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ENTREVISTA EXCLUSIVA | De 127 Horas a Cecil: John Smithson llega a Santiago Wild 2026 con su último estreno, que reabre el debate global sobre la conservación
El productor británico John Smithson, reconocido por llevar a la pantalla historias reales de alto impacto como 127 Hours, presenta su nuevo documental Cecil en el marco de Santiago Wild 2026. La película revisita uno de los casos más mediáticos de la conservación reciente para explorar, desde múltiples miradas, las tensiones entre caza, turismo, ciencia y comunidades locales. Lejos de ofrecer respuestas cerradas, el documental propone una reflexión abierta sobre la relación entre humanos y vida salvaje. En esta entrevista, Smithson profundiza en el proceso creativo, los desafíos éticos y el interés por contar historias que trascienden fronteras.
En el Parque Nacional Hwange, uno de los principales refugios de vida salvaje del sur de África, un león de melena oscura se movía con una calma que parecía inalterable. Durante años, fue observado, fotografiado y seguido de cerca por investigadores, guías y turistas que lo reconocían como parte esencial del paisaje.
No era solo un animal más: su presencia generaba vínculo, admiración y, en muchos casos, una sensación de cercanía poco habitual con la vida salvaje. Esa relación —entre humanos y un león específico— fue la que se quebró abruptamente en 2015, cuando su muerte, a manos del cazador estadounidense Walter Palmer, comenzó a circular por el mundo y desató una reacción difícil de anticipar.
Así, el nombre de Cecil el león se convirtió en un símbolo global. Lo que en un inicio parecía un hecho aislado pronto escaló a una discusión internacional sobre ética, conservación y responsabilidad. Millones de personas reaccionaron, compartieron y opinaron en un momento en que las redes sociales comenzaban a consolidarse como amplificadores de causas. Sin embargo, con el paso del tiempo, también quedó en evidencia que la historia era mucho más compleja de lo que sugerían las primeras reacciones.
Esa complejidad es precisamente la que explora el documental Cecil, que retoma este caso desde una perspectiva más amplia. A partir de la vida y muerte del león, la película se adentra en un entramado de intereses y tensiones que incluyen a conservacionistas, cazadores, operadores turísticos y comunidades locales. Más que ofrecer respuestas, el documental propone una mirada abierta, donde distintas voces conviven y revelan los matices de un conflicto que sigue vigente.
El proyecto está liderado por John Smithson, un referente del cine documental con una extensa trayectoria en historias reales de alto impacto. Con un origen en el periodismo y una carrera marcada por producciones como 127 Hours y Touching the Void, su trabajo se ha caracterizado por explorar la relación entre las personas y entornos extremos, poniendo siempre el foco en relatos concretos que permitan abordar preguntas universales.
En esa línea, Cecil no es un documental tradicional de naturaleza. Más bien, se sitúa en ese espacio donde lo humano y lo salvaje se entrelazan, evidenciando cómo distintas miradas pueden coexistir sobre un mismo hecho. Para Smithson, lo fundamental no es construir una tesis cerrada, sino desarrollar una historia lo suficientemente sólida como para sostener múltiples interpretaciones, confiando en la capacidad del espectador para reflexionar por sí mismo.

Ese enfoque también se refleja en el proceso detrás de la película. Con un fuerte énfasis en el rigor periodístico, el equipo trabajó durante meses para acceder a diversas fuentes y equilibrar las distintas perspectivas involucradas. En contextos marcados por intereses económicos, posturas ideológicas y experiencias personales, el desafío fue construir un relato honesto, que representara esa diversidad sin caer en simplificaciones ni juicios categóricos.
La presencia de John Smithson en Santiago Wild 2026 se enmarca en ese espíritu: el de generar conversación a partir de historias que incomodan y movilizan. Su visita no solo acompaña el estreno del documental en el país, sino que también abre un espacio para reflexionar sobre el rol del cine en la construcción de nuevas miradas sobre la naturaleza, especialmente en territorios como América Latina, donde aún quedan innumerables historias por descubrir.
Su participación comenzará el martes 5 de mayo en Teatro Mori Vitacura, con la proyección de Cecil, seguida de un conversatorio junto al público. La programación continuará el miércoles 6 en la Cineteca Nacional de Chile, donde será parte de un panel sobre la industria junto a figuras como Masa Hayakawa y Juan de Dios Larraín, además de realizar una charla centrada en su trayectoria. ¡No te lo pierdas!

—La muerte de Cecil en 2015 provocó una reacción global sin precedentes y abrió un profundo debate sobre la ética de la caza y la conservación. Para quienes no estén familiarizados, ¿podrías llevarnos de vuelta a ese momento y contarnos la historia de Cecil? ¿Por qué sentiste que era una historia que necesitaba ser contada nuevamente hoy?
—En cuanto escuché la noticia —a comienzos de julio de 2015, así que hace casi 11 años— pensé: esta es una historia interesante. Y mientras más supe, más claro me quedó que aquí había una película, porque la indignación fue enorme. Fue una de las primeras historias que realmente se volvieron virales a nivel global. Hace 11 años la gente no tenía todos los dispositivos y redes sociales que tiene hoy; era recién el inicio de esa era. Y aun así, se volvió completamente viral. Hubo una cantidad enorme de mensajes y debate. Incluso se cayó el servidor de la Universidad de Oxford, donde estaba el grupo de investigación que monitoreaba a Cecil. Generó una discusión gigantesca. Y pensé: esta es la historia.
Lo que realmente me interesa como cineasta es tomar una historia muy concreta y cercana —en este caso, la vida y muerte de Cecil— y mantenerla como el eje central de la película, pero usarla para abordar temas mucho más amplios: ¿Tienen razón los conservacionistas? ¿La tienen los cazadores? ¿Qué pasa con las comunidades locales? ¿Y con la industria de los safaris fotográficos? La historia de Cecil funcionaba como un dispositivo narrativo muy potente para explorar todo eso. Además, había mucho material de archivo: era un león muy famoso, probablemente el más fotografiado del Parque Nacional Hwange, y algunos decían que era el león más grande de África.
Entonces pensé que era una historia realmente interesante. Y cuando supe que la Universidad de Oxford lideraba el estudio de conservación y que habían marcado a Cecil con un collar, me pareció aún más atractivo. Los contacté y me reuní con el director del departamento. Empezamos a conversar y eso nos dio acceso al proyecto y a las personas que trabajaban protegiendo y conservando a los leones en el parque. Eso fue lo que me atrajo inicialmente. Luego empezaron a surgir más detalles: el dentista estadounidense que mató al león, entre otros. Nos interesaba contar una historia con interés global, porque ya lo era, y que permitiera decir cosas relevantes sobre la relación entre humanos y leones. Así que decidí hacer la película: conseguimos un director, financiamiento, y armamos el proyecto.
¿Ya viste la película? ¿Te interesó? ¿Cuál fue tu opinión honesta? No es una pregunta trampa.

—Sí, vi el documental. Al principio me dio bastante pena, la muerte de Cecil y el impacto que tuvo en quienes lo cuidaban. Pero al final también entendí que todas las partes involucradas tenían algún interés personal relacionado con el león. Todos obtenían algo de él, y nadie pensaba que estaba haciendo algo malo. Por ejemplo, incluso después de todo lo ocurrido, Walter siguió cazando. Eso fue precisamente lo que me gustó del documental: que están presentes todas las miradas, con sus blancos, negros y grises.
—Sí, exactamente. Eso era lo que queríamos. No quería hacer una película solo sobre conservacionistas, ni solo sobre la caza de trofeos —ya hay muchas sobre eso—. Queríamos mostrar todos los ángulos, como dices.
Además, algo importante en mi trabajo es que no soy realmente un productor de historia natural. He hecho cientos de películas, pero nunca una solo sobre animales. Me interesa más el espacio intermedio: los humanos y los animales, y la interacción entre ambos. Por eso pensamos en esta película. Ya había referentes muy buenos en ese terreno, como Grizzly Man, Project Nim, Blackfish, o más recientemente My Octopus Teacher. Todas tratan sobre esa relación. Así que es una muy buena área, por eso pensamos en Cecil, en que esa era la película que queríamos hacer, sobre Cecil. Y el hecho de que Cecil fuera un animal tan icónico, con tanto material de archivo —era el león más fotografiado del parque, se acercaba a la gente, miles o decenas de miles de personas lo fotografiaron— hizo que fuera una historia ideal.

—Como dices, el documental aborda las tensiones entre comunidades locales, la industria del safari, los cazadores y los conservacionistas, evitando una mirada simplista. ¿Qué tan difícil fue mantener esa complejidad sin caer en una narrativa de “buenos versus malos”?
—Buena pregunta, porque justamente queríamos evitar eso. Trabajamos mucho para darle espacio a todas las voces. Walter Palmer no quiso hablar, pero sí lo hizo un amigo suyo, y también Theo Bronkhorst, quien organizó la caza. Tuvimos voces de cazadores, de conservacionistas, de Sharon y la industria del safari, así como del guía que cuidaba a Cecil. Cada voz representa una posición en particular. La clave fue equilibrar esas voces durante el montaje, asegurando que todas las perspectivas estuvieran representadas. Fue un proceso largo de edición, pero creo que lo logramos. También era importante mostrar en la narrativa la indignación que generó el caso y preguntarse por qué provocó esa reacción.
—¿Cómo se construye ese nivel de acceso cuando hay intereses económicos y reputacionales en juego?
—Sí, obviamente había muchos intereses. Empezamos gracias a nuestra relación con el grupo de conservación de Oxford, lo que nos dio acceso a ellos. Luego hablamos con Brent Stapelkamp, que estaba vinculado al proyecto también. Después, el director viajó a Zimbabue y conoció a muchas personas, así logramos acercarnos y, finalmente, contar con la comunidad de cazadores. Logramos entrevistar a Theo Bronkhorst y a un amigo de Walter Palmer en Estados Unidos, quien también era parte de la comunidad de cazadores y respetaba a Walter como cazador.
También hablamos con los abogados de Palmer y le ofrecimos su derecho a réplica, pero lo rechazó. Aun así, sentimos que su postura estaba representada a través de su amigo y de Theo Bronkhorst. También entrevistamos a Sharon, quien dirigía un campamento de safaris fotográficos y era muy apasionada al hablar desde esa postura. Luego conversamos con personas de las comunidades locales, porque queríamos mostrar su realidad: si tú vives dentro de un parque nacional, los leones pueden matar ganado, incluso personas en algunos casos. Ellos representaban una postura diferente que queríamos representar igualmente. La historia del niño que fue asesinado por un león era importante de contar. Entonces, obtuvimos estas voces en terreno y pusimos todas estas piezas juntas, para contar con todas las diferentes perspectivas y cubrir todas las bases.
Nos tomó meses, entre cinco y seis, reunir todo el acceso, y luego el equipo estuvo unas cuatro semanas filmando en Zimbabue. Después trabajamos con cineastas especializados en vida salvaje de Sudáfrica para conseguir el mejor material posible de Cecil, porque el león ya no estaba con vida como para obtener tomas propias, y con un director de fotografía que capturó paisajes increíbles del Parque Nacional Hwange.
—Cecil no solo cuenta una historia, también invita a reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza. ¿Qué tipo de reflexión esperas generar en la audiencia?
—Queríamos justamente eso: que el espectador pensara más allá de una sola postura. No reducirlo a “matar está bien” o “matar está mal”, sino ofrecer una mirada más compleja y matizada. Tratamos al espectador como alguien inteligente: presentamos los distintos argumentos, la información desde las distintas posturas, sin una narración que los guiara hacia una conclusión específica. Queríamos que las personas pensaran en el tema.
Es una situación compleja, sin respuestas fáciles. Hay argumentos a favor y en contra, incluso sobre el impacto económico o cuánto beneficia realmente a las comunidades locales. Nosotros no queríamos decirle al público qué pensar ni en qué argumento creer, sino mostrar todas las perspectivas por igual, con el mismo peso.
Hay muchas películas que hacen eso. Sería muy fácil clasificar la caza como algo brutal. Ya sabes, yo no soy parte de eso. Vivo en Londres, aquí nadie tiene armas, no hay cultura de armas, no hay tiroteos. No es algo con lo que me sienta particularmente cómodo, pero queríamos escuchar esa opinión de todos modos y dejar que la gente decida por su cuenta, darles información para ayudarlos a decidir.
También es posible que la reacción inicial, cuando la historia se hizo viral, haya sido muy impulsiva. Quizás es mejor reflexionar con más calma, como propone la película, contando con todo el material. Nosotros no editamos la película para obtener un resultado en particular. No hay nada de malo en estar triste con la muerte de Cecil, eso está bien. Pero no lo hicimos nosotros, no forzamos eso. Podríamos haber empujado esa respuesta durante toda la película, con música emotiva y todo eso, pero no queríamos hacer eso, solo lograr que la audiencia piense en el tema. Y será interesante ver qué pasa cuando la mostremos en Santiago Wild, especialmente en los conversatorios, donde suele haber mucho debate.

—A lo largo de tu carrera has trabajado en historias extremas de supervivencia como 127 Hours y Touching the Void. ¿Qué conexión ves entre esas historias humanas intensas y las narrativas actuales sobre naturaleza y conservación?
—En algunos sentidos no hay conexión, pero en otros sí. Ambas tienen que ver con el mundo natural. Una es la de un hermoso parque nacional en el corazón de Zimbabue, con una fauna extraordinaria. La otra trata sobre entornos naturales impresionantes, como los Andes, el Himalaya o los cañones de América. Esa es la belleza y la ferocidad del mundo natural. Veo una conexión ahí. Y veo una conexión cuando los humanos entran en contacto con ese mundo. Vemos a los humanos entrando en contacto con el mundo natural desde todas esas perspectivas diferentes en Cecil. Y se ve en algunas de esas películas sobre humanos escalando montañas, humanos al borde de la vida y la muerte. El deseo de correr riesgos, la adrenalina de la vida en los extremos, etc.
Creo que hay algo que las une. Creo que hay una superposición entre esas dos categorías diferentes, y la razón es que también se puede hacer, como decía, una gran historia en primer plano. Eso es lo que se puede hacer con todas esas historias. Todas son historias extraordinarias de supervivencia, de vida o muerte en los lugares más extremos. Y se pueden abordar temas más profundos sobre la condición humana: el deseo de sobrevivir o cuánto te salvas a ti mismo en lugar de a otra persona. Todos estos grandes dilemas morales se pueden tratar en esas películas. Y lo que me gusta, y lo que es más importante para mí, es la historia y la forma de contarla. Empezar una película con una historia muy clara que sirva de vehículo para abordar este tipo de temas, como ya sabes, todo lo que hemos estado comentando en esta conversación, es fundamental.
Así que sí, veo un vínculo. Lo que no hago es películas temáticas. Por ejemplo, no hago una película sobre la sobrepesca en los mares del mundo. No hago una película sobre la pobreza ni sobre temas de gran calado. Eso no significa que no me interesen, pero necesito una historia, una historia en primer plano. No hago películas centradas en temas específicos. Hago películas centradas en historias que pueden abordar algunos de los problemas.
—Tus producciones logran una intensidad narrativa poco común. ¿Cómo construyes esa tensión sin comprometer la precisión factual?
—La precisión es fundamental. Vengo de un entorno periodístico riguroso, así que la integridad de la historia es clave. Y el hecho de que sea una historia real sin adornos aumenta su fuerza. Y para crear ese tipo de impacto visceral, eso se logra con la realización cinematográfica y el desarrollo de la historia. De alguna manera, tienes que sumergir al público en la historia, con el montaje, con el uso de la música, la mezcla de personas, lo que dicen. La forma en que combinas todo eso, como si estuvieras haciendo un largometraje de suspenso. Pero estas son historias reales, así que trabajas con personas reales, con tomas reales, etc.
Bueno, creo que se trata de cómo se crea la historia. Cuando le pides a alguien que se siente, ya sea en un cine, en casa viendo una serie o en la televisión, le pides que dedique 90 minutos o 2 horas de su tiempo. Tienes que intentar captar su atención y engancharlo para que no se distraiga con sus teléfonos. Eso es lo que intentas hacer. Ahí es donde se vuelve necesario encontrar la historia adecuada y luego maximizar su impacto en quienes la vean.
También me gustan las historias con temas universales, por la misma razón. No hago películas sobre un solo país, como aquí en el Reino Unido o Sudamérica. Son películas universales. Cecil es una historia universal. Algunas de esas otras películas también lo son. La ubicación no importa realmente. Lo que importa es lo que dice sobre los seres humanos, sobre nosotros. Ese es otro factor. En realidad, no suelo hacer historias británicas para un público británico, la mayoría de lo que hago está diseñado para funcionar para alguien que lo vea en Los Ángeles, Santiago o París, o donde sea.

—América Latina alberga algunos de los ecosistemas más diversos del planeta, pero su presencia en el cine internacional sigue siendo limitada. ¿Qué oportunidades ves para que la región se posicione en el cine de naturaleza?
—Latinoamérica en su conjunto es un lugar impresionante con una diversidad asombrosa y, bueno, he estado en Torres del Paine. He estado en la Patagonia una vez y también en la parte argentina, ambos lugares hermosos e increíbles, y he tenido la suerte de estar en el Amazonas. Tienen lugares impresionantes, historias fascinantes, acceso increíble, casi cualquier lugar donde se puede filmar. Veo mucho en el mundo de la historia natural, pero me interesa más saber qué otras historias hay en Latinoamérica. Por ejemplo, Touching the Void se ambientó en Sierra Grande, Perú, pero eran dos británicos escalando la montaña. Me interesaría ver qué otras historias hay cuando esté en Santiago.
Me interesaría mucho saberlo, si se puede hacer algo con respecto al puma, los cóndores, o la impresionante fauna. Hay un sinfín de temas que se pueden abordar, sobre el cambio climático en la Patagonia y sus alrededores. Por ejemplo, en la Patagonia, tengo entendido que la zona glaciar es muy diferente ahora que la última vez que estuve allí.
Entonces, creo que para mí las reglas serían las mismas que dije antes: ¿Cuál es la historia? Estoy muy interesado en venir. Esa es una de las razones por las que estaba interesado en visitar Santiago para el festival y simplemente hablar con la gente y escuchar. Nunca se sabe lo que se puede encontrar.


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Jǒzepa Benčina Campos