porque los grupos de redes sociales también cohabitan con mucho traficante que buscan datos de nuevos registros, por ejemplo en el caso de insectos y cactus, eso es recurrente”.

Caracol negro ©Vicente Valdés Guzmán 2
Caracol negro ©Vicente Valdés Guzmán 

Sin embargo, también ha habido grandes avances. Por ejemplo, el proyecto de ciencia ciudadana “Caracol Negro (Macrocyclis peruvianus) en Chile”, el cual es el punto de inicio, ha ayudado con información sobre las localidades de hábitat, fechas de registros, formaciones vegetacionales en los que se encontraba la especie (por ejemplo, bosque nativo, plantaciones o mixtos), los árboles que predominan en sus alrededores o la cantidad de individuos observados.

“El objetivo de este estudio es proponer al caracol negro como una especie bioindicadora de calidad de hábitat y ver si es posible considerarla a futuro como una especie que deba ser protegida pese a su gran distribución”, explica Barahona.

Polycladus gayi regla ©Augusto Castro
Polycladus gayi regla ©Augusto Castro

En este sentido, el proyecto actualmente cuenta con más de 100 registros que sólo han sido obtenidos por Facebook. Entre los resultados preliminares, han investigado que los meses de abril y mayo se suelen observar con mayor frecuencia. Además, que el Parque Nacional Nonguén y el Parque Nacional Alerce Andino se alzan como un santuario de este caracol por la gran cantidad de registros que han llegado.

Junto a esto, entre los avances de las próximas especies, actualmente hay dos trabajos científicos en revisión. Para el liguay, un trabajo realizado en conjunto con científicos y naturalistas chilenos está en revisión para una prestigiosa revista de zoología. Además, para la lengua de vaca, el equipo detrás del proyecto de ciencia ciudadana está esperando una decisión editorial de la actualización de la distribución de este macroinvertebrado. Mientras tanto, dice Barahona, “para el caracol negro queremos hacer algo grande y significativo, y por eso estamos juntando una base de datos mayor aprovechando que de las tres especies, es la más común”.

Liguay ©E. Flores Cayucupil
Liguay ©E. Flores Cayucupil

Todos son avances de un proyecto incipiente que se ha desarrollado de la mano con los aportes de la ciudadanía, para levantar información y avanzar en la protección de estas especies que pueden pasar inadvertidas frente a nuestros ojos. Actualmente están trabajando en el grupo de Facebook enfocado al caracol negro, pero a medida de que se recopile más información el grupo se podría expandir a estas otras dos especies de macroinvertebrados.

Si quieres ser parte de esta iniciativa, puedes aportar con tus registros a través de Facebook “Caracol Negro (Macrocyclis peruvianus) en Chile”, o bien visitar esta red para averiguar más sobre estos pequeños gigantes de los bosques del centro y sur de Chile.

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